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El fontanero de Francia

Jueves, 16 Junio 2016

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En Bein Sports Francia publicaron esta mañana un mapa de calor con el que analizaban la omnipresencia de N’golo Kante en el Francia-Albania. A continuación, metieron con humor un mapamundi totalmente coloreado de rojo en el que se podía leer Ici est Kante! (¡Aquí está Kante!). Es el personaje en la sombra que vertebra a la anfitriona y su desgaste hercúleo entre bambalinas tiene enamorado a Deschamps y toda la nación, que ve en el todoterreno del Leicester una versión mejorada de Makelele, el fiel escudero de Zidane. Su seleccionador lo ha repetido por activa y por pasiva: “Sólo quitaría a Kante si le rompen una pierna y después de ver la radiografía”. Del Bosque llegó a la selección con una declaración de intenciones cristalina: Busquets y diez más; Deschamps tocó la gloria en el Mundial del 98 desde la misma atalaya que Kante, desde donde intuye cualquier jugada segundos antes de que suceda. No en vano, es el ‘ladrón’ por excelencia de esta Eurocopa, el que más balones intercepta, el que más ataques cortocircuita. Si desactivase bombas, sería el mejor artificiero; siempre sabiendo qué cable cortar. Kante no arrastra el circo de otros ilustres de su talento, como Genaro Gattuso, por ejemplo, pero sí necesitaría campañas mediáticas que le den el caché de Pogba. El problema es que el trabajo de fontanería en el fútbol ni esta bien pagado ni agradecido.

Deschamps confesó una sola obsesión en los amistosos contra Holanda y Rusia del pasado marzo: saber si ese panzer de raíces malíes no se acomplejaría vestido de blue. En el Leicester estaba soñando con un cuento de hadas, pero en Francia un puñado de minutos le bastarían para subir al cielo o bajar a los infiernos. Y más en el combinado de los líos. Debutó en el Amsterdam Arena y en tres jugadas su entrenador entendió que había descubierto a una proeza de la genética capaz de limpiar un balón en su propio área y disparar desde treinta metros en lo que dura un pestañeo. Kante ahora mismo es el mejor bulldozer del mundo porque apenas hay rivales que se molesten en bajar a la mina como él. En un negocio en el que los peinados y las celebraciones de los goles cobran tanta relevancia como jugar bien al fútbol, el trabajo entre bambalinas queda muy cotizado en el gremio de entrenadores. El espectador que ojea el partido en un bar no conoce a Kante porque sólo mira cuando ronda el gol; los analistas tipo ‘Maldini’ o Fernando Evangelio sí se sobrexcitan cada vez que el campeón de la Premier persigue un balón en tierra de nadie como un rottweiler con la boca llena de espuma. Es el trabajo sucio de alcantarilla que sólo el siderúrgico estilo italiano valora tanto como sus capocannoniere.

Anoche Lucas Vázquez contaba en la COPE que jamás habría soñado hace un año ganar la Champions y estar en Francia. N’golo Kante ni siquiera habría imaginado jugar en cualquier primera división hace dos temporadas, cuando se embarraba con el Caen de la Ligue 2. Tarde o temprano su tela de araña no pasaría desapercibida y fue el jefe de ojeadores del Leicester, Steve Walsh, quien redactó el primer gran informe. “Necesitará rodaje en Inglaterra pero acabará montando su rancho”, vaticinó un Walsh que todavía espera una medalla por uno de los grandes descubrimientos de esta temporada.

Las reglas del ocio

Martes, 31 Marzo 2015

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La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

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Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

Los peligros del éxito

Sbado, 23 Marzo 2013

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Morir de éxito. Siempre es la causa que amenaza a los equipos hartos de palmaditas en la espalda. Le sucedió al Barça de Rijkaard, al de Guardiola, y el de Tito también ha caminado al borde del abismo después de que la prensa lo encumbrara a los altares rompiendo récords. A la selección española también le ha afectado el síndrome; por eso, Del Bosque, viejo experto en los códigos del fútbol, siempre se ha desmarcado de tanto aplauso. El seleccionador no baja la guardia, incluso contra un grupo de amigos finlandeses cuya entretenimiento por Europa es recrear sin sentido el patapum parriba de Javi Clemente. Del Bosque discierne entre alabanzas y adulaciones porque, de repente, quienes no vacilaban en comparar a esta selección con el Brasil del 70 piden un cambio de actitud. Anoche en El Molinón la autocomplacencia planeaba desde el primer minuto: habíamos vendido un trámite menos atractivo que aquellos partidos contra la droga, obsesionados con la última campaña de estiércol de Mourinho y París en el fondo.

La historia de un Brasil-España en la final del próximo Mundial es, sin duda, el best-seller más reclamado. La prensa española activó la maquinaria nada más concluir la conquista de Polonia y Ucrania; no en vano, y para una selección que ha arramblado con todo en los últimos tiempos, un duelo contra Neymar o, quizá, Messi, es el último capítulo para concluir esta epopeya inimaginable hace un lustro. Por eso, a veces vienen bien curas de humildad como lo que nos ha dado el cándido Pukki con el gol más importante en la historia de Finlandia. Lo advirtió Maldini durante la retransmisión de Telecinco, “España está mareando el baón sin ritmo”; demasiados pases delante del autobús finés sin ninguna idea fresca. El tiqui-taca se oxidó de tanto usarlo, recordando el vacile que se pegaron Messi e Iniesta pasándose el balón hasta ocho veces en el clásico de las cuatro de la tarde. Tampoco a Del Bosque se le ocurrió exprimir el juego de bandas, de lejos el método más eficaz para hacer trizas el bloque de hormigón: Jordi Alba no desdobló lo acostumbrado y Arbeloa, bueno, suele ser un lateral correcto al que poco se le puede exigir de centro de campo para arriba.

¿Y ahora Saint-Denis? El gatillazo de ‘La Roja’ tampoco debe ser apocalíptico; al revés, debemos agradecer a Finlandia la dosis de morbo que le ha metido al cruce del martes. Acostumbrados a aguantar fases clasificatorias bastante coñazo, la cartelera del Francia-España se vende sola: ganar o morir. Pero España, por encima de cualquiera, se ha ganado la credibilidad absoluta hasta que la estadística diga lo contrario. Y, por cierto, los franceses aún tendrán que visitar Georgia y Bielorrusia, acabando con Finlandia en casa: no estéis tan seguros que ganará a todos. España, sí. No caben más advertencias…ni complacencias.

 

 

 

“España sufrió en 45 minutos lo que el Madrid no supo arreglar en años”

Mircoles, 17 Octubre 2012

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Luis Fernández insistió en que el doble-pivote de España debería ser innegociable en cualquier equipo del mundo. “España sufrió en 45 minutos lo que el Madrid no supo arreglar en años, cuando dejó ir a Makelele”, dijo el ‘machote’ después del empate. Pero, lejos de quedar entusiasmado con la versión más alentadora de Francia, el ex entrenador galo no da mucha opciones a sus compatriotas: “ni tenemos el nivel suficientemente alto, ni el futuro pinta bien”. Presenció anoche el partido en el Calderón y se quedó prendado de un jugador del que desconocía todo su potencial: “A Xavi e Iniesta les tengo en un altar, pero este Ramos mejora en cada partido. Hizo una Eurocopa soberbia y aún hará mejor Mundial. Me recuerda a Fernando Hierro”.  La catarata de elogios a la Roja fue inagotable durante todo el día: por la tarde emitió desde Madrid su programa deportivo para Radio Montecarlo, Luis Attack, en el que entrevistó a Del Bosque; “vuestro seleccionador no es bueno porque haya ganado Mundial y Eurocopa, sino porque en el campo lee el partido con antelación”. Su impresión vino como anillo al dedo en el partido de anoche, pero curiosamente, los cambios, obligados por lesión, aturdieron a la selección española: Juanfran tiene que meterse en sus piernas toda la experiencia de Arbeloa, y Fernando Torres es un delantero top, pero quizá no tanto para un medio campo hacia delante en el que ninguno baja del sobresaliente y en el que todos sospechan de los delanteros centros puros estilo Torres.

La clave del lifting francés la tuvo Valbuena, un guaperas del Olympique de Marsella del que los franceses todavía esperan un milagro. Deschamps no se atrevió a ponerle de titular porque no se fía de él: a veces juega bien, otras ni aparece…afortunadamente para Francia, ayer fue el partido de Valbuena. “Cuando fue llamado para el Mundial de Sudáfrica, se le comparó con Ribery en habilidad y descaro. Es buen futbolista y le falta ser muy bueno”, aclaró Luis Fernández. Valbuena estuvo de crack y Xabi Alonso hizo ¡catacrack!, solo ante el enemigo, buscando a Xavi e Iniesta a la vez que giraba la cabeza hacia atrás para hablar con Busquets, ese central reconvertido que llegaría lejos en tal demarcación pero que, de momento, debe jugar en el centro porque es único en su especie.

En la víspera por la noche, a Luis Fernández sólo le hicieron falta cinco minutos de reloj (lo que se tarda en coche de la Cadena COPE a un hotel próximo al Vicente Calderón) para explicar la distancia sideral que hay entre el fútbol de los dos vecinos. “Benzema y Ribery se salen en sus clubes porque les acompaña gente competitiva; en la selección ellos no pueden tirar del carro, no al menos para ganar algo importante”. Como un cirujano, va haciendo incisiones cada vez más trascendentes…”el problema es de base: las dos canteras más productivas son las del Auxerre y el Nantes, Pues bien, ni siquiera juegan en la Ligue 1 (la primera división francesa)”.  Luis no ha descubierto la pólvora cuando dice que España tiene un modelo mundial, el del Barcelona; “otra cosa es que nadie sepa imitarlo”, suelta a carcajada limpia. Y luego están los emigrantes, “Cazorla, Mata, Torres, Cesc en el Arsenal, todos han aprendido otro fútbol que enriquece a la selección española”.

Por supuesto, el ‘machote’ no ignora el proyecto faraónico del Paris Saint Germain y tira con sorna: “El jeque va en serio porque ha puesto la pasta y la ha garantizado para la próxima temporada. Si el PSG jugase a Liga española, Cristiano o Messi se lo habrían pensado dos veces. Éste (el jeque) no es como el indio del Racing o los del Málaga”. Y termina con melancolía, “¡qué pena lo que le sucede al Athletic!, con lo bien que lo hizo Bielsa la temporada pasada”. De momento, su implicación en el mundo de la radio es absoluta, pero una llamada del propio Athletic o del Betis (“¿Lopera, bien?”, pregunta con interés) obligaría a buscar nuevo presentador para Luis Attack.

Magnífico: discutimos quién será el tercer portero

Viernes, 5 Marzo 2010

“Esta España es como la Francia de Zidane”. Lo dice Henry, otro francés humillado en París por la estocada del vecino. Claro está que esta España no tiene un Zidane, pero tampoco lo necesita. Francia hincó la rodilla y debería darle las gracias a Del Bosque porque ahora sí ha averiguado su verdadero nivel. O sea, cero. Tampoco ayuda mucho que su opinión pública nos rinda pleitesía, aunque una resignación tan explícita como la de L’equipe (“España da una lección de fútbol”) se agradece después de tantos y tantos años de recelos, pataletas pueriles y envidias insanas. Si fuera por los mentideros franceses, a Induraín le someterían a un control antidoping hasta en una clásica de aficionados y a Rafa Nadal le habrían quitado un par de Roland Garros por ese ‘dudosa capacidad sobrehumana’. Así se las han gastado siempre. Por eso, nuestra selección no debería hacer mucho caso a las loas francesas; su guillotina mediática está bien afilada en caso de que fracasemos.

El caso es que ‘La Roja’ interpretó en Saint-Denis el estado de excitación que vive la nación a tres meses vista del Mundial. Fijaos cuál es el grado de perfeccionismo en el que se desenvuelve este equipo, que el único debate con enjundia es discutir quién será el tercer portero de la convocatoria. Magnífico. Pasito a pasito, y el de París fue importante, el combinado nacional inspira una diversión en cada envite comparable a un Madrid-Barça. Al fútbol de la selección le urgía este momento de exaltación; ver a España era un soberano coñazo hasta el comienzo de la pasada Eurocopa. Hoy nos gusta hasta posponer la Champions para deleitarnos con los chicos de Del Bosque.

Y como a la prensa deportiva le encantan las comparaciones, el eterno debate sobre quién es ahora mejor o peor, pues aparentemente sólo Brasil podría hacernos la puñeta. Pero claro, no vayamos a caer en el jueguecito de todos los Mundiales y, creyéndonos la leche, nos den un sopapo en toda regla a las primeras de cambio. Hemos choteado a Francia en un amistoso…Sudáfrica será otra historia.  

Hoy nos reiremos nosotros

Mircoles, 3 Marzo 2010

No me negaréis que tenemos ganas a los franceses. A pesar de que España mola hoy más que nunca, nuestros vecinos del norte nos han hecho la puñeta siempre que se han cruzado por delante. Esta noche toca amistoso y ahí no nos tosen (los dos últimos nos los hemos llevado); pero cuando la cosa ha ido en serio, la selección española se ha achantado. Ocurrió en aquella finalísima de París de triste recuerdo para Arconada; también Raúl tuvo que aguantar una diatriba nacional tras su fallo en el penalti de la Euro2002 y, por último, Luis Aragonés observó impotente y abatido cómo un grupo de veteranos casi retirados hizo trizas su planteamiento táctico en el último Mundial. Los antecedentes son pasado, sí, pero conviene recordarlos para que a la próxima, mismamente hoy, seamos nosotros quienes nos regodeemos de ellos.

El partido ha cobrado tanta expectación que esta semana nadie ha levantado la voz contra el casi siempre destartalado calendario FIFA. Es cierto que un amistoso no viene a cuento en plena Champions, pero es el ogro francés quien está delante y conquistar París nunca es baladí. Recuerdo que en 1998 nos invitaron al estreno del estadio de Saint-Denis pensando que no les aguaríamos la fiesta. Lo previeron bien: Zidane marcó gracias a la contribución de un Zubizarreta en sus últimos estertores y el graderío se mofó una vez más de los españolitos que nunca se comían un rosco contra selecciones imponentes. Claro, entonces nosotros pertenecíamos a la serie B.

Cómo ha cambiado la historia en una década. Hoy son los franceses quienes recelan de nuestro fútbol de calidad premium y de la ausencia en sus filas de un Zidane o una versión cercana de él. Ribery es el candidato, aunque continúa opositando; quizá sea porque Zidane sólo hubo uno. El habilidoso extremo del Bayer se ha postulado como el único perito valido para deshacer el monumental entuerto que ha causado el seleccionador Domenech. No obstante, le faltan un par de partidazos a nivel mundial para dar el salto definitivo al estrellato. Porque Ribery aún no ha llegado a su tope, de lo contrario no se habría montado en España el debate sobre si Jesús Navas es más apropiado que el francés para la banda derecha del Madrid. Hoy veremos a ambos, aunque el club merengue prefiere a Ribery.

Por cierto, anoche España sub’21 reventó todas las quinielas de las casas de apuestas. Se barajaba un buen saco de más de cinco goles ante la panda de Lietchenstein y al final los nuestros ganaron 3-1, resolviendo el soporífero partido a falta de quince minutos. Igual si hubiese jugado Canales, el trámite sido más emocionante. Pero a López Caro, entrenador de la sub’21, no se le ocurrió nada mejor que salir al paso de la polémica con un anodino “ya habrá tiempo de que venga Canales”. Pues eso, que le convoque cuando cumpla 22. 

Nadie se acordará de Irlanda

Viernes, 20 Noviembre 2009

La nación de Irlanda proclama su irá contra la FIFA, no es para menos. Se dice que el fútbol mueve pasiones y en el mundo anglosajón siempre un poquito más. El infame error del árbitro sueco Martin Hansson ha aparcado durante unos días los problemas triviales de la nación gaélica para convertir la mano de Henry en una cuestión política. En el ojo del huracán está Michel Platini, quien no podía permitir en su primer mandato como ‘premier’ UEFA que su queridísima Francia no estuviese invitada al baile mundialista. No sabemos si el dirigente francés bajó al vestuario del árbitro antes de la prórroga, pero sí es una certeza que Platini sabe qué hilos mover en la burocracia FIFA y el modo de aspirar al cetro de Joseph Blatter.

El caso es que un ‘arbitrucho’ de  poca monta lapidó en un instante la ilusión de seis millones de irlandeses (a los del Norte no los cuento porque allí Henry ya ha debido ser nombrado hijo predilecto). En Dublín mereció ganar Irlanda y en París también. Pero resulta que a Domenech y sus pupilos se les iba la repesca de las manos, y para que Hansson no tuviese que tragar quina el resto de su vida entre la comité arbitral europeo, tiró por lo fácil inventándose una ocasión de gol más propia de un central y un pivote de balonmano.

Los argentinos inscribieron para la posteridad la ‘mano de dios’. Aquella fue concebida con apego por el mundo del balón (exceptuando a los ingleses, claro). Más que nada, porque el histórico lance de Maradona antecedió a su llamado gol del siglo. En cambio y con un contraste abismal, los franceses quieren canonizar ‘la main de dieu’ del tramposo ‘Titi’. A Maradona se le perdonó su farsa, nunca un tío tan grande había intentado engañar al ‘fair play’. Dos décadas después  y con poco por descubrir en el fútbol, Henry ha quedado retratado como un tramposo desquiciado que golpeó el balón con la mano dos veces por absoluta desesperación. El fútbol no perdona a Henry, ni a Hansson ni a Platini. Imaginad que esto sucediese en un Mundial: la francofobia podría ser brutal.

El ministro irlandés de justicia, Dermot Ahern, ha exigido que se repita el partido, pero la FIFA le ha respondido ipso facto que es imposible porque el fallo de Hansson fue un ‘error de apreciación’. Pues estamos aviados: si un árbitro no aprecia que un jugador toca el balón con la mano dos veces descaradamente, que piten los mismos jugadores, que entre ellos seguro que habrían detenido la jugada. Árbitros como este Hansson los hay a patadas en un Mundial. Y lo último que querría la FIFA es que apareciese de la nada otro Al Ghandour, el recuerdo más amargo del España-Corea del 2002. La cuestión es que en 2002 nadie nos consoló a nosotros y mañana nadie se acordará de Irlanda.

Italia, siempre Italia

Martes, 17 Junio 2008

Con razón lo han llamado el grupo de la muerte. Italia y Francia agonizan a falta de un día para que se dilapiden sus escasas esperanzas de sobrevivir en la Eurocopa. O no. Todo dependerá de Holanda, del talante con el que afronte su pachanga contra Rumanía, el convidado que nadie ha tomado en serio y que puede mofarse de los vigentes campeones y subcampeones del mundo. Hoy será una jornada de suspicacias: a tenor de las declaraciones de los futbolistas holandeses, el partido contra los balcánicos pretende ser el broche de oro con el que Van Basten erija a su combinado como el rival a batir en el torneo. Repito, eso, siempre y cuando nos ciñamos a las manifestaciones de la ‘orange’. Pero no seamos ingenuos, Holanda busca avanzar por un camino expedito y en este trayecto sobran italianos y franceses, sobre todo los primeros.

Los italianos practican el funambulismo a las mil maravillas. Jugársela contra Francia, o quien sea, a vida o muerte no les inquieta para nada. Están acostumbrados, y más esta vetusta selección, que aún estando desvencijada de arriba abajo, sabe salir airosa de situaciones límite. Desde que me gusta el fútbol, no he parado de oír ese cliché tan trillado: “Los italianos siempre tienen potra”. Pues sí, casi nunca les ha faltado buena suerte, y a veces no la han necesitado, porque el oficio es el oficio y la experiencia es un grado, dos en el caso de la ‘azzurra’. Y como la cosa va hoy de refranes, no le habría venido mal a Donadoni aquello de renovarse o morir. Entiendo que el seleccionador italiano apostase por el grupo campeón de hace dos años, pero el fútbol avanza a pasos agigantados y repetir una gesta de tal dimensión es prácticamente imposible para un equipo que juega según lo que surja. De todos modos, no seré yo quien tilde a Italia de rácana porque, para sorpresa de los aficionados, ante Holanda y Rumanía salieron a atacar, más pendientes de colocar jugadores en campo contrario que de levantar una muralla en su propio área, como habríamos supuesto. ¿Qué ocurrió? Una maldición se ha apoderado de los transalpinos. Ahora resulta que logran hacer cinco o seis ocasiones de peligro, una hazaña en este caso, y no aciertan ni una, cuando lo normal es que Luca Toni o Del Piero marquen de chiripa, y consigan una renta suficiente para llevarse un partido. Pero mañana, si no es el gigantón del Bayer, el milagro lo tendrá que hacer otro mago, o más bien un bufón, ya veremos. Porque los bufones hacen bufonadas aunque algunas veces tengan talento para entretener y ese papel le corresponde a Cassano, genio y figura hasta la sepultura.

Italia ha traicionado sus principios. Ha querido jugar a lo que no sabe y de momento, se ha estrellado. Sin embargo, los italianos son eso, italianos, y un partido para ellos es media liga para un club. En un minuto la suerte les da la cara y asunto arreglado. Mañana, la Eurocopa entera rezará para que la maldición continúe persiguiendo a los campeones del mundo, nadie les quiere ver en cuartos de final. Y menos, nosotros, los españoles, que seríamos los pardillos que nos los encontraríamos. El remedio es sencillo: que el convidado del grupo de la muerte no se alinee con la Italia suertuda. Ánimo, Rumanía, ganad a los suplentes holandeses.