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Archivo de la categoría ‘Zidane’

Cortita y al pie

Mircoles, 6 Enero 2016

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“Si pudiera dirigir un equipo, siempre jugaría Riquelme. Fue un honor haberme retirado con su camiseta en mis manos”. Es el libro de estilo de Zinedine Zidane. Cortita y al pie, en campo contrario y sin perder el balón. Florentino Pérez siempre tuvo dos obsesiones: reventar el mercado con Leo Messi (así lo soñaba y así se lo transmitió a Cristiano Ronaldo en su despacho de ACS) y moldear a Zizou, su galáctico de cámara, en una copia perfecta de Pep Guardiola. “Los grandes jugadores serán grandes entrenadores”, sentenció Johan Cruyff. Entonces, Maradona, Van Basten o Michael Laudrup son la excepción que confirma la regla. Zidane está llamado a desconectar esa trituradora andante que engulle entrenadores al ritmo que el club gasta millones. Es el Neo de Matrix, el elegido para abrir una nueva era sin vedetismos, estrellas de rock con derechos y sin obligaciones, y caprichos multimillonarios. Si hay un líder es, desde hoy, el hombre que fue convertido en mito por el Bernabéu. “Nunca se está preparado para entrenar al Real Madrid”; de repente, una incontinencia de sinceridad. La leyenda mundial bajó al barro, sin promesas ni ruido hipócrita: “¿Ganar? Vamos a intentarlo”. Dos palabras repitió Zidane hasta la extenuación: trabajo e ilusión. De lo segundo iba sobrado Benítez, otra historia en otra galaxia muy lejana fue ver un Madrid currado (y de currantes). Ni las persianas cerradas de Valdebebas mienten.

A un tipo volcánico como Zidane le habría molestado que un entrenador intentase corregir la técnica de sus roulettes. Cristiano Ronaldo aguantó cómo Mister Rafa le sugería patear las faltas y Toni Kroos cómo debía colocar el pie para un pase largo. La gente del fútbol respeta unos códigos que el vestuario blanco considera vulnerados por el técnico saliente. Por eso, ni rastro de agradecimientos públicos en las redes sociales: los mismos jugadores que abrasaron twitter con mensajes de apoyo a Ancelotti, han ignorado a Benítez, aunque su entorno confiese que sí ha recibido llamadas personales de algunos futbolistas. En julio no fingió lágrimas cuando se emocionó en su presentación porque, mimetizando el himno merengue de las mocitas madrileñas, “cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano”. Su carta de despedida lo atestigua. Él ya es historia (no literal, claro), Zidane es el presente y el futuro la gigante y eterna duda en el banquillo más complicado del mundo. No obstante, el adn del astro francés no miente: “ganar, no hay nada más”. Sí, otro fracaso de consecuencias apocalípticas. Y no es hipérbole.

Zidane ama el arte de Guardiola en rondos y ejercicios claustrofóbicos con balón. Cuanto menos espacio, más habilidad. James e Isco pueden volver a respirar; incluso si volviese el incomprendido Guti, al que el propio Zizou y Ronaldo el ‘gordito’ nunca dejaron de tirar flores. Pero quizá el vestuario más joven sólo conozca la historia de su nuevo entrenador desde el año cero de la volea de Glasgow o aquel regate de la ‘cuerda’ al deportivista Héctor. Tampoco sabrán que en los años del Madrid galáctico, la única vez que se detuvo un entrenamiento para aplaudir a alguien fue al que ahora viste de traje y corbata de seda.  Que Zidane sea entrenador no va a implicar sesiones made in Globetrotters; su talento aguantaba noventa minutos porque la Juventus le sometió a carne de gimnasio. Así que se anuncian cargas físicas pesadas en Valdebebas. Una dosis de pelota de Guardiola; otra de Ancelotti en gestión de cracks; Marcello Lippi la física…¿Y del Bosque? Habrá que preguntárselo.

Eden Hazard, talento de madre

Domingo, 26 Abril 2015

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“Hazard es el crack del futuro; es muy bueno y va a serlo aún más. Lo llevaría al Madrid con los ojos cerrados”. Apología de Zinedine Zidane en el diario L’Équipe en diciembre de 2010. El entonces asesor del Real Madrid comentó a Florentino Pérez que llegaría a levantar un Balón de Oro. Todavía no era ídolo de masas en Stamford Bridge, pero su meteórica eclosión en el modesto Lille llamó la atención de media Europa. Su mentor, Rudi García, siempre le convenció de que su sitio no estaba en la liga francesa porque “le iba a quedar pequeña”. Y la sugerencia fue tomada al pie de la letra por Roberto Di Matteo, técnico del Chelsea en su año más glorioso, el de la Champions contra el Bayern de Munich en Munich. Abramovich ni siquiera pidió una auditoría para detallar si Eden Hazard valía 40 millones; simplemente aceptó el ‘capricho’ de su entrenador.

“Yo estaba en el estómago de mi madre cuando ella todavía jugaba. Tenía tres meses de embarazo cuando dejó de jugar profesionalmente”. El talento de Hazard se explica desde su genética futbolera: el padre, Thierry, jugó en la liga belga sin pena ni gloria, y su madre, Carine, compitió en la máxima categoría femenina. Ella mimaba el balón con el mismo tacto que a Eden, su primer niño. Y por las historias de cuna que la madre le contaba a su bebé, éste fue enamorándose del oficio. Hoy Hazard descerraja defensas demostrando a su madre que supo asimilar los conceptos desde que crecía en su vientre. De la misma escuela que Isco, conduce la pelota pegada a la bota con super glue. “No es rápido, pero sus cambios de velocidad sí lo son”, suele describir Frank Lampard. De mito a casi mito. Hazard fue un genio incomprendido en su primer año en el Chelsea, desquiciándose cuando Fernando Torres no leía sus intenciones o Ramires pegaba un patapum parriba sin sentido (como decía el guiño de Javi Clemente). Entonces llegó Jose Mourinho, y en una de sus primeras charlas de entrenador a jugador, le explicó sin titubeos que su talento necesitaba un trabajo plomizo detrás. De repente, el mismo Hazard que perdía un balón y se lamentaba con aspavientos, empezó a mirar de reojo a su espalda. Sus regates en un metro cuadrado al estilo Paul Gascoigne venían condimentados con un puñado de carreras imposibles. El Chelsea defiende en un bloque de cemento armado y eso incluye al fino estilista belga. El ataque es otra historia, porque la creatividad de Hazard pesa demasiado.

El Chelsea está a punto de ganar la Premier y Hazard será nombrado, casi con total seguridad, mejor jugador del campeonato. Dice Gary Lineker, el gurú de la prensa inglesa, que “después de Messi y Cristiano, viene la era de Hazard”. Suena a blasfemia, aunque de momento no ha salido a la palestra ningún crítico para rebatirle. Y como hablar de la estrella del Chelsea supone describirle con un aura galáctica, la fábrica de rumores no ha tardado en desparramar el más morboso de todos: ¿A Florentino le gusta Hazard? Por si acaso, Mourinho avisa: “Vale 125 millones de euros…en cada pierna”.  

Las reglas del ocio

Martes, 31 Marzo 2015

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La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

El hombre que nunca traicionó su camiseta

Sbado, 12 Julio 2014

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A Florentino Pérez le entusiasmó que Fernando Hierro, Raúl y Mijatovic viajasen a la final de Lisboa como emblemas del Real Madrid. No sólo eran historia viva, tampoco simples motivadores de un vestuario que se jugaba el éxito o el fracaso en un solo partido. No, el presidente por fin entendió que a las grandes figuras había que cuidarlas y que en su mano estaba reparar el prestigio dañado en el pasado. De Florentino siempre se ha dicho que no tuvo ningún tacto para despedir a futbolistas convertidos en mito por el madridismo: con Hierro protagonizó la noche de los cuchillos largos instantes después de ganar la Liga del 2003 al Athletic en el Bernabéu. Al capitán todavía le escocía el trato de la directiva a su amigo y compañero Fernando Morientes, quien se mantuvo en la plantilla por petición expresa del propio Hierro y Raúl durante una conversación con Florentino en Mónaco en agosto de 2002. La maldita noche empezó con una bronca entre el malagueño y Jorge Valdano, entonces director deportivo, dentro del vestuario del coliseo merengue. El argentino les obligó a salir al césped a celebrar la Liga con la grada y Hierro poco menos que le mandó a esparragar. Horas después, las caras largas en el Mesón Txistu provocaron la chispa que hizo saltar todo por los aires: Hierro y Del Bosque despedidos, y Morientes cedido al Mónaco días después.

Tampoco Raúl tuvo la despedida de sus sueños. Dieciséis años de servicio blanco quedaron reducidos a una fría despedida durante una mañana de julio, y una rueda de prensa seca y sin apoyo institucional. Mourinho le pidió que se quedara para exprimirle sus dotes de liderazgo y eterna comunión con la afición, pero Raúl sabía que las heridas de guerra tardarían demasiado en cicatrizar. Guti, capaz de lo mejor y lo peor, tampoco se marchó en loor de multitud; casi siempre en el alambre, la prensa le había anunciado fuera del Madrid casi todos los años. Fue su talento lo que siempre le salvó. Claro que si con Raúl apenas se acicaló la sala de prensa, a Guti no se le iba a agasajar con la menor intención desde el club. En cambio, Zidane, uno de los hombres del presidente, sí tuvo su partido de homenaje: no fue ningún amistoso, ni siquiera un trofeo Santiago Bernabéu. El club aprovechó su anunciada despedida para rendirle tributo en el último partido liguero del 2006 en casa contra el Villarreal. El estadio se llenó y Zizou fue sustituido sobreexcitado por la fiesta. Por último, Manolo Sanchís, capitán de capitanes, declinó la oferta a un homenaje en 2001. Él fue el primer mito que se retiraba en tiempos de Florentino y fue Butragueño, ya directivo blanco, quien le llamó de parte del presidente para sugerirle una fiesta por todo lo alto. Sanchís, poco dado a fastos multitudinarios, no quiso su partido y el Madrid le brindó un pequeño gesto sobre el césped al término del último partido contra el Valladolid de la temporada 2000-2001.

Estos jugadores habrían merecido sendos amistosos, como sí los tuvieron Hugo Sánchez y ‘el Buitre’. Quizá por ello, Florentino con los años se ha dado cuenta que a los protagonistas de la historia centenaria del club hay que mimarles. Raúl recibió su homenaje el verano pasado, tarde pero muy cuidado. Incluso, el Rey Juan Carlos acudió al palco de honor a abrazar al ‘7’. Y Hierro no se vestirá de corto pero podrá disfrutar de una vuelta más emotiva: dirigir al equipo a las órdenes de Carlo Ancelotti. Experiencia en el banquillo apenas tiene, por eso viene como aprendiz. No obstante, sus pinitos después de colgar las botas han sido casi perfectos: como director deportivo de la Federación manejó extraordinariamente bien la transición entre Luis Aragonés y Del Bosque (fue Hierro quién eligió al actual seleccionador). Y en un Málaga arruinado convenció al jeque Al-Thani para que pusiera al frente del despacho deportivo a su amigo Antonio Fernández, quien construyó las bases del ‘EuroMálaga’ con Van Nistelrooy, Baptista, Isco, Joaquín, Toulalan, etc.

Hierro es puro madridismo porque nunca traicionó su camiseta. Su jerarquía en el vestuario pudo gustar (Raúl) o irritar (Iván Campo), pero siempre fue indiscutible. Cuando prensa y afición murmuraron que sus días de gloria tocaban a su fin, dejó su cuerpo en manos del mejor fisioterapeuta, Pedro Chueca, para que se lo devolviera con un motor diesel. Y funcionó. Su astucia le ha permitido cuidar su imagen pública, la de no delatarse como un hombre vengativo y rencoroso por el pasado. Jamás habló mal del Madrid, directamente lo ignoró. Sin embargo, no ha querido cortar de cuajo ese cordón umbilical: junto a Sanchís ha presidido en estos años la asociación de veteranos, con partidos por medio mundo y los Classic Match del Bernabéu. Ancelotti le ha pedido como sustituto de Zidane porque es un tipo que entiende los vestuarios donde se amontonan tantos egos. Y con el añadido extra de que Sergio Ramos, Pepe y, sobre todo, Varane, tendrán en unos días al profesor más laureado de su asignatura. “Con Hierro se puede hacer un máster acelerado de cualquiera cosa, pero los centrales se van a frotar las manos”. Palabra de Manolo Sanchís.

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

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Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

Khedira, Makelele…currantes imprescindibles

Lunes, 18 Noviembre 2013

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No es habitual que un entrenador medite cambiar su táctica por un lesionado, salvo que el damnificado fuese Messi o Cristiano Ronaldo (y ni con Messi en el dique seco el Barça va a retocar su dibujo).  Pero si Carlo Ancelotti confiesa a los medios que a lo mejor cambia de sistema por Khedira, ‘tuercebotas’ en España y pánzer venerado en Alemania, quizá los periodistas nos equivocamos en algo. Extraña que haya futbolistas amados por todos sus técnicos y odiados por la opinión pública. Mourinho, Ancelotti y Joachim Löw algo sabrán de fútbol si no conciben alineaciones sin Khedira; sin embargo, nuestras mentes aviesas, las de quienes escribimos, no contemplan jugadores que vistan de blanco y les cueste mil horrores hacer un quiebro o controlar un balón: estéticamente chirría, claro que si el barómetro lo pone un tal Zidane…

No hace mucho tiempo que el Madrid se dio cuenta de la importancia de Claude Makelele. Ninguneado por su club durante el apogeo galáctico, la prensa que valoraba su ‘trabajo sucio’ se contaba con los dedos de una mano. Recuerdo durante un Bayern-Madrid de Champions League retransmitido por TVE que Míchel, comentarista entonces, se dedicó todo el partido a ensalzar la labor del escudero de Zizou. “Cubre cualquier palmo del césped y se dejaba los pulmones para aliviar a Hierro y Helguera”, dijo en reiteradas ocasiones la leyenda merengue. No le faltaba razón porque en aquel Madrid de Del Bosque hacían falta currantes para que Zidane, Ronaldo y Figo brillaran; su fútbol de alto copete tenía un trabajo duro entre bambalinas, un making of del que Makelele era el protagonista absoluto. Entonces se hablaba de una clase media que aguantaba a la galáctica, y el francés estaba por encima de todos. Su gran inconveniente es que jugaba con compañeros que copaban las portadas según fuera más exagerado el ‘Picasso’ que se inventaba cada uno en el campo. Al final de la temporada 2002/03 Makelele se sintió imprescindible, de verás que lo era, y en consecuencia, pidió un aumento salarial merecidísimo en los despachos. Sin embargo, no era una estrella, sino un obrero más, por mucho que Del Bosque insistiera en su trascendencia.

Khedira es de esos figurantes que arranca aplausos con cualquier sibaritismo, pero enerva a la grada si mantiene el balón más de un segundo en sus pies. Se le fichó del Stuttgart para cortocircuitar jugadas rivales, requisito imprescindible en la filosofía mourinhista de jugar y ganar sin tocar demasiado la pelota. Así empezó hasta que se destapó como un curioso ‘llegador’. En España nos sorprendió una faceta que le era muy natural en la Mannschaft. De hecho, Franz Beckenbauer dijo  una vez que “si Khedira tuviese las aptitudes de Schweinsteiger con balón, Alemania tendría al mejor centrocampista de toda su historia”. Suena exagerado, y más cuando Khedira alimenta el runrún de la prensa cada vez que el Madrid anuncia una alineación, pero si a Carletto se le ha desarbolado su ‘árbol de navidad’ (título de su último libro), quizá Khedira no sea tan paquete. No tanto como para que Florentino rechace una oferta del United por cuarenta millones redondos alegando que es “imprescindible” (ésa fue la palabra exacta). Un detalle sí ha captado el alemán: el Bernabeu agradece gente que ponga huevos, pelee y se tiré al suelo como obsesos por el balón. Khedira es uno de ellos. El Madrid le echará de menos, lo dice su entrenador. 

Consuelos para Ancelotti

Jueves, 17 Octubre 2013

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Ancelotti no se ha metido en una casa cualquiera. A su antecesor le llovieron las críticas en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo que tardó el equipo en aburrir a la grada. Sin embargo, Mourinho pidió un margen de confianza: “Mis segundas temporadas mejoran a las primeras, y la tercera, sin duda, es la mejor”. La profecía se cumplió a medias. Quizá por ello, Carletto reclama un balón de oxígeno en el Corriere della Sera. “No se puede jugar peor”, el titular es demoledor. Revisando hemerotecas, hacía muchos años que un entrenador del Madrid no hacía un examen de conciencia tan crudo y sensato. Precisamente, el último fue un compatriota, Fabio Capello, quien en las páginas de la Gazzetta dello Sport soltó la misma declaración una semana después de que el Recreativo de Huelva golease 0-3 en el Bernabeu en la temporada del milagro. Entonces, afición y periodistas no entendían qué atractivo tenían Emerson, Diarra, Gago o el postrero Cassano; con Ancelotti es diferente porque el club le ha construido una plantilla para jugar en dos pizarras: la del contraataque que tanto encandila a l vestuario, y ese fútbol control que susurra el entrenador por miedo a decirlo muy alto.

El consuelo más simplista apunta a que Pep Guardiola también fue silbado antes de erigirse en el semidios que es ahora en Can Barça. Su era vivió un par de convulsiones, exactamente los dos primeros partidos de la primera Liga: derrota en Soria y empata contra el Racing en el Camp Nou. Y entre medias, una derrota contra el Sant Andreu en la Copa Catalunya con un once de segunda fila. Todo influía y Laporta empezó a sospechar hasta que el Barça encadenó nueve victorias consecutivas metiendo media docena a Atlético, Sporting y Valladolid, y una manita al Almería. A partir de la duodécima jornada, aquellos dos pinchazos sólo eran sombra y cenizas: Guardiola había recuperado la esencia del extinguido Dream Team. La comparación suena escandalosa, un disparate en sí, pero a Florentino Pérez apenas le queda la baza de su nuevo técnico; no en vano, otro revés en la Champions pinta terrorífico. El tópico de que no ganar en el Madrid es fracasar vuelve a airearse, porque sólo los blancos y el Barça contemporáneo, no el victimista que acabó con Cruyff, caminan con esa maldición que a la vez les ha regalado su grandeza.

También hay otra tendencia escapista para comentarla en la barra del bar: la ‘Séptima’, ‘Octava’ y ‘Novena’ también comenzaron con demasiadas dudas. En la primera, el Madrid de Jupp Heynckes se conjuró para conquistar Europa descuidando la Liga desde el principio. Las estadísticas fueron palmarias: el equipo sólo logró seis victorias en las primeras diez jornadas. El año de la Champions de París fue un auténtico thriller: el equipo pasó la primera liguilla de grupos con velocidad de crucero, pero Toshack fue fulminado con dos victorias en trece partidos ligueros y el ilusionismo de ver un cerdo volando sobre el Bernabéu. Y, paradojas del fútbol, la ‘Novena’ de Zidane se fraguó bajo el plebiscito público de su gran estrella: tres victorias en diez jornadas auspiciaron el debate de si el Madrid jugaba mejor sin Zidane que con él. La volea del astro francés enterró para siempre aquella estúpida discusión.

El Madrid de Ancelotti marca las mismas trazas que los antecesores campeones. El clásico de la próxima semana decidirá si los blancos retoman la candidatura liguera o si es mejor involucrarse de lleno en la Champions. El entrenador es experto en manejar los tempos del torneo por antonomasia; los campeonatos domésticos tampoco le han importado demasiado (un Calcio en ocho años), a pesar de haber ganado casi en tantos país como Mourinho. ¿El año de la Décima? Mejor no insistir en ello, como aconsejó el madridista confeso Rafa Nadal. Sin embargo, a la autocrítica se le llama un buen principio.

Inversiones Florentino Pérez S.A.

Lunes, 9 Septiembre 2013

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“Me van a quitar un peso de encima muy grande, porque afortunadamente, van a pagar más dinero por Cristiano que por mí. El Real Madrid está dispuesto a pagar más dinero que lo que pagaron por mí”. Fue la primera vez que Zinedine Zidane descubría la angustia que le había martirizado desde que hizo un garabato en forma de ‘sí’ en una servilleta a la famosa pregunta de Florentino Pérez. El Madrid, convertido entonces en una multinacional con aspiraciones tan hegemónicas como ACS, exhibió su músculo financiero por segundo verano consecutivo; 73 millones y medio golpearon a un mercado todavía asombrado por los 60 ‘kilos’ que costó el transfuguismo de Luis Figo. Y en esa cruzada contra el nuevo mecenas del fútbol, el Bayern encabezó la resistance incordiando a la UEFA cada vez que el Madrid removía los cimientos del fútbol europeo. “El fichaje de Zidane es un insulto”, dijo un enrabietado Ottmar Hitzfeld, que ya había vivido varias peleas entre Bayern y Real desde el banquillo muniqués. Florentino no tardó en recoger el guante: “Zidane, aparte de una figura mundial, es una inversión”. La Champions con Zizou era el objetivo a corto plazo, amortizar la morterada de su fichaje una obligación para sentar la base de un nuevo modelo de negocio.

El Madrid siempre ha buscado la excelencia financiera. Viene de lejos. En concreto, de 1935, cuando un interior izquierdo muy habilidoso del Betis asombró tanto en Chamartín, que el Real Madrid no dudó en pagar la cifra récórd de 50.000 pesetas. El Betis había logrado su única liga de la historia gracias a las asistencias del vasco Simón Lecue, y fue entonces, cuando los blancos decidieron tirar de chequera. En aquella época el sueldo medio de un futbolista era de mil pesetas mensuales; desde el verano de 1935, el Madrid fue mirado con recelo y en Sevilla apodaron a Lecue ‘el niño de oro’ por el altísimo coste del traspaso. Tuvieron que pasar casi seis décadas para que el club merengue volviera a colocarse en el epicentro de los derroches. “Noté que flotaba sobre la hierba”, comentó Roberto Prosinecki la tarde de su presentación en el Bernabeu. El fichaje del croata se alargó demasiado porque el Estrella Roja se mostró reticente a enviar su transfer; los yugoslavos no se fiaban de las garantías de pago de Ramón Mendoza. Al final, cedieron previo pago de mil millones redondos (de pesetas) más 300 a la Federación yugoslava. Entonces, la voz discordante no salió de Munich sino de Milan, donde a Arrigo Sacchi se le ocurrió decir que “pagar mil millones por Maradona se entiende, pero por Prosinecki…”. Casualidad o no, el Milan también quiso fichar al centrocampista del Estrella Roja, así que las declaraciones dejaron cierto poso de resquemor.

El propio Bayern no tardó en volver a la carga contra el imperialismo financiero de Florentino. Las presentaciones cósmicas de Cristiano Ronaldo y Kaká cabrearon al presidente del Bayern, Rummenigge, hasta el punto que éste llamó al máximo mandatario de la UEFA, Michel Platini, para decirle que las maniobras del Madrid eran un “absurdo” y le pidió escrupulosamente el ansiado juego limpio financiero. A Florentino le molestó que el entonces entrenador del Bayern, Hitzfeld, rajara otra vez contra su club: “Ese tipo de inversiones deberían pagarse con lo que se tiene. Pero es muy cuestionable si el club está endeudado. El Real Madrid se está endeudando cada vez más y eso es algo que me parece poco serio”, despotricó en un diario bávaro. A medida que FP cumplía años de su mandato, el club subía como la espuma en el ranking de Forbes de los clubes más adinerados. “Cada fichaje que traemos es una inversión”, insistía siempre Florentino. Afortunadamente, las declaraciones no coincidieron en el tiempo con tíos menos galácticos como Gravesen, Diogo, Pablo García, etc.

“Kaká es un activo amortizado”, justificó el año pasado Florentino ante la inquisición popular que se avecinaba contra el brasileño. Ayer, Zidane discutió el precio de Gareth Bale, algo que no habrá gustado al presidente y que, por supuesto, no coincidirá en la estrategia de explotación comercial del crack galés. Pero, al menos, resulta sensato que sea el propio astro francés quien sospechara de su PVP y ahora del de Bale. Aunque da lo mismo: juegue bien o mal, el Madrid puede gastarse 91 o 100 millones (según lo cuente el Madrid o Daniel Levy). La inversión siempre está calculada.

Jesé necesita una buena conversación

Jueves, 4 Julio 2013

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“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial que hay que cuidar y tenerlo controlado”, dice Florentino Pérez a su gente. El delantero canario ha batido el histórico récord goleador de Butragueño con el filial y, desde luego, no va a gastarse ninguna millonada en un Luis Suárez o Cavani que supere la voracidad de Cristiano Ronaldo; sencillamente, porque no existe. Por eso, la irrupción de Jesé recuerda al meteórico ascenso que tuvo el eterno Raúl: de juvenil a Segunda ‘B’, campeón y máximo goleador del Europeo sub-19 del año pasado y estrella en ciernes del Mundial sub-20 de Turquía durante estos días. De vez en cuando, sus declaraciones mosquean en el Madrid, como, por ejemplo, aquella confesión que hizo al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que termina de reventar en el Castilla. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en la pasada gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del debate de negados Higuaín-Benzema.

Jesé puede parecer más vehemente que inteligente cuando habla; políticamente incorrecto, reivindica para sí una oportunidad que evidencie lo que sus entrenadores huelen a la legua: que tiene madera para saltar al Bernabeu. Y sabe que la cola de sus pretendientes da la vuelta a la manzana, y todavía no ha terminado el Mundial. Él se quiere quedar, pero ha vuelto a utilizar MARCA desde Turquía como hoja de reclamaciones: “No tengo claro lo que voy a hacer”. La disyuntiva es descarada: o nadie del club ha hablado con él desde que lo hiciese el presidente, o está usando al Madrid como imán de ofertas jugosas. Su contrato acaba en 2014 y, aunque que le han dicho que renovará a la vuelta de vacaciones, no va de pardillo: si su intuición le avisa de que jugará sólo los primeros partidos de Copa, entonces buscará aventuras en otros sitios. Desde luego, los primeros síntomas no son nada certeros: a Ancelotti le pirraba Cavani, pero la operación se antojaba imposible por su desorbitado precio. Y la distancia que separa a Jesé de Benzema la ocupa, en principio, Morata, triunfador en el Europeo sub-21 reciente. Precisamente, Morata sí ha pisado banquillo demasiados partidos con el primer equipo esta temporada; Jesé no lo hará por convicción propia, tendrá que ser Zidane quien le persuada de los honores de pertenecer al club donde creció desde los catorce años.

¿Ser el número 20 y jugar diez partidos contados o golear de titular en un equipo de media tabla, que ahora mismo los hay a patadas en Primera División? Ése es el dilema que se plantea Jesé, un chaval especial que tan pronto pone patas arriba el apaciguo establishment de Valdebebas, como presume de tener la cabeza bien amueblada. Al menos, dio esa sensación en Los Angeles el verano pasado, cuando brindaba por entrenarse junto a su ídolo Cristiano Ronaldo, pero insistía que su equipo era el Castilla. El bendito problema es que Jesé apunta a número uno de su promoción mundial, por delante incluso de sus compañeros Deulofeu y Oliver, y de los franceses Kondogbia y Pogba. El madridista necesita una buena conversación con Zidane después de su Mundial, y el Madrid de ningún modo puede seguir sangrando con la fuga de talentos. Si a Florentino le gusta, que le entusiasma, Jesé jugará en el primer equipo. Es innegociable.

Aquellas dudas con Zidane

Lunes, 27 Agosto 2012

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“No entiendo las críticas a Zidane; hemos empezado mal y punto”. Luis Figo tuvo que salir al paso del bombardeo que sufrió el astro francés en sus primeros partidos como merengue; concretamente, las tres primeras jornadas de la Liga 2001/02, en las que el Madrid tan sólo rascó un empate y llegó a ocupar puestos de descenso. Entonces, el equipo de Vicente Del Bosque había debutado con derrota en Mestalla con aquel marcaje estilo fútbol americano de Albelda a Zidane, y a la siguiente semana la caraja de los blancos propició que un ex de la casa, Fernando Sanz, empatase en el Bernabeu para su Málaga. El detonante sucedió en Sevilla contra el Betis, que pasó por encima del Madrid y a pesar de Zidane que marcó el único gol de los suyos. (more…)