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James ‘efecto Robinho’

Viernes, 18 Noviembre 2016

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“James es un Di María con diez kilos más de peso y motor diesel”. Carlo Ancelotti encontró la definición perfecta para justificar la salida del ‘Fideo’ porque el Bernabéu se empezaba a acostumbrar al guante de seda que escondía un cañón inteligente. James Rodríguez había marcado un golazo descomunal a Uruguay en el pasado Mundial, y Florentino Pérez dio la orden definitiva: jugaría en el Real Madrid para convertirse en galáctico. Su adaptación fue vertiginosa, clavando balones en las escuadras con cartabón. Sí, el equipo había perdido velocidad sin Di María, pero había recuperado la elegancia de la zurda de Davor Suker. El colombiano suplía al principio los irritantes aspavientos de Cristiano y las eternas lesiones de Bale; quizá por eso, la grada le cogió cariño. El Madrid no ganó títulos pero sí una inversión con un P.V.P desorbitado pero demasiado rentable. En la planta noble del estadio decían que James era un David Beckham versión latina, con fútbol delicatassen en las botas y patrocinadores cayéndole de los bolsillos. Sin los alardes de una estrella de rock, James sofocaba los incendios de la ‘BBC’ en calidad de actor de reparto. Terminaba con la camiseta empapada y se comía el césped palmo a palmo. En menos de una temporada se había contagiado del ADN del madridismo. El de Juanito.

Y de repente y con efecto permanente, de la galaxia al ‘galacticidio’. Se fue Ancelotti y James se desnortó. No simpatizó con Rafa Benítez porque, con Carletto, se había acostumbrado a flotar como una mariposa y picar como una avispa. Su mundo se había encorsetado con un entrenador más siderúrgico y que apenas dejaba tiempo libre para el pincel. Además, una desafortunada lesión con Colombia le relegó al vagón de cola. No pertenecía a la guardia pretoriana de Benítez pero jugó el demoledor 0-4 del clásico por aclamación popular. Tarde o temprano la guadaña tenía que caerle. Fue entonces cuando el Doctor Jekyll mutó en señor Hyde. Con una silueta sospechosamente ensanchada, James dejó de entrenar como si no hubiera mañana y prestó demasiada atención a la noche madrileña. El runrún en el club y en las charlas de barra de bar cada vez era más insistente. Su sensacionalismo recordaba al de Robinho, ese brasileño con ínfulas de Pelé que remató su egolatría en una rueda de prensa inolvidable: “Me voy del Real Madrid para ser el mejor jugador del mundo”. El City fue su destino…y su perdición.

Desquiciado con el árbitro en el Argentina 3-Colombia 0 de esta semana, James vuelve a Madrid queriendo irse. Lleva tiempo atrincherado en su realidad y huye de la prensa como de la peste. Intentó lucir abdominales a la salida de una de esas cenas de conjura para demostrar que no está gordo, y aguantó el silenzio stampa con la persecución policial por la M-40 hasta que el club le exigió explicaciones públicas.  Mucho estiércol y poco fútbol; líos a diestro y siniestro, y ninguna crónica generosa sobre el césped. Hace unos meses, en una convocatoria internacional de Colombia, lanzó un tomahawk  pero fuera del campo: mandó un  recado a Zidane porque allí se siente futbolista y rey Midas de los anuncios.  Pero con su actual entrenador aún no ha entendido que la ópera es demasiado selecta. Si no juega y, peor, no suda, los oídos le seguirán pitando. Hasta Sanchís dijo anoche en El Partidazo que “tiene que mover el pandero”. El galimatías de su cabeza empieza y acaba en él. O en el diván de un psicólogo que le recuerde por qué Florentino Pérez escuchó su nombre en Brasil no hace demasiado tiempo. Como dice Paco González, “es increíble que el Madrid no saque más provecho de este jugadorazo y más aun que él no saque provecho de sí mismo”. 

 

James volvió a sus orígenes

Lunes, 19 Septiembre 2016

 

Sin armar ruido, sin lanzar más recados delante de una cámara y sin cabreos caprichosos de estrella de rock, James Rodríguez acabó su rehabilitación mental en Cornellá. Reclamaba en los entrenamientos una sola oportunidad para gritar con desgarro su P.V.P (80 millones) y los certificó en el césped, donde se lo exige Zidane. Éste lo reiteró por activa y pasiva durante la pretemporada: “cuento con James. De aquí no se va nadie”. Nosotros, la prensa, nos hemos encargado de vender la ‘pole’: que si detrás de Marco Asensio, primero, o de Isco hace unas semanas. Cualquier fechoría para sacarle del Madrid y declararle pufo oficial de la década, con permiso de Kaká. Lejos de pergeñar jugarretas mediáticas, James no fichó por un golazo de casualidad (a Uruguay en el Mundial de Brasil) ni despertó emociones porque le sonó la flauta en sus primeros meses. Su cabeza decide. No se le exige que tenga la azotea tan bien amueblada como la de Rafa Nadal, pero tampoco se le autoriza a despendolarse por Madrid como una noche loca en Las Vegas. Los focos dejaron de alumbrar al colombiano cuando su talento desapareció; fue entonces cuando bajó al barro y descarriló por completo.

James ha reseteado su actitud, como si se hubiera tumbado en un diván para contar al psicólogo sus problemas. Sus piernas flaquearon porque su silueta se ensanchó demasiado; dicen que de la mala noche y porque no es un obseso del culto al cuerpo, como su amigo Cristiano Ronaldo. La tanqueta colombiana que se movía por el campo sin detenerse, con motor diesel, se frenó en seco; aquel chaval imberbe que buscaba el balón jadeando, como un rottweiler que muerde con espuma en la boca, dejó de pelearY el Bernabéu se dio cuenta, porque dejarse el alma por su camiseta es el primer mandamiento del sentimiento madridista, innegociable se llame Zidane o un Pavón cualquiera del la vida. James necesitaba un punto de inflexión, una charla de tú a tú, sin pataleos de estrella, de espartano a espartano. En julio de este año visitó durante sus vacaciones Envigado, un pequeño municipio cerca de Medellín donde comenzó su carrera profesional. Allí se entrenó con una veintena de aspirantes a profesionales que ansían el sueño de James Rodríguez; al menos su lado atractivo, no el reverso tenebroso. En Envigado sintió una vuelta a sus orígenes y charló con antiguos entrenadores que le recordaron por qué sacrificó su vida por el fútbol. Es la escena incansable del boxeador campeón que pierde la cabeza y regresa a su primer gimnasio maloliente para recuperar sensaciones.

En plena efervescencia por la victoria madridista en San Siro, James sólo concedió unas palabras, trajeado sobre el campo, para confirmar que triunfaría en el Real Madrid. El presidente entendió que no podía soltar a uno de sus pretorianos sin una segunda oportunidad; por eso, insistió off the record todo el verano en que no se vendía. Ni era la pretensión del club, ni la del jugador. No sólo era una cuestión de marketing (James es el Rey Midas de los anuncios en su país), había demasiado orgullo propio en juego. El Madrid aceptó el reto de James y a éste no le importa andar esta temporada encima de un alambre, sin vértigo de caer al precipicio. Si fracasa, game over: se acabó su historia en el Madrid. Pero lejos de imaginar dramatismos, James está aprovechando cada minuto como si no hubiera mañana; se siente como uno de esos canteranos que se entrenan un día con los mayores cegados por complacer al entrenador. En Envigado le aconsejaron prestar toda la atención a su actitud, su zurda haría el resto. No se equivocaron.

Cafetero sin ínfulas galácticas

Martes, 23 Agosto 2016

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Él quiere quedarse, el presidente le quiere retener y su país le suplica que emigre. James Rodríguez, ídolo de barro en el Bernabéu y de masas en Colombia, no quiere se recordado como otro pufo de dimensiones bíblicas (de momento, Kaká se lleva el dudoso honor). Ya no arrastra esa silueta ensanchada de la que sospechó Colombia, y su azotea quizá no esté tan bien amueblada como la de Rafa Nadal, pero tampoco precisa del diván de un psicólogo. James ha captado que su futuro en el Real Madrid depende de esta temporada; merece otra oportunidad porque su P.V.P pesa demasiado (80 kilos en concreto) y sus patrocinadores le insisten que pelee. Para el marketing, no es lo mismo jugar de blanco que con cualquier otro color; si acaso, el Manchester United. Por delante, los 110 metros valla para la titularidad: de repente ha aparecido en escena Marco Asensio, invitado sorpresa que ha sudado en una pretemporada las mismas camisetas que James en un año. Además, permanece Isco, su competidor natural, de ritmo guadiano (aparece y desaparece) pero que genera en la grada intriga con el balón en los pies. El mejor James tumbaría las dudas; el de ahora es carné de todos esos tiburones que huelen la sangre con cualquier fichaje elegido a dedo por Florentino Pérez.

Necesitado de cariño, James se aferra a la nostalgia del pasado. Aquel golazo estratosférico a Uruguay en el Mundial de Brasil le valió de pasaporte al Madrid, y lo suele recordar para decirse a si mismo que no puede haber empeorado tanto. El James novato lanzaba tomahawks y pasaba pelotas con escuadra y cartabón; su versión acomodada se despista en los desmarques, calibra mal las asistencias y ha perdido caballos en el motor. “James es un Di María con diez kilos más de peso”, la definición perfecta de Ancelotti hecha realidad. Salvo que antes jadeaba por el campo como un bulldog con tacto, y ahora arrastra grilletes en las botas. El madridismo tuerce el morro porque no tiene paciencia, y en la directiva han sugerido al presidente escuchar cualquier oferta obscena; es decir, de cincuenta para arriba. Sonó como jugador de Balón de Oro y la exageración se lo comió: se dispersó cuando se sintió estrella del star system de la capital y estas semanas las afronta como el juvenil que sueña con agradar a su entrenador y salirse de la criba. James ha bajado a la Tierra porque en el Real Madrid los aduladores te meten en un cohete Sputnik directo a la luna. Ha vuelto el cafetero y sin ínfulas galácticas. A eso se le llama un buen principio.

 

Messi hace de Xavi

Lunes, 2 Mayo 2016

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“Messi acabará jugando de Xavi Hernández”. La reflexión en petit comité de un ex alto directivo del Barcelona va cobrando cuerpo. En su versión taciturna, sin voltios para arrancadas explosivas, D10S camina hacia atrás para ponerse la chaqueta de crupier. Manosea la baraja y reparte las cartas con precisión geométrica; tan pronto cambia el sentido del juego con un pase de cuarenta metros como recuerda al mejor Michael Laudrup, con su escuadra y cartabón. Le falta, si acaso, mirar al lado contrario como el danés, pero no tendría tanta personalidad. Dice el maestro César Menotti que cuando Messi se canse del gol, le quedará regalarlos con un lazo. Luis Suárez lo sabe de sobra porque sus pases son casi de la muerte. Es otro Leo que procesa más con la cabeza que con las piernas, una CPU actualizada de Xavi, quien hace unos días se enojó en La Vanguardia: “Messi no hace de Xavi, hace de Messi, ¡qué cojones!”. Si Messi anda, el Barça no corre; y jugando en el hábitat del antiguo capitán, da la falsa impresión de que los azulgranas se han cansado de su temporada, sin ganas de emular al Circo del Sol y sacando resultados como cualquier otro día en la oficina. Se jugó la Liga sin ningún apuro ante un Betis con toalla y chanclas; la inercia de las últimas orgías (0-8 y 6-0) acabará con el título en Granada porque, de lo contrario, el ‘galacticidio’ de Carlos Queiroz quedará a la altura del betún.

El Barça afronta el penúltimo round con su gente y sin fantasmas de ‘Tamudazo’. Más que nada, porque Tamudo ya no juega, ni siquiera un De La Peña de turno que meta miedo. La última vacuna del Valencia en el Camp Nou hirió el orgullo del campeón. De repente, de la noche a la mañana, los azulgranas habían perdido la mirada del tigre por razones fantasmagóricas. Sin rotaciones parecía que la MSN había entrado en fase de oxidación, pero las estadísticas contra el propio Valencia, con un Diego Alves omnipresente, desmintieron el desplome físico. El Barcelona juega según la ley Messi, y aunque Suárez remate balones por tierra, mar y aire, sólo hay un Oscar para el mejor actor. Sucede lo mismo con Griezmann, con un caché inigualable en la alfombra roja de Hollywood. Simeone decidió reservarle hasta que se hartó de la apatía de Oliver Torres y Vietto (quién le ha visto y quién le ve). El Rayo aclaró al ‘Cholo’ que sólo once titulares se desviven por ese grafiti que ocupa todas las paredes del Cerro del Espino: el esfuerzo no se negocia…para casi todos.

En el Madrid la segunda unidad funciona a medias por deficiencias de James.  Es una pena que Zidane no saque más provecho de este jugadorazo y más aún que él no saque provecho de sí mismo. En pocas semanas, después de la Copa América, el técnico tendrá su primera misión: recuperarle en el césped y sobre un diván de un psicólogo. A James le pasa como a Neymar, ambos han perdido el ‘mojo’ de Austin Powers sin un diagnóstico claro. Pero esas cabezas ahora mismo no están bien amuebladas. La de Gareth Bale sí que brilla con testarazos decisivos que le descubren como el mejor cabeceador del Madrid. La recuperación milagrosa de Cristiano es una cuestión nacional, pero Bale está aporreando la puerta para que el madridismo no se olvide de él. El club pagó por él 91 millones con un propósito claro: ser el telonero del portugués hasta que llegara el momento. Así lo quería el presidente. Pero con esa losa de P.V.P, el galés juega para sacudirse las sospechas, una detrás de otra. Lesiones, abulia…demasiados cuchicheos para un gentleman tranquilo, cuyo ritmo de vida corre más lento que dentro del campo. Quizá vaya siendo hora de imaginar un Madrid con Bale sí o sí. 

La cirugía no ha terminado

Lunes, 25 Enero 2016

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El Barça atufa a campeón, mientras el Real Madrid todavía está tumbado en la camilla  en plena operación de lifting. La cirugía mejorará su imagen, pero el bisturí tardará en conseguir ese equipo apoteósico que aspira a la versión galáctica sin ‘galacticidio’, claro.  El empate en el Villamarín fue un accidente que sucedió por sorpresa, luego está la autopista de Danilo, ese portugués que el pasado abril iba a emular al mejor Roberto Carlos en banda contraria y anoche twitter le comparó con aquel pufo también luso llamado Carlos Alberto Secretario. Carvajal se ha ganado el puesto por meritocracia y Gareth Bale por absentismo laboral: dos años y medio después podemos decir que el Madrid echa de menos al fichaje de los 91 millones (o 100 según el diario AS). El debate comienza a cocerse a fuego lento: Bale entrará de lleno en el Ibex 35 del fútbol, Cristiano está a punto de salir. Sólo un puñado de goles decisivos le mantendrían en la poltrona de Zeus. Al final, lo mejor es escuchar a los madridistas en las barras de los bares: hace tiempo todo era imposible sin Cristiano, hoy es traumático que Modric o Benzema se constipen.

Zidane insistió a la prensa con la segunda parte, pero el instinto depredador de cualquier gigante anestesiado le impulsa a acorralar a la presa; lo contrario sería hablar de un pelele. El Madrid tenía que atrincherar al Betis sí o sí, por lo civil o lo criminal, y para no seguir desgastando el proyecto faraónico del presidente. Atacó por tierra, mar y aire pero se topó con Adán, santo y seña del Betis, que alterna actuaciones tipo Benji con otros de Alan (el eterno segundón de la serie). Que el balón no quisiera entrar no es coartada para seguir agrandando la efímera carrera del técnico; ni siquiera vale la perspectiva tan deslumbrante que éste pintó en rueda de prensa. Quizás detrás de sus palabras haya una sonrisa de joker. El calendario se ha envenenado porque la gente de la calle no presta atención a los equipos de media tabla hasta que llega un patinazo; hablando en plata, los primeros exámenes finales llegarán en la velada del derbi. Entonces, averiguaremos si Zidane ha construido un mecano con prisas y de cartón piedra, o de verdad hay cimientos macizos para que la grada se sobreexcite. El frenazo de Sevilla hará correr como la pólvora el runrún del Bernabéu. De eso no se salva ni una leyenda.

Sin Liga, el Madrid tiene que invocar el espíritu de las Champions recientes. Jugarse toda la temporada a una carta va en el adn merengue. La ‘Séptima’ salvó una Liga estrepitosa; la ‘Octava’ eclipsó el quinto puesto de aquel año; la ‘Novena’ abrió la puerta al título del Valencia y la ‘Décima’ de Ancelotti provocó despistes antológicos. No obstante, si tuvieran que jugarse un all in por un equipo, apuesten por el Real Madrid. No les defraudará. Como tampoco lo hará James Rodríguez si nosotros, como periodistas o ‘terroristas de la pluma’, no damos la vara con esa vida llena de salsa rosa. A él le “jode” que hablemos demasiado, al socio que paga 500 euros por su carné le cabrea aguantar cómo el mejor jugador de la temporada pasada se ha vuelto de repente en un rebelde sin causa. Su segunda parte ante el Betis le permite licencia para soñar. Ése es el método, si la noche no le confunde como a Dinio, ni se marca más Fast and Furious por la M-40.          

Mejor la locura

Martes, 10 Noviembre 2015

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“Es curioso que el portero sea el mejor en cada partido”. Fabio Capello lanzó el dardo en El Partido de las 12 con su habitual socarronería italiana. Estaba escrito que Keylor Navas aguantaría el castillo de naipes hasta que cayera la primera carta por una cantada o, simplemente, una lesión. Sucedió lo segundo y los balones imposibles (quizá el primero no tanto) acabaron en la red. Veinticuatro horas después de su primera derrota, MARCA atinó en su portada de ayer: sí, Se veía venir porque el milagro de los panes y los peces (PSG) sólo podía ocurrir una vez. Y sin entrar en modo apocalíptico como pinta la mitad del país, nunca una derrota había dejado sensaciones tan preocupantes, que no catastróficas. Las barras de bar siguen discutiendo si Cristiano está en el limbo y por qué razón alienígena James Rodríguez no pertenece a la guardia pretoriana de Rafa Benítez. Un puñado minutos confirmaron la prueba del algodón: la zurda colombiana es el arma destructora de este Madrid, algo así como el Increible Hulk para Los Vengadores. Porque CR7 de momento es Cris para los amigos, como Mcmanaman fue el bonachón Steve hasta que empezó a jugar algo en el Bernabéu.

La paradoja táctica de Rafa Benítez, el entrenador que informatiza todo el fútbol, desconcierta al vestuario. Menos Keylor, Varane y Casemiro, el resto no tiene claro su propósito. Toni Kroos arrastra la fatiga de la pasada temporada, y eso que el marrón defensivo se lo come Casemiro; Modric es la CPU del equipo, pero en Sevilla se cortocircuitó por el barullo de arriba. Y ahí es donde Bale y Cristiano han revelado el secreto de la Coca Cola: no Benzema, no party. La BBC salta por los aires. El caso de Cristiano trasciende de una mala racha. Toda la intención que debería poner sobre el tapete la malgasta flirteando con su futuro en los medios. Benítez se agarrada a la coartada de un picapleitos de causas imposibles: así es la vida. Punto. Pero la mente de la estrella portuguesa es una coctelera en la que se mezcla su futuro parisino, el alarmante bajonazo físico en un tris y sin reprís,  y el ostracismo que sufre de delantero improvisado. Al final, resultará cierto que su mejor socio es Benzema, como Guti lo fue para Ronaldo Nazario (confesado por el brasileño).

A bote pronto, cualquier Madrid desde Mourinho suena melódico al contraataque. Y aunque al sector folclórico del madridismo le gustaría presumir de fútbol hegemónico, los grandes partidos se han resuelto con un equipo mortífero en el pim, pam, pum. Bale y Cristiano no saben regatear en una cabina de teléfono como Messi (Valdano dixit) porque son velociraptores que necesitan pradera libre. Habría que preguntar al entrenador si Isco es tan prescindible porque ralentiza ese ritmo vertiginoso; de ahí la importancia capital de Di María en el año de La Décima. El ansiado equilibrio de Benítez pega más en las tesis ‘guardiolistas’: el Madrid se desenvuelve mejor en la locura. Así disfruta el Bernabéu. El próximo duelo al sol sí puede ser letal. El Barça de Neymar llegará con Messi arreglado; será el momento de averiguar si el casting de entrenadores en la casa blanca vuelve a salir a escena.

 

Isco o James, debate inminente

Domingo, 1 Febrero 2015

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Ancelotti hincó la rodilla y aparcó su cabezonería. Sin Cristiano Ronaldo para armar a la ‘BBC’, la pizarra  del mister ensanchó su cintura con cuatro centrocampistas, y de veras le funcionó. El Madrid ha encontrado la solución universal en caso de que alguno de sus cracks falte a la cita: Toni Kroos de maestro de ceremonias, Modric como enganche cuando se recupere, Isco y James. Cuanto más empaque tenga la medular, mayores son las posibilidades de desplegar la alfombra mágica de regates, paredes y cualquier combinación imaginable. Sin embargo, a Modric le falta un mes para regresar de cabeza al once titular y, si la ‘BBC’ no sufre fisuras, surgirá un debate incipiente: Isco o James Rodríguez. Hoy juegan de la mano, mañana se venderán a Carletto en pos de un hueco.

El inversor millonario John W. Henry compró los Red Sox de Boston, histórica franquicia de béisbol, en 2002 con el único objetivo de volver a ganar las Series Mundiales que se le resistían desde 1918. Su proyecto fue claro: lejos de comprar a los grandes jugadores del mercado, su secreto sería copiar al milímetro el método de Billi Beane, el gerente de los modestos Oaklands Athletics, interpretado por Brad Pitt en la fantástica película Moneyball.  “No me interesan lo que me digan los entendidos. De béisbol habla todo el mundo. Beane ha demostrado que las estadísticas están ahí por algo y hay que saber leerlas”. La fe ciega del dueño de los Red Sox por este sistema revolucionario dio resultado porque en 2004 consiguieron el título. Sucede lo mismo con el fútbol, porque siempre se ha dicho que España tiene tantos entrenadores como aficionados, cada uno opinando y defendiendo su alineación favorita. Y entre Isco o James, quien apueste por James levantará sospechas entre el resto, salvo para un Ancelotti que siente más predilección por los datos que las sensaciones. Mientras Isco levanta al Bernabéu con un quiebro de Circo del Sol, James da la razón a los amantes de las estadísticas. Sin duda, el método Moneyball no le sentaría en el banquillo. Y los entrenadores se fían mucho de los números y no tanto del runrún popular.

Los datos están ahí: Isco ha marcado dos goles y el colombiano siete. En asistencias también gana James, siete por cuatro. Y en recuperaciones de balón (quizá la cifra que más aprecia Ancelotti por su vena italiana), James también resulta ganador: 67 por 59. Son números de Liga, porque en Champions Isco tampoco le iguala. “La prensa deportiva pesa mucho, no porque influyan en las decisiones de un club, sino porque incordian demasiado”. John Henry sabía que se enemistaba con la prensa de los Red Sox desde que ignorara al primero de sus clásicos ojeadores. Sea cual sea la elección de Ancelotti, tampoco le faltarán críticas: si pone a James, la grada más pasional le pondrá de vuelta y media. No en vano, en los últimas semanas ha surgido otra discusión que alimenta las barras de bar de todo el país: ¿quién es mejor ahora: Isco o Iniesta?

Pero si Isco no pierde la titularidad, más de un directivo de la planta noble jurará en arameo: ¡qué habrá hecho mal el fichaje de los 80 millones con esos números tan evidentes! Al menos, Carletto siempre tendrá la coartada del Moneyball. Las cifras nunca fallan.  

La reverencia de Anfield

Jueves, 23 Octubre 2014

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Anfield rindió su tributo a Cristiano Ronaldo. En señal de gratitud, el estadio aplaudió al unísono su cambio por la enésima actuación galáctica; lástima que todavía no haya encontrado en los campos de España esa reverencia. Culpa suya por unos cuantos años de chulería y también de esa corriente antimadridista que no aguanta el desfase abusivo entre los dos señores de la Liga y el resto de vasallos. De repente, el Madrid pintó un cuadro digno del museo del Prado, como el de Munich de la Champions pasada. Quizás sean sus dos obras maestras, las que el público guardará en la retina para presumir que el fútbol no es sólo pegada. También los blancos saben impartir su vertiente de tiqui-taca, con más velocidad y menos pases. La verticalidad de este equipo supera la de una pared de noventa grados: desde que Toni Kroos cede el balón a Modric la apisonadora se activa para triturar defensas, porteros y hasta los tres palos, si hace falta. A los mandos el de siempre, el Hércules portugués considerado por su vestuario como el mejor de todos los tiempos: “¿Homenaje a Messi? A Cristiano, que es el mejor”. Sin vacilar, Arbeloa daba carpetazo a una polémica surgida del pique motivado por el inoportuno Javier Tebas, presidente de la LFP. Y el propio CR7, consciente de que cualquier desliz cabe en portada, echó balones fuera: “No es un duelo Messi-Cristiano, es un Madrid-Barça”. Él sabe perfectamente cuándo debe empezar a venderse para el Balón de Oro.

Michel Platini lanzó el tomahawk esta semana: “El Balón de Oro lo debe ganar un alemán porque ha sido año de Mundial”. Cristiano se ha aplicado a sí mismo el silencia stampa pero está facilitando demasiado a los votantes su elección. Liverpool era hasta anoche territorio inexplorado por el Madrid y en poco más de media borró de un plumazo su leyenda negra con los reds. Anfield se quedó alelado, como hoy muestra el diario MARCA en portada, ante el portugués y el potencial devastador de un equipo construido para volatilizar todo lo que se le ponga por medio. Y mucha culpa de ello lo tienen los dos guardaespaldas que se han ganado la confianza del ‘bicho’. El primero e indiscutible sigue siendo Benzema. El ‘nueve’ que mejora a otros ‘nueves’ también golea como un killer del área, aunque le repateé ese rol. Al principio del partido falló dos pases porque James todavía no estaba donde debía, quizá porque el francés lee el fútbol más rápido que casi todo el mundo. Sólo Cristiano sabe compartir confidencias con el otrora monsieur empané. Ahora ya no está en el limbo; al contrario, también se ha contagiado de ese apetito voraz e insaciable del personal. Debió pensar que en este Madrid quien no corre, vuela y, por eso, no meter goles es de pardillo.

A Benzema le pone construir jugadas como si fueran mecanos y ahí encuentra la sana oposición de James Rodríguez, la revelación del equipo, Su pase de media vaselina a Cristiano en el primer gol recordó, salvando mucho las distancias, al de Laudrup a Romario en aquel fantástico gol a Osasuna. James se va a divertir mucho imaginando combinaciones imposibles con los de arriba: su zurda es un guante de seda para trazar centros con escuadra y cartabón, y disparar proyectiles inteligentes. Parecía que no (prejuicios absurdos de periodistas), pero el colombiano está dando que hablar. Y, paradojas tácticas, a James le viene mejor que a Bale jugar en su banda antinatural; desde la derecha templa el balón mientras que al galés le vendría mejor la izquierda como pista de atletismo. Está claro que mientras todos los males de Ancelotti sean pintarrajear su pizarra, Florentino no tiene de qué preocuparse.

Un Madrid de rock and roll

Sbado, 18 Octubre 2014

Isco

“El Madrid es rock and roll y el Bayern es más como el jazz”. Con su exquisito tacto, Xabi Alonso es la primera voz autorizada que describe de un plumazo el estilo merengue. Cuestión de gustos, claro; sin embargo, hay una palabra innegociable para su ex equipo: ‘rodillo’. En esta enésima ‘liga de mierda’ (Del Nido dixit) el Madrid gana por aplastamiento a la mayoría, noquea al rival y lo remata moribundo sobre la lona. En la época de Mourinho la artillería pesada salía al contraataque; con Ancelotti lo mismo saca el cuchillo a la carrera que golea con todo el equipo metido en campo contrario. El mayor respeto que puede expresar el Madrid por estos campos es acribillar sin piedad, sin amagos de vacilar o chulear. Y la sensación es que, tarde o temprano, brindará a su público una docena de una sola tacada. Ancelotti presumió en verano de disponer de la mejor plantilla de su carrera; son palabras mayores de quien ha entrenado a astros como Zidane o Ibrahimovic. La más completa de la historia del club ya es más debatible. No obstante, hace dos meses (antes de la ‘minicrisis’ de Anoeta y el derbi) este Madrid tenía la pinta de un Iron Man al cincuenta por ciento de su energía. Pero después de un puñado de correctivos severos, el señor Toni Stark (o sea, Carletto) ha probado el traje a su máxima potencia. De momento, los rivales apenas han sido esbirros de poca monta, porque en el primer combate de superhéroes falló (Atlético) y el próximo sábado llega su mayor villano.

De Cristiano Ronaldo está todo escrito, salvó quién es su acompañante ideal, su Robin de batallas. El año pasado llegó a formar tormentas perfectas con Bale y durante esta temporada se están reivindicando otros aspirantes. Su preferido, Benzema, no jugó en el Ciudad de Valencia, pero sí James Rodríguez, que se está olvidando del lastre de su P.V.P (80 millones) y saca a pasear la zurda con mucho descaro. Los chismorreos de los cenáculos madridistas apuntan que Florentino Pérez quedó prendado de James por su golazo a Uruguay en el Mundial; incluso, le criticamos en sus inicios que no mejoraba su versión discreta del Mónaco. Quizás por eso, James se ha desinhibido como lo hace con la selección cafetera; el guante de su pierna recuerda a los mejores tiempos de Davor Suker. Sin ocupar la misma posición, le faltan los latigazos del croata. A Guardiola le gustaría un tipo como James por su continua movilidad, ya que tan pronto calibra un centro desde la banda derecha como se desliza entre las líneas del media punta. Y ahora el morbo: James no es Di María, vale. Pero Di María nunca llegó a su plenitud en su primera liga. Sin quererlo, su némesis va a seguir siendo el argentino hasta que levante títulos. Las comparaciones son odiosas pero son las mueven las críticas o los ejercicios de onanismo.

Ancelotti se mojó en El partido de las 12  y analizó a James como un sustituto de Di María de “diez kilos más de peso y motor diesel para todo el partido”. Para chispazos eléctricos ya están Cristiano y Bale, el colombiano prefiere levantar la cabeza y mirar a sus compañeros antes de emprender la galopada. Diferentes, pero igual de útiles para ese rock and roll del que habla Xabi Alonso. Por supuesto que Isco también sabe tocar la guitarra eléctrica, pero le sucede como a Benzema: necesita pensar menos en el limbo y centrarse más en el día a día. El francés lo ha superado, el malagueño está en camino. Un talento tan descomunal como el suyo necesita un educador como Ancelotti que le premie en pequeñas dosis. Sólo de ese modo, Isco se entrenará rabioso y a pecho descubierto, capaz de dejarse la vida por cada titularidad. Da gusto ver sus quiebros, amagos de balón y, sobre todo, el toque final de chef que pone de vez en cuando al borde del área. Él había asumido el rol de desatascador para los minutos decisivos y ha acabado entendiéndose a sí mismo: por fin se ha dado cuenta que también puede aparecer en primera plana. Al fin y al cabo, gente como Isco o Benzema espabilan con una buena colleja. La que sabe dar el técnico italiano, pero no delante de los focos sino en el vestuario, a puerta cerrada.

El Madrid boxea como Ivan Drago

Mircoles, 17 Septiembre 2014

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Sí pero no. Al Madrid le gusta la música heavy, cuanto más mamporrera mejor. El legado bueno de Mourinho dejó un equipo acostumbrado al fútbol espídico, a un intercambio de puñetazos en el que casi siempre acababa noqueando. Y Ancelotti, a pesar de sus esfuerzos por esa utopía llamada “espectacularidad” (lo anunció a bombo y platilla en su presentación), se ha acabado resignando a ese toma y daca vertiginoso. En modo nostálgico, el Bernabéu no echó de menos a Di María durante la orgía goleadora pero sí a un Von Karajan que pusiera orden y concierto a la sinfonía; parece que la sombra de Xabi Alonso es demasiado alargada. Quizás si el rival no hubiese tenido la ternura del Basilea, más de un jugador estaría sufriendo una lapidación pública. El Madrid golea pero permite que le puedan golear; la defensa es un coladero porque, simplemente, defienden cuatro y algún centrocampista que le da por correr marcha atrás. Seguro que si la ‘BBC’ jugase en el Atlético, Simeone se habría hartado a pegar broncas. Porque los blancos siguen imitando a los equipos de fútbol americano: ataca un bloque y defiende otro compartimento totalmente estanco. De momento, el centro del campo es un oasis por donde no rueda el balón.

En estos partidos donde el equipo apenas importa, es tiempo para el desmelene. Por ejemplo, James Rodríguez, que defendió su precio de mercado y acertó con un taconazo made in Guti (y eso son palabras mayores). Al colombiano se le exige la visión de rayos X que tenía Özil pero con grandes dosis de orgullo personal. Su zurda depurada gustó a una grada que sospecha de su tratamiento galáctico, que no de su coraje. Precisamente, James y Kroos, los nuevos, fueron los que más kilómetros recorrieron según estadísticas UEFA: el primero porque alguien le ha recomendado que correr por todo el campo sobreexcita al Bernabéu; el alemán por necesidad, la de coger la pelota desde atrás y subírsela a los tres cracks que sólo bajaran al barro si hay un Mourinho delante. Y no es por sacar entrelíneas una lectura apocalíptica, pero si Ancelotti no da un puñetazo en la mesa, el transatlántico puede partirse por la mitad como el Titanic. Sólo es cuestión de tiempo encontrar el iceberg si el Madrid no protege sus costillas. Lo comenté en un artículo anterior, este Madrid tiene la pinta de Ivan Drago, el púgil ruso que mató con dos directos a Apollo Creed en Rocky IV pero que sucumbió ante Balboa por falta de fuelle. Conociendo a Ancelotti y su vena italiana, Khedira tiene el camino expedito a la titularidad cuando se recupere de su lesión.

Y, por último, un juego de pizarras. ¿Por qué el técnico no ignora por un día su cargante 4-3-3 y se atreve con tres centrales? Sin riesgo no hay diversión, como dijo Ayrton Senna el año de su fatídico accidente. Ancelotti ha comprobado de mil y una maneras que Bale es un cuchillo en su banda natural y deja de ser cortante en la derecha, donde sus cualidades se deforman. Ésta es la banda de Carvajal, al que le falta pista para subir y bajar en plan Dani Alves en sus mejores tiempos. Los tres centrales evitarían más dolores de cabeza en las jugadas aéreas y marcarían territorio palmo a palmo: Ramos, Pepe y Varane son un experimento de ingeniería futbolística todavía por descubrir. Hace quince años Del Bosque probó con Helguera, Iván Campo y Karanka en una final de Champions y el Madrid ganó la Octava. Tampoco sería un suicidio.