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El triunfo de los valores

Sbado, 28 Mayo 2011

“Ha triunfado el fútbol y los valores”… Sandro Rosell se lo había aguantado durante todos sos días de bronca, insidias y fuego cruzado en los periódicos. Wembley habría tenido dos acepciones según quién hubiese llegado: si era el Madrid, habría supuesto el acierto rotundo de un proyecto faraónico con Mourinho de dios Ra. Pero fue el Barça y, por tanto, el continuismo de una idea, la de Cruyff. Bien lo sabe Guardiola, que hoy se reencuentra con la dulce nostalgia del 92, la que también han paladeado estos días Koeman, Laudrup y Stoitchkov.

De Guardiola, hoy el diario elEpaís describe sus posibles sensaciones…”Pep tendrá hoy un profundo diálogo con su mito. Vuelve al origen de todo”. Y es cierto, porque la primera Copa de Europa marcó una idea que sólo dejó de progresar cuando Van Gaal se empeñó en fundar una colonia holandesa dentro del vestuario. Hoy es La Masía la que ha demostrado que, fiel a un código deontológico, el éxito no tiene límites. Porque aún siendo la tercera final en seis años, ganarla o perderla no debería ser crucial, pues la apuesta del club todavía no otea el final. Así lo piensa Laudrup, quien anoche aclaró en COPE que el Barça de hoy es un émulo avanzado del suyo…”si con el Dream Team marcamos una época, Xavi, Iniesta y compañía han demostrado que todo es mejorable”. Sin duda, la evidencia es palmaria: el equipo ha arramblado casi todos los títulos que ha jugado desde que Guardiola cogió la batuta en la 08/09 y, además, la fábrica no para de engendrar chavales que ya entrenan a diario con maestros insuperables. Ahí están los Fontás, Thiago, Bartra y, sobre todo, Gerard Deulofeu, un extremo diestro que mira de reojo a Messi en pachangas y por televisión.

La cantera es la clave o, como dice Stoitchkov, “la culpa de que el Barça sea hoy mucho mes que un club”. Hristo quizá fuese el gran protagonista del primer Barça triunfante y casi dos décadas después todavía le gusta lucir aquel temperamento que tanto excitaba al Camp Nou al tiempo que incendiaba al resto. El búlgaro lo tiene claro: “el Barça es para disfrutarlo y lo demás son tonterías”. En el fondo, es lo que realmente le importa al socio. Porque, como dice Ronald Koeman, “pasar veinte minutos divertidos se agradecen”. El matiz es que el Barça no suele dedicar veinte sino partidos completos. Pero la percepción del holandés es casi unánime entre el barcelonismo y los que no lo son. Precisamente, ayer en Londres fue el ex más solicitado porque su golazo de falta fue el prólogo de la historia moderna del Barcelona. Llegó a la ciudad a mediodía e inmediatamente se fue a Wembley para cumplir sus compromisos de comentarista de tele, primero, y ya de paso revivir recuerdos imborrables. Andoni Goikoetxea, otro mítico, comentó en MARCA esta semana que todos y cada uno de sus compañeros sabían que Koeman marcaría la falta en cuanto el árbitro pitó falta contra la Sampdoria. Entonces, el holandés ya había adquirido los galones de lanzador por méritos propios, pero, sin duda, esa jugada siempre será la más especial.

No obstante, me apunto la sugerencia de Emilio Pérez de Rozas…”quédate con que es otra final, un capítulo más del libro de gestas”. Seguro que muchos aficionados tendrán esa mentalidad, porque el futuro se intuye muy suculento. No obstante, ganar a este United no se puede encuadrar en anécdota. No ha llegado a la final un equipo revelación, sino el equipo menos dudoso de los últimos tiempos. Ferguson ha entendido eso de renovarse o morir, y elige a chavales emergentes, tipo Rafael, Valencia o el gran Chicharito, a los que moldea a su gusto. Wembley 2011 elige entre dos gurús del fútbol: el del método Cruyff o el camaleónico, porque a este Manchester no se le caen los anillos cuando tiene que jugar a la italiana, como un español o, precisamente, como un equipo inglés (referencia de  Ramón Besa). Dará igual, ambos son buenísimos.

13, rue del percebe

Viernes, 30 Octubre 2009

El 13, rue del percebe que rodea a Florentino ha borrado de un plumazo la coartada de ‘ilusión’ con la que el presidente quería cimentar su segundo proyecto faraónico. Está por ver si el sartenazo de Alcorcón espabila a un Madrid estrellado en el subsuelo y que tardará en curar el estreñimiento que sufre desde la primera jornada. Hoy el tema ya no es el sacrilegio que han cometido catorce jugadores contra el solemne sentimiento de madridismo, sino las rencillas y despechos de determinados individuos. Una humillación de gigantes dimensiones no podía obviar una intrahistoria deplorable pero entretenida.

El morbo de la supuesta redención contra el Getafe será ver si Pellegrini continúa apostando por Guti, el mismo que le levantó la voz, abandonó el vestuario al descanso (cuando ya se había desatado la vergüenza) y harto, una vez más, de aficionados ‘graciosetes’ que recordaban su cántico más irritante, mandó a todos a freír espárragos de una forma paleta y muy gráfica, pero al fin y al cabo,  paleta. A Guti se le pasó lo de contar hasta tres antes de sacar esa vehemencia barriobajera que siempre lleva enjaulada. Será sancionado con un puñado de euros hasta que vuelve a liarla, ¡menudo castigo!

Y a saber qué estará cavilando Pellegrini en estos momentos. Valdano ya ha dejado entrever que entre Getafe y San Siro se puede gestar la venida del sustituto. Digo yo que si al Madrid se le ocurre cagarla también mañana, el despacho de Valdano abrirá este domingo para cerrar la búsqueda de nuevo entrenador. Con Wenger descartado, quedan dos opciones, una de ellas de alta alcurnia. La primera es Laudrup, quien hace una semana desechó la oferta del Atlético de Madrid. Dicen que las diferencias insalvables fueron económicas, quizá el danés intuyó que ponerse en el banquillo colchonero supondría dejar escapar una posible oferta del vecino. El plan alternativo es rescatar a Rafa Benítez antes de que sea despedido fulminantemente por los dueños norteamericanos del Liverpool. Esta última posibilidad no me cuadra del todo porque, aunque Benítez se ha granjeado una popularidad mundial a base de sudor y lágrimas, su excelsa condición de estratega no cuaja con un Madrid acostumbrado a ganar por el principio de acción y reacción. Y pese a que a Florentino no se atreverá siquiera a imaginarlo, siempre nos quedará el solucionador de problemas, Fabio Capello. Que quieren  títulos  y la Champions del Bernabeu, sólo hay un hombre…eso sí, olvídense de fútbol delicatessen y demás remilgos: ganar y arreando.