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‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’

Mircoles, 18 Abril 2012

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‘Si Coentrao costó treinta millones, Cristiano no resultó nada caro’. Fue la frase más repetida en la redacción de COPE deportes. Y es una pena porque, como dice Roberto Palomar, al portugués “se le ve el cartón”…de tabaco. Pero el Madrid de anoche no fueron diez menos Coentrao; desde el principio, la actitud respetuosa del equipo dio la sensación de que le recordaba viejos fantasmas del Olympiastadion. No en vano, el botín que han sacado los merengues de Munich en toda la historia se reduce a un mísero empate a uno de diez visitas. Y, precisamente, este Bayern no es el que más acojona de la historia pero aplica el código Heynckes con perfección alemana: se trataba de anular a Xabi Alonso y mantener a Cristiano lejos, muy lejos del meta Neuer, tanto que ni pudiese activar misiles tierra-aire. Por ello, tuvo que aparecer Benzema, el mejor de los suyos, aunque su elegancia e inteligencia cada vez que cogía un balón quedó muy huérfana. El caso es que el Madrid perdió por oficio pero sobrevivió también por él: aprovechó el bajonazo teutón de la segunda parte para marcar el empate y, entonces, inexplicablemente se diluyó cuando la tendencia del partido intuía que Cristiano dispondría de más contraataques.

Pero Mourinho echó por tierra su propio plan con la entrada de Marcelo por Özil. Al equipo se le nubló la vista y en ese momento de incertidumbre el Bayern se aprovechó de sus extremos Robben y Ribery para cobrar ventaja. Quizás el francés estuvo más valiente y atinado que Robben, quien apenas pudo hacer un puñado de amagos con ese regate tan característico de fuera hacia dentro. El peligro vendrá en el Bernabéu, cuando el holandés disponga de una autopista hasta la eternidad en medio del ímpetu blanco. Casualidad o no, dos de los mejores alas de Europa han coincido con un pésimo estado físico de los laterales madridistas, porque Coentrao fue de los peores pero Arbeloa no le anduvo a la zaga, pues apenas se enteró de las incorporaciones del escurridizo Alaba por su flanco derecho.

Un 2-1 a domicilio suele ser buen resultado, más cuando el Madrid le va a pedir un esfuerzo al Bernabeu no sólo en asistencia sino también en animosidad hacia el Bayern. De hecho, la última remontada europea tuvo como víctima a los alemanes: en los cuartos de final de la Champions 2001/02 el Madrid cayó 2-1 en Munich con una actuación sublime del portero César y un gol ‘guarrindongo’ del camerunés Geremi. Entonces, a Raúl, Zidane y compañía no les hizo falta invocar el ‘espíritu Juanito’, bastó otra fanfarronada de Oliver Kahn…”En Madrid no me marcan dos goles ni loco”. Al Madrid le valía un tanto pero el gustazo de cerrarle la boca al portero alemán era casi más deseable que la propia ‘Novena’, que también llegó en aquella edición.

Hoy es diferente. A expensas de las provocaciones del gurú Beckenbauer mentando al Barcelona (“el Madrid es un equipo normal sin la genialidad del Barça”) y del presidente del club bávaro, Uli Hoeness, diciendo al diario AS que “el Madrid nos tiene más respeto que nosotros a ellos”, la urgencia de cobrarse al fin una cabellera de un general obliga al Bernabeu a empujar el primer gol. No sólo hay en juego una final de Champions, sino las ansias de confirmar que el Madrid ha vuelto al viejo continente después de una década ominosa….y contra la bestia negra que le suele hacer llorar.

La evolución de Marcelo

Mircoles, 28 Marzo 2012

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En noviembre del 2006 el Real Madrid anunció a la vez la renovación de Roberto Carlos por una temporada más y el fichaje de Marcelo, un lateral zurdo que había despuntado en el Fluminense, pero que a tenor de los vídeos que llegaban a España, tenía más pinta de jugador de fútbol-sala. Ramón Calderón le fichó para cubrirse las espaldas por si al eterno ‘3’ le faltaba fuelle hasta 2008, su fecha de caducidad definitiva. Incluso, Pedja Mijatovic, entonces director deportivo, y Fabio Capello pensaron en mandarle al Castilla para que se fogueara en el fútbol español: era muy arriesgado sacarle tan pronto en el Bernabeu por miedo a que la sombra de Roberto Carlos se alargase demasiado. Durante la siguiente temporada, Schuster confío en Marcelo porque tampoco encontró más soluciones: Heinze rendía mejor de central zurdo que de lateral y Drenthe ya había demostrado sus dotes de bufón para un Bernabeu que se descojonaba cada vez que el holandés amagaba con hacer algo medianamente estético.

Pero igual que Marcelo siempre ha confesado su profunda admiración por Roberto Carlos, tampoco olvidará la oportunidad que le dio Juande Ramos. Sucedió en El Molinón, en febrero de 2009…el Madrid había cogido velocidad de crucero en la Liga a la caza del Barça y el técnico blanco no podía contar con Arjen Robben por el enésimo problema con su rodilla de cristal. Entonces, se decidió por Marcelo para cubrir el flanco izquierdo, de ese modo el brasileño podría tontear con el balón sin el riesgo de hacerlo cerca de su propia área. Marcelo se gustó a sí mismo y a su entrenador, pues no sólo se esmeró en florituras sino que se convirtió en un puñal cada vez que acometía la banda izquierda desde el interior. Juande había encontrado una alternativa diferente a la de esperar que Robben cogiese el balón en la línea de cal y se inventara una ristra de regates y fintas. Marcelo proponía asistencias de gol y disparos a media distancia. Sin duda, el Madrid había descubierto a un interior izquierdo más que prometedor.

Con el tiempo, Marcelo ha madurado su manejo del balón hasta el punto que es un auténtico prestidigitador con el balón; capaz de enlazar varios quiebros en pocos metros y regatear en un palmo, al estilo de Paul Gascoine, el brasileño se despendola (para bien) cuando es liberado de responsabilidades defensivas. El problema que ha tenido estos años ha sido esa disyuntiva entre lateral o interior, que él ha intentado arreglar imitando a Roberto Carlos. Pero Marcelo ha comprendido que no tiene ni el turbo ni el diesel de su ídolo para ocuparse de toda la banda. Además, su mimo por la pelota a veces le juega malas pasadas, porque tan pronto inventa un zigzag sublime como le cogen la espalda en un contraataque.

Mourinho ha manejado a Marcelo con gran habilidad…y paciencia. Llegó al Madrid poco convencido del brasileño y éste, consciente de que debía lograr méritos para ganarse el favor del portugués, se aplicó en defensa con disciplina militar, pero nunca dejando de lado sus regates. El año pasado Di María se descubrió como la gran revelación por la banda izquierda, aunque Mou poco a poco asumió que Marcelo podía desenredar más de un entuerto ofensivo. Sin embargo, el escepticismo del entrenador le llevó a contratar a su compatriota Coentrao, otro obstáculo más para el lateral titular. Pero partidos como el de Nicosia refrendan una opinión casi unánime en el Madrid: Marcelo está por delante de Coentrao porque no defiende peor que él, y suele ser la panacea de Cristiano y Özil cuando éstos tienen el día negado. Quizás Mourinho haya entendido de una vez quién vale de verdad treinta millones.

El bueno del Bayer es Robben, no Ribery

Jueves, 22 Abril 2010

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Y a Van Gaal le querían correr a gorrazos allá por noviembre. Así es, su Bayer daba tumbos en la Bundesliga y, cuando el presidente Rummenigge se había mentalizado con la Europa League (aderezo apetecible si venía acompañada de la liga), despertó el equipo en Turín y salvó la clasificación de Champions, mandando (todo sea dicho)  a la Juventus a la U.V.I. Desde entonces, Robben, que había sufrido un par de lesiones musculares leves, se olvidó de su rodilla de cristal y reclamó el liderazgo en detrimento de un disperso Ribery.

En navidades el Bayer se reenganchó definitivamente a su campeonato y, con un fútbol poco vistoso, dejó de regalar puntos en el Allianz Arena. Después, llegó febrero y el club no se obsesionó con la Champions, pues ganarla no era su obligación (ahora tampoco). El equipo salvó la ida de octavos ante la Fiorentina merced a un gol en clarísimo fuera de juego. En consecuencia, la funesta decisión del árbitro noruego Tom Henning enfureció a la ciudad de Florencia, que se levantó en armas para la vuelta. Y vaya si surgió efecto: a falta de veinte minutos el Bayer estaba eliminado, hasta que Robben comprendió que si Messi hacía diabluras, él también sabía unas cuantas. Así que cogió la pelotita en la línea de cal de la banda izquierda, la zona en la que le chifla jugar, e hizo su jugada por antonomasia: amagó por el exterior y cabalgó hacia dentro hasta localizar en su mirilla la portería contraria. Evidentemente, el gol fue repetido en toda Europa porque confirmó la vuelta de uno de esos genios dudosos (con un cuerpo fornido habría recogido el testigo de Van Basten, Gullit, Rijkaard,…).

Aquel trallazo a la Fiore disparó definitivamente a Robben. En la vuelta de cuartos, Old Trafford enmudeció con el que posiblemente sea el mejor gol de esta Champions. El zurdazo celestial del holandés volvió a salvar al Bayer, que ahora sí veía cerquita la final del Bernabeu. Pero lo mejor es que pocos días después la Bundesliga aclaraba el liderato con el Bayer-Schalke. Pues bien, o la defensa del Schalke fue muy torpe o Robben se hizo el sueco durante todo el partido para apostarlo todo a una carta, de otro modo no se entiende que el jugadorazo del Bayer volviese a clavar un gol con una jugada calcada cientos de veces. Él la intentó (qué otra cosa iba a hacer) y la consiguió. Así que Van Gaal había dejado al equipo donde se lo encomendaron, en lo más alto.

Y anoche, con la Bundesliga a punto de caramelo, el Bayer encaró la ida de las semis exultante por la gracia de Robben, el hombre al que el Madrid nunca otorgó galones de jefe. A lo mejor, si Robben se hubiese sentido importante en Chamartín, su estado de forma habría sido otro. La pena es que nunca lo sabremos, al no ser que a Florentino le entre un pronto y le repesque, ¿por qué no? El bueno del Bayer es Robben, no Ribery.