
Corría el minuto diez de la segunda parte, Kaká se retrasa a la medular para buscar el balón, lo recibe, avanza veinte metros y de repente… no sabe qué hacer con la pelotita. Ése es el Real Madrid descompuesto de Pellegrini. A lo mejor Florentino tiene que hincar la rodilla ante la evidencia de que el chileno es muy buen entrenador pero no para el modelo del club merengue. De momento, el presidente se mantendrá impasible desde el palco, porque fulminar hoy a su primera gran apuesta de la segunda etapa sería bochornoso. Al míster se le ha agotado el plazo de adaptación y no parece que vaya a ser muy prorrogable, a tenor de lo que se avecina en noviembre (Milan, Atlético y Barcelona).
Ha quedado claro que el nudo gordiano del equipo es su galimatías táctico. Los jugadores insisten en que pronto llegarán a jugar como quieren. Pero, ¿qué fútbol quiere proponer el Madrid? Cuando emular al Barça parece imposible, la alternativa es dar velocidad al ataque aprovechando los perfiles de Cristiano, Kaká y Benzema. Aunque esto último también parece utópico visto el panorama. Anoche, el 1-0 momentáneo brindó a Pellegrini una oportunidad inmejorable de ordenar el partido sustituyendo a un delantero por otro centrocampista que cogiese el volante junto a Xabi Alonso y Lass. El chileno no lo debió ver claro, especuló con el reloj y la desidia del rival, y no cayó en la cuenta de que el enemigo era el Milan, italiano para más señas. Así le fue.
Este Milan, del que muchos nos habíamos mofado en la víspera, nos recordó ayer que ganó su séptima Champions hace tres años con el mismo equipo de geriátrico más Kaká. El Madrid, ingenuo como pocas veces se la ha visto, creyó que con un gol de ventaja, los Ronaldinho, Seedorf, Pirlo y compañía buscarían su oportunidad en San Siro. Y ahí salió a la palestra Pato, para descojonarse de Casillas, Ramos y compañía. De todos menos del de siempre: si algo le duele al madridismo es que su equipo echará a perder un partido en el que Raúl volvió a ser líder indiscutible. Su gol de ratón de área y el pase de pillo a Drenthe en el segundo es la enésima prueba de que incluso este Madrid de cientos de millones depende de un tío que lleva quince años.
Insisto, quizá lo bueno es que el problema es puramente táctico y, después de infinidad de combinaciones, Pellegrini (o el que venga) dará con la fórmula mágica. No obstante, hay ciertos jugadores que salen inertes al campo, ajenos a cualquier lance del juego. El ejemplo más sonado es el de Sergio Ramos. El lateral ni está ni se le espera por mucho tiempo. Salió de una lesión hace unas semanas pero él mismo ha reconocido que ya ha alcanzado el ritmo de los demás. O sea, que su permanente crisis apunta a motivos psicológicos. Falta de confianza, reminiscencias de su penosa temporada pasada, distracciones variadas…quién sabe. La única evidencia es que ahora mismo al Madrid le urge Arbeloa por la derecha. A lo mejor, si Pellegrini manda a Ramos a la nevera unos cuantos partidos, veamos algún día la mejor versión del sevillano, ésa de la que pocos se acuerdan. Hoy jueves, en las charlas de barra de bar sólo se comenta que el Madrid perdió contra un equipo que jugó andando.