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Archivo de la categoría ‘Mijatovic’

Higuaín, siempre en el alambre

Domingo, 13 Mayo 2012

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“El Madrid ha fichado a Higuaín por seis temporadas y media. Ha sido una buena venta”. Héctor Grinberg, tesorero de River Plate, no podía creerse todo el revuelo mediático que había montado el ‘Pipa’ cuando marcó dos goles a Boca Juniors en el torneo Apertura de 2006. Su impecable actuación en el clásico argentino llamó la atención de Pedja Mijatovic, entonces director deportivo del Real Madrid,  quien no dudó en rastrillar el mercado sudamericano para apuntalar una plantilla que Fabio Capello intuía poco competitiva. El River, fábrica de promesas con ínfulas de estrellas ‘maradonianas’, convenció al presidente Ramón Calderón de que 13 millones era una cifra asequible para el nuevo Batistuta del fútbol argentino. Ahogado por la urgencia de invertir la inercia triunfante del Barça de Rijkaard, el Madrid se aferró a la necesidad de contratar y no le importó soltar un cheque con tantos ceros; curiosamente, días después pondría veinte millones redondos por otra promesa rimbombante de Argentina, Fernando Gago. (more…)

El sustituto impensable de Ronaldo

Domingo, 24 Enero 2010

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Verano de 2006. Ronaldo, el ‘gordito’, da sus últimos coletazos en el Real. Sabe que sus correrías por la noche madrileña no son muy del gusto del nuevo míster, Fabio Capello. Éste se había comprometido con el candidato Ramón Calderón, entonces un tipo aparentemente serio, siempre y cuando se cumplieran sus estrictas condiciones. Una de las más importantes era fichar un delantero centro con credenciales y que garantizara un buen número de goles. Pedja Mijatovic, el delfín de Calderón, se puso manos a la obra y se decantó por un repudiado de Ferguson, a quien el sir escocés había profetizado su ocaso profesional. Pero el director deportivo merengue sí creyó que Ruud Van Nistelrooy podía seguir pegando tiros en España. Y vaya sí lo hizo.

A Van Nistelrooy se le dio de maravilla la Premier (cien goles en ciento cincuenta partidos) y sus incursiones en la Champions eran puro entretenimiento (treinta y ocho golitos en casi cincuenta apariciones). Con tan extenso aval, el holandés intuía que sus treinta tacos no serían óbice para divertirse en España. Lo pensó y cumplió: en su primera temporada con el Madrid fue pichichi y jugador clave en la remontada impensable. Pero, además, su afabilidad y buen humor calaron en una afición que jamás imaginó un sustituto tan tempranero para Ronaldo. Precisamente, el brasileño tuvo que abandonar el club en enero de 2007 frustrado por su suplencia y porque tuvo que resignarse a que un coetáneo más comprometido con la causa le arrebatara el puesto con todo merecimiento.

Pero, claro, el inconveniente de fichar a un jugador en la treintena y utilizarlo dos veces por semana (Liga-Champions; Liga-Copa) es que se puede romper. Y Ruud no fue una excepción en su segundo año de merengue. Primero, el menisco, después el ligamento de la rodilla y más tarde el cartílago, abocaron al ariete holandés a una posible retirada. Aún así, Van Nistelrooy, obcecado en dejar atrás una lesión irreversible a su edad, ha seguido entrenando, pero sus comparecencias se cuentan con los dedos de una mano.

Ahora, con Higuaín, Benzema y Raúl, en menor medida, por delante, la aportación de Van Nistelrooy en Madrid ya no estaba en la onda de este equipo. Pero el Hamburgo le ha dado la última oportunidad de su vida, el último espaldarazo para una retirada dignísima en un Mundial, ¡Ánimo, Ruud!

 

Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro…

Martes, 15 Diciembre 2009

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¡Maldita coincidencia! Justo cuando el Madrid inquieta al Barça, va Pepe y se lesiona hasta la siguiente temporada. El mejor central del mundo (lo creo de verdad) está tristón, pero no tanto por no poder ayudar al Madrid, sino porque deja a Portugal coja para el Mundial, el caramelito más gustoso para cualquiera.

Ahora que el Madrid tiene mucho tiempo para echar de menos a su segundo gran portugués, es un buen momento para atribuir a Pepe todo el mérito que se merece, que no es poco. Su destino fue complicado de por sí: llegaba a un equipo deshecho después de la criba post-Capello. Su cometido inicial rayaba la osadía: hacer olvidar al mismísimo Fernando Hierro. Encima, a estos dos factores hay que añadir el dispendio de treinta millones que hizo el Madrid por él cuando Pepe era, sencillamente, un perfecto desconocido. El negocio de este mundillo se llevó las manos a la cabeza por semejante desembolso, pues era obvio que venía un defensa sin credenciales. Pero el entonces director deportivo, Pedja Mijatovic, apostó por este fichaje sin miramientos. Aquí sí que acertaron los ojeadores, el órdago del montenegrino salió de maravilla.

En consecuencia, a Pepe sólo le quedaba jugar como había aprendido y de aprendiz, valga la redundancia, junto a nada más ni nada menos que un Balón de Oro, Cannavaro. Sin embargo, pronto se vio que el chicarrón portugués ocultaba la lentitud del italiano una y otra vez. El veterano campeonísimo ya no estaba para muchos trotes, así que al novato le tocó el gran marrón del buen central: salir al corte. El Bernabeu comenzaba a mascullar que Pepe era quien hacía bueno a Cannavaro, y no al revés.

Han transcurrido tres temporadas y Pepe ha aguantado todos los embates mediáticos que han ennegrecido la historia de los centrales del Madrid. La lista de experimentos estrepitosos ha sido larga: Karanka, Iván Campo, Pavón, Mejía, Rubén González (el que lloró en un Sevilla-Madrid tras ser sustituido por Queiroz), Woodgate, Raúl Bravo (cuando fue reconvertido a central) y queráis o no, Cannavaro. Olvidados todos estos malos tragos, Pepe se ha erigido como el jefe de la zaga. Y si más triadas no lo impiden, así será hasta dentro de varios años.

No obstante, nada puede hacer el supercentral hasta después del verano. Por ello, Valdano ha reconocido que están batiendo el mercado invernal, pero los centrales fiables no salen así por así. El Madrid lo sabe bien. O sea que una apuesta creíble sería reconvertir definitivamente a Sergio Ramos, un cambio que le ayudaría a espabilar del todo;  recolocar a Arbeloa en su puesto natural de lateral derecho y, aquí viene la temeridad, arriesgar con Drenthe o Marcelo en la izquierda, o pensárselo dos veces y recuperar a Roberto Carlos sin su reprís de antaño. Sólo es una idea.