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Magnífico: discutimos quién será el tercer portero

Viernes, 5 Marzo 2010

“Esta España es como la Francia de Zidane”. Lo dice Henry, otro francés humillado en París por la estocada del vecino. Claro está que esta España no tiene un Zidane, pero tampoco lo necesita. Francia hincó la rodilla y debería darle las gracias a Del Bosque porque ahora sí ha averiguado su verdadero nivel. O sea, cero. Tampoco ayuda mucho que su opinión pública nos rinda pleitesía, aunque una resignación tan explícita como la de L’equipe (“España da una lección de fútbol”) se agradece después de tantos y tantos años de recelos, pataletas pueriles y envidias insanas. Si fuera por los mentideros franceses, a Induraín le someterían a un control antidoping hasta en una clásica de aficionados y a Rafa Nadal le habrían quitado un par de Roland Garros por ese ‘dudosa capacidad sobrehumana’. Así se las han gastado siempre. Por eso, nuestra selección no debería hacer mucho caso a las loas francesas; su guillotina mediática está bien afilada en caso de que fracasemos.

El caso es que ‘La Roja’ interpretó en Saint-Denis el estado de excitación que vive la nación a tres meses vista del Mundial. Fijaos cuál es el grado de perfeccionismo en el que se desenvuelve este equipo, que el único debate con enjundia es discutir quién será el tercer portero de la convocatoria. Magnífico. Pasito a pasito, y el de París fue importante, el combinado nacional inspira una diversión en cada envite comparable a un Madrid-Barça. Al fútbol de la selección le urgía este momento de exaltación; ver a España era un soberano coñazo hasta el comienzo de la pasada Eurocopa. Hoy nos gusta hasta posponer la Champions para deleitarnos con los chicos de Del Bosque.

Y como a la prensa deportiva le encantan las comparaciones, el eterno debate sobre quién es ahora mejor o peor, pues aparentemente sólo Brasil podría hacernos la puñeta. Pero claro, no vayamos a caer en el jueguecito de todos los Mundiales y, creyéndonos la leche, nos den un sopapo en toda regla a las primeras de cambio. Hemos choteado a Francia en un amistoso…Sudáfrica será otra historia.  

Hoy nos reiremos nosotros

Mircoles, 3 Marzo 2010

No me negaréis que tenemos ganas a los franceses. A pesar de que España mola hoy más que nunca, nuestros vecinos del norte nos han hecho la puñeta siempre que se han cruzado por delante. Esta noche toca amistoso y ahí no nos tosen (los dos últimos nos los hemos llevado); pero cuando la cosa ha ido en serio, la selección española se ha achantado. Ocurrió en aquella finalísima de París de triste recuerdo para Arconada; también Raúl tuvo que aguantar una diatriba nacional tras su fallo en el penalti de la Euro2002 y, por último, Luis Aragonés observó impotente y abatido cómo un grupo de veteranos casi retirados hizo trizas su planteamiento táctico en el último Mundial. Los antecedentes son pasado, sí, pero conviene recordarlos para que a la próxima, mismamente hoy, seamos nosotros quienes nos regodeemos de ellos.

El partido ha cobrado tanta expectación que esta semana nadie ha levantado la voz contra el casi siempre destartalado calendario FIFA. Es cierto que un amistoso no viene a cuento en plena Champions, pero es el ogro francés quien está delante y conquistar París nunca es baladí. Recuerdo que en 1998 nos invitaron al estreno del estadio de Saint-Denis pensando que no les aguaríamos la fiesta. Lo previeron bien: Zidane marcó gracias a la contribución de un Zubizarreta en sus últimos estertores y el graderío se mofó una vez más de los españolitos que nunca se comían un rosco contra selecciones imponentes. Claro, entonces nosotros pertenecíamos a la serie B.

Cómo ha cambiado la historia en una década. Hoy son los franceses quienes recelan de nuestro fútbol de calidad premium y de la ausencia en sus filas de un Zidane o una versión cercana de él. Ribery es el candidato, aunque continúa opositando; quizá sea porque Zidane sólo hubo uno. El habilidoso extremo del Bayer se ha postulado como el único perito valido para deshacer el monumental entuerto que ha causado el seleccionador Domenech. No obstante, le faltan un par de partidazos a nivel mundial para dar el salto definitivo al estrellato. Porque Ribery aún no ha llegado a su tope, de lo contrario no se habría montado en España el debate sobre si Jesús Navas es más apropiado que el francés para la banda derecha del Madrid. Hoy veremos a ambos, aunque el club merengue prefiere a Ribery.

Por cierto, anoche España sub’21 reventó todas las quinielas de las casas de apuestas. Se barajaba un buen saco de más de cinco goles ante la panda de Lietchenstein y al final los nuestros ganaron 3-1, resolviendo el soporífero partido a falta de quince minutos. Igual si hubiese jugado Canales, el trámite sido más emocionante. Pero a López Caro, entrenador de la sub’21, no se le ocurrió nada mejor que salir al paso de la polémica con un anodino “ya habrá tiempo de que venga Canales”. Pues eso, que le convoque cuando cumpla 22. 

Nadie se acordará de Irlanda

Viernes, 20 Noviembre 2009

La nación de Irlanda proclama su irá contra la FIFA, no es para menos. Se dice que el fútbol mueve pasiones y en el mundo anglosajón siempre un poquito más. El infame error del árbitro sueco Martin Hansson ha aparcado durante unos días los problemas triviales de la nación gaélica para convertir la mano de Henry en una cuestión política. En el ojo del huracán está Michel Platini, quien no podía permitir en su primer mandato como ‘premier’ UEFA que su queridísima Francia no estuviese invitada al baile mundialista. No sabemos si el dirigente francés bajó al vestuario del árbitro antes de la prórroga, pero sí es una certeza que Platini sabe qué hilos mover en la burocracia FIFA y el modo de aspirar al cetro de Joseph Blatter.

El caso es que un ‘arbitrucho’ de  poca monta lapidó en un instante la ilusión de seis millones de irlandeses (a los del Norte no los cuento porque allí Henry ya ha debido ser nombrado hijo predilecto). En Dublín mereció ganar Irlanda y en París también. Pero resulta que a Domenech y sus pupilos se les iba la repesca de las manos, y para que Hansson no tuviese que tragar quina el resto de su vida entre la comité arbitral europeo, tiró por lo fácil inventándose una ocasión de gol más propia de un central y un pivote de balonmano.

Los argentinos inscribieron para la posteridad la ‘mano de dios’. Aquella fue concebida con apego por el mundo del balón (exceptuando a los ingleses, claro). Más que nada, porque el histórico lance de Maradona antecedió a su llamado gol del siglo. En cambio y con un contraste abismal, los franceses quieren canonizar ‘la main de dieu’ del tramposo ‘Titi’. A Maradona se le perdonó su farsa, nunca un tío tan grande había intentado engañar al ‘fair play’. Dos décadas después  y con poco por descubrir en el fútbol, Henry ha quedado retratado como un tramposo desquiciado que golpeó el balón con la mano dos veces por absoluta desesperación. El fútbol no perdona a Henry, ni a Hansson ni a Platini. Imaginad que esto sucediese en un Mundial: la francofobia podría ser brutal.

El ministro irlandés de justicia, Dermot Ahern, ha exigido que se repita el partido, pero la FIFA le ha respondido ipso facto que es imposible porque el fallo de Hansson fue un ‘error de apreciación’. Pues estamos aviados: si un árbitro no aprecia que un jugador toca el balón con la mano dos veces descaradamente, que piten los mismos jugadores, que entre ellos seguro que habrían detenido la jugada. Árbitros como este Hansson los hay a patadas en un Mundial. Y lo último que querría la FIFA es que apareciese de la nada otro Al Ghandour, el recuerdo más amargo del España-Corea del 2002. La cuestión es que en 2002 nadie nos consoló a nosotros y mañana nadie se acordará de Irlanda.

Italia, siempre Italia

Martes, 17 Junio 2008

Con razón lo han llamado el grupo de la muerte. Italia y Francia agonizan a falta de un día para que se dilapiden sus escasas esperanzas de sobrevivir en la Eurocopa. O no. Todo dependerá de Holanda, del talante con el que afronte su pachanga contra Rumanía, el convidado que nadie ha tomado en serio y que puede mofarse de los vigentes campeones y subcampeones del mundo. Hoy será una jornada de suspicacias: a tenor de las declaraciones de los futbolistas holandeses, el partido contra los balcánicos pretende ser el broche de oro con el que Van Basten erija a su combinado como el rival a batir en el torneo. Repito, eso, siempre y cuando nos ciñamos a las manifestaciones de la ‘orange’. Pero no seamos ingenuos, Holanda busca avanzar por un camino expedito y en este trayecto sobran italianos y franceses, sobre todo los primeros.

Los italianos practican el funambulismo a las mil maravillas. Jugársela contra Francia, o quien sea, a vida o muerte no les inquieta para nada. Están acostumbrados, y más esta vetusta selección, que aún estando desvencijada de arriba abajo, sabe salir airosa de situaciones límite. Desde que me gusta el fútbol, no he parado de oír ese cliché tan trillado: “Los italianos siempre tienen potra”. Pues sí, casi nunca les ha faltado buena suerte, y a veces no la han necesitado, porque el oficio es el oficio y la experiencia es un grado, dos en el caso de la ‘azzurra’. Y como la cosa va hoy de refranes, no le habría venido mal a Donadoni aquello de renovarse o morir. Entiendo que el seleccionador italiano apostase por el grupo campeón de hace dos años, pero el fútbol avanza a pasos agigantados y repetir una gesta de tal dimensión es prácticamente imposible para un equipo que juega según lo que surja. De todos modos, no seré yo quien tilde a Italia de rácana porque, para sorpresa de los aficionados, ante Holanda y Rumanía salieron a atacar, más pendientes de colocar jugadores en campo contrario que de levantar una muralla en su propio área, como habríamos supuesto. ¿Qué ocurrió? Una maldición se ha apoderado de los transalpinos. Ahora resulta que logran hacer cinco o seis ocasiones de peligro, una hazaña en este caso, y no aciertan ni una, cuando lo normal es que Luca Toni o Del Piero marquen de chiripa, y consigan una renta suficiente para llevarse un partido. Pero mañana, si no es el gigantón del Bayer, el milagro lo tendrá que hacer otro mago, o más bien un bufón, ya veremos. Porque los bufones hacen bufonadas aunque algunas veces tengan talento para entretener y ese papel le corresponde a Cassano, genio y figura hasta la sepultura.

Italia ha traicionado sus principios. Ha querido jugar a lo que no sabe y de momento, se ha estrellado. Sin embargo, los italianos son eso, italianos, y un partido para ellos es media liga para un club. En un minuto la suerte les da la cara y asunto arreglado. Mañana, la Eurocopa entera rezará para que la maldición continúe persiguiendo a los campeones del mundo, nadie les quiere ver en cuartos de final. Y menos, nosotros, los españoles, que seríamos los pardillos que nos los encontraríamos. El remedio es sencillo: que el convidado del grupo de la muerte no se alinee con la Italia suertuda. Ánimo, Rumanía, ganad a los suplentes holandeses.