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Archivo de la categoría ‘Guti’

“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”

Jueves, 10 Septiembre 2015

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“¡Madrid, cabrón, saluda al campeón!”. Samuel Eto’o, genio y figura que sacó toda su bilis contra el club que le repudió. Una década después aún no se ha retractado de aquel éxtasis en el Camp Nou. Y jamás lo hará. “Yo soy como soy, que lo aceptes o no es tu problema”, dijo el camerunés en una entrevista íntima con L’Equipe en 2011. “Vete tú al Atleti, ¡qué pesado!”, soltó Guti a Roberto Carlos en medio de una rueda de prensa durante una pretemporada merengue en Shanghai. Hubo un verano en el que a Guti se relacionó con el rival vecino y, harto de tanto rumor infundado, no aguantó la broma del brasileño. Gerard Piqué rompe la aburrida ortodoxia de las salas de prensa: partido complicado, nunca se sabe qué puede pasar, en el fútbol cualquiera puede sorprenderte. El ‘fútbol es fútbol’ de Vujadin Boskov en versión moderna. Piqué es un personaje imprescindible en el periodismo deportivo: cualquier barrabasada que se le ocurra, cualquier rajada que escupa es bienvenida en nuestro mundillo. Al fin y al cabo, hablar de fútbol da pureza a un medio, pero inyectar dosis de morbo atrae audiencia. El negocio es el negocio.

Piqué ha aclarado que no es un santo ni tampoco un diablo. Es bromista (cuestión de gustos) pero entiende y siente la rivalidad Barça-Real Madrid. Por eso, se puso una camiseta de Buffon en su casa para ver la semifinal Madrid-Juve y, por supuesto, mentó a Kevin Roldán para sobreexcitar a las masas. Ése es el puente aéreo que reclamamos todos aquellos periodistas (me atrevo a decir que la mayoría) nostálgicos de aquel teatrillo que montaba José María García en sus noches radiofónicas, con héroes y villanos, con Mendoza y Núñez, con Jesús Gil y Caneda, con Stoichkov y Hugo Sánchez. Hoy es todo tan políticamente correcto que el espectáculo necesita más ‘Piqués’ para que no decaiga. Durante la noche en la que agradeció a Kevin Roldán sus servicios prestados a la causa, hay una imagen que capta a un grupillo de compañeros en el centro del campo susurrándose a los oídos “lo va a decir, lo va a decir”. Y el central no falló. Piqué se ríe de las portadas apocalípticas de la prensa; se ríe del incendio de Sergio Ramos porque simplemente pertenece al show. La sensación en las tertulias de los bares es que el barcelonista pasa de todo, le piten, insulten o cabreé al madridismo con sus provocaciones.

Piqué es un muñeco de pim, pam, pum al que la prensa hace vudú y suplicando en bajo que salga delante de las cámaras en cada zona mixta. Su sinceridad molesta en un fútbol impostado, en el que los clubes rezan para que las declaraciones sean sota, caballo y rey. Así, menos líos para los departamentos de comunicación. Pero, precisamente, tipos como Piqué que agitan la opinión pública, son quienes mejor explican a la gente esa realidad paralela y casi siempre estratosférica de deportistas tan elitistas. “La noche anterior a Macedonia nos reunimos 10 jugadores en la habitación de Iker Casillas, y allí estuve hablando con Ramos de muchos temas, no sobre la selección”. Con confesiones de este tipo, uno imagina a Ramos y Piqué descojonarse juntos por ese miedo mediático a que ‘La Roja’ se volatilice o vuelva la guerra de trincheras Madrid-Barça de la época mourinhista. Precisamente Mourinho otro personaje extremo en el odio y el amor que asquea mundos hipócritas. Al menos, los que él ve.

¿Pero son justos los pitos a Piqué? Ni en León ni en Oviedo. Reivindica su compromiso nacional sin alardear de españolismo ni catalanismo. Nunca besará el escudo pero lo sudará; nunca gritará un ‘¡Viva España!’ pero se peleará por un balón desde algún suelo de Macedonia o Letonia. Y como es un futbolista inteligente en el sentido literal de la palabra (se dice que es superdotado), él es quien mejor ha justificado las sospechas de la plataforma Guanyarem: ¿qué mejor publicidad que agradecer toda la ayuda que le prestó el deporte catalán desde pequeño? Y no se trata de sacar la vena nacionalista. Simple sentido común. Y como diría Guti, “a quien no le guste, amapolas”. 

El miedo escénico que nunca llegó

Mircoles, 14 Enero 2015

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“El Bernabéu tiene que recuperar el miedo escénico”. Jorge Valdano invocó a la grada blanca en su semana más decisiva como entrenador. El Madrid debía remontar al Espanyol el 4-1 de Sarriá para no caer en la Copa del 96 y la pareja Valdano-Cappa se jugaba el finiquito de antemano. El entrenador argentino había aludido al ‘espíritu Juanito’ durante los días previos y Telemadrid, como si de un ciclo de cine se tratara, emitió reportajes a punta pala de las noches históricas europeas. Borussia Mönchengladbach, Anderlecht, Inter de Milan…los cadáveres que habían pasado por el Bernabéu hicieron correr ríos de tinta en los diarios deportivos a modo de historias del abuelo cebolleta. Y el Espanyol parecía otra víctima propicia para el éxtasis merengue. Como suele ocurrir en los amagos de heroicidad, el Madrid salió en tromba desde el pitido inicial y quiso intimidar a los pericos con Zamorano, Esnáider y un jovencísimo Raúl González Blanco. El estadio se convirtió por unos momentos en una olla a presión hasta que Jordi Lardín fue el más listo de la clase y le robó el balón a Sanchís para enmudecer al ruidoso ‘gallinero’. “No ha habido margen para intentar la remontada: Lardín nos despertó del sueño”; las palabras de Valdano fueron el epitafio que usó Lorenzo Sanz, recién nombrado presidente, para darle la patada.

Raúl siempre ha sabido cómo ganarse a su público. Una carrera suicida de cuarenta metros sin ninguna posibilidad de balón bastaba al Bernabéu para arrancarse en un estruendoso aplauso. El ‘7’ encarnaba la actitud rabiosa de Juanito porque así lo necesitaba el madridismo. Debía ser él y nadie más. Por eso, Raúl ejerció de capitán y, aún estando lesionado, ofreció una rueda de prensa para alentar al madridismo. “Suena imposible pero en este club no existe nada imposible”. El Madrid tenía que voltear el vergonzoso 6-1 copero con el que se había ensañado el Zaragoza en la ida de las semifinales coperas del 2006. La gesta parecía quimérica en cualquier escenario menos en el ‘verdadero teatro de sueños’, como lo apodó Robinho. Y por poco no acierta el brasileño: Cicinho lanzó un obús en el primer minuto a la escuadra del meta César y fue el propio Robinho quien puso patas arriba el coliseo blanco con dos tantos en cinco minutos. El Zaragoza se encontraba aturdido por tres ráfagas fulgurantes y Ronaldo, el ‘gordito’ enloqueció a la gente con el 4-0. Imposible pero cierto, las palabras de Raúl habían estimulado al vestuario, de tal manera que los blancos habían hecho los deberes demasiado rápido: quedaba un mundo de treinta minutos para remachar la madre de todas las remontadas. Fue entonces cuando el Madrid sufrió un bloque mental. El Zaragoza aguantó con autobuses, frontones y tanques rodeando a César y, desangrado por tantos goles, celebró la clasificación para la final desde la UVI.

“Pedimos perdón a todo el madridismo. Lo de Alcorcón no puede volver a ocurrir, pero lo arreglaremos”. Guti se vio obligado a hincar la rodilla como uno de los capitanes de un vestuario que nunca ha encontrado una explicación lógica. El famoso ‘Alcorconazo’ con Pellegrini en el banquillo y estrellas de la talla de Raúl, Benzema (entonces mounsieur l’empané) y Van Nistelrooy es el mayor suceso paranormal del fútbol contemporáneo. El ridículo fue tan histórico que ni siquiera Pellegrini se atrevió a mentar al miedo escénico. Había que ganar por lo civil o lo criminal a un equipo de Segunda ‘B’ porque el escudo había quedado ya bastante magullado. Pero ni mucho menos el ambiente en el Bernabéu se parecía al de las noches de Juanito, Camacho y Santillana. El partido fue un ajusticiamiento público al penoso juego del equipo y, sobre todo, al técnico chileno que esa misma noche firmaba su defunción. Otra vez el miedo escénico por los suelos.

 

 

El hombre que nunca traicionó su camiseta

Sbado, 12 Julio 2014

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A Florentino Pérez le entusiasmó que Fernando Hierro, Raúl y Mijatovic viajasen a la final de Lisboa como emblemas del Real Madrid. No sólo eran historia viva, tampoco simples motivadores de un vestuario que se jugaba el éxito o el fracaso en un solo partido. No, el presidente por fin entendió que a las grandes figuras había que cuidarlas y que en su mano estaba reparar el prestigio dañado en el pasado. De Florentino siempre se ha dicho que no tuvo ningún tacto para despedir a futbolistas convertidos en mito por el madridismo: con Hierro protagonizó la noche de los cuchillos largos instantes después de ganar la Liga del 2003 al Athletic en el Bernabéu. Al capitán todavía le escocía el trato de la directiva a su amigo y compañero Fernando Morientes, quien se mantuvo en la plantilla por petición expresa del propio Hierro y Raúl durante una conversación con Florentino en Mónaco en agosto de 2002. La maldita noche empezó con una bronca entre el malagueño y Jorge Valdano, entonces director deportivo, dentro del vestuario del coliseo merengue. El argentino les obligó a salir al césped a celebrar la Liga con la grada y Hierro poco menos que le mandó a esparragar. Horas después, las caras largas en el Mesón Txistu provocaron la chispa que hizo saltar todo por los aires: Hierro y Del Bosque despedidos, y Morientes cedido al Mónaco días después.

Tampoco Raúl tuvo la despedida de sus sueños. Dieciséis años de servicio blanco quedaron reducidos a una fría despedida durante una mañana de julio, y una rueda de prensa seca y sin apoyo institucional. Mourinho le pidió que se quedara para exprimirle sus dotes de liderazgo y eterna comunión con la afición, pero Raúl sabía que las heridas de guerra tardarían demasiado en cicatrizar. Guti, capaz de lo mejor y lo peor, tampoco se marchó en loor de multitud; casi siempre en el alambre, la prensa le había anunciado fuera del Madrid casi todos los años. Fue su talento lo que siempre le salvó. Claro que si con Raúl apenas se acicaló la sala de prensa, a Guti no se le iba a agasajar con la menor intención desde el club. En cambio, Zidane, uno de los hombres del presidente, sí tuvo su partido de homenaje: no fue ningún amistoso, ni siquiera un trofeo Santiago Bernabéu. El club aprovechó su anunciada despedida para rendirle tributo en el último partido liguero del 2006 en casa contra el Villarreal. El estadio se llenó y Zizou fue sustituido sobreexcitado por la fiesta. Por último, Manolo Sanchís, capitán de capitanes, declinó la oferta a un homenaje en 2001. Él fue el primer mito que se retiraba en tiempos de Florentino y fue Butragueño, ya directivo blanco, quien le llamó de parte del presidente para sugerirle una fiesta por todo lo alto. Sanchís, poco dado a fastos multitudinarios, no quiso su partido y el Madrid le brindó un pequeño gesto sobre el césped al término del último partido contra el Valladolid de la temporada 2000-2001.

Estos jugadores habrían merecido sendos amistosos, como sí los tuvieron Hugo Sánchez y ‘el Buitre’. Quizá por ello, Florentino con los años se ha dado cuenta que a los protagonistas de la historia centenaria del club hay que mimarles. Raúl recibió su homenaje el verano pasado, tarde pero muy cuidado. Incluso, el Rey Juan Carlos acudió al palco de honor a abrazar al ‘7’. Y Hierro no se vestirá de corto pero podrá disfrutar de una vuelta más emotiva: dirigir al equipo a las órdenes de Carlo Ancelotti. Experiencia en el banquillo apenas tiene, por eso viene como aprendiz. No obstante, sus pinitos después de colgar las botas han sido casi perfectos: como director deportivo de la Federación manejó extraordinariamente bien la transición entre Luis Aragonés y Del Bosque (fue Hierro quién eligió al actual seleccionador). Y en un Málaga arruinado convenció al jeque Al-Thani para que pusiera al frente del despacho deportivo a su amigo Antonio Fernández, quien construyó las bases del ‘EuroMálaga’ con Van Nistelrooy, Baptista, Isco, Joaquín, Toulalan, etc.

Hierro es puro madridismo porque nunca traicionó su camiseta. Su jerarquía en el vestuario pudo gustar (Raúl) o irritar (Iván Campo), pero siempre fue indiscutible. Cuando prensa y afición murmuraron que sus días de gloria tocaban a su fin, dejó su cuerpo en manos del mejor fisioterapeuta, Pedro Chueca, para que se lo devolviera con un motor diesel. Y funcionó. Su astucia le ha permitido cuidar su imagen pública, la de no delatarse como un hombre vengativo y rencoroso por el pasado. Jamás habló mal del Madrid, directamente lo ignoró. Sin embargo, no ha querido cortar de cuajo ese cordón umbilical: junto a Sanchís ha presidido en estos años la asociación de veteranos, con partidos por medio mundo y los Classic Match del Bernabéu. Ancelotti le ha pedido como sustituto de Zidane porque es un tipo que entiende los vestuarios donde se amontonan tantos egos. Y con el añadido extra de que Sergio Ramos, Pepe y, sobre todo, Varane, tendrán en unos días al profesor más laureado de su asignatura. “Con Hierro se puede hacer un máster acelerado de cualquiera cosa, pero los centrales se van a frotar las manos”. Palabra de Manolo Sanchís.

Del Bosque, el buen estratega

Sbado, 30 Marzo 2013

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Confiesa que le ha cogido el tranquillo a ser personaje público, sobre todo después de recibir mil y una distinciones por haber ganado el Mundial, título de marqués incluido. Pero Vicente Del Bosque nunca ha usado su rol público para inflamar asuntos de estado, salvo cuando le tocan la fibra con su despido improcedente del Real Madrid. Sin embargo, en el primer deporte nacional de este país (el segundo es el fútbol) su nombre sigue siendo fusilado por criticones obnubilados por teorías conspirativas. La más famosa y persistente, que durará por los siglos de los siglos, dice que Del Bosque es sólo un continuista de Luis Aragonés y que cualquiera podía haber ganado títulos en el Madrid con el mensaje simplón de ‘salid y jugar como sabéis’, sin olvidar, claro, su sambenito de mal estratega. Quizás estos teóricos ignoren que el seleccionador algo hizo para lidiar con los numerosos marrones que le aparecieron desde que una tumultuosa noche de noviembre de 1999 John  Benjamin Toshack estalló contra la directiva de Lorenzo Sanz y confesó sin titubeos al MARCA que era más fácil ver un cerdo volando sobre el Bernabeu que rectificar algunas declaraciones.

Por de pronto, Del Bosque fue declarado entrenador interino del Madrid tras el despido de Toshack y con la papeleta de conjuntar a una plantilla desguazada por una lucha intestina de egos, con el de Anelka como el más flagrante. “Creo que Nicolás esta confundido, en su mundo”, espetó el entonces técnico merengue cuando le preguntaron por qué no convocó al delantero francés para un Madrid-Sevilla. Y esgrimió su razón: “Anelka no se corresponde con lo que debe ser un deportista, o sea una persona altruista que se dé a los demás. Lo que nunca puede pretender un jugador es entrenar y jugar a la carta; el fútbol es universal: se juega en corto o largo, sea en Francia o en Vallecas”. Así zanjó Del Bosque la cruzada que el fichaje más caro de la historia del club había emprendido contra directiva, entrenador y sus propios compañeros. Meses después y con el equipo pensando en el limbo en cada partido liguero, el técnico salmantino convenció a Anelka de que necesitaba su talento para tumbar al Bayern de Munich en las semifinales de Champions. Se habían llevado dos rapapolvos gordos en la fase de grupos: cuatro goles en el Bernabeu y otros tantos en Alemania. Finalmente, el efecto Anelka funcionó, pues él, y sólo él, se convirtió en la pesadilla del desafiante Kahn.

Pero durante aquella temporada Anelka no fue el único quebradero de cabeza. Con la Liga casi perdida, el Madrid afrontaba los cruces decisivos de la Champions como única salvación de la temporada. Y para más inri, el líder de la defensa, Fernando Hierro, quedaba fuera de combate por lesión. El central había eclipsado a todos y cada uno de los escuderos que le habían alineado cada domingo: Karanka, Helguera e Iván Campo ni por asomo alcanzaban el carisma de Hierro. Así que Del Bosque contempló otra solución: en vez de hacer casting de centrales, cambió el dibujo táctico colocando juntos precisamente a los tres teloneros. El experimento de los tres centrales funcionó en Old Trafford la noche del taconazo de Redondo, prosiguió contra el Bayern y alcanzó su cénit en la final de París. Entonces, Del Bosque fue declarado ‘marqués de la estrategia’. No obstante, después de una década el técnico todavía recuerda el riesgo que asumió: “Nos la jugamos con los tres centrales, si nos sale mal nos matan”, confesó a MARCA hace pocos días.

El siguiente episodio de meritocracia no tardó en llegar. Del Bosque se había ganado su continuidad, así lo entendió y anunció Florentino Pérez a su llegada a la presidencia, incluso antes de ganar las elecciones con el as de Figo en la manga. Y eso que los primeros meses fueron demasiado convulsos: una sorprendente eliminación copera ante el liliputiense Toledo, unido a la derrota en la Supercopa Europea contra Galatasaray y otro bofetón en la Intercontinental de Japón ante Boca Juniors hizo dudar al Bernabeu. Del Bosque tenía una plantilla demasiado buena como para desperdiciar tantas competiciones y, encima, el arranque liguero no había sido el esperado. A ese Madrid le faltaba gol y el remedio no lo iba a encontrar con una billetera: Guti era el elegido para jugar de delantero centro, quizá más de ‘falso nueve’ que de ariete rematador en el punto de penalti. El caso es que el madrileño llegó a quitarle la titularidad a Morientes y clavó ni más ni menos que catorce goles. Del Bosque había sacrificado los pases inverosímiles de Guti por su desconocida capacidad goleadora. Funcionó.

Los capítulos galácticos de Zidane y Ronaldo no supusieron grandes comeduras de coco para Del Bosque. Si acaso, el desliz que se le recordará al salmantino será el de haber sacrificado momentáneamente la carrera meteórica de Iker Casillas por un puñado de malos partidos. No obstante, su suplente César cuajó buenas actuaciones y, quizá, de no ser por su lesión en la final de Champions contra el Leverkusen, Casillas no habría encontrado ese punto de inflexión que relanzó su vida para siempre.

Por último, y después de un mal trago en el Besiktas, donde no detectó ni la más mínima simbiosis  con gente que entendiera el fútbol alrededor de un balón (tampoco Del Bosque se aclimató), llegó la oportunidad envenenada de sustituir a Luis Aragonés. Éste consiguió el ansiado sueño de superar todos los clichés de la selección española, ¡por fin volvíamos a ser importantes en Europa!, pero su ciclo había caducado. El legado del sucesor quedaba claro: aprovechar la mejor generación jamás habida en España. Y así lo hizo Del Bosque, no sin las presiones de la prensa. Ocurrió en Sudáfrica, después del batacazo inicial contra Suiza. El tiqui-taca murió en la defensa helvética y la opinión pública no entendió la necesidad de jugar con Busquets por detrás de Xabi Alonso. Pero el seleccionador se mantuvo firme a su convicción y siguió confiando en el azulgrana, hasta tal punto que llegó a decir que si fuera jugador le habría gustado parecerse a Busquets. De ahí a ganar el Mundial, y de Sudáfrica a la última Eurocopa, en la que sorteó la discusión del ‘falso nueve’ experimentado tácticas hasta la final, en la que España demostró que hoy día está por delante de cualquiera. Gracias, en parte, a Del Bosque.

Obús a la cantera

Mircoles, 31 Octubre 2012

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Jorge Valdano no tardó en reunirse con Del Bosque durante sus primeras semanas como entrenador del Real Madrid. Ramón Mendoza le había fichado para dinamitar el Dream Team de Cruyff y para ello, el argentino no sólo moldeó al primer equipo con adquisiciones tan deslumbrantes como Laudrup o Redondo, sino que le sacó las entrañas al club, diseccionando lo que él veía apto en la cantera. Entonces, el actual seleccionador español se encargaba de la dirección de las categorías inferiores en la vieja ciudad deportiva de La Castellana y en septiembre de 1994, al inicio del primer curso liguero de Valdano, convocó una reunión extraordinaria con los chavales más talentosos para que el propio Valdano y su ayudante Ángel Cappa les impartiesen una clase magistral sobre los valores del Madrid. Aquel día en La Castellana acudieron Raúl González, Luis Martínez, García Calvo, Fernando Sanz, Víctor Sánchez del Amo, Sandro, Alberto Rivera, Álvaro Benito y Guti. De todos ellos, a Valdano le constaba, por los informes de Del Bosque, que Raúl era un voraz goleador de 17 años al que cualquier categoría le quedaba pequeña, pero que, por encima de todos, Guti era un prodigio sobrenatural que había llamado la atención de todos sus entrenadores.

Aquella sesión no la olvidarán jamás los invitados, ni siquiera Raúl y Guti, estandartes de la cantera junto a Iker Casillas por muchos años. Han sido el ejemplo más indiscutible de que la fábrica del Madrid saca al mundo futbolistas de primer orden mundial, incluso engendra generaciones estelares como la genuina y legendaria Quinta del Buitre. Pero ayer, de un plumazo, Mourinho volatilizó el trabajo de muchos entrenadores de La Castellana y luego Valdebebas, sirviéndose de un folio. La cantera sí es prolífica; es un hecho incuestionable como indica el estupendo informe de Martí Perarnau que hoy publica MARCA: entre  2011 y 2012 un total de 112 jugadores formados en el Madrid jugaron en Primera, Segunda División o ligas extranjeras. Por tanto, ¿en qué falla el mecanismo? El Madrid ha asumido un modelo de club antagónico al del Barça cuyo leit motiv sigue siendo La Masía. Hubo una vez que Florentino Pérez esperanzó al madridismo con un lema atractivo, Zidanes y Pavones, que a la postre resultó estéril porque coincidió con el principio del ‘galacticidio’. Los últimos supervivientes de aquel descalabro fueron el mismo Pavón y Raúl Bravo, a los que Mourinho citó ayer leyendo su folio.

En una alarde de ventajismo innecesario para quien ostenta el poder omnímodo del club, Mourinho nombró canteranos de la última década que debutaron en el primer equipo para luego ser defenestrados. Indirectamente, el entrenador portugués acusó a sus antecesores de ineptitud con el equipo filial, empezando, sin mentar a nadie, por Del Bosque y siguiendo con Queiroz, Luxemburgo, Capello, Schuster y Pellegrini. Dice que su objetivo no es engordar esa infructuosa lista, pero tampoco aporta soluciones; nombra al defensa Fabinho como jugador con perspectivas optimistas (casualmente, Mou pidió expresamente su fichaje el pasado verano) cuando el Castilla resulta el equipo más goleado de Segunda; se exculpa alegando que sólo es el “manager del primer equipo”, pero José Ángel Sánchez, ejecutivo número uno en la planta noble del Bernabeu, consultó a Mourinho la continuidad de Toril antes de renovarle.

Dentro de esa obsesión por importar el modelo de club británico, Mourinho ha tenido dos años para arreglar las supuestas desviaciones del Castilla. Y como él es el capo, aunque escurra el bulto, uno de sus cometidos debe ser armonizar el fútbol de los equipos filiales. El Barça, por ejemplo, jamás podría perseverar sin un patrón único de juego en todos sus equipos. Pero el Castilla se ha ganado por méritos propios darse tortas en una división tan cruda como la Segunda y, por eso, el talento de Toril no admite sospechas. La pena es que Mourinho haya destapado la caja de los truenos, confirmando sus desavenencias con su homólogo del filial, cuando una reunión privada en Valdebebas podría haber apañado un nuevo comienzo. Bien, entonces el portugués es manager del primer equipo, pero también sigue siendo portavoz de sí mismo delante de las cámaras, más preocupado por sus aciertos personales que por garantizar esa escuela privilegiada que desde tiempos inmemoriales dejó de ser el núcleo del club. Hoy sólo importa la pasta para traer chavales de otros continentes; después, sigue prevaleciendo la pasta. 

Raúl y Guti

Mircoles, 28 Julio 2010

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La vida sigue. El triste homenaje a Raúl no ha tenido su merecida trascendencia y el ex capitán vuelve a sonreír en Alemania. Allí ha decidido dar sus últimos coletazos de nivel porque, lejos de retirarse en ligas de coña como la mejicana, árabe o norteamericana, ha apostado por el proyecto ambicioso del Schalke. Por de pronto, en un par de meses estará dando guerra en su querida Champions. No me negaréis que tendría su morbo un duelo con el Madrid; resulta que a los ex madridistas se les da bien hacer la puñeta al equipo blanco, ¿por qué iba a ser Raúl la excepción?

Felix Magath, entrenador del Schalke y máximo (no sé si único) valedor de Raúl se ha obsesionado con el gran capitán. El equipo combatió la temporada pasada con el Bayer por la Bundesliga hasta las últimas jornadas y este año el propósito debe ser el mismo. No obstante y a pesar de que Raúl garantiza esfuerzos denodados, no veo al siete de titular indiscutible. El campeonato alemán no es aquel torneíllo donde el Bayer se paseaba y de vez en cuando asomaban la cabeza Borussia Dortmund o  Leverkusen. La Bundesliga se ha modernizado y ha transformado su fútbol arcaico y plomizo en un estilo tècnico y atractivo. Raúl le puede echar ganas, sí, pero será complicado que coja el ritmo de competición. De todos modos, comenté el día de su despedida que aún puede liar alguna buena, aunque Magath no le exigirá grandes destellos, sino suplir la efectividad del anterior goleador Kevin Kurányi (dieciocho goles en el último año).

Y a todo esto, el eterno colega de Raúl ha aterrizado en Estambul en loor de multitud: quién le iba a decir a Guti que una riada de aficionados le esperaría en el aeropuerto y otra más impresionante le citaría en el estadio del Besiktas. Se ha ido de Madrid con sigilo y ahora se muda a un país que se ajusta muy bien a su estilo ascético. Jugar, jugará y mucho; gane o pierda, le traerá sin cuidado. Le pasa como a Raúl, ambos son treintañeros y no vienen de emprendedores a sus nuevos clubes. Al siete le han hecho una oferta deportiva y económica (sobre todo, lo segundo) más que sugerente; por el contrario,  Guti se ha marchado para evadirse con los paseos por el Bósforo o el  regateo del Gran Bazar. Así es cada cual.

El caso es que el Madrid se ha deshecho de gran parte de su folclore moderno en un pispás y ahora se ha empeñado en crear otra versión más actualizada en la que el entrenador es el protagonista y los jugadores máquinas de hacer dinero, goles y equilibrar balanzas de pagos. Sinceramente, hace bien porque es lo que exige el negocio moderno del fútbol. Quizá Raúl y Guti maduraron en otra época no tan lejana en edad pero sí en esencia.

 

 

Puro cachondeo

Mircoles, 26 Mayo 2010

¡Milagro!, Kaká se ha recuperado. Ha sido llegar a la concentración de Brasil y ponerse a brincar en el entrenamiento como un alegre juvenil. Ni lesiones musculares, ni pubalgias, Kaká está a tope, o eso nos dicen desde allí. Su sospechosa recuperación contrarreloj desprende el tufillo que el madridismo temía. Quizá esté a tope, pero la sensación de que no se ha exprimido lo necesario en el Madrid para llegar intacto al Mundial no se va ni con aguarrás. Al brasileño no le queda otra que hacer un buen campeonato (de lo contrario, más de uno en el Madrid se habrá arrepentido de su fichaje) y, sobre todo, aprobar la reválida de la próxima temporada. Ésa sí que será definitiva.

El fútbol a veces no deja de ser puro cachondeo: Mourinho soltó que se largaba al Madrid casi antes de que Zanetti levantase la Copa de Europa, ni siquiera se pasó por los fastos preparados en Milan y resulta que Moratti le invita a cenar a su casa.  Encima, dicen que Mourinho intentó convencer al presidente del Inter de que se olvide de esa cláusula de ‘sólo’ dieciséis millones. Y vale que Mou tendrá un poder de convicción absoluto para lograr que Eto’o defienda sin rechistar y que el mundo entero le rinda pleitesía, pero persuadir a Moratti de que le deje irse gratis…

También ha aparecido en escena Del Nido, ¿cómo no? Se ha hartado pronto de las insinuaciones por Jesús Navas. Ayer dijo que quien lo quiera, le costará ‘sangre, sudor y lágrimas’. Bueno, quizá no haga falta tanto porque vino a decir lo mismo cuando el Arsenal se llevó a Reyes o el Madrid a Ramos y Baptista. Si Florentino le planta en la mesa un cheque de veinticinco o treinta millones por Jesusito, quienes llorarán serán los ‘Biris’.

A todo esto, el lenguaraz Maradona volvió a hablar, pero esta vez no la lió. Por fin pensó con coherencia, aunque si fuera madridista estaría un poco mosqueado: jamás le escuché decir que “la gloria es hoy el Real Madrid”. El comentario se agradece, pese a que Maradona no haya atinado mucho. El Madrid es glorioso, sí, pero, precisamente, la gloria de los últimos años se la han llevado el ocaso de Florentino, el circo de Ramón Calderón y esta temporada de despilfarro.

Y por último, nos sigue quedando Guti. Lleva meses vociferando que se marcha del Madrid para emprender una aventura ascética en Tailandia con una vespa; le abren la puerta desde Turquía para que vaya acercándose a culturas más espirituales. Y ayer espetó que tiene un año más de contrato y aún no ha decidido nada. Como diría Sherlock, “elemental querido Watson”: con el pastizal que tiene firmado en Madrid y sabiendo que ni Mou le exigiría mucho en su última temporada, como para irse a vivir fuera.

La promesa de Calderón debió ser Van der Vaart

Viernes, 16 Abril 2010

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Juanma Lillo es un tío que sabe mucho de fútbol, al estilo Guardiola. Le preguntaron cuál era la diferencia entre Madrid y Barça, y el míster del Almería espetó que “los blancos juegan a golear, mientras que el Barça golea mientras juega”. Sensacional contraste entre el líder absoluto y el aspirante que se está haciendo el remolón antes de tirar la toalla. Al plantel madridista no le queda otro entretenimiento que ganar todos sus partidos; al menos, Pellegrini, amante de las estadísticas, podría alardear de cerrar la Liga con noventa y ocho puntos de récord. Y entonces, como bien atinó Sergio Ramos, le darían la enhorabuena al Barça por sus ciento uno.  Aún así, es un pobre consuelo en otro año patético para un equipo llamado a voltear la hegemonía mundial del Barça.

En Almería no hubo defunción definitiva. Cristiano salió cabreado con el mundo (quizá por su último encontronazo con el sensacionalismo amarillo que intenta ensuciar su nombre) y desplegó su circo particular, de esos que tanto le gustan. Sinceramente, parecía un Madrid reseteado que había olvidado la soba del Barça en el Bernabeu; jugó con ganas, se trabajó las ocasiones y se propuso atar en corto a Crusat, Piatti y Uche, los tres galgos de Lillo. La defensa blanca les cercó con un buen dispositivo hasta que el diminuto Crusat lo reventó. Una sugerencia: para la próxima temporada el Madrid debería batir el mercado en busca de un correcaminos a lo Roberto Carlos, se evitarían dolores de cabeza si enfrente juegan velocistas.

Otra evidencia que debió concluir Pellegrini es que Guti fue, es y siempre será revulsivo, no titular indiscutible. Cada vez que sale de inicio lo hace al tran tran, como si acabara de levantarse de la siesta. Guti sirve para desenredar líos o volatilizar partidos que aún están abiertos. En esas tareas el ‘14’ es el crack número uno. Y por eso, el club lamentará que su chico consentido se vaya de aventuras a Tailandia, porque será muy complicado encontrarle copia.

Y por último apareció Van der Vaart, el ‘gran’ y único fichaje de Ramón Calderón de hace dos veranos. Suena a cachondeo pero el holandés ha pospuesto la necrológica del equipo con goles decisivos. Él culminó la remontada contra el Sevilla y ayer mató el partido cuando el osado de Lillo se había arriesgado a un pim, pam, pum. El ex presidente estará contento: ni Robben ni Kaká (y Cesc porque nunca vino), el que funciona es ‘su’ Van der Vaart.

Fue el Madrid quien dijo ‘hasta aquí’

Domingo, 11 Abril 2010

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Faltaban quince minutos para que acabara el martirio blanco (y consecuente regocijo para el Barça), cuando el partido se detuvo por una fuerte entrada a Pedro. De repente, Guardiola se levantó como un resorte del banquillo y llamó a Xavi para que abroncara a Puyol por su animosidad en el ataque; en el centro del campo, Iniesta y Keita comentaban algo; a unos metros de la medular, Piqué hablaba con Márquez y éste asentía. En ese preciso momento, con el partido parado,  Raúl merodeaba cabizbajo la portería de Valdés; Guti alzaba la vista al tendido y, en definitiva, cada uno de los madridistas meditaba para sí mismo sin cruzar palabra alguna.

La situación no pasa de ser otro de los infinitos detalles que revelan cuál es el verdadero equipo y cuál una caterva de futbolistas que no sabe a qué juega. Tampoco es plan de reprobar al Madrid; hizo lo que supo y pudo, ni más ni menos. Sólo que enfrente no había un contrincante achantado por el Bernabeu o la pegada de Cristiano. No, el rival de turno es un equipo de época, con un estilo académico y que está saboreando su particular ‘Quinta del Buitre’ a la enésima potencia.

Lo que es evidente es que el Madrid sufrió la peor de las pesadillas que imaginaba su afición: el fútbol dejó sus caprichos a un lado y fue lógico. Venció quien apostó por ello, aunque con una estrategia un tanto desconcertante por la locura de jugar con Dani Alves de centrocampista. No obstante,  Guardiola anduvo listo porque rectificó la gracia cuando comprobó que era una milonga, y el Barça se puso a tocar la pelotita hasta matar al Madrid de aburrimiento. Porque eso fue lo que pasó, los blancos bailaron a merced de los azulgranas cuando éstos quisieron. Es otra diferencia entre unos a los  que les va la vida tener el balón y otros que se dedican a contragolpear, cuando el enemigo está desguarecido.

El partido no fue bestial porque el Barça jugó a por los tres puntos y poquito más. Y encima, al campeón le vino de lujo el atolondramiento del Madrid. Es lamentable decirlo, pero ése es el estilo del derrotado, el que ha inculcado Pellegrini o han decidido sus chicos. El entrenador sigue obcecado en prescindir de extremos y así le ha ido al Madrid. Claro, con esa pegada descomunal no es difícil marcar más de ochenta goles en esta Liga, lo complicado es retar al Barça o seguir en Champions.

Pero Pellegrini sólo es un engranaje más de la gran pifia blanca. Valdano se obsesionó con su fichaje y también deberá asumir su parte de culpa. Al igual que la gente de la dirección deportiva que ha elegido  a los que han venido esta temporada, la que iba a ser espectacular y se ha tornado en espectacularmente bochornosa. En fin, quedaos con la copla: al Barça no le hizo falta encarrilar la Liga, fue el Madrid quien dijo ‘hasta aquí’.  

Guardiola, ¿y los periodistas no cuentan?

Jueves, 8 Abril 2010

¿Quién va a frenar a Messi? Ésa cuestión trasciende de cualquier otro debate, incluido el de la posible titularidad de Guti. Casillas restó importancia al desenfreno que vive el Barça con su niño prodigio. Anoche, en El Tirachinas de la COPE, el portero dijo que el equipo no había preparado ninguna escolta especial para el argentino. Y dudo que a dos días vista, Pellegrini se vaya a estrujar la mollera con un dispositivo táctico para cercar a Messi. Sobre todo, porque si acorralan al crack aún quedarán libres diez más. No, precisamente el Madrid no puede obsesionarse con uno solo, aunque sea el mejor de los mejores. Otro asunto es que Arbeloa y probablemente Diarra (Mahamadou) o Gago apoyen constantemente al lateral madridista para impedir más prodigios de Leo. Alguna cosita tendría que preparar el ingeniero Pellegrini, por su bien, el del equipo y por ende, de la entidad.

Quien también se trae algo entre manos es Guardiola. Quizá a ‘Pep’ le veamos mañana en la tele con cara de póker, porque de otra manera no se entienden sus confusas decisiones para con los periodistas: en la víspera del Barça-Athletic, insistió que el clásico era un partido más que no concluiría nada. Pues bien, inmediatamente después de la goleada contra el Arsenal el técnico azulgrana ordenó a sus chicos ignorar cualquier pregunta sobre el Madrid. No hay duda, la plantilla está sometida a nueva terapia motivacional de su míster,

¿Qué se estará cociendo en ese vestuario? Sea lo que sea, es muy poco profesional que Piqué obviara cualquier asunto del clásico…¡justo en la semana del clásico! Entonces, para qué demonios salió el defensa a rueda de prensa; una periodista le intentó sacar algo, pero Piqué se mantuvo en sus trece. Un aplauso para Guardiola: Piqué salió a la palestra para hablar de lo bien que le iba al equipo y rendir pleitesía a Messi. Vaya tela. Extraña que para hablar sólo de chorradas eligiesen un tío con peso mediático como él; podían haber sacado a Pinto, Jeffren o otro canterano, que a buen seguro les habría fascinado hablar en público en la semana más crucial de la temporada.

En contraste (todo hay que reconocerlo), en Valdebebas han hablado delante de las cámaras Casillas, Guti y hoy toca Cristiano. Casi nada. El Madrid sí entiende que cuando llega una cita de tal magnitud, son los mejores quienes deben animar el partido con sus declaraciones. Sin embargo, una pequeña colleja para Guti: el ‘14’ reconoció que no le importó la exhibición de Messi porque, simplemente, no estuvo pendiente de la Champions. Obviamente que su tiempo libre es suyo y de nadie más; pero, por lo menos, disimula y di que viste el resumen de tu próximo rival. Habría quedado más profesional, digo yo.