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Justificando su trabajo

Jueves, 7 Octubre 2010

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Al fin me pude enterar para qué sirve el director deportivo de una selección. Fernando Hierro compartió un día de España en la COPE y quiso resolver las poquitas dudas que planean en un combinado tan perfecto. Por ejemplo, fue directo y al grano para defender un puesto como el suyo: no es que sea un cargo decisivo, sino que es un simple intermediario entre Villar y candidatos al banquillo. Precisamente, el nombre que salió a la palestra cuando Luis Aragonés aireó su hartazgo con la directiva, fue el de Del Bosque. Y no me parece mal que Hierro dejase entrever que el fichaje estuviese medio apañado antes de la Eurocopa; Luis había repetido por activa y por pasiva que su ciclo había caducado.

Dice Hierro que la transición de míster a míster no levantó mucho revuelo. Hombre, un poco estruendoso sí fue, porque Luis se retiró en la gloria y dejó a la junta directiva con la sensación popular de que le habían hecho la faena. De esa ‘transición normal’ se encargó Del Bosque, quien con su temple habitual eludió cualquier insinuación de la prensa.

Quien ha estado poco templado ha sido el padre de Xavi Hernández. El agotamiento físico de su hijo ha sido la excusa perfecta para atacar a Hierro, Del Bosque y cualquiera que sugiera la ubicuidad del capitán del Barça. Xavi está relajándose desde hace días porque, simplemente, está cansado. Hasta ahí todo entendible. Pero si ya estaba extenuado desde que acabó el Mundial, podía habérselo revelado a Del Bosque antes de los periplos por Méjico y Buenos Aires. Claro, hay espectáculos a los que nadie quiere faltar, y estrenar la estrellita en el Monumental vale más que un cansancio de piernas. Sí, Xavi juega una barbaridad de partidos, pero su padre debería opinar en perspectiva e incluir en sus recaditos a Guardiola, que también lo usa para todo. Normal, yo le daría un balón hasta en las sesiones de recuperación.

¿Y qué pasó con Raúl? Quizá un amigo suyo como Hierro no fuera el más idóneo para airear sus desavenencias con Luis. Es obvio que no se llevaron bien y que el ex seleccionador ‘agilizó’ la salida del siete. Pero España le debe una a Raúl, una más por lo menos.

Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro…

Martes, 15 Diciembre 2009

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¡Maldita coincidencia! Justo cuando el Madrid inquieta al Barça, va Pepe y se lesiona hasta la siguiente temporada. El mejor central del mundo (lo creo de verdad) está tristón, pero no tanto por no poder ayudar al Madrid, sino porque deja a Portugal coja para el Mundial, el caramelito más gustoso para cualquiera.

Ahora que el Madrid tiene mucho tiempo para echar de menos a su segundo gran portugués, es un buen momento para atribuir a Pepe todo el mérito que se merece, que no es poco. Su destino fue complicado de por sí: llegaba a un equipo deshecho después de la criba post-Capello. Su cometido inicial rayaba la osadía: hacer olvidar al mismísimo Fernando Hierro. Encima, a estos dos factores hay que añadir el dispendio de treinta millones que hizo el Madrid por él cuando Pepe era, sencillamente, un perfecto desconocido. El negocio de este mundillo se llevó las manos a la cabeza por semejante desembolso, pues era obvio que venía un defensa sin credenciales. Pero el entonces director deportivo, Pedja Mijatovic, apostó por este fichaje sin miramientos. Aquí sí que acertaron los ojeadores, el órdago del montenegrino salió de maravilla.

En consecuencia, a Pepe sólo le quedaba jugar como había aprendido y de aprendiz, valga la redundancia, junto a nada más ni nada menos que un Balón de Oro, Cannavaro. Sin embargo, pronto se vio que el chicarrón portugués ocultaba la lentitud del italiano una y otra vez. El veterano campeonísimo ya no estaba para muchos trotes, así que al novato le tocó el gran marrón del buen central: salir al corte. El Bernabeu comenzaba a mascullar que Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro, y no al revés.

Han transcurrido tres temporadas y Pepe ha aguantado todos los embates mediáticos que han ennegrecido la historia de los centrales del Madrid. La lista de experimentos estrepitosos ha sido larga: Karanka, Iván Campo, Pavón, Mejía, Rubén González (el que lloró en un Sevilla-Madrid tras ser sustituido por Queiroz), Woodgate, Raúl Bravo (cuando fue reconvertido a central) y queráis o no, Cannavaro. Olvidados todos estos malos tragos, Pepe se ha erigido como el jefe de la zaga. Y si más triadas no lo impiden, así será hasta dentro de varios años.

No obstante, nada puede hacer el supercentral hasta después del verano. Por ello, Valdano ha reconocido que están batiendo el mercado invernal, pero los centrales fiables no salen así por así. El Madrid lo sabe bien. O sea que una apuesta creíble sería reconvertir definitivamente a Sergio Ramos, un cambio que le ayudaría a espabilar del todo;  recolocar a Arbeloa en su puesto natural de lateral derecho y, aquí viene la temeridad, arriesgar con Drenthe o Marcelo en la izquierda, o pensárselo dos veces y recuperar a Roberto Carlos sin su reprís de antaño. Sólo es una idea.