Blogs

Archivo de la categoría ‘Kiko’

Nadie es más que nadie

Domingo, 2 Octubre 2016

imagen.jpg

Paulo Futre no recuerda la última vez que pronunció la fatídica palabra ‘pupas’. Sí se acuerda de un último partido muy del Atleti de los dos añitos en el infierno:Jesús Gil falleció un fin de semana de mayo de 2004 y el Vicente Calderón le rindió tributo ante el Zaragoza. En noventa minutos, el equipo y el cielo se pusieron de acuerdo en la mística de un día tan señalado, el descuento fue cosa de su habitual tragedia. Futre jamás olvidará aquel 1-2 porque juró que nunca volvería a ver al Atleti con solera que reventaba la ciudad con aquellos derbis ochenteros. Fue entonces cuando Gil Marín decidió fichar a Simeone y cambiar la historia para siempre; cuando el gran Paulo olvidó su morriña nostálgica del pasado. El Atlético de hoy gana con frecuencia al Bayern en otro día cualquiera en la oficina: para el resto del mundo es el enésimo 1-0 de la era Simeone;; para el adn rojiblanco es la credencial definitiva de que han entrado en el club vip más exclusivo de Europa. Este Atleti tiene la azotea tan bien amueblada como la de Rafa Nadal. En su comparación, es una hormiguita puñetera que corretea de un lado a otro sin dejarse pisar.

Simeone intenta ser ajeno a los reclamos publicitarios del club, que suelen recurrir a la vena lacrimógena. No entienden de días de difuntos ni cree que el karma le haga ganar partidos. Sólo la disciplina espartana de un vestuario en el que nadie es más que nadie aguanta a este equipo. Los jugadores confiesan acabar fundidos mental y físicamente, una especie de masoquismo placentero del que todos quieren participar. Reman en galeras al son de el esfuerzo no se negocia y lo asumes (Fernando Torres) o el divismo te mata (Jackson Martínez) . Es tan adictivo que estrellas como Diego Costa ansían volver a toda costa, valga la redundancia. Y la consigna de trabajar hasta morir ya no incluye la coletilla que tanto repite Roberto Palomar en MARCA: “Para el cholismo, perder es ganar”. Quizás San Siro lo cambió todo, porque el derrotado reconoció la derrota sin excusas y reveló que sin Champions no había paraíso. El Atlético ha decidido compartir el vademécum del madridismo en cuyo prólogo se puede leer que todo lo que no sea ganar supone fracasar. Dulce y maldito, arriesgado y grandioso. Dos intentos no aceptarán un tercero, no habrá consuelo posible ni por lealtad de la afición ni el lloro de plañideras que soñaron con un Atleti campeón.

El rey Leónidas no ha traicionado a su pueblo. El club se ha volcado en él porque sin el ‘Cholo’ se olían el fatalismo. Todavía no ha nacido un digno sucesor; alguien que abra un cajón desastre y aplique una terapia de choque brutal. “No hay lugar para la debilidad. Sólo los recios…sólo los fuertes”, el resto no merece adoctrinarse en el ‘cholismo’. Pero Simeone advirtió a sus jefes de que los cracks cuestan millonadas porque regalan títulos. El de ahora es Griezmann, delantero muy apetecible en Europa League cuando jugaba en Anoeta y que de repente va a desfilar trajeado por la alfombra roja del Balón de Oro. O Godín, central de Mercadona en Villarreal y que hoy puede rechazar ofertas estratosféricas como una del Manchester City. O Ferreira Carrasco, velocista anónimo en el Mónaco y que desmonta cerrojos tirando contraataques como si no hubiera mañana. A Kiko Narváez le preguntaron quién era el mejor entrenador que había tenido, y respondió sin titubeos ni esa guasa gaditana que le caracteriza: “Simeone desde que compartían vestuario. Ya se le veía alma de técnico, ordenando más que el entrenador de turno, (que fueron muchos). Te taladraba el oído hasta decir basta”. No hay mejor alegato que explique por qué el Atléti está hecho de Champions, Camiseta sudada, no hay más secretos.

La vuelta de un grande

Jueves, 13 Mayo 2010

bc6371ec4a6557acffd74471672a3ecc_extras_albumes_0.jpg

Pues sí, la vuelta de un grande que nunca debió desvanecerse…o inmolarse, como le ha sucedido esta década. Pero eso es historia; el presente, éste, aguarda un futuro muy jugoso para la entidad que dejó de creerse importante. Hasta anoche todo eran desarraigos, resignaciones y harturas. Quizá suene exagerado, pero la final de Hamburgo ha cambiado la contemporaneidad del Atlético o, por lo menos, es un grato indicio. También lo fue el ‘doblete’, aunque aquello vivió y murió en un solo año. Y no lo digo por la victoria en sí, una UEFA maquillada, sino por la sensación de que con buen gusto y a conciencia, los mandamases pueden armar un equipo con cositas para pugnar por más Copas, Ligas Europeas o puestos de Champions.

En un santiamén Quique Sánchez Flores ha inculcado sus chicos un nuevo talante, el de unos jugadores que debieron ver hace tiempo vídeos de Enrique Collar, Adelardo, Gárate, Futre o el gran Kiko Narváez. No lo hicieron y nadie se ha molestado en explicarles por qué todas las vitrinas de la sala de trofeos del Calderón rebosan de metales. Puede que los héroes de anoche cuenten batallas a las generaciones venideras que pisan fuerte en la cantera de Majadahonda. Para empezar, ya tienen una historia fascinante con la que deleitar a futuros colchoneros: la de su nuevo idilio con Europa veinticuatro años después.

Y con un hombre herido que se alzó sobre el resto. El que tenía que marcar los goles, cumplió y con creces. Se había dudado de su compromiso con el club por ciertos gestos imprudentes, pero Diego ‘U-RU-GUA-YO’ Forlán se ha empeñado en marcar goles agónicos en los últimos partidos. El de Anfield fue la pista que condujo al de anoche. Y como en el Atleti no hay dos sin tres, las casas de apuestas han bajado por los suelos la cotización de un supuesto gol postrero en la final de Copa de la semana que viene. Deberían contemplar otra apuesta que incluya cuántos regates hace Agüero en un metro cuadrado, ¡qué bárbaro! Los defensas del Fulham todavía no se ha bajado del tiovivo al que les montó el Kun: una, dos, tres y casi cuatro fintas cerradas intentó varias veces. La buena fue la última, la que permitió asistir a Forlán.

Claro que, jamás se entendería al Atleti sin las emociones de sus aficionados, angustiados por las constantes vicisitudes de sus ídolos. No, nunca se podrá obviar al número doce que lloró desconsolado aquella fatídica tarde de mayo del 99 en Oviedo; el mismo que se ilusionó viendo salir al ‘Mono’ Burgos de una alcantarilla un año después; que clamó contra el cielo cuando Fernando Torres dijo ‘basta’ y que hace unas horas, justo en el momento en el que Forlán mató el partido, sintió que merece la pena eso de ser del Atleti. Hasta Sabina lo ha cantado: ‘qué manera de perder,…. qué manera de ganar’. Hamburgo ha descubierto la nueva manera. Enhorabuena, atléticos.