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Giggs sempiterno

Sábado, 19 Febrero 2011

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‘’La derrota de hoy ha sido una lección de aprendizaje para esta temporada. Intentaremos ganarles el próximo año’’. Acababan de perder la final de la Champions y en medio de la amalgama de abatimiento, desconsuelo y cierta resignación, Ryan Giggs espetó lo que a nadie se le pasaba por la cabeza en ese preciso momento. La fotografía era brutal : Rooney pululaba cabizbajo, el coreano Park casi se ahogaba en su propia llorera y Cristiano oteaba la grada quizá en busca de respuestas a la mala noche. El Barça había tumbado al estratega Ferguson con un jaque mate intachable y de ello se percató el gran capitán. Todavía ahí, plantado en el césped a la espera del galardón de subcampeón, Giggs se autoimponía un reto para un tío de mentalidad pétrea : replicar al campeón. El mensaje no sorprendió a un hombre, precisamente su tutor, el entrenador que le había dado rienda suelta para que escupiese su desparpajo por la banda izquierda dieciocho años antes.

Sir Alex Ferguson se enteró que el Manchester City tenía un extremo ‘rara avis’ de catorce añitos para el fútbol británico,  ya que Giggs presentaba un curriculum en el que las credenciales de cabecera eran  rapidez y ademán de gusto por el balón.  Le llegó su oportunidad el día que cumplió diecisiete, allá por 1990, y en la siguiente temporada su físico atlético, derivado de entrenamientos extenuantes, le mantuvo de titular para toda una época. Había desbancado a Lee Sharpe, hasta entonces dueño del ala izquierda, pero al que unas cuantas lesiones y una meningitis le apartarían de tal demarcación para siempre. Inopinadamente, Ferguson había concedido a Old Trafford un driblador cumplidor que siempre dejaba sorpresas descritas en formas de regates, fintas, autopases y centros milimétricos.Giggs reunía las condiciones perfectas para hacer funambulismos en la línea de cal y ésa ha sido su virtud más reconocida hasta hoy. Lástima que el entonces seleccionador sub’21 de Inglaterra, Lawrie Mcmenemy, no le persuadiese para renunciar a su querido Gales.

Giggs empezó una carrera meteórica cuajada en el inolvidable Manchester de la década de los noventa. Por supuesto fue decisivo en la primera etapa esplendorosa (1993-96) en la que le tocó lidiar en un vestuario muy temperamental con Cantona y Roy Keane de maestros de ceremonia. El propio galés reconoce que ese grupo triunfó por compromiso y que los desmanes del genio francés de solapas levantadas nunca le fueron reprochados, al menos de su parte. Fiel a su carácter prudente y a los exigentes desafíos deportivos, Giggs se centró en lo suyo : agrietar defensas y poner pases de gol a los arietes de turno que le brindó Ferguson. Una buena ristra de goleadores pueden jactarse de haber recogido sus geniales asistencias: desde su compatriota Mark Hugues, pasando por Andy Cole, Dwight Yorke,Teddy Sheringham o el oportunista Solskjaer, hasta Van Nistelrooy, Rooney o el mismo Cristiano Ronaldo. Pero su excelencia en el campo también caló en chavales de la cantera que deseaban emularle : es el caso de Beckham, quien siendo sólo dos años más joven, siempre ha venerado la virtud aristotélica de su ex compañero. Es una pena que el ‘Chicharito’ Hernández se haya subido tarde al carro: la edad ha envejecido las cualidades que distinguieron a Giggs y ahora Ferguson lo aprovecha de centrocampista más reservado. Y al igual que Raúl en el Schalke, la astucia es su arma más preciada; ‘Chicharito’ dispone de un maestro sin parangón más allá del fútbol. Más de ochocientos partidos y vivencias infinitas lo corroboran.

Nunca ha traicionado el sentido del United, ni con caprichos de futbolista endiosado o irreverente, ni ambiciones allende el Reino Unido, que podrían ser entendibles. Desde que conoció a Ferguson entendió  la solemnidad del fútbol inglés y se amoldó a ella. Ha ganado todo lo inimaginable y también ha perdido títulos, como la Champions de Roma contra el Barça. Y ya véis en que quedó su reflexión : ningún lamento, todo susceptible de ser mejorado. Por eso, no me sorprende que le hayan renovado un año más con 37 años….¡si hasta aparecía en los primeros PC Fútbol!

Rooney se lo pierde

Domingo, 24 Octubre 2010

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Pues no debe hacer mucha falta Wayne Rooney. Él se ha quedado a gusto en el Manchester tras una absurda desventura y el Madrid se regodea por su pegada brutal: balón que dispara, balón que enchufa. Y eso que al delantero británico le habrían pirrado las fiestas orgiásticas de Mourinho. Podría parecer que el Madrid abusa de los peques; que ha tenido contrincantes poco serios, si acaso el taciturno Milan, y  que le urge un esparring serio para saber a lo que atenerse. Pero lo que es indiscutible es su ansia por reivindicar un esbozo de proyecto demoledor.

Sí, está de muy buen ver chotear a Depor, Málaga o Racing. Además, Mourinho, sin esperarlo tampoco, ha matado esos clichés absurdos que le asemejaban a Capello o cualquier entrenador ‘amarrategui’.  Después de sólo seis goles en cinco partidos, el portugués advirtió que alguno pagaría el canibalismo de sus chicos y resulta que los banquetes pantagruélicos se están convirtiendo en costumbre. No obstante, insisto, los festines tendrán gracia si el Madrid vuelve a ser, sencillamente, el Madrid de siempre en el Camp Nou. De momento, si Cristiano e Higuaín exageran su flirteo (hoy por ti y mañana por mí), las opciones del equipo son incalculables.

Por contra, el Barcelona no farda de eficacia, ni siquiera presume de una relación idílica entre sus delanteros (al pobre Villa no le entra nada). Sus victorias no sugieren titulares grandiosos, pero sí garantizan ese estilo exclusivo. Y eso que Guardiola está experimentando en cada partido combinaciones inimaginables: contra el Valencia el osado 4-3-3, al Copenhague le plantó el clásico 4-4-2 y en La Romareda se atrevió con tres defensas. Muchas variantes y todas ellas supeditadas a un único patrón: la eterna inspiración de Messi. Le pasa como a Cristiano: les repatea que les alejen de la portería. Sus instintos son de delantero centro. Y así se han dado cuenta Guardiola y Mou.

Capítulo al margen merece Di María. Vino con un tufillo de incertidumbre, de jugador promesa para equipos de medio pelo,  y con un puñado de cositas se ha ganado el respeto de su entrenador, que ya es bastante. Encima, es el único extremo nato de la plantilla, por lo que se antoja imprescindible. Y, por qué no decirlo, su escuela parece más brasileña que argentina; asiste con vaselinas, recurre mucho al zigzag y hace de cada control de balón un auténtico malabarismo. También tiene muy buena pinta. Â