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Aquel Depor-Betis del 92

Domingo, 22 Mayo 2011

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“Ni la afición, ni los jugadores ni el Consejo se merecían descender”. Miguel Ángel Lotina no encontró consuelo algunos minutos después de consumarse el batacazo. Las quinielas del descenso dejaban fuera al Depor, porque ningún involucrado en la quema intuía que el fantasma del Valencia 93/94 reapareciese en otra noche tan necesaria. Curiosamente, la semana pasada propusimos en El Partido de las 12 de la Cope un debate con ex futbolistas que sufrieron tal angustia o, por lo menos, estuvieron en el alambre. Es el caso de Paco Liaño, el gran portero del Superdepor de los noventa y que todavía ostenta la mejor marca de trofeo Zamora de la historia liguera (18 goles encajados en 38 partidos).

Liaño llegó a La Coruña en el verano de 1991, cuando Lendoiro había construido una plantilla recién ascendida con retos demasiado optimistas…aquel equipo se salvó del descenso directo pero tuvo que jugar la promoción por la permanencia (entonces, el decimoséptimo y decimoctavo de Primera jugaban sendas eliminatoria contra el tercero y cuarto de Segunda). El rival era el Betis, que había bajado la temporada anterior y al que le urgía volver a la élite. La ida se jugó en Riazor y el Depor logró un 2-1 muy justito con el búlgaro Kiriakov en plan estrella: golazo de falta, penalti fallido y un par de jugadas que barruntaban la salvación. Ironías del destino, un brasileño aún desconocido para el gran público pero que consiguió labrarse historias asombrosas observaba lo que sucedía sobre el tapete como si le fuera la vida en ello; el resultado iba a ser determinante para su porvenir. Ese jugador se llamaba Mauro Silva y acudió a Riazor, invitado por Lendoiro, y esperando que el Depor solventara el entuerto para firmar un acuerdo. La disyuntiva para el presidente deportivista no podía ser más clara: si ganaban, Mauro Silva se quedaría en la ciudad; de lo contrario, aceptaría la oferta del Tottenham o la Roma.

El Depor había logrado media gesta, pero aún quedaba el infierno del Villamarín. Y allí no jugó Liaño. Arsenio Iglesias prefirió a Canales y la apuesta fue inmejorable: paró lo inimaginable por tierra, mar y aire, y el equipo no descendió. Lendoiro resopló y pudo preparar el contrato de Mauro Silva… y el de Bebeto, otro que esperaba con ansia el desenlace del Betis-Depor. Liaño confiesa que no perdieron de milagro porque “para esas batallas había que estar curtido como el Cádiz, por ejemplo”. El ex portero también resaltó que un club de la envergadura del Valencia se ahogó a mediados de los ochenta por un par de temporadas que presagiaban la debacle. Al año siguiente, Mauro Silva, Bebeto, el ex madridista Aldana y unos compañeros que supieron cambiar la mentalidad histórica del Depor, jugaron un fútbol que dejó boquiabierta a España e irrumpió años después en Europa. Desde entonces, el Superdepor, los talentos de Rivaldo y Djalminha, y por supuesto, el Depor campeonísimo de Jabo Irureta olvidaron cualquier reminiscencia del frágil pasado que concluyó con el Depor-Betis del 92.

Lendoiro pensó que Lotina era el más adecuado para emular a Irureta, pero la acuciante crisis económica ha ido minando a una plantilla que con pocos recursos se ha quedado en tierra de nadie,  aunque en ocasiones peleando por un puesto de UEFA. No obstante, el perfil del Depor no ha sobresalido en los últimos años y, tarde o temprano, era esperable que la Segunda merodeara Riazor. Además,  el mal ojo en algunos fichajes de esta temporada (Saúl, Míchel, Morel, Ives Desmarets,…) y la falta de delanteros fiables han dado al Depor demasiados boletos en la rifa del descenso. Pero nadie imaginaba que, precisamente, el Valencia le volviese a subir a la barca de Caronte.