Espejismo
Domingo, 1 Noviembre 2009Florentino ha sido el último en ratificar a Pellegrini. Lo ha hecho hoy, domingo, día en que la masa social del Madrid estaba distraída con la victoria anestésica de Higuaín. Los resultados mandan y cabe preguntarse si el presidente del Madrid habría confirmado a su técnico en el cargo en caso de que el Getafe se hubiera atrevido a asustar a los blancos en el Bernabeu. Porque el ‘Geta’ de las dos caras se cagó de miedo cuando Albiol fue expulsado. Si Míchel hubiese sido valiente, el Madrid no se habría repanchingado en el campo. Pero el legendario ‘8’ no supo leer el partido o, si lo hizo, estuvo tan desacertado como acostumbra Pellegrini.
Lo peor que puede hacer ahora el madridismo es creerse la supuesta remontada. Los jugadores siguen sin proponer nada, Pellegrini tampoco ayuda y la inercia del equipo indica que el caos táctico no acabará hasta que regrese Cristiano Ronaldo, por lo menos. Sí es verdad que el Madrid es el más experto en reaccionar cuando las adversidades le asfixian, pero no parece suficiente coartada para presentarse en Milan si la imagen no cambia. Ese partido va a molar mucho porque los ‘rossoneri’ han espabilado desde que ganaron andando en el Bernabeu. Las próximas semanas serán definitivas para confirmar por completo si el Madrid ha fichado a un buen gestor en el banquillo o más bien, a Valdano le gustaba el míster chileno por aquello de un nuevo librillo de estilo a priori prometedor.
Quizá Higuaín pueda ayudar a arreglar el desaguisado. Ayer no decepcionó en su cometido: hacer las tareas de un delantero, ni más ni menos. Es decir, el argentino se esforzó en abrir el campo, buscar desmarques, desubicar a los centrales rivales y empezar la presión de su equipo. Todas estas funciones también las debería hacer Benzema, pero el francés continúa en stand by. No sería un disparate que Pellegrini sentara a Benzema unos cuantos partidos para apostar por la meteórica progresión de Higuaín. Ahí se vería si el entrenador ha venido a Madrid para que le dejen manejar a su equipo, ése que él aparentemente entrena.



Y Raúl jugó y marcó. Por cierto, dos goles: el del oportunismo y el del destello. Todo estaba preparado para que fuera su noche y el siete deslumbró. Eso sí, ante un Sporting que fue mucho más dócil que el Bate Borisov. El gran capitán había leído y escuchado críticas pero su gesto, lejos de ser mohíno, irradió esa rabia que le caracteriza. Raúl se sobrepone a lo que haga falta y tal actitud le ha encumbrado como titular indiscutible del Madrid durante catorce años, se dice pronto. Cierto es que un partido no es la vara adecuada para calibrar las opciones del merengue pero ya se ha entonado. Schuster ha encontrado los primeros indicios para resolver esta absurda polémica. Su capitán debe jugar en punta y olisquear el área rival. Ése es su jardín y ahí se desenvuelve con soltura, picardía e inteligencia. Porque Raúl es listo, muy listo. Anoche, no sólo goleó sino que también se enfundó el peto de pasador, de un asistente inverosímil. Pero claro, para sus detractores, rayanos en el maniqueísmo, sólo trasciende que su víctima no marque: o mete goles o es inútil. Y como los críticos se agarran a guarismos, pues comentemos los números del delantero: dos goles en cuatro jornadas. Creo que no está nada mal.
La segunda sorpresa es que la Copa de la UEFA no es una milonga barata, como muchos entendidos quieren creer. Ahí hemos tenido un Getafe –Bayer de Munich, que nos ha ofrecido el suspense de las grandes eliminatorias continentales: goles en los últimos minutos, prórroga de infarto, expulsiones, fallos garrafales. Vamos, con lo que el espectador sueña cada partido. Sólo le digo al Geta que, para ganar un título, hay que perder unos cuantos. Otra vez será azulones. Por cierto, debo citar también al Zénit de San Petesburgo, la revelación de este torneo. Ojo al fútbol ruso de la próxima década, que a golpe de talonario de los gigantes gasísticos y petrolíferos, está levantando una liga que ya supera el nivel medio de otros campeonatos como el holandés o el portugués.
Pero fue un iluso el que empezó a creer que este club madrileño podría seguir la estela que otros paisanos, como el Rayo Vallecano, habían dejado, no sin denodado esfuerzo. Ese visionario es Ángel Torres, presidente actual del Getafe y artífice del glorioso equipo que está asombrando en España y Europa.