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Jesé, a ritmo de Flow

Mircoles, 3 Diciembre 2014

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“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial al que hay que cuidar y tenerle controlado”. Fue el discurso que solía contar Florentino Pérez a modo de disco rayado en reuniones privadas. Casi nueve meses después el club ha esperado a Jesé porque cree que sigue siendo el último producto perfecto de La Fábrica. Butragueño recuperó la mística de la cantera blanca, Raúl la encumbró y Casillas ha sido el último testigo de una de las escuelas de fútbol más exigentes desde siempre. Las expectativas con Jesé son tan altas que el club, incluso,  cuida sus declaraciones públicas. Ya no es aquel chico díscolo e impulsivo que ponía en jaque al Madrid con rajadas como la que brindó al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que terminase de reventar en el Castilla hace dos años. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en su última gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del

Nunca ha dejado de ser el canterano de moda, ni siquiera tumbado en una camilla o recuperándose con esas largas y tediosas sesiones en la playa. Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje del presidente. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada.  Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, le da igual romper bloques de hormigón, como el del Atleti, o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá aún sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como cantaba en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow (ahora quiere hacer sus pinitos musicales en solitario). Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Su rentrée así lo demuestra.

Jesé sí nació para jugar en el Bernabéu

Lunes, 17 Febrero 2014

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Suma y sigue. Manolo Sanchís dijo en Tiempo de Juego que el Madrid se jugaba la Liga un domingo cualquiera en Getafe, y sin Cristiano Ronaldo. Pero los blancos cuentan los partidos sin su ‘bicho’ igual que el preso que traza palitos en su celda: uno menos y ya sólo les queda el Elche antes del gran regreso. Paco González comentó una vez que el debate sobre si el Madrid fichaba o no buenos futbolistas se solucionaba de un plumazo: “El Madrid siempre ficha gol”. Era su manera de justificar a Gareth Bale. No obstante, la explicación vale para el saco entero de delanteros: Benzema se está marcando su mejor temporada y, sin embargo, nunca se sacudirá la sospecha de que suele vivir en el limbo. Hasta Jesé, el talentoso novato a quien desde la prensa queremos convertir en un Raúl en potencia, se ha unido a la orgía goleadora de su equipo. Su primer gol le valió la comparativa con José Luis Morales, aquel diminuto delantero que marcó in extremis a Depor y Atleti, y desapareció del mapa; unos cuantos goles más le recordaron a Javier Portillo, cuyo principal (y único) mérito fue evitar la eliminación europea del Madrid galáctico en una noche fría de Dortmund. Y un puñado de partidos después, Jesé sigue provocando muchas noticias, todas buenísimas. Por eso, lejos de tanta hipérbole periodística, el canario dejó de ser un Morales o Portillo de la vida y aún le quedan un montón de galaxias para merecer la mínima comparación el eterno ‘siete’. Simplemente, Jesé anda por buen camino.

El pasado verano Florentino Pérez rechazó todas las ofertas por Jesé haciendo caso a los entrenadores de Valdebebas. “Si se le cuida y mantiene la cabeza bien amueblada, este chico llegará”, suele comentar el presidente en petit comité. Y no le falta razón. Es su canterano de moda, protagonista de varias portadas de Marca, y Ancelotti le mima con tal cariño, que ha entendido a la perfección el mensaje de su jefe. Jesé ha cursado un máster acelerado del buen madridista: pelea y busca goles como un rottweiller y si el balón no entra, aprieta los dientes y a currarse otra jugada. Como buen goleador, no necesita ubicar la portería, tiene las medidas bien aprendidas. Y como buen fajador, apenas le importa si tiene que romper un bloque de hormigón como el de Simeone o defensas de cartón piedra, que las hay y muchas en esta Liga. Quizá sea pronto insinuarlo, pero Jesé es de los que se encienden con el “¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla!”, y eso excita al Bernabéu. Pero la sensación que más regusto da al público merengue es que siempre puede pasar algo en las botas del canario: un regate, un pase de gol o la pelota dentro de la red. Sea o no titular, Jesé lo tiene claro: juega tan rápido como canta en su grupo de rap-reggaeton, Big Flow. Le va la marcha y en el vestuario blanco saben y quieren proteger a la gente valiente. Él lo está demostrando.

La pregunta del millón es qué le sucederá cuando vuelva el santo y seña del grupo. Ancelotti es “entrenador y no un administrador”, como aseguró en Getafe. Bale en forma jugará por decreto, de lo contrario, correrán riadas de tinta sobre el fichaje de los cien (o 91) millones. Y, por supuesto, Carletto, que va conociendo el periodismo español, sabe que una suplencia inopinada de Benzema le asegurará la misma pregunta en cada rueda de prensa. La decisión comodona es dejar a Jesé en el banquillo, y puede que ahora la más inteligente, porque si el canario vuelve al banquillo, clamará por revertir la injusticia de la única forma que le han enseñado en Valdebebas: dejándose eso que tanto aprecia el madridismo y no rajando delante de un micrófono. Precisamente, eso ya lo hizo el año pasado en una concentración de la sub’21 y con la guadaña permanente de José Mourinho sobre todo los estratos del club. Una y no más, aseguró Jesé. Su periodo de aprendizaje sigue su curso.

 

 

 

 

Jesé necesita una buena conversación

Jueves, 4 Julio 2013

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“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial que hay que cuidar y tenerlo controlado”, dice Florentino Pérez a su gente. El delantero canario ha batido el histórico récord goleador de Butragueño con el filial y, desde luego, no va a gastarse ninguna millonada en un Luis Suárez o Cavani que supere la voracidad de Cristiano Ronaldo; sencillamente, porque no existe. Por eso, la irrupción de Jesé recuerda al meteórico ascenso que tuvo el eterno Raúl: de juvenil a Segunda ‘B’, campeón y máximo goleador del Europeo sub-19 del año pasado y estrella en ciernes del Mundial sub-20 de Turquía durante estos días. De vez en cuando, sus declaraciones mosquean en el Madrid, como, por ejemplo, aquella confesión que hizo al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que termina de reventar en el Castilla. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en la pasada gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del debate de negados Higuaín-Benzema.

Jesé puede parecer más vehemente que inteligente cuando habla; políticamente incorrecto, reivindica para sí una oportunidad que evidencie lo que sus entrenadores huelen a la legua: que tiene madera para saltar al Bernabeu. Y sabe que la cola de sus pretendientes da la vuelta a la manzana, y todavía no ha terminado el Mundial. Él se quiere quedar, pero ha vuelto a utilizar MARCA desde Turquía como hoja de reclamaciones: “No tengo claro lo que voy a hacer”. La disyuntiva es descarada: o nadie del club ha hablado con él desde que lo hiciese el presidente, o está usando al Madrid como imán de ofertas jugosas. Su contrato acaba en 2014 y, aunque que le han dicho que renovará a la vuelta de vacaciones, no va de pardillo: si su intuición le avisa de que jugará sólo los primeros partidos de Copa, entonces buscará aventuras en otros sitios. Desde luego, los primeros síntomas no son nada certeros: a Ancelotti le pirraba Cavani, pero la operación se antojaba imposible por su desorbitado precio. Y la distancia que separa a Jesé de Benzema la ocupa, en principio, Morata, triunfador en el Europeo sub-21 reciente. Precisamente, Morata sí ha pisado banquillo demasiados partidos con el primer equipo esta temporada; Jesé no lo hará por convicción propia, tendrá que ser Zidane quien le persuada de los honores de pertenecer al club donde creció desde los catorce años.

¿Ser el número 20 y jugar diez partidos contados o golear de titular en un equipo de media tabla, que ahora mismo los hay a patadas en Primera División? Ése es el dilema que se plantea Jesé, un chaval especial que tan pronto pone patas arriba el apaciguo establishment de Valdebebas, como presume de tener la cabeza bien amueblada. Al menos, dio esa sensación en Los Angeles el verano pasado, cuando brindaba por entrenarse junto a su ídolo Cristiano Ronaldo, pero insistía que su equipo era el Castilla. El bendito problema es que Jesé apunta a número uno de su promoción mundial, por delante incluso de sus compañeros Deulofeu y Oliver, y de los franceses Kondogbia y Pogba. El madridista necesita una buena conversación con Zidane después de su Mundial, y el Madrid de ningún modo puede seguir sangrando con la fuga de talentos. Si a Florentino le gusta, que le entusiasma, Jesé jugará en el primer equipo. Es innegociable.