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El esfuerzo no se negocia

Domingo, 4 Enero 2015

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El valencianismo más cachondo pidió por redes sociales a Peter Lim una invitación permanente al Coritiba para el Trofeo Naranja. El club brasileño mantiene a salvo el récord histórico de victorias consecutivas porque el Real Madrid no supo meter mano a un partido ‘canchero’, el que propuso Nuno Espirito Santo y que recordó a Mestalla los tiempos gloriosos de Rafa Benítez. Quizá la efervescencia del Mundialito de clubes y la pachanga de Dubai despistaron demasiado a un Madrid falto de intensidad, la única herramienta válida para desatornillar a este Valencia. Desde el estropicio de Anoeta, los blancos no habían jugado tan cegados, sin mando en plaza a causa del fallón Kroos y con la pólvora mojada, tanto la del inoperante Cristiano como la de Gareth Bale que, viendo el caótico panorama, decidió lanzarse al abismo con galopadas suicidas. Cuando los blancos no salen a arrasar como El increíble Hulk, necesitan la picada letal que les dé la victoria. Bale falló un mano a mano claro y Benzema se asomó a aquella versión (en pasado) de Monsieur l’empané.

No fue la derrota del Madrid sino la remontada de un Valencia generoso en el compromiso. Ésa es la esencia en una plantilla que, copiando la fórmula de moda de Simeone (el esfuerzo no se negocia), juega quien pelea a tumba abierta. Por ejemplo, José Luis Gayá, otro correcaminos de la factoría ché. Primero fue Jordi Alba, luego Bernat; parece que el club les fabrica de serie con el mismo molde. Gayá descosió a Carvajal al tiempo que Barragán y Parejo se deshacían de Marcelo por el ala derecha. La arriesgada decisión de jugar con tres centrales encumbra a Nuno y demuestra que su equipo puede cambiar el dibujo táctico con una facilidad pasmosa. Hay muchas similitudes entre el Valencia de Lim y el que hace años se inventó de la nada Benítez. Entonces, las diferencias con los dos poderosos no eran tan abismales en tesorería, aunque la esencia es la misma. Otamendi revivió aquellos misiles que el ratón Ayala conectaba con la cabeza en el área. Centrales poco altos para su posición pero con una potencia de salto al estilo de Iván Zamorano o José Mari Baquero. Poco pudo hacer Casillas ante el tomahawk que se le vino encima; precisamente, Ayala marcó un cabezazo calcado en el Bernabéu la noche del Ushiro Nage.

Pero al Madrid nunca se le puede mandar a la morgue antes del pitido final. Como dijo muy acertadamente Iñako Díaz-Guerra, cronista del diario AS, en twitter, “al Madrid hay que reconocerle que como villano es terrorífico: pierde 2-1 en el minuto 90 y todos los que quieren que pierda, firmarían sin dudar el empate”. Sergio Ramos pudo revivir el milagro de Lisboa pero el balón no vio portería, mientras que Isco metió la cabeza pero mandó el balón al muñeco, es decir, a Diego Alves. Precisamente, Isco se echó todo el Madrid a su espalda durante el rato que le duró la gasolina; el resto fueron seres inertes que no entendieron el duelo como mejor lo hacía la Quinta del Buitre en las históricas noches del Bernabéu: con dos…