La evolución de Marcelo
Mircoles, 28 Marzo 2012En noviembre del 2006 el Real Madrid anunció a la vez la renovación de Roberto Carlos por una temporada más y el fichaje de Marcelo, un lateral zurdo que había despuntado en el Fluminense, pero que a tenor de los vídeos que llegaban a España, tenía más pinta de jugador de fútbol-sala. Ramón Calderón le fichó para cubrirse las espaldas por si al eterno ‘3’ le faltaba fuelle hasta 2008, su fecha de caducidad definitiva. Incluso, Pedja Mijatovic, entonces director deportivo, y Fabio Capello pensaron en mandarle al Castilla para que se fogueara en el fútbol español: era muy arriesgado sacarle tan pronto en el Bernabeu por miedo a que la sombra de Roberto Carlos se alargase demasiado. Durante la siguiente temporada, Schuster confío en Marcelo porque tampoco encontró más soluciones: Heinze rendía mejor de central zurdo que de lateral y Drenthe ya había demostrado sus dotes de bufón para un Bernabeu que se descojonaba cada vez que el holandés amagaba con hacer algo medianamente estético.
Pero igual que Marcelo siempre ha confesado su profunda admiración por Roberto Carlos, tampoco olvidará la oportunidad que le dio Juande Ramos. Sucedió en El Molinón, en febrero de 2009…el Madrid había cogido velocidad de crucero en la Liga a la caza del Barça y el técnico blanco no podía contar con Arjen Robben por el enésimo problema con su rodilla de cristal. Entonces, se decidió por Marcelo para cubrir el flanco izquierdo, de ese modo el brasileño podría tontear con el balón sin el riesgo de hacerlo cerca de su propia área. Marcelo se gustó a sí mismo y a su entrenador, pues no sólo se esmeró en florituras sino que se convirtió en un puñal cada vez que acometía la banda izquierda desde el interior. Juande había encontrado una alternativa diferente a la de esperar que Robben cogiese el balón en la línea de cal y se inventara una ristra de regates y fintas. Marcelo proponía asistencias de gol y disparos a media distancia. Sin duda, el Madrid había descubierto a un interior izquierdo más que prometedor.
Con el tiempo, Marcelo ha madurado su manejo del balón hasta el punto que es un auténtico prestidigitador con el balón; capaz de enlazar varios quiebros en pocos metros y regatear en un palmo, al estilo de Paul Gascoine, el brasileño se despendola (para bien) cuando es liberado de responsabilidades defensivas. El problema que ha tenido estos años ha sido esa disyuntiva entre lateral o interior, que él ha intentado arreglar imitando a Roberto Carlos. Pero Marcelo ha comprendido que no tiene ni el turbo ni el diesel de su ídolo para ocuparse de toda la banda. Además, su mimo por la pelota a veces le juega malas pasadas, porque tan pronto inventa un zigzag sublime como le cogen la espalda en un contraataque.
Mourinho ha manejado a Marcelo con gran habilidad…y paciencia. Llegó al Madrid poco convencido del brasileño y éste, consciente de que debía lograr méritos para ganarse el favor del portugués, se aplicó en defensa con disciplina militar, pero nunca dejando de lado sus regates. El año pasado Di María se descubrió como la gran revelación por la banda izquierda, aunque Mou poco a poco asumió que Marcelo podía desenredar más de un entuerto ofensivo. Sin embargo, el escepticismo del entrenador le llevó a contratar a su compatriota Coentrao, otro obstáculo más para el lateral titular. Pero partidos como el de Nicosia refrendan una opinión casi unánime en el Madrid: Marcelo está por delante de Coentrao porque no defiende peor que él, y suele ser la panacea de Cristiano y Özil cuando éstos tienen el día negado. Quizás Mourinho haya entendido de una vez quién vale de verdad treinta millones.




El año pasado amagó con una temporada mala y en este inicio liguero ha evidenciado que lo suyo no es un simple bajón físico o psicológico. Sí, Sergio Ramos no está nada bien y lo más preocupante es que todavía no ha pisado suelo en su vertiginosa caída libre. Su autocomplacencia ha sido el principio de su declive porque, si bien nos impresionó hace dos temporadas con su poderío físico (también es cierto que Schuster le hizo un flaco favor adjudicándole toda la banda derecha del Bernabeu), su titánico esfuerzo partido a partido acabó minando esa envidiable virtud. Sencillamente fue un disparate que el sevillano jugase siempre en Liga, Champions y Copa, cuando el equipo no contaba con un recambio natural (Salgado estaba en las últimas).
Echábamos de menos la acritud de Schuster. Después de haber permanecido oculto más de medio año, el alemán avinagrado compareció en El Tirachinas para desmelenarse con franqueza ( propio de él). El ex entrenador merengue suele decir verdades como puños y su perspectiva del Madrid no es muy distante de lo que piensa el público. Cuando el oyente esperaba que soltara alguna bordería irónica de las suyas, Schuster espetó que Sergio Ramos no está concentrado en lo que debe. “Debe ponerse las pilas y entrenarse con más humildad”, afirmó con naturalidad el teutón, sin esperar que tal declaración fuera a levantar una ventisca. Es evidente que el defensa del Madrid no cuajó su mejor año la temporada pasada; muchos atribuyen su bajón físico y mental a su insistencia en ampliar su contrato y a sus compañías nocturnas. Quizá el momento más delicado que sufrió Ramos vino tras su desastrosa actuación en la humillación histórica del Barça en el Bernabeu. Entonces, Henry le bailó por su derecha, izquierda y hasta por arriba, y el andaluz fue señalado como uno de los responsables del desastre.
¿Qué delantero vendrá en diciembre para sustituir a Van Nistelrooy? Ésa es la gran preocupación del madridismo, más importante que la supuesta destitución de Schuster. La tan mal llamada ‘excelencia futbolística’, justificación banal de Ramón Calderón para echar con alevosía a Fabio Capello, ha devorado la grandeza y el prestigio del Real Madrid. El presidente blanco trajo a Schuster para deleitar a sus socios pero año y medio después ya le ha puesto fecha de caducidad. Para Calderón, defender al entrenador teutón sería una afrenta pública sin sentido alguno. El temperamento del adusto Bern le ha dejado solo ante sus jugadores y sus jefes.