Blogs

Archivo de la categoría ‘Zidane’

Jesé necesita una buena conversación

Jueves, 4 Julio 2013

jese.jpg

“Jesé no saldrá del Real Madrid por recomendación de los técnicos de la casa. Es un chico especial que hay que cuidar y tenerlo controlado”, dice Florentino Pérez a su gente. El delantero canario ha batido el histórico récord goleador de Butragueño con el filial y, desde luego, no va a gastarse ninguna millonada en un Luis Suárez o Cavani que supere la voracidad de Cristiano Ronaldo; sencillamente, porque no existe. Por eso, la irrupción de Jesé recuerda al meteórico ascenso que tuvo el eterno Raúl: de juvenil a Segunda ‘B’, campeón y máximo goleador del Europeo sub-19 del año pasado y estrella en ciernes del Mundial sub-20 de Turquía durante estos días. De vez en cuando, sus declaraciones mosquean en el Madrid, como, por ejemplo, aquella confesión que hizo al MARCA preguntándose por qué no le deban una oportunidad en el primer equipo. Su actitud de rebelde con causa hizo actuar al mismo Florentino, quien habló con él garantizándole su apoyo total con la condición de que termina de reventar en el Castilla. Y así lo hizo, a pesar de la ceguera de Mourinho. El portugués apenas le brindó un puñado de minutos en la pasada gira veraniega de Estados Unidos; después, durante la temporada, le ignoró incluso en el momento más explosivo del debate de negados Higuaín-Benzema.

Jesé puede parecer más vehemente que inteligente cuando habla; políticamente incorrecto, reivindica para sí una oportunidad que evidencie lo que sus entrenadores huelen a la legua: que tiene madera para saltar al Bernabeu. Y sabe que la cola de sus pretendientes da la vuelta a la manzana, y todavía no ha terminado el Mundial. Él se quiere quedar, pero ha vuelto a utilizar MARCA desde Turquía como hoja de reclamaciones: “No tengo claro lo que voy a hacer”. La disyuntiva es descarada: o nadie del club ha hablado con él desde que lo hiciese el presidente, o está usando al Madrid como imán de ofertas jugosas. Su contrato acaba en 2014 y, aunque que le han dicho que renovará a la vuelta de vacaciones, no va de pardillo: si su intuición le avisa de que jugará sólo los primeros partidos de Copa, entonces buscará aventuras en otros sitios. Desde luego, los primeros síntomas no son nada certeros: a Ancelotti le pirraba Cavani, pero la operación se antojaba imposible por su desorbitado precio. Y la distancia que separa a Jesé de Benzema la ocupa, en principio, Morata, triunfador en el Europeo sub-21 reciente. Precisamente, Morata sí ha pisado banquillo demasiados partidos con el primer equipo esta temporada; Jesé no lo hará por convicción propia, tendrá que ser Zidane quien le persuada de los honores de pertenecer al club donde creció desde los catorce años.

¿Ser el número 20 y jugar diez partidos contados o golear de titular en un equipo de media tabla, que ahora mismo los hay a patadas en Primera División? Ése es el dilema que se plantea Jesé, un chaval especial que tan pronto pone patas arriba el apaciguo establishment de Valdebebas, como presume de tener la cabeza bien amueblada. Al menos, dio esa sensación en Los Angeles el verano pasado, cuando brindaba por entrenarse junto a su ídolo Cristiano Ronaldo, pero insistía que su equipo era el Castilla. El bendito problema es que Jesé apunta a número uno de su promoción mundial, por delante incluso de sus compañeros Deulofeu y Oliver, y de los franceses Kondogbia y Pogba. El madridista necesita una buena conversación con Zidane después de su Mundial, y el Madrid de ningún modo puede seguir sangrando con la fuga de talentos. Si a Florentino le gusta, que le entusiasma, Jesé jugará en el primer equipo. Es innegociable.

Aquellas dudas con Zidane

Lunes, 27 Agosto 2012

mourinhogetafe_799768084.jpg

“No entiendo las críticas a Zidane; hemos empezado mal y punto”. Luis Figo tuvo que salir al paso del bombardeo que sufrió el astro francés en sus primeros partidos como merengue; concretamente, las tres primeras jornadas de la Liga 2001/02, en las que el Madrid tan sólo rascó un empate y llegó a ocupar puestos de descenso. Entonces, el equipo de Vicente Del Bosque había debutado con derrota en Mestalla con aquel marcaje estilo fútbol americano de Albelda a Zidane, y a la siguiente semana la caraja de los blancos propició que un ex de la casa, Fernando Sanz, empatase en el Bernabeu para su Málaga. El detonante sucedió en Sevilla contra el Betis, que pasó por encima del Madrid y a pesar de Zidane que marcó el único gol de los suyos. (more…)

El clásico…sigue siendo un clásico

Jueves, 19 Enero 2012

iker.jpg

El 20 de noviembre de 2005 se intuyó apocalíptico para el madridismo. Ronaldinho había logrado un hecho sin precedentes: llevarse los aplausos de un Bernabeu rendido a la evidencia de un talante sin parangón. El primer proyecto faraónico caía en barrena en lo que se llamó el ‘galacticidio’ y la solución que buscó el club, a expensas de la huida del presidente, fue resetear el modelo mediante diferentes propuestas electorales. El caso fue que, a pesar del mandato verbenero de Ramón Calderón, el Madrid buscó una alternativa para sacudirse la nueva versión del Dream Team ideada por Rijkaard. Aquel 0-3 del Bernabeu volatilizó para siempre a los Zidane, Ronaldo, Beckham, etc…y engendró de la nada un equipo ansioso por comerse el mundo siguiendo el librillo de estilo de La Masía, es decir, jugando al fútbol. Lástima que los malditos egos de dos estrellas devoradas por el éxito, Ronaldinho y Eto’o, destrozaran prematuramente lo que se antojaba un nuevo ciclo triunfal en Can Barça. Pero ese Madrid murió dando la cara; sí, los ‘galácticos’ habían dejado de preocuparse por el equipo años antes, pero el balón seguía siendo la única forma de reivindicarse. Más que nada, porque era inimaginable que el equipo más mediático de la tierra se hiciese una lobotomía y plantease los clásicos como los que la afición merengue sufre aterrada en estos tiempos.

Es una pena que en España la opinión pública no sondee encuestas de popularidad como suelen hacer los americanos. La Supercopa del pasado agosto aumentó el optimismo social con Mourinho; ‘su’ Madrid se había dejado de planes antichoque y había cocinado una estrategia no para evitar perder sino para alzarse con el título. Entonces, el portugués cambió la pizarra y propuso un dibujo valiente, quizá mortificado por el famoso ‘trivote’ de la Champions que tantas críticas le había supuesto. La batalla estuvo en el alambre y sólo la enésima genialidad de Messi decantó el partido. Sin embargo, fue una derrota dulce para el Madrid: había descubierto la fórmula para acabar de una vez por todas con su némesis. El precedente convenció a Mourinho para plantarle cara al Barça en Liga; no saldrían agazapados, pero sí a contraatacar, su arma fetiche para matar rivales. De nuevo, fracasó el intento y el técnico pensó ‘nunca mais’. Incluso, en la víspera de anoche, Mou espetó en rueda de prensa que no, no había sabido dar con la tecla en los clásicos….¿lo dijo en serio o era una respuesta premeditada que escondía un plan? Al menos, consiguió mantener en vilo a todos los periodistas: sin declaraciones incendiarios ni fuego cruzado Madrid-Barcelona, el morbo lo ponía la presunta alineación del Madrid.

El periodismo deportivo se había devanado los sesos apostando por el once titular…que si ‘trivote’, Lass o Coentrao como escudero de Xabi Alonso o, incluso, la osadía de tres centrales con la que amagó el Madrid de Mallorca. Todas las conjeturas se rompieron en mil pedazos cuando Canal Plus adelantó la alineación: Altintop, que apenas había jugado media hora en Liga, se ocuparía del lateral derecho y Pepe-Lass sería el coche escoba que barriese a Xavi Hernández o quien se atreviese a pasar por ese desfiladero. Claro que si está Pepe, la recomendación es ir protegido hasta con una coquilla. Mourinho consiguió que las críticas a Javier Clemente dejasen de ser para siempre un hecho sin precedentes. Lo curioso es que este Madrid se rocía con ácido sulfúrico cada vez que pone al Barça en un pequeño aprieto; poco le beneficia adelantarse en el marcador porque a partir de ahí se inmola. Y eso que ayer tenía el camino limpio, por lo menos la banda derecha que descuidó Dani Alves para regocijo de Cristiano Ronaldo. Ése fue el único descuido del Barça, que ya no necesita a Messi en plena apoteosis. Está ganando a menudo en el Bernabeu por inercia y eso es, simplemente, porque le tiene comida la moral a Mourinho, primero, y al vestuario, después, aunque Iker Casillas lo niegue tajantemente.

“Las victorias tienen muchos padres y la derrota sólo uno, yo”. La declaración de condolencias de The Special One no le va a eximir de la somanta de palos que se está llevando. Y lo peor no es que Florentino pierda cualquier coartada para defenderle con vehemencia, sino que detrás hay una masa social descreída que ya asume un Madrid segundón y un Barcelona estratosférico. ¿El Madrid tiene jugadores para dar guerra? Puede, aunque los tendría mejores si en vez de Lass y Pepe, Xabi pudiese ceder el balón a Silva o Mata. Porque al Barça se le ganará un día jugando al fútbol, no siempre suena la flauta como le sucedió a Mou con su Inter acorazado del Camp Nou, Mientras tanto, Xavi Hernández lo advirtió después del Barça-Betis…”¿Dudas? No siempre podremos ganaremos, pero dudas jamás”. Ésa es la película.     

El eterno acompañante

Martes, 13 Septiembre 2011

Martí Perarnau, bloguero reputado en el mundillo digital del balón, resume a la perfección el fútbol del Madrid…”el vértigo como norma de juego es peligrosa si cada individuo hace la guerra por su cuenta y todos en tropel pasan por encima de Xabi Alonso, el único jugador capaz de poner pausa en el desorden”. La apreciación no es ocurrente porque Mourinho arrastra tal rémora desde la temporada pasada, pero sigue siendo clarividente para escanear la debilidad más flagrante del equipo. La precariedad de la medular blanca alimentó las tertulias periodísticas: Roberto Palomar se preguntó en su contraportada del lunes en MARCA por qué no funciona la sala de máquinas; “¿es qué nadie ve lo del centro del campo?”, tituló el columnista para analizar la incógnita que acompaña al escudero de Xabi. Y el problema es tan patente que el descaro del Getafe delató a Coentrao, el comodín que Mourinho quiere meter con calzador allá donde se le antoje.  Ni entendió su rol ni se sintió cómodo: la consecuencia fue un Madrid invertebrado que sigue reventando a los rivales por electrocución.Pero el trasfondo del nudo gordiano permanece por los siglos de los siglos. Desde que Schuster y Martín Vázquez abandonaron el club en el verano de 1990, el peregrinaje por la línea divisoria ha sido demasiado ajetreado hasta la venida de Zidane.  Fernando Hierro cogió el testigo y le pillo tanto gustillo que, incluso, se convirtió en el máximo goleador del equipo en el primer descalabro de Tenerife. Sin embargo, Valdano le vio más aptitudes defensivas y le retrasó a la posición de central junto a Sanchís; de este modo, quedaba una vacante para Fernando Redondo, quien, por cierto, tardó en explotarla. Porque en la hemeroteca de ‘señalados’ del Bernabeu también quedó el volante argentino con la grada silbándole al unísono después de una calamitosa derrota ante el Oviedo por 2-3 en la temporada 95/96. Justo un año antes, en plena adaptación de Redondo, surgió el debate de si debía jugar él o Luis Milla. Fue el español quien se ganó el favor de Valdano. No obstante, Capello recuperó al argentino para la causa y después de una temporada sublime en Liga (96/97) y una Champions, la séptima, prodigiosa, parecía que el Madrid volvía a tener en sus filas un general al mando. La sucesión de Redondo quedó al descubierto cuando Florentino Pérez prescindió de él: el transfuguismo de Figo eclipsó la salida de Redondo, que Del Bosque en el banquillo y Valdano en los despachos se dieron cuenta que urgía un crack para armonizar ataque y defensa. El elegido fue Zidane, nada más confesar sus deseos al presidente con un garabato en una servilleta.

La eterna suplencia del incomprendido Guti convirtió la búsqueda del escudero de Zizou en un dolor de muelas: Makelele y Flavio Conceiçao se turnaban en un puesto ingrato por los gustos del Bernabeu. Al final, el francés supo ajustarse a un cometido poco agradecido pero indispensable para que el ataque ‘galáctico’ supiese que levitaba sobre un colchón mullido. Makelele funcionaba como un coche-escoba, asegurando la primera línea por delante de la defensa. Pero desacuerdos contractuales (el francés pedía más pasta, acorde a su intachable rendimiento) le sacaron del club; entonces, es cuando se agravaron los problemas. Porque Zidane ya había ganado todo lo que se había fijado y el extravagante casting de los Pablo García, Gravesen, Gago, Emerson, Diarra (Mammadou)… descuajeringó por completo la columna vertebral del Madrid. Ni siquiera Sneijder gozó de una oportunidad prolongada, bien por su talento intermitente o por un físico dudoso motivado por costumbres nocturnas.

La pléyade de candidatos al suicidio asomó su final con el fichaje de Xabi Alonso. Desde sus primeros partidos, no necesitó adaptación, pues su instinto natural era amoldable a cualquier estilo. El donostiarra ha sabido dotar al centro de paciencia y orden, precisamente lo que adolecía un Madrid al que durante lustros le ha gustado ganar a la heroica y a base de golpes. Pero resulta que a Xabi todavía le falta pareja de baile, alguien que entienda el recado de coger el balón y ponerlo a los pies de Özil y Cristiano, al tiempo que sepa ayudar cuando toca esforzarse en el marrón defensivo. Lass es del tipo de Mourinho, pero el jugador no está muy dispuesto a besar el escudo; Sahin permanece en quirófano y cualquier cábala que nos imaginemos queda en eso, ficción….y Coentrao será un buen competidor de Marcelo, pero colocarle a los mandos es una ocurrencia más propia de Jerry Lewis que una apuesta seria de un entrenador al que no se le escapa ni la menor minucia táctica. Y queda Granero, aunque darle un puñado de partidos para que se desmelene parece sacrilegio. O sea que la sombra del acompañante sigue siendo demasiado alargada.

Así es la Champions

Jueves, 10 Marzo 2011

1299756751_02.jpg

“El Barça siempre gana por los árbitros”. Modo ironía activado en las palabras de Mascherano. Ayer MARCA y AS matizaron la victoria del Barcelona; coincidieron en que fue justo vencedor (faltaría más cuando el Arsenal ni se atrevió a chutar) pero recalcaron la contribución de Massimo Bussaca. Quizá la expulsión de Van Persie sí fue rigurosa, pero si un equipo sale con dos líneas de cinco tíos obsesionados en el que el balón no pase, tarde o temprano el fútbol de billar le acaba machacando. Porque emular la proeza táctica del Inter del año pasado se antojaba quimérico y así fue: ni el Arsenal sabe defender a la italiana ni el Barça se dejaría engañar por otra argucia corrosiva para la Champions, La majestuosidad de la competición a veces queda empañada por apuestas grotescas como la que, inopinadamente, propuso Arsene Wenger. Esperaba de él algo más alentador; en su defensa entiendo que sin Walcott el contraataque se devalúa, pero el concurso de Cesc, Van Persie y la nueva esperanza británica Wilshere presagiaban un Arsenal guerrillero. No fue así o, más bien, no pudo ser.

Me gustó mucho una metáfora del maestro Xabier Azkargorta en el último programa de El día después, “no es que el Barcelona canse al rival, es que es la pelota la que acaba con la lengua fuera”. El ex entrenador vasco atinó a la perfección: con una posesión del 75 por ciento es fácil que hasta los espectadores acaben mareados de tanto seguir el balón. Y ése es el gran valor del Barcelona: por encima de los títulos, este equipo ha creado una marca imborrable ya en los anales de la historia. Sí,  el Arsenal salió cobarde y, aunque se hubiera puesto chulo, se habría llevado el bofetón. La única imputación que le achaco es su actitud chirriante, no en vano el Arsenal es el mejor pregonero del balón al pie en Las Islas, es la idea de Wenger. ¿Abjuró de su estilo?  Puede, pero es que el Barça es infinitamente superior por talento de grupo y por Messi, a quien hay que exigir un mundial definitivo, pues parece que el resto de torneos le quedan chicos.

No obstante, la Champions es traicionera. Ganarla requiere determinación, la que tuvo el Oporto de Mourinho en 2004; fidelidad a un estilo, el del Inter de Mou del año pasado; dominio del tempo de la competición, como el que tuvo el Madrid del 2000 cuando eliminó al Bayer habiéndole ganado uno de cuatro partidos; osadía, la que puso el Liverpool en la legendaria remontada de Estambul 2005; oficio, la gran cualidad que tenía mismamente el Milan; suerte, la del Barça en Stamford Bridge con el gol antológico de Iniesta o todas juntas, como la de otro Barça, el de Ronaldinho, o el Madrid de Zidane. La Champions no obedece a la lógica y por ello es tan amada. Hay campeones que han sabido exprimir alguna de las citadas cualidades y perdedores que se han ido a la lona con su juego de salón: el Milan de Capello (1993), el Ajax de Van Gaal (1996) o los ‘galácticos’ de Queiroz (2004). La presente edición nos deja en cuartos invitados inesperados, por de pronto Shakhtar, Tottenham y Schalke. Los primeros tiran mucho de bloque y recuerdan al Dinamo de Kiev, sólo que sin Shevchenko; el Tottenham alardea de fútbol puro británico, además de abrillantar a la bala Bale y al gigantón Crouch, aunque anoche se defendió descaradamente a la italiana contra el Milan, y dicen que el Schalke es el más facilón, pero la segunda juventud de Raúl y el entusiasmo de seguir pasando rondas les ha  colocado en el siguiente escalón.

Precisamente, el Schalke pasó porque se desenvolvió mejor que el Valencia en el barro, porfió en trabajar en toda las partes del campo y dejó a Emery sin recursos.  Al Valencia le hacen falta figuras para aspirar a la élite: Aduriz pudo sentenciar por dos veces, aunque es verdad que la eliminatoria no ha evidenciado un Schalke superior. Pero ha competido mejor que el equipo ché y de ahí el premio. No obstante, los compis de Raúl son muy dóciles y no se espera de ellos mucho más recorrido. Además, como dijo Paco González en Tiempo de Juego, el Schalke “no parece muy alemán”…”hace años los alemanes salían a arrasar los primeros diez minutos”. Cierto, el folclore germánico ha cambiado y en su insistencia por la modernización ha perdido esa aptitud guerrera. Pero ahí están, uno en cuartos y el Bayer con todas las de ganar para tumbar al vigente campeón. Así es la Champions.

Zidane también tuvo su debate

Martes, 8 Marzo 2011

Mesut Özil se ha inventado el antídoto contra la ausencia de Cristiano: él mismo. Santander pintaba partido de trámite y el equipo se marcó la mejor primera parte en muchísimo tiempo. A partir de ahí salieron debates incomprensibles sobre si el Madrid se explayaba mejor sin su estrella; sí, hubo un rato de fútbol primoroso, pero este Madrid no se entiende sin el talento omnímodo del portugués. Y aunque es cierto que Cristiano somete a sus compañeros a un individualismo casi exasperante, su presencia es (y será) vital para ganar títulos. Por algo es el mejor, y también porque hasta el domingo sólo Xabi Alonso y Di María (hablo de la parte ofensiva) se las habían dado de cracks. O sea que a tenor de lo sucedido, el 1-3 no se perderá en el universo de los guarismos: Ózil le ha sacado provecho.

Y como el Madrid tiene la virtud (o el vicio) de poner patas arriba los mentideros periodísticos, el sublime papel de ‘jugón’ que se arrogó Özil ha traspapelado hasta a Mourinho. La semana está dedicada al alemán y como hay demasiada tierra de por medio como para estar parloteando del Hércules (el mismo Mou confesó el domingo que no espera un -7 del Barça), el debate de turno intenta ajusticiar el ego de Cristiano. Lo que todos deberíamos entender es que su genio le permite volatilizar partidos y no admite otras interpretaciones; luego vienen los cargos imputados: el Madrid sin él sólo ha perdido un partido de diez y, aun con él, sus goles nunca han sido decisivos en duelos de alta alcurnia. En consecuencia, ¿merece la pena probar varios partidos sin CR7? No por sentido común; no por imagen y no por mercadotecnia. Pero, sobre todo, por lo primero.

La controversia en torno a un crack no es una locura en el Bernabeu. En la temporada 2001-02 el flamante Zidane también fue fustigado por el calamitoso arranque liguero. Entonces, el Madrid sólo ganó al Espanyol en las primeras seis jornadas y los medios cuestionaban la sofisticación de Zizou, ¿sabría mutarse del engorroso Calcio a nuestro fútbol o, más bien, el Madrid no sabía adaptarse a las aptitudes del francés?  La respuesta de Zidane llegó en el último partido de la primera vuelta, cuando el Bernabeu se quedó boquiabierto con un regate antológico de la superestrella al deportivista Héctor. Aquella instantánea aplacó las suspicacias y Zidane encontró la relajación suficiente para sacar todo su abanico de proezas.  Con esto no quiero decir que a Cristiano le vayan a afectar las habladurías de esta semana. Özil, como dice Valdano, es una referencia para la década entrante, pero el liderazgo del portugués no admite dudas. La diferencia entre los dos debates es que Zidane formó parte de un proyecto que erigió Figo y prosiguió Ronaldo; a Cristiano le montaron un equipo descompensado la temporada pasada y en ésta se ha encontrado con el mejor Barcelona. Y no le pidamos avenirse a un propósito más colectivo, en el que verdaderamente el balón rueda más rápido y por más botas, entonces Cristiano ya no sería Cristiano.

La época ominosa

Mircoles, 14 Abril 2010

“No tenemos que aspirar a llegar al nivel del Barcelona, sino a ser un buen equipo”. Las palabras de Xabi Alonso son un buen comienzo para cambiar algo. Primero, toca la mentalidad del equipo y, por eso, el donostiarra ha dado en el clavo con una frase que no habíamos oído a nadie del club. Barça sólo hay uno y  a día de hoy es inigualable. O sea que el Madrid, como atina Alonso, debe emprender su propio camino, pero con una idea y una estrategia clarividente. Afición, prensa y la propia entidad se han dado cuenta de la dañina comparación entre la plantilla de Pellegrini y el que quizá sea el mejor equipo contemporáneo. La perseverancia azulgrana en La Masía ha traído una generación de fenómenos ya inolvidable y que por fortuna ha eclosionado con una precocidad asombrosa. Vamos, que le queda cuerda para un buen rato.

Antes que volver a recomponer un equipo a golpe de talonario sin ton ni son, el Madrid debería rogarle al madridismo un poco de paciencia, aunque se antoja imposible. Cada año que el club acaba en blanco, el fracaso aumenta y el prestigio se degrada. La máxima merengue de ganar o morir está asfixiando a Florentino Pérez, quien ha comprobado que esta vez no valía con fichar a los dos o tres mejores del ranking y a ver qué sucedía. Primero debieron elegir a un entrenador que trajera un plan, el que fuera pero uno concreto, y después montar la plantilla; o al revés, fichar con sentido para cubrir todas las necesidades y a continuación traer a alguien que los hiciese bailar.

Pellegrini vino sin ser el preferido, ni siquiera la segunda apuesta; Benzema fue más un subidón mediático allá por verano que un fichaje trascendental; Sneijder y Robben habrían sido los actores más cotizados entre bambalinas y la cantera podría haberse trabajado más en pretemporada para premiar a algún chaval. Nada de eso ha sucedido.

Y  ahora el equipo se encuentra en un brete muy desagradable: primero, tiene que ir a morder en los siete partidos que faltan, por si suena la flauta; segundo, haga lo que haga el club, es vital un título el próximo año. De lo contrario, el siglo esplendoroso que intuyó Zidane con aquella prodigiosa volea habrá sucumbido a una de las épocas más ominosas que recuerde el Madrid.

Si no es el mejor, que baje Messi y lo vea

Martes, 6 Abril 2010

27ec5c13240a902b08e28cfcd49ba6c7_extras_albumes_0.jpg

Messi cogió al Arsenal de esparring y le hizo añicos. Así de contundente, para que andarse con rodeos. Devoró su último tentempié antes del verdadero partido y, lo mejor para su equipo, acabó a hombros y sin rasguño alguno para la batalla del Bernabeu. Precisamente, los madridistas habrán cobrado más argumentos para defender la ‘messidependencia’, pero, ¿a quién le importa? Cuando nos habíamos cansado de sus ‘hat trick’ a granel, va el figura y nos ofrece un póker de goles. Y no hizo repóker porque dormitó durante toda la segunda parte hasta que se inventó la jugada del cuarto gol y lo metió en dos tiempos.

Lo espeluznante es que ni el propio Messi concibe su versión máxima. Él solito maniató al resignado Arsenal, aunque no estuvo enchufado los noventa minutos. De lo contrario, el abuso a los ‘gunners’ habría sido casi improcedente.  Encima, venía el Arsenal suplente, con sus jovenzuelas estrellas todas lesionadas, y  sin quererlo emocionó al madridismo con un gol tempranero al contragolpe. Quizá ésa pueda ser la criptonita que deban utilizar los blancos contra este equipo sobrenatural. De hecho, al Madrid se le da genial contragolpear; más que nada, porque si intenta ganar el combate a los puntos va a salir escaldado.

Pero volvamos a Messi. Justo después de su bacanal goleadora, apareció risueño en TVE y con su habitual inocencia dijo que ahora tocaba mirar al “partidito del sábado”. Quien le conozca sabrá que no lo dijo con regodeo ni chulería. Simplemente, le encanta la pelotita y probar todas esas cositas que practica en los entrenos. Ni se atora ni se ansía, juega para divertirse y lo demás sale rodado. Su noche sublime no fue definitiva, pero confirma la enésima evidencia de que el fútbol mundial se ha vuelto a detener en un solo hombre años después de la desaparición de Zinedine Zidane.

Poquito más queda decir de Messi: terminará por aborrecer cualquier piropo que se le lance, si es que no lo ha hecho ya. Arsene Wenger, cariacontecido ante lo que acaba de presenciar, no se esmeró mucho en rueda de prensa cuando catalogó al argentino de ‘jugador de playstation’. Más creativo estuvo Walcott, el lateral británico que corre a la velocidad de la luz: “el Barça juega a la Playstation 3”. En tal caso, al gran crack habrá que diseñarle la Play 4. Y si alguien duda, que baje Messi y lo vea.    

Europa sólo es una quimera

Jueves, 11 Marzo 2010

lyon.jpg

Pues no, Florentino, el Madrid ya no lleva la palabra ‘Europa’ en su ADN. Éste era el año elegido, en el que el Madrid debía ser infalible y saciar de una vez por todas sus ansias de Champions. Al segundo proyecto faraónico, en su versión mejorada respecto al anterior, sólo le apremiaba una conquista: la final del Bernabeu del 22 de mayo. Y sí, allí acudirán el presidente blanco, Valdano y Butragueño, pero como cálidos anfitriones. La ‘orejuda’ vuelve a convertirse en un escollo insalvable para un equipo que en Liga atiza a todos menos al Barça, pero que en el sitio donde se mide la grandeza, está exento de espíritu competitivo.

No hace mucho (siete años), el Madrid manejaba como nadie los ‘tempos’ de la Champions: se gustaba cuando la ocasión lo exigía; remontaba lo que le hiciese falta y se templaba en partidos poco apetecibles para engrandecerse en citas más atractivas. Así ganó tres Champions y así le dio más pedigrí a este torneo. Aquel dominio se apagó después del voléon de Zidane y el par de paradas milagrosas de Casillas en Glasgow. Desde entonces, todo ha sido una debacle permanente; una engañifa que ha sacado los colores al Madrid a las primeras de cambio y con rivales de mucha o poca enjundia. Porque Monaco, Roma o mismamente este Olympique deberían ser esparrings de un asalto para un Madrid al que se tilda de fracasado si no levanta la copa de las copas.

La Champions desnuda las vergüenzas de los clubes más celebres de Europa, y al Madrid ya le han dejado integral porque ha demostrado unas carencias bárbaras temporada a temporada. Le han abatido con remontadas (Monaco), por goleada (Liverpool), por impotencia (Arsenal, Bayer y Juventus) y lo peor, por prepotencia (Roma y anoche). Antes del ‘galacticidio’ (el primero), el Madrid ganaba porque infundía temor y jugaba con amor propio. Las gestas ya muy lejanas en Old Trafford, Munich y Amsterdam fueron las hazañas de un equipo que no tenía a los mejores  jugadores del mundo, pero que sabía de qué iba la Champions. A esa actitud debe agarrarse el Madrid que construyan sus jefes para la próxima edición.

Hoy no es plan de sacar culpables al impotente juego del equipo. Pellegrini, muy en su papel de asumir todas las responsabilidades, aceptó la furibunda descarga de críticas, pero esgrimió que el apogeo de este proyecto estaba calculado para dos o tres años vista. Éste es uno de los grandes contratiempos de alguien que no entiende qué es el Real Madrid. Aquí hay que ganar sí o sí, es lo único válido. Te puedes permitir ganar un año sin jugar un pimiento (Capello o Heynckes), pero al segundo la exigencia es completa. El Madrid de Pellegrini ni gana ni convence, falla todo. Por tanto, lo más cómodo y probable es que termine la temporada, con o sin Liga, y abandone la empresa.

El drama estalló anoche, pero se ha ido alimentado con sólidos argumentos durante toda la temporada. Está demostrado que el campeonato español no es suficiente baremo para medir la capacidad del equipo. En España hay dieciséis o diecisiete equipos que jamás toserán a Madrid y Barça, mientras que en Europa, ya lo habéis visto, hasta el Lyon más sim plón de la última década humilla a quien más obligación tenía de ganar este año.

Claro, luego ves como el Manchester golea al Milan sin hacer nada del otro mundo, cuando el Madrid fue incapaz de vencer a los italianos en dos partidos. Puede que los chicos de Sir Ferguson caigan en cuartos, pero nadie dudará de su competitividad. Ellos sí que están hechos para la  Champions. Tienen a Rooney, que en la Premier puede pasarse cinco partidos sin marcar y a la hora de la verdad casi nunca falla. Lo mismo sucede en el Chelsea e incluso en el Arsenal, en el que chavales primerizos debutan todos los años en Champions y suelen meter al equipo en cuartos como mínimo.

Al Madrid sólo lo puede curtir Cristiano, porque Raúl ya ha ofrecido lo mejor de sí mismo en las noches mágicas; Guti nunca ha entendido esto de la Champions; Higuaín (pobre Higuaín) no se quita ni con aguarrás esa pátina de delantero fallón; Kaká viene a ser el timo del siglo y el resto hacen lo poquito que pueden en Champions, que se ha visto que no suficiente.

En consecuencia, los de arriba tienen que adelantar los deberes para montar un Madrid más Real Madrid el año que viene y los de abajo sacar fuerzas (si es que las hay) para no perder el pulso con el Barcelona en la Liga. Si al final resulta que el Madrid gana en España, ¡enhorabuena, otra más! Ramón Calderón se llevó dos consecutivas y nadie ha sacado pecho por ellas. La Champions es de otro planeta y el Madrid dejó de estar en órbita hace siglos.

Magnífico: discutimos quién será el tercer portero

Viernes, 5 Marzo 2010

“Esta España es como la Francia de Zidane”. Lo dice Henry, otro francés humillado en París por la estocada del vecino. Claro está que esta España no tiene un Zidane, pero tampoco lo necesita. Francia hincó la rodilla y debería darle las gracias a Del Bosque porque ahora sí ha averiguado su verdadero nivel. O sea, cero. Tampoco ayuda mucho que su opinión pública nos rinda pleitesía, aunque una resignación tan explícita como la de L’equipe (“España da una lección de fútbol”) se agradece después de tantos y tantos años de recelos, pataletas pueriles y envidias insanas. Si fuera por los mentideros franceses, a Induraín le someterían a un control antidoping hasta en una clásica de aficionados y a Rafa Nadal le habrían quitado un par de Roland Garros por ese ‘dudosa capacidad sobrehumana’. Así se las han gastado siempre. Por eso, nuestra selección no debería hacer mucho caso a las loas francesas; su guillotina mediática está bien afilada en caso de que fracasemos.

El caso es que ‘La Roja’ interpretó en Saint-Denis el estado de excitación que vive la nación a tres meses vista del Mundial. Fijaos cuál es el grado de perfeccionismo en el que se desenvuelve este equipo, que el único debate con enjundia es discutir quién será el tercer portero de la convocatoria. Magnífico. Pasito a pasito, y el de París fue importante, el combinado nacional inspira una diversión en cada envite comparable a un Madrid-Barça. Al fútbol de la selección le urgía este momento de exaltación; ver a España era un soberano coñazo hasta el comienzo de la pasada Eurocopa. Hoy nos gusta hasta posponer la Champions para deleitarnos con los chicos de Del Bosque.

Y como a la prensa deportiva le encantan las comparaciones, el eterno debate sobre quién es ahora mejor o peor, pues aparentemente sólo Brasil podría hacernos la puñeta. Pero claro, no vayamos a caer en el jueguecito de todos los Mundiales y, creyéndonos la leche, nos den un sopapo en toda regla a las primeras de cambio. Hemos choteado a Francia en un amistoso…Sudáfrica será otra historia.