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La imagen

Jueves, 4 Septiembre 2014

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A Juan José Millás le gusta desentrañar el lado oculto de las cosas escudriñando fotografías en El País Semanal.  Con su pluma ácida, intenta (o no) convencer al lector de cuál sería, a su modo, un mundo mejor. Por eso, en homenaje a su estilo a veces irónico y siempre agresivo, la imagen del selecto cónclave de entrenadores reunido en Nyon esta semana delata por sí mismo a cada personaje. Al más enrollado se le detecta a la legua: Jurgen Klopp nunca oculta esa sonrisa picarona de Joker, medio sarcástica medio vacilona. Disfruta del balón desde la banda del Westfalenstadion tanto como lo hacía con la pizarra magnética de la televisión alemana explicando tácticas que ningún telespectador veía en el Mundial de Sudáfrica. Debajo de él se sienta el padrino del tinglado, Sir Alex Ferguson, que seguirá acudiendo a estas reuniones para justificar su jubilación. Quizá Klopp se pregunte por qué no fue el elegido para el banquillo con más solera de Europa, aunque es más probable (sólo por la rumorología mentirosa del mercado) que mire de reojo al novato que está pegado a Guardiola.

Klopp sonó en las quinielas del Barça, que no de Zubizarreta, pero Luis Enrique es un tipo de la casa, no de La Masía sino proscrito del madridismo. Su resquemor hacia la falta de palabra de Lorenzo Sanz le ayudó a amar rápido a su nuevo club; era de cajón que tarde o temprano lo acabaría entrenando. Y como buen conocedor de la idiosincrasia culé, debía rendir pleitesía al tótem 2.0 de Can Barça; el indiscutible es Cruyff, por supuesto. Luis Enrique se acaba de sentar en la mesa de los aristócratas, aunque deja caer por sus zapatillas que su estereotipo runner y triatleta nada tiene que ver con las siluetas ensanchadas de colegas como Ancelotti o Rafa Benítez. Como los grandes generales norteamericanos, Carletto y Mister Rafa apenas tienen espacio en la solapa para más medallas; han pisado los estadios de toda Europa y el gremio les habla desde un respeto reverencial. Pueden hablar de vinos gran reserva porque ellos los han creado; Luis Enrique, en cambio, todavía no ha pasado la fase de la vendimia. Por lo visto, Herr Pep le ha servido de consigliere. Sigue siendo único y genuino por su éxito meteórico y esas ideas vanguardistas que otros de la foto aún no entienden. Descubrir una conversación táctica entre Guardiola y los otros invitados sería digno del Pulitzer; no obstante, lean Herr Pep (de ahí el apodo) de Martí Perarnau y entenderán su obsesión tremebunda por el estilo.

Míchel también es de los últimos invitados y por eso se coloca en un extremo, para no molestar. Conociéndole, seguro que ha ido más de oyente que de ponente. Emigró a Atenas para encontrar el reconocimiento que le negó España y cada año construye un Olympiacos nuevo con un puñado de euros. Su meta se parece a la original de Simeone, el gran ausente: incordiar a las grandes moles de Europa como una mosca cojonera. Y cuanto más dé la vara en la Champions, mayor será el botín en un banquillo futuro. En el otro extremo, un zorro viejo en este foro. Wenger prefiere aproximarse a Guardiola que a Ancelotti porque lo suyo es mimar el balón hasta descoserlo y fabricar promesas en cadena. El fútbol base es la génesis del Arsenal y, por eso, no habrá perdido la ocasión de susurrar a Platini que más cantera y menos cartera (a pesar de que los gunners presuman de talonario).

Unai Emery tiene pinta de vendedor en la foto; de vendedor de ideas, precisamente. Su gesto es el de un tipo agradecido por la invitación para que le tomen en serio. Y aunque la Europa League no es ninguna broma, los jerifaltes sólo piensan en  modo Champions. Emery huele a revelación, como lo fue André Villas-Boas en el Oporto. No obstante, al ex amigo de Mourinho le quedó demasiado grande el Chelsea y ésa es la sensación que planea sobre Emery. Revelación también lo fue Manuel Pellegrini cuando Riquelme estuvo a punto de meter al Villarreal en la final de las finales. Su carácter discreto le aleja de las bullas, de ahí que no lo moleste en la pose. Quizá si respondiera a la permanente guerra dialéctica de Mourinho, los periodistas ávidos de morbo dejarían de llamarle el ingeniero de caminos.

 

 

 

 

 

Estiércol en las redes sociales

Mircoles, 19 Febrero 2014

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Ningún periodista inglés (ni español) habría imaginado que en la sala de prensa del Etihad Stadium se reeditará la vieja y antológica versión victimista de Mourinho. No con el caballero blanco Manuel Pellegrini, absorto siempre en cuestiones estéticas y, desde anoche, groseramente tácticas. Del “¿Por qué?” insistente de Mou a un ataque descarado y frontal contra el árbitro de anoche, Jonas Eriksson. El técnico citizen extrajo de sí su alabada sensatez y mesura para eximir a su equipo de cualquier culpa. Hasta Gary Lineker, comentarista estrella en la televisión inglesa, sigue esperando sentado en su cabina una explicación a la salida temerosa y tenebrosa del City. “Ese planteamiento se le permite al Stoke City o West Ham United, no a una plantilla de tantos millones”, fue la explicación del indignado Lineker. Quizá sea el planteamiento más pragmático de cualquiera que no sea el Bayern de Munich o este Madrid de Ancelotti, pero a un equipo moldeado mediante una chequera en blanco siempre se le puede exigir más, no desde la opinión pública sino de los aficionados que año tras año contemplan a su Manchester como la gran decepción e Europa. El 0-1 había llegado por accidente, desgraciado pero justo; el gol de listo de Dani Alves fue el suicidio definitivo de la eliminatoria.

Antes de seguir echando estiércol en las redes sociales con la falta a Messi, una aclaración reglamentaria: Demichelis zancadillea a Messi fuera del área y acaba trabándole dentro, o sea que penalti, con discusión, pero penalti. La falta a Jesús Navas sí es más discutible pero en la Premier pasaría desapercibida. Y como el ‘Tata’ Martino va conociendo a la prensa española, necesitaba soltar un titular que amortiguase el sorprendente maremágnum provocado por su colega Pellegrini: “Las cosas que se pitan favorables al Barça se comentan demasiado. Cuando el favorecido es el Barcelona se repiten 17 veces; cuando le perjudican se pasa una”, reflexionó en Canal Plus. También Martino es consciente que para disipar tormentas mediáticas es mejor bajar al barro, porque ese idílico ‘no hablo de árbitros’ tan sólo es atribuible a Simeone, de momento, y a Vicente Del Bosque. Si la jugada del penalti fue decisiva, los protagonistas debían comentarla, por supuesto; sin embargo, pocas horas después, sucede que en España un penalti al fin y al cabo sancionable con el reglamento en la  mano seguirá siendo tema capital por muchas semanas. El populismo recurrirá a su frágil y distorsionada memoria para meter en el mismo saco aquel arbitraje fatídico de Ovrebo en el Chelsea-Barça con la jugada de anoche. Y si la intuición de los culés no falla, que no lo hará en este caso, les van a martillear con la imprudencia de Demichelis hasta el fin los días.

Y por último, ¡qué pena!, trascendió el fútbol, olvidado entre tanto chismorreo arbitral dentro de un baúl en un trastero. Martino está consiguiendo quitar a su Barça la manía de ojear cada dos por tres su cuadro de Dorian Gray en el que un equipo aparentemente aún la flor de la vida se ve así mismo retratado como un viejo con cicatrices, arrugas y en las últimas. Ahora parece que juega sin compararse, aunque sea inevitable, tocando el balón y encajando las piezas casi como un tetris, pero casi no del todo: demasiado mareo de pelota para llegar pocas veces al área. No obstante, quitando los arrebatos explosivos de Messi, el resto aguarda con paciencia pasándose el balón unos a otros. Si es una triangulación, perfecto, y si el malabarismo incluye a todos incluido Valdés, aún mejor. Y ya si el City se olvida de la táctica de la asfixia en campo contrario, verdadera kriptonita de este Barça, entonces el resultado nunca podrá ser malo.

P.D: Gane quien gane, siempre sale un vencedor moral y anoche no fue el Barça, sino su enemigo público número uno. Mourinho dijo que este era el peor Barça “en muchos, muchos años”. Así él jugaba con las cartas marcadas, porque si ganaba Pellegrini, apenas tendría mérito contra un Barça horroroso; y si perdía Pellegrini, lo habría hecho contra esos mismos once paquetes.

Xabi Alonso, mito silencioso

Jueves, 9 Enero 2014

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Manuel Pellegrini entendió la importancia de Xabi Alonso la noche de Champions que el Milan amargó la vida al Madrid en el Bernabeu. El entonces entrenador merengue nunca reconoció en público el error que sí comentó a su cuerpo técnico: “Xabi defiende tanto que le falta tiempo para organizar al equipo”. El donostiarra fue máxima prioridad para Pellegrini después de que Florentino ejecutara las presentaciones faraónicas de Cristiano, Kaká y Benzema. Su tiempo en Liverpool había expirado, por eso, Xabi no quiso desperdiciar la oportunidad de su vida, tal como reconoció en su primera rueda de prensa. El club había puesto demasiadas expectativas en él; no en vano, desde que Zidane decidió dejarlo, la llamada ‘galleta’ del centro campo había quedado huérfana. El Madrid necesitaba una nueva batuta y la de Xabi era la más apetecible (y accesible) del continente. La suya y la de su compañero de batallas en Anfield, Steve Gerrard.

“Quedé destrozado cuando se marchó Xabi Alonso”. El propio Gerrard confesó en una entrevista a la revista ‘Four Four Two’ el profundo vacío que había dejado Xabi en Liverpool. Quizás, con permiso de Xavi Hernández, el donostiarra estaba considero el arquitecto español por antonomasia, tan sólo le faltaba un equipo ganador…y un entrenador que le entendiese. “Juego más liberado sin Lass Diarra”, toda una declaración de intenciones de un Alonso incómodo con la táctica de Pellegrini. La misma afición que ovacionó su fichaje, llegó a impacientarse por la ausencia de lecciones magistrales que habían enamorado a The Kop. Después de una insípida victoria en Xerez, Xabi comunicó a los periodistas lo que previamente había advertido a su nuevo técnico, que Lass era un escudero demasiado pegadizo. A partir de ese instante, el centrocampista recuperó su versión más british.

John Benjamin Toshack tiene el honor de haber puesto en órbita a Xabi Alonso. Le rescató del Eibar, adonde le mandó Javier Clemente, y no tardó en cederle galones de general. “Es el mejor cerebro que he conocido. Debería estudiar en Oxford”. Con su habitual gracejo, el galés nunca desperdiciaba la ocasión de vender bien sus productos. Y como siempre le ha tenido en tan alta estima, Toshack nunca comprendió por qué Mourinho tenía a su chico tan “robotizado”. Los corsés tácticos del portugués impidieron que Xabi llegara al cénit de su rendimiento. “Los equipos de Mourinho se dedican a ahogar al contrario presionando, Xabi es un tío que maneja coros, con sus sopranos, barítonos…”. Esto último no se le ocurrió a Toshack, sino a Raynald Denoueix, el entrenador con el que Xabi maduró de verdad. Aquella Real Sociedad que perdió la Liga del 2003 en Balaídos nunca pasará desapercibida: Karpin, Nihat, Kovacevic y un Xabi Alonso que marcó a Iker Casillas uno de los mejores goles del campeonato. El hijo de Periko Alonso estaba preparado para dar el salto a desafíos mayores: le esperaba el Spanish Liverpool de Mister Rafa Benítez.

“Xabi es capaz de robar un balón en cobertura defensiva y segundos después poner un pase de cuarenta metros”. Benítez había construido su eje perfecto: Xabi-Gerrard. El primero ponía orden y el segundo se encargaba más de tareas ofensivas. Como dijo Toshack, “el Liverpool parecía tener dos entrenadores en el campo: uno para defensa y otro para atacar”. Y no le faltaba razón, con la salvedad de que al donostiarra también le gustaba probar suerte fuera del área.  Mikel Arteta conoce desde niño a Alonso y sabe a la perfección su manera de pensar en el mundillo del fútbol. El centrocampista del Arsenal deslizó en COPE la semana pasada que si Xabi estaba meditando tanto su renovación, seguramente se debía a motivos físicos. A Xabi le pasa como a Xavi, si el cuerpo funciona, la mente también. Este miércoles ha aceptado una renovación de dos años para dar sus últimas pinceladas, quién sabe si destinadas a un plácido regreso a la Premier de sus amores. La fumata blanca garantiza al Madrid mantener su CPU un tiempo, el suficiente para diseñar al sustituto perfecto. ¿Illarra? Ése es el propósito. Pero Xabi sólo hay uno y el que quiera imitarle, como dice Toshack, que se vaya a estudiar a Oxford. Puede que de allí salga otro mito silencioso.

 

 

Manuel Pellegrini, relaciones públicas por excelencia

Jueves, 14 Marzo 2013

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Resulta paradójico que anoche en La Rosaleda, al margen de los seguidores del Oporto, hubiese alguien arrepentido por los acontecimientos. Se sentó durante todo el partido debajo de la grada central donde se ubica la prensa y quiso pasar inadvertido porque el cachondeo podría haber sido de órdago. Era Unai Emery, ahora míster del Sevilla y que en el verano del 2011, cuando dirigía al Valencia, poco le importó dejar escapar a un crío de las categorías inferiores que, según él, no iba a dar la talla en el primer equipo. El chaval, consciente de que su talento sí cuajaría en Valencia, quiso renovar con unas condiciones que Manuel Llorente nunca aceptó. Y mal que le pesara, decidió dejar la que había sido su casa desde los catorce años para embarcarse en el proyecto faraónico del jeque Al Thani. El talento de aquel canterano tenía un precio: seis millones de euros; esta mañana, Isco Alarcón ha subido su cotización a casi cuarenta millonesy, aunque haya renovado, el mercado le va a exponer en su particular Ibex.

Sí, Unai Emery tuvo que tragar saliva con cada regate de Isco, cada pase al espacio, cada control made in Zidane. De repente, ha nacido una estrella que soba con el mismo mimo un balón descosido en las calles de Benalmádena que el oficial de la Liga de Campeones; su propósito es divertirse y es de esos genios que se martirizan sin la pelota en los pies. Isco lidera una apuesta sin garantías de viabilidad económica, pero hoy en Málaga nadie se ha parado a pensar en la pesadilla de los pagos: el equipo ganó anoche el partido más importante de su historia, por tanto, habrá otro aún más histórico, el de cuartos de final; razón: pregunten a Manuel Pellegrini.

“Hemos convertido a un grupo de estrellas en un equipo de obreros”. La consiga del técnico chileno ha imperado en medio de las tempestades originados por la negligencia de un jeque con ínfulas de divinidad. Los dueños habían vendido una obra monumental a una ciudad que estuvo a punto de ver cómo se quedaban sin fútbol de alto copete; pero, mientras las promesas cobraran proporciones bíblicas, las transferencias bancarias escaseaban y el flujo de dinero se cortó de cuajo. En esta tesitura, Pellegrini se inventó una gestión extraordinaria de relaciones públicas para fichar jugadores residuales de otros clubes pero, al fin y al cabo, rentables  y, sobre todo, de su confianza. Así vino Martin Demichelis, el jefe de la zaga. Su largo periplo en el Bayern tocaba a su fin y una sola llamada del chileno lo cambió todo. Habían coincido en River Plate, donde el central argentino había quedado prendado de la mano de seda de Pellegrini.

El fichaje de Martín Demichelis fue especial porque Pellegrini sabía del poder de seducción del argentino. Si venía él, podía atraer como un imán a parte de la colonia de sudamericanos repartidos por Europa. De este modo, el ex central del Bayern convenció al ‘Conejo’ Saviola con una sola llamada y sus años en el Munich labraron una amistad con Roque Santa Cruz que se recompensaron con el fichaje del paraguayo el pasado verano, cuando éste estaba sumido en el ostracismo del Manchester City. Hubo una pieza del puzzle que  costó demasiado esfuerzo: Jérémy Toulalan. El francés impresionó a su actual entrenador en la fatídica eliminatoria Real Madrid-Olympique del 2010 e intentó ficharle durante su primer año en el Málaga, pero fue imposible. Vino en el verano de Isco.

Sería injusto no mencionar a Antonio Fernández, ex director deportivo, como contribuyente crucial de la apoteosis malacitano. El jeque le encomendó a él, y sólo a él, construir un equipo de la nada, y Baptista, Cazorla, Ignacio Camacho vinieron a coste ínfimo gracias a su habilidad en los despachos. Pero, sin duda, el disparo mas certero fue traer a mitad de temporada a un entrenador con un “librillo de estilo moderno” y aroma de gentleman: no podía ser otro que Pellegrini, gracias a la denodada labor del difunto directivo José Carlos Pérez y el vicepresidente Abdullah Ghubn. La pena es que el éxtasis de la ciudad penda de un hilo, la de una fecha de abril en la que el Tribunal de Arbitraje Deportivo fallará si el Málaga va al paredón por sus triquiñuelas financieras o le concede una supuesta segunda oportunidad en el torneo de los mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La verdad incómoda

Jueves, 24 Enero 2013

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“Nunca entraré en un medio de comunicación. Tengo que llevarme bien con todos y, por tanto, no podría entrar en ninguno en concreto”. Pocas veces Florentino Pérez ha desvelado públicamente su postura salomónica con la prensa. Esta declaración sirvió para aclarar su presunta irrupción en el accionariado de Antena 3 en el año 2002, durante su primer mandato en el Madrid. Porque al presidente le gusta mirar desde su atalaya la catarata de chismorreos que devora la actualidad merengue un día sí y otro también, sin mostrar afinidad descarada por nadie; no en vano, desde hace años no concede entrevistas a medios deportivos, tan sólo el papel salmón tiene cierta cancha pero, evidentemente, para asuntos de ACS. Florentino se ciñe al papel de presidente de multinacional: sólo habla en actos institucionales y apenas esboza discursos extraordinarios lejos de la “universalidad y los valores eternos que inspira el Real Madrid”, como suele repetir. Como ejecutivo modélico que es, sabe cuándo y cómo colocar mensajes interesados; para cuestiones cotidianas y esporádicas, antes esgrimía aquel aliviante pregunten a Jorge Valdano. En estos tiempos, son Pardeza y Butragueño quienes intercambian el micrófono inquisitorio de Mónica Marchante.  

Pero el presidente ha roto su protocolo aristotélico: ha olvidado el punto medio que da la virtud y se ha inclinado por el extremo del exceso. Desmintiendo la portada del MARCA ha creado un cisma sin precedentes entre prensa y aficionados. Para comprobarlo, no había más que leer twitter, el nuevo barómetro social de los periodistas. Los comentarios sobre Florentino delatan que el madridismo le va a abrazar todavía más y que, en momentos de resurrección, los aficionados no toleran ningún ente perturbador. Al menos, a Manuel Pellegrini le habrá quedado claro cristalino que no había nacido para entrenar al Real Madrid: su ex presidente nunca compareció en público para amortiguar la campaña de acoso y derribo que emprendió el entonces director de MARCA, Eduardo Inda. Precisamente, con Pellegrini despedido, el máximo mandatario fichó al ganador nato de Mourinho, creyendo que los títulos potenciales eclipsarían la devastadora imagen pública del portugués. Al final, todo lo contrario: Mourinho lleva días sin hablar pero él es el origen de la volcánica portada de MARCA. Por fin, se han visto colmados sus deseos: Florentino le ha demostrado con creces el apoyo que nunca sintió con Valdano o Zidane.

Los autores de la noticia de MARCA, Carlos Carpio y Miguel Serrano, defienden que la credibilidad del bombazo la sostienen tres fuentes diferentes. Si en la comida hubo cuatro comensales (presidente, José Ángle Sánchez y los capitanes Casillas y Ramos), como afirma el presidente, entonces los creyentes de la causa marquista (copyright por Inda) deducirán que aquella reunión fue un conciliábulo de filtradores; en contra, los devotos de Florentino están demasiado rebrincados con otro misil tomahawk de la opinión pública ahora que las victorias casi habían devuelto una paz artificial. Pero MARCA no miente: el vestuario no aguanta a Mourinho y su continuidad sorprendería más que si Messi protagonizase un nuevo caso Figo, o sea, imposible. Y Florentino lo sabe todo, pero no puede quedarse de brazos cruzados si el periódico más leído de España sugiere que el Madrid sigue en pie de guerra consigo mismo.    

Habladurías institucionales

Domingo, 16 Diciembre 2012

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Florentino Pérez no concede entrevistas porque “no tiene nada que decir”. Ha implantado en el Real Madrid el modelo estructural de multinacionales como Repsol o Telefónica, en las que sus presidentes tan sólo rinden cuentas en las juntas de accionistas, y apenas preparan alguna intervención esporádica cuando la opinión pública les atosiga con rumores (o noticias). Desde hace semanas, la prensa sabía que Florentino iba a lanzar su discurso paternalista sobre Mourinho en un acto, el de los socios, los supuestos dueños del club. Supuestos porque quienes mantienen el estatus de alto standing del club son la televisión, en primer lugar, y los patrocinadores. Las intuiciones no fallaron y el presidente salió al paso de ‘divorcios’ (vía Marca) alegando otra vez que su entrenador “es el mejor del mundo” y para él su “reconocimiento, confianza en el trabajo y cariño”. Ninguna alusión futura, ni al 2016 (fecha en la que expira el contrato actual del portugués) ni a la próxima temporada; el presidente habló de carril con un discurso perogrullesco.

Pero la defensa de Florentino a favor de su acusado fue tan etérea, que deja un abanico de interpretaciones demasiado grande; sobre todo, porque los precedentes traicionan al presidente. En 2003, Florentino se tiró dos faroles en dos medios diferentes: uno, seguramente, porque las negociaciones lo exigían y el otro, porque todavía no había diseñado junto a Valdano el plan B.  El 30 de abril de 2003 Florentino salió al paso de los incesantes rumores sobre el fichaje de David Beckham soltándole a la BBC aquel famoso ‘never, never, never’; pero es que el día 10 del mismo mes, en un acto de Radio Nacional de España, preguntado por la continuidad de Vicente del Bosque, el máximo mandatario tiró de hemeroteca y recordó sus propias palabras la noche en que el Madrid ganó su última Champions.: “Del Bosque es nuestro Ferguson…al menos, catorce años más”. Eclipsados por semejante declaración de intenciones, los periodistas se encontraron de sopetón con el despido del técnico salmantino dos meses después. La disyuntiva estaba clara: o al presidente le gustaba jugar al despiste con la prensa o, ciertamente, no era de fiar. Jorge Valdano, entonces mano derecha de Florentino, también aclaró una vez en público que el Madrid “nunca se había debatido la continuidad del entrenador. Ese fue un tema de la prensa”. La afirmación de Valdano es entendible desde un contexto incomparable: la efervescencia de la ‘Novena’.

Cuestionado por su soberbia desde que aterrizó en Madrid, a Mourinho le enorgullecen los actos del presidente con sus socios. Florentino repite la misma puesta en escena cada año para intentar atajar los rumores que suelen poner al portugués lejos de aquí y cerca de la Premier. En la Asamblea de 2010, la primera que coincidía con Mou en el banquillo, no dudó en alardear de “la pasión incontenible del entrenador por los triunfos, que le hacen ser el mejor entrenador del mundo”; en marzo del 2011 lanzó un mensaje en consonancia con las quejas de Mourinho por el calendario “injusto y arbitrario” respecto al Barcelona. La doctrina mourinhista exige una actitud única y firme en sus opiniones y, precisamente, Florentino no iba a interpretar a la oveja negra…para eso estaba Valdano y así acabó.  En la siguiente asamblea, correspondiente a la temporada 2011-2012, la sintonía seguía su curso: “Mourinho defiende al club como nadie. No tengáis ninguna duda de que esto es así”. Siempre mentando a Mourinho con el madridismo, ése era el leit motiv de sus discursos. El penúltimo alegato se produjo, cómo no, en la asamblea del pasado 30 de septiembre. “Es un orgullo tener al mejor entrenador del mundo, José Mourinho”

Desde que Florentino es presidente, el posicionamiento público del club nunca deja en mal lugar a sus entrenadores. Sucedió mientras Del Bosque fue entrenador, y también con Pellegrini, a quien se le agradeció los servicios prestados y punto. Pero desde aquella rueda de prensa, en la que el presidente confirmó el despido del chileno, para él Mourinho ya era “el mejor entrenador del mundo” (26 de mayo de 2010).  Las pistas dejadas por Florentino y la nostalgia permanente de su subordinado por Inglaterra delatan que el club no confirmará la salida de Mou hasta que haya firmado el finiquito. De momento, la prensa tendrá que contentarse con las habladurías institucionales.

No iba a ganarlo todo

Lunes, 19 Marzo 2012

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Valdano eligió a Manuel Pellegrini en la vuelta presidencial de Florentino por atrevimientos tácticos como el de esta jornada. El Villarreal funcionaba porque mimaba el balón y cuando no lo tenía, sabía anulárselo al rival. Ése fue el plan urdido por el Málaga en el Bernabéu: ponerle la correa al Madrid para que no rondara su portería y soltar alguna cuchillada con Joaquín e Isco, por si acaso. Al menos, lo consiguió la primera media hora, en la que los merengues no pudieron meterle a su fútbol los diez mil voltios que dejan electrificado a cualquiera que esté enfrente. Y como la lesión de Toulalan desmontó el puzle de Pellegrini, éste osó elegir a Demichelis para cortocircuitar los barridos ofensivos del Madrid. La apuesta era de juzgado de guardia pero, en líneas generales, salió airosa; el argentino, lejos de reivindicarse como una holografía del Pepe de semifinales de Champions, siempre se esmeró en pasarla bien en corto. Pero como en cualquier peli de superhéroes, basta que el protagonista saque sus poderes cuando el villano tiene todas las de ganar: tal cual le sucedió al Madrid cuando Cristiano Ronaldo dirigió un centro inteligente a la cabeza de Benzema, seguramente en una de las mejores asistencias de esta Liga. Es el plus con el que cuentan Madrid y Barça en partidos enfangados. Sin embargo, a veces el resto también cuentan con personajes de ficción: Cazorla fue el gran reclamo del jeque el pasado verano y sus mísiles tomahawk le han convertido en el líder indiscutible del club de los petrodólares.

El mérito de Pellegrini es haber sugerido una crónica periodística diferente en el Bernabéu. Después de un buen puñado de goleadas, el campeonato necesitaba que algún sparring hiciera dudar al líder. Y eso que la segunda parte fue un monólogo merengue pero sin gracia alguna: el Madrid se perdió en contraataques alocados y el Málaga, simplemente, desapareció aún con el permanente peligro que suscita Van Nistelrooy. Quizás la prematura sustitución de Isco nubló casi del todo a los malaguistas; también por decisiones como ésta, Pellegrini no continuó en el banquillo madridista. Pero a tenor de actuaciones tan honorables como la de hoy, da rabia que el Málaga no esté codeándose con el Valencia por la tercera plaza. Por lo menos, el empate más satisfactorio de los últimos tiempos le da al equipo andaluz la pólvora suficiente para seguir disparado en la última plaza de Champions.

El pinchazo del Madrid enciende las apuestas por el título, aunque los blancos no deberían titubear. Butragueño cree que diez puntos eran una ventaja “notable” y ocho también lo son. A esta Liga sólo le faltaba averiguar cuándo dejaría de ganar el Madrid y qué mejor ocasión que ante un rival peleón que no ha dejado que le abofetearan ni con el 1-0. El panorama sigue siendo muy blanco y, aunque Guardiola se empeña en convencer a la masa azulgrana con el mismo argumento, basta que el Madrid vuelva a fallar para acusar al entrenador azulgrana de victimista o ponerle delante a Robert De Niro para que le diga eso de “Tú…tú eres bueno…tú…eres bueno” como al terapeuta interpretado por Billy Cristal en la tronchante Una terapia peligrosa. De todos modos, con calculadora en mano y palpando las últimas sensaciones que indican una evolución del Barça y el desgaste del líder, el madridismo sólo debería preocuparse si se planta en el Camp Nou con seis puntos o menos. Es una simple cábala, pero es que en las próximas semanas os hartaréis escuchando especulaciones. La Liga no ha acabado y así le consta a un Madrid que no iba a ganarlo todo.

El gran protagonista entre bambalinas

Lunes, 11 Julio 2011

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Últimamente aparece en todas las fotos de los fichajes, pero no en primera fila, sino justo detrás, en la de la gente trajeada. Le pasa como a Tom Cruise en Jerry Maguire: siempre sale inmortalizado con las estrellas…pero a un lado, donde no se fija nadie. Y es que Antonio Fernández está siendo el protagonista entre bambalinas del mercado de fichajes. Asumió la dirección deportiva del Málaga porque el jeque Abdulla Al-Thani se hartó del castillo de naipes que había montado en torno al desconocido técnico Jesualdo Ferreira  y prefirió tirar de credenciales. Ahí el recomendado fue Fernández, cuyos anteriores trabajos en Sevilla y Valencia dejaron patente que podría fraguar algo que complaciese al dueño y, de paso, levantase el demoledor último puesto del equipo tras diez jornadas. Vaya sí lo hizo: dejó de ser la mano derecha de Fernando Hierro en una Federación que se relamía del éxito de Sudáfrica y se propuso un reto de garantías…por lo menos, en lo económico. “El presupuesto del Málaga es ilimitado”, tal cual lo confirmó el director deportivo en la COPE la semana pasada. Sí, puede sonar presuntuoso, pero el mega-empresario Al-Thani no ha venido de farol a tenor de la batida que está haciendo el club por todo el escaparate europeo.

Sin embargo, el lifting de la plantilla comenzó en diciembre: el diario Sur de Málaga tituló el pasado 27 de diciembre ‘Fernández quiere cerrar cinco fichajes antes del viernes’. Pues bien, el último día del año ya se habían redactado los contratos del portero Asenjo, Enzo Maresca, Demichelis, Baptista e Ignacio Camacho. Fernández había demostrado que con un equipo de asesores a su medida (y un buen talón por detrás), el Málaga podía estar en la segunda élite de la Liga, la del Valencia, Villarreal o Atlético de Madrid. Pellegrini logró la permanencia y, una vez finiquitada la Liga, el jeque Al-Thani planteó al director deportivo un reto faraónico: convertir Málaga en el incordio de Madrid y Barça, al menos en atención mediática. De momento no anda a la zaga de los dos grandes, aunque los telediarios sacan imágenes de La Rosaleda día sí y día también.

Quizá parezca una versión barata del copyright de Florentino Pérez en sus presentaciones megalómanas de Cristiano y Kaká, pero el jeque ha convertido el estadio en un parque de atracciones en el que los toquecitos al balón y algún que otro chiste han sobreexcitado a una afición que cree ciegamente en su Málaga, más que nada porque no esperaba llegadas tan estelares para un club poco ducho en competiciones europeas. Las presentaciones se han sucedido casi consecutivamente: Van Nistelrooy escenificó la primera gran puesta de largo…y con la carta de libertad bajo el brazo para regocijo de Fernández; Joaquín sacó su vena andaluza y se atrevió con un chiste; el central holandés Mathijsen y el centrocampista Toulalan fueron más timidillos, y la conjunta de Sergio Sánchez y Buonanotte fue el ocio de sábado más apetecible para la ciudad. Casi cuarenta millones de dispendio suenan a barbaridad en la acuciante crisis futbolera, pero el holding empresarial de Al-Thani debe mantener una balanza de pagos fiable, de ahí a que, de momento, no se cuestione la viabilidad del nuevo Málaga ni se oteen nubarrones como el del indio Aly Sied en Santander.

De primeras, la perspicacia del director deportivo ha contagiado a la hinchada y, sobre todo, ha convencido a su jefe; si en el Sevilla se inventó a Dani Alves y en Valencia a Banega, titular en la selección argentina, no hay razón para dudar de nuevas y baratas adquisiciones. El último en llegar ha sido Isco, de la cantera del Valencia, y Málaga es un buen feudo para que madure. Él y el resto de chavales que mamarán el fútbol con Julen Guerrero en el nuevo Centro de Tecnificación. El panorama pinta paradisiaco para cualquier director deportivo, sobre todo si el dueño espeta que hay dinero para despilfarrar. Pero Antonio Fernández es un estudioso de los fichajes y sus credenciales responden a tíos que han triunfado o, por lo menos, tienen caché. Además, el carrusel todavía no ha acabado: el jeque ha anunciado otro ‘bombazo’ y no huele ni a Cazorla ni a Sneijder; ha salido a la palestra el nombre de Tévez, pero sus cinco millones anuales no se ajustan al tope salarial de tres que ha impuesto el Málaga al estilo NBA en formato pobre. Y por lo que cuenta el director deportivo, el club también está perfilando el futuro a corto plazo…explica que es “el mejor método para evitar que el Málaga sea una moda pasajera”. Con empleados como él, el jeque puede delegar a distancia.

¿ Fue Pellegrini un señuelo?

Mircoles, 3 Noviembre 2010

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Vuelve Pellegrini, el ingeniero civil al que no dejaron terminar su obra. Aunque no podrá recelar mucho del Madrid porque, sencillamente, el Málaga de los jeques está para el arrastre. De todos modos, allá por febrero pisará el Bernabeu y compartirá banda con Mourinho, quien no ha querido saber mucho de la herencia prestada y ha remodelado al equipo a su gusto y semejanza; justo lo que no permitieron a Pellegrini.

Tiene gracia el galimatías que hay montado en el Málaga. Fernando Sanz vendió el club, pero sigue de asesor presidencial…supongo que habrá tenido poco que ver en la contratación del técnico depuesto; cinco derrotas en cinco partidos en casa, va de récord. El dueño es un tal Abdullah Al-Thani que ha comprado un capricho para presentar sus credenciales a Florentino, Rosell y compañía cuando llegue la ocasión.

Bajo el mando de Abdulla otro Abdullah, éste de vicepresidente, y un par de secretarios generales. Claro, el último Abdullah no ha sido tonto y nada más instalarse en su despacho contrató a dos altruistas de la tierra,  que se dejan la vida en el Málaga y no quieren saber nada de remuneraciones. Anoche, la COPE adelantó el fichaje de Pellegrini y pudo hablar con José Carlos Pérez, un directivo de toda la vida del Málaga, quien se hizo el sueco cuando el nombre del candidato salió a la palestra. A las nueve de la noche el  sr. Pérez continuaba en las oficinas de La Rosaleda…y eso que lo hace por amor al arte. Intuyo que los jeques se quedaron petrificados cuando el señor Pérez, otro consejero para meras consultas al estilo de Zidane en el Madrid, les espetó que podían guardarse la chequera de los petrodólares. Los antecedentes evidencian que estas historias tipo Dimitri Peterman no suelen acabar demasiado bien.

Bueno, el caso es que Pellegrini regresa con el morbo de averiguar si su paso le sirvió al Madrid de señuelo para esperar a Mourinho o, realmente, alguien creía en su sutileza. Por de pronto, Mou nunca ha mentado a su antecesor, tampoco le importa demasiado. Él llegó en verano, hizo el inventario y pidió lo que faltaba. Un ‘alcorconazo’ y un falló de Higuaín sin portero fueron insoportables aunque hubiera hecho el Madrid cien o más puntos. El técnico chileno acaba de aterrizar en Málaga, ¿para cuándo la entrevista de MARCA? Ansioso espero.

Sólo ganar y nada más que ganar

Jueves, 27 Mayo 2010

“La estabilidad del Madrid pasa por ganar y ser líderes en Europa”, totalmente de acuerdo. Florentino sentenció lo que realmente piensa el madridismo. Precisamente, esa filosofía es la que ha agrandado la leyenda del Madrid hasta cotas inimaginables. Porque gane o pierda, este club siempre está en boca de todos, y da portadas a diestro y siniestro. Ahora, más que nunca y por el morbo que suscita, el club rebota habladurías constantes: entra dentro de lo normal cuando el batacazo ha sido morrocotudo, toda vez que el club ha querido detener el mundo con demostraciones faraónicas de suntuosidad. Es obvio que si el club que mejor paga y gasta, sobreexcita a la opinión pública; ésta le incordie con sus cagadas hasta la extenuación. En consecuencia, Florentino se ha visto abocado a responder a los periodistas para aclarar dudas al mundo.

De todos modos, la fanfarria de la Junta Directiva de ayer viene a destiempo con lo que está sucediendo. Pellegrini estuvo sentenciado desde que el Barcelona arruinó en un pispás a los ilusos que creyeron en  la hombrada de Clemente en el Camp Nou. Mientras, Mourinho era el predilecto del presidente desde hacía tiempo e iba  a venir con o sin la Champions del Bernabeu. El primer proyecto del retorno ha caído en barrena, pues a la directiva no le han valido los casi cien puntos de la Liga, de los que la mayoría se han logrado con un juego rematadamente aburrido. Más que mérito de Madrid y Barça, considero que el resto no se ha molestado mucho en poner trabas a los ‘jefes’ del campeonato. O sea que, a pesar del récord de puntuación y la astronómica cantidad de goles, el Madrid no ha salido bien parado en los momentos exigidos. Y un gasto de doscientos cincuenta millones de euros debería obligar a algo más que ser el segundón.

Sin embargo, el descalabro deja retales aprovechables. La secretaría técnica no tiene que volverse loca haciendo batidas por Europa; sencillamente, que traigan las dos o tres peticiones de Mourinho y arreando. Materia prima en esa plantilla hay de sobra, sólo falta retocarla con varios puestos que cojean y muchas dosis de automotivación. Esto último es, sin duda, el leitmotiv de la venida de ‘Mou’. Él no es el número uno porque tenga a los mejores jugadores, ni tampoco porque sea un estratega sublime (con la excepción de la trampa que urdió ante el Barça), sino porque es un animador nato capaz de convencer a cualquiera con una de sus miradas desafiantes.

Y por la puerta de emergencia han echado a Pellegrini. Él no quería salir y la afición tampoco quería su marcha, pero ese monstruo que acabó devorando a Florentino hace cuatro años ha vuelto para engullir al chileno. Sin embargo, el monstruo no ha renacido por egos absurdos de cracks ni por dejadez de todo aquel que no estuviera bien agasajado, éste es tan monstruoso como el del pasado, pero será invocado cada vez que el Madrid resbale en la Champions, avergüence en Copa o no levante ligas. Sí, es un peso que sólo el Madrid puede aguantar (porque así lo ha querido históricamente), pero al fin y al cabo Florentino tenía razón: ganar y punto, no vale otra cosa en este club.