Blogs

Archivo de la categoría ‘Marcelo’

El mejor lateral del planeta

Domingo, 31 Julio 2016

marcelo.jpg

Noviembre de 2006. Real Madrid anuncia la última renovación de Roberto Carlos y termina el comunicado oficial añadiendo el fichaje de Marcelo Vieira, un lateral zurdo que había despuntado en el Fluminense pero que, a tenor de los vídeos que llegaron a España, tenía más pose de jugador de fútbol-sala. Ramón Calderón le fichó para cubrirse las espaldas por si al correcaminos más famoso de la historia le faltaba fuelle hasta su fecha de caducidad definitiva. Incluso, Pedja Mijatovic, entonces director deportivo, y Fabio Capello pensaron en mandarle al Castilla para que se fogueara en el fútbol español: “Era muy arriesgado sacarle tan pronto en el Bernabéu por miedo a que la sombra de Roberto Carlos se alargase demasiado”, comentaron en aquella época Pedja y su adjunto, Carlos Bucero. Durante la siguiente temporada, Schuster confío en Marcelo porque tampoco encontró más soluciones: el ‘gringo’ Heinze rendía mejor de central zurdo que de lateral y Drenthe ya había demostrado sus dotes de bufón con una comedia distinta cada vez que amagaba con hacer algo medianamente estético.

Marcelo siempre ha confesado su profunda admiración por Roberto Carlos y tampoco olvidará la oportunidad que le dio Juande Ramos. Sucedió en El Molinón, en febrero de 2009…el Madrid había cogido velocidad de crucero en la Liga a la caza del Barça y el técnico blanco no podía contar con Arjen Robben por el enésimo problema con su rodilla de cristal. Se decidió por Marcelo para cubrir el flanco izquierdo, de ese modo podría tontear con el balón sin riesgo de merodear su propia área. Marcelo se gustó a sí mismo y a su entrenador, porque no sólo se esmeró en florituras sino que se convirtió en puñal cada vez que rajaba la banda izquierda desde el interior. Juande había encontrado una alternativa diferente a la de esperar que Robben cogiese el balón en la línea de cal y desplegase el álbum de regates y fintas. Marcelo proponía asistencias de gol y disparos a media distancia, y el equipo había descubierto a un interior izquierdo más que prometedor. Con el tiempo el brasileño maduró su manejo del balón, capaz de enlazar varios quiebros en pocos metros y regatear en un palmo al estilo del gran Paul Gascoigne; en ataque se suele despendolar (para bien) cuando es liberado de responsabilidades defensivas. El problema de los últimas temporadas ha sido esa crisis existencial entre lateral o interior, que él ha intentado arreglar imitando a Roberto Carlos. No obstante, ha comprendido que ni tiene el turbo ni el diesel de su ídolo para ocuparse de toda la banda. Además, su mimo por la pelota a veces le juega malas pasadas, porque tan pronto inventa un zigzag sublime como le cogen la espalda en un contraataque.

Algunos cenáculos madridistas susurran que este Marcelo tapa las carencias de Cristiano Ronaldo. Él, Marcelo, es quien revienta los candados escondiendo la pelota al defensa; de repente aparece en el córner y en un pestañeo se cuela hasta la cocina. Quizá por despiste de los rivales o porque CR7 todavía es el enemigo público número uno para cualquier marcador,  ningún entrenador ha considerado colocarle un perro de presa que le haga sudar noventa minutos. Marcelo se está entendiendo con Marco Asensio durante esta pretemporada porque, como dice Jorge Valdano, “el brasileño juega en el mismo patio que Messi o Neymar”. No es una comparación, sino la opinión de que cualquier Brasil del 70 siempre sorprende más que una Italia siderúrgica. Sin discusión, Marcelo es el mejor lateral del planeta hasta que su silueta no vuelva a ensancharse, aunque los nostálgicos consideren obsceno compararle con el mejor Roberto Carlos. Pero mientras haya samba, ahí estará él bailando entre bosques de piernas. Es el secundario del que todo el mundo habla.     

La noche de los secundarios

Mircoles, 15 Abril 2015

imagen-15568499-2.jpg

“Estos derbis recuerdan a los Real Madrid-Bayern Munich de hace 15 años”. Lo piensa uno de los pesos pesados del vestuario blanco y quizá no le falte razón. En las broncas no está metido Effenberg pero sí Mandzukic; Carvajal incordia tanto como Salihamidzic y esa intensidad bávara que tanto ama Simeone también mantuvo espabilado al Madrid. Faltaron los goles porque los blancos revivieron las pesadillas de Kahn en otro gigante de la portería. Apareció Oblak para dejar atónito al Calderón e insinuar que sí es posible crear un Courtois de laboratorio. En una sola parte acumuló más paradas que el mítico David Barrufet en muchos partidos de balonmano; necesitaba reivindicarse en España, porque en Portugal (jugó en el Benfica) sí entendieron el P.V.P. de 16 millones que pagó el Atlético. Oblak sacó mil tentáculos y al Madrid le volvió a traicionar la pegada, su coartada para tapar innumerables bodrios. En el Camp Nou torció el disparo y en el Calderón lo intentó por tierra, mar y aire. Y como el fútbol es injusto, cuando una estrella llamada Gareth Bale cuesta 90 millones (o 100 si preguntan al Tottenham), el mano a mano inicial debe entrar sí o sí.

En la noche de los secundarios, Varane dio otro paso adelante en su meteórica carrera. Es el Hierro 2.0 y el club le cuida en tal consideración (en Chamartín Fernando Hierro siguen siendo palabras mayores).  La galopada de setenta metros con la que arrancó desde su área es digna para estudiar en entrenamientos de velocistas olímpicos; al lado de Ramos y Pepe, ha acelerado su máster de aprendizaje y pronto llegará el momento que asuma el rol de capo. Si Oblak detuvo toda la artillería pesada del Madrid, Varane desarmó el ataque de Pearl Harbor de Simeone. Su cabeza rebotó cualquier balón inteligente programado para Godín o Mandzukic. Este último desquiciado por los codos de Ramos y los forcejeos de Carvajal. ¿Hubo mordisco? Las imágenes aclaran que no.

Otro artista entre bambalinas que también reclamó en el campo mejora de contrato fue Marcelo. Su fama de brasileño alocado nunca le ha permitido compararse con Roberto Carlos, ni siquiera asomarse a él. Sin embargo, el mítico lateral dijo la semana pasada en COPE que Marcelo le parecía el mejor del mundo en su posición. Desde luego, cuando está enchufado y se remanga en defensa, la banda izquierda se le queda pequeña. De pequeño jugaba al fútbol sala en Brasil y ese talento lo ha extrapolado al fútbol profesional: su capacidad para zigzaguear en un metro cuadrado la echará de menos el Bernabéu en la vuelta. Y aunque su trabajo sea más oscuro, al ‘Cholo’ también se le complica el sudoku sin Mario Suárez, un Makelele fornido cuyo oficio de fontanero alivia al técnico argentino.

El Atlético demostró que en alardes físicos no le gana nadie, ni siquiera el portentoso Madrid de la primera parte. Es más, cinco minutos más y los merengues tendrían que haber llamado al Coronel Trauman en Acorralado. Fueron dos versiones: la del campeón de Europa luciendo su corona y la del Atleti sacando los colmillos vampíricos para chuparle la sangre al extenuado Madrid de los últimos minutos. Total, que el empate es un botín que no disgusta al cuerpo técnico del ‘Cholo’ y, en el fondo, sí preocupa a los blancos. Los rojiblancos apelarán a ese lema invertido de ‘Se busca rival digno para derbi decente’, mientras que la esencia madridista de siempre es dinamitar la eliminatoria en su caldera. El ‘espíritu Juanito’ y sus noventa minuti en el Bernabeu son molto longo martillearán las calles de la capital durante una semana. Suenan tambores de guerra, como en la época ye-yé, cuando se decía que el archienemigo del Madrid no era el Barça sino el Atlético.

Las axilas del Madrid

Lunes, 3 Marzo 2014

carvajal-y-marcelo.jpg

‘Peleas como el mejor’. Simeone se ha tomado al pie de la letra el himno del Atlético, razón esencial de la pleitesía que le rinde el Calderón. El preocupante diagnóstico de las últimas fechas había evidenciado dos síntomas claro: falta de alto voltaje y, dicho soezmente, pocos huevos o, al menos, no los exigidos por el ‘Cholo’. Y como el Madrid es un gato con más de siete vidas, el fallo en el mano a mano de Diego Costa con 2-1 le sirvió de electroshock. Y eso que pocos equipos pueden presumir de haber apagado analógicamente la ‘BBC’; los rojiblancos lo lograron durante una hora, el rato que Benzema gateó por el césped, Cristiano se desesperó por la quietud de su gente y Bale se acomodó en ese limbo en el que solía estar su colega francés. Sin que sirva de precedente, las crónicas post partido no aborrecen el nombre de CR7, porque el héroe no fue él sino ese Diego Costa puñetero (en sentido cariñoso) que disfruta pegándose con cuatro a la vez. Le motivan los tipos duros como Pepe o Sergio Ramos; sabe que es el epicentro de las broncas al mismo tiempo que el delantero peligroso que la lía por una banda (penalti de Ramos) o en un contraataque. Los duelos de Costa con la zaga blanca recuerdan a la escena final de Sin Perdón en la que William Munny (Clint Eastwood) entra en el saloon encolerizado y dispara a todo bicho viviente, incluido el sheriff, sin miedo a la muerte.

Si hace una semana la prensa atizó al ‘Tata’ Martino como una esterilla por su locura de entrenador en San Sebastián, el derbi fue causa de otra excentricidad, ésta de Ancelotti. En su columna No me gustan los lunes en MARCA, Roberto Palomar explica la táctica del ‘cagazo’. “Poner a Coentrao y Arbeloa es tenerle miedo al partido…colocar a Marcelo y Carvajal es ir a ganar”. Desde luego, Carletto quedó retratado con la sustitución de los dos laterales; seguro que entre el final del derbi y el día de hoy, algún colega italiano le ha recordado cómo se gestó la Italia campeona del Mundial 82, que ganó a Brasil y Alemania con carrileros desplegados por toda la banda. Aquella innovación planetaria del seleccionador Enzo Bearzot chocó de bruces con el rito por antonomasia del catenaccio. Bearzot supo jugar sus partidas de ajedrez y los italianos conquistaron el mundo en España. Ancelotti lo tenía todo a su favor para pegar el primer gran guantazo a la Liga; su Madrid iba lanzado como un cohete sputnik y, más importante, por fin se había aclarado en sus intenciones: ganar machacando con la artillería pesada. Y, paradójicamente, en ese engranaje no cuadraban ni Arbeloa ni mucho menos Coentrao.

“Carvajal y Marcelo son puro desodorante para las axilas del Madrid. Los otros dos son como ponerse un jersey de lana gorda sin camiseta debajo”. Es un comentario demasiado gráfico de un ex futbolista merengue, pero explica con nitidez la diferencia entre dos laterales ‘jugones’ y otros que no lo son tanto en este Madrid. Quizá a partir del derbi Ancelotti se ha frotado los ojos y sabe dónde no tiene que experimentar. Arbeloa es un soldado cumplidor al que se le exige cubrir su zona y llevar el balón hasta la medular; Coentrao tiene más arranque pero también más despiste. La llegada de Carvajal supone para el Madrid contar con un émulo diestro de Jordi Alba con menos velocidad pero mismo toque de balón. Mientras, Marcelo suele entrar y salir del club elitista de mejores laterales. Si su silueta no le traiciona, desde luego es la daga que necesita Ancelotti.

 

 

 

 

 

Benzema, un problema de peso

Lunes, 18 Febrero 2013

karim.jpg

Karim Benzema siempre agradecerá a Zidane enseñarle el camino de la rectitud. La presión de ser el fichaje mimado y elegido a dedo por Florentino Pérez no supo gestionarla bien, quizá porque no encontró tutela alguna cuando fichó por el Madrid. Pero durante sus dos primeras temporada, aparte de la lentitud en sus movimientos tácticos que le convirtieron en monsieur empané, el francés no anduvo fino debido a un físico sospechoso: parecía que corriese con una faja de hormigón. Lejos de las coces de Mourinho, éste recurrió a Zidane para reorientar a su compatriota y abrirle los ojos a un mundo en el que Benzema sólo concebía el colegueo con Lass Diarra (por idioma, naturalmente) y las huestes personales que había traído de Lyon. En consecuencia, el delantero ingresó en una clínica de alto rendimiento en Italia durante sus vacaciones de 2011 y no sólo estilizó su figura perdiendo siete kilos…”ahora estoy bien de cabeza y de piernas”, desveló Benzema a Radio Montecarlo ese mismo verano. Se había reseteado por consejo de Zinedine y súplica de Mourinho, y ahora sí que estaba preparado para participar en las orgías goleadores del equipo.

Pero en un puñado de meses Benzema ha vuelto a caer en su reverso tenebroso. Cuando parecía que su mente y cuerpo habían alcanzado el equilibrio perfecto que demandaba el entrenador, de repente una mala racha de goles y algún desliz en su dieta han reventado el estado balsámico del que gozaba el jugador. Pasando revista a sus filas, Mourinho se ha encontrado a tres casos flagrantes de sobrepeso: llama la atención el de Marcelo, quien, desde luego, no se ha tomado en serio los planes de recuperación de su lesión. Sin embargo, los otros dos culpables tampoco han cumplido a rajatabla la dieta del gol, detalle que ha sacado de quicio a Mou porque, casualmente, se trata de sus dos delanteros centros. Si a Higuaín le sucede como a Marcelo, que no se ha tomado en serio su vuelta de una lesión, el diagnóstico de Benzema trasciende de un cuerpo más voluminoso de lo que debiera. Eclipsado por la voracidad de proporciones bíblicas de Cristiano, monsieur empané ha vuelto a deambular por el césped con grilletes en los tobillos y sin enterarse de que el Madrid se juega la temporada en un pispás. No es que se haya convertido en figurante de CR7, es que ni siquiera su nombre puede aparecer en los créditos. A Özil se la ha nublado la vista en los tres cuartos de campo no por falta de talento sino porque no contempla ningún socio fiable lejos del tótem portugués. Y, claro, Mourinho se ha hartado con razón.

Y mientras el debate del nueve se acaba transformando en una catarata de rumores sobre quién vendrá como el próximo killer de área, un canterano aprovecha sus escasísimas oportunidades dándole al público del Bernabeu ese anhelo que nunca debió perder, el de enorgullecerse por sus raíces, ahora Valdebebas. A la vista está que Álvaro Morata podía haber contado mucho más en el primer equipo por méritos en Segunda, pero Mourinho le quiere foguear en pequeñas dosis para que no se estampe contra la pared en otro expediente X como el de Adán, quien de arrebatar la titularidad a Casillas en la jornada 17 por “mejor estado de forma” se ha quedado en la grada ocho jornadas después. La cuestión es si Morata va a contar de veras para el primer equipo o Mourinho lo usa como arma arrojadiza para que Benzema e Higuain espabilen. Si el club quería sacar tajada con una buena venta del argentino, Benzema no le anda a la zaga; quizás sea una cuestión de peso.

Solvencia garantizada

Mircoles, 20 Octubre 2010

1287510946_0.jpg

Ni de lejos pintaba como aquellos Madrid-Milan entre la ‘Quinta del Buitre’ y los futbolistas totales de Arrigo Sacchi. Más que nada, porque los italianos de ahora evidencian una decrepitud clamorosa. Ni las estrellitas díscolas ni reliquias que ya lo dieron todo el siglo pasado pueden soportar el peso del Milan. Y por eso,  Berlusconi o Galliani (me da que este último porque el primera está enfrascado en tareas un poquito más borrascosas) deben resetear el club de arriba abajo. Lo mismo que ha intentado hacer Florentino año tras año, hasta hoy.

Porque la inercia ganadora e ilusionante de este Madrid no la habíamos visto desde Carlos Queiroz. Entonces, los ‘galácticos’ mas Raúl se lanzaron decididamente a por la temporada en un ejercicio de autoridad apabullante explicitado en goleadas de escándalo y destellos inéditos. Ese plantel tenía una pinta bestial, pero sólo fachada como a la postre se comprobó.

Siete años después, Mourinho no propone aquello pero garantiza solvencia. Su equipo asegura disparos por doquier y raro será el partido en el que el mejor no sea el portero rival.  Al margen de que la apuesta culmine o no (la de Queiroz estalló en la final de Copa birlada por el Zaragoza), hay argumentos irrefutables para creer que sí, que en esta temporada puede asomar alguna satisfacción.

Por de pronto, Cristiano parece que está siguiendo al dedillo un plan psicológico maquinado por Mou: sigue siendo el que más chuta y el que jalea los ataques, pero también se para a pensar en opciones diferentes a su vanagloria. Y, claro, sus compañeros lo agradecen; entre ellos, Higuaín, que inopinadamente ha encontrado en el portugués un asistente más. Luego hay que mentar a Özil por su agilidad mental: decodifica la oportunidad antes de que se produzca. Regatea cuando debe y cruza pases inverosímiles, al estilo de Raúl en sus tiempos gloriosos.

Y ya lo dejé entrever hace semanas, Mou ha engendrado a un nuevo Marcelo, que se preocupa por defender y llega con buen reprís a la línea de fondo contraria. Falta por ver, eso sí, cómo se las arreglará cuando Mata, Navas o el mismo Messi le intenten bailar. Es el examen pendiente del brasileño. Como también le faltan pruebas gordas al Madrid, de mayor calado que la de anoche. La del Camp Nou se acerca y otras futuras como Old Trafford o Stamford Bridge (si es que la suerte acompaña) serán concluyentes para testar si este equipo, a diferencia del de Queiroz, rula bien.