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Archivo de la categoría ‘Zidane’

“¿Me buscabais?”

Jueves, 18 Febrero 2016

De repente el Madrid volvió al spa que más le relaja. Si a las 20.30  el Barça engullía la Liga en busca de la madre de cualquier récord, quince minutos después Zidane empezaba otra ‘liga’ que decidirá si nació o no para entrenar al Real Madrid. El Olímpico proponía un partido arisco, de mucho barro y pocas viguerías made in MSN (marca patentada en Can Barça); y la primera parte no defraudó en racanería italiana: cero disparos  y millones de bostezos. Los blancos no convencían porque tácticamente falta demasiado trabajo artesanal. Y como los periodistas tan sólo podemos intuir cómo entrenan detrás de la persiana que bunkeriza Valdebebas, son estos partidos los que delatan que James aún no ha encontrado a Rodríguez en aquel media punta escurridizo que soltaba el látigo. El colombiano ha perdido su ‘mojo’, como diría Austin Powers, y entre salidas nocturnas y carreras de Fast and Furious la figura de los ochenta millones se ha difuminado. No sucede lo mismo con Isco, que decidió moverse de una banda a otra para intentar romper la carcasa romana. Son esos gestos los que agradece Zizou, poco dado a la mano de hierro y más entregado a las artes plásticas. Es decir, que si Isco se inventa una de esas “croquetas” de las que habló Iván Helguera en su rajadora entrevista en El País, Zidane no le abroncará

Cristiano largó en la rueda de prensa y en el campo. Su gol era una deuda con el madridismo más abrasivo que le acusaba de no dar la talla en grandes veladas, y con el resto de los mortales que le reclamaba un plan adelantado de jubilación. El regata a su espalda aplaca el estúpido murmullo de que ya no regatea ni a una farola, el cañonazo es la garantía de que venderle a cualquier ricachón que pueda comprar los cheques que su ego extiende suena obsceno. Y aunque delante de las cámaras muestre su pose más hierática, él se siente villano en la eterna comparación con Messi. “Estoy feliz, juego siempre y a veces marco goles”, soltó con toda la retranca del mundo en sala de prensa. Palabra a palabra, da la sensación de que CR7 es otra víctima del ambiente conspiranoico que envuelve al Madrid y que sólo ve enemigos en todas partes. Desde eso preciso momento, supo que había comprometido el partido: jugar mal y hundirse en el más hondo ostracismo, o lanzar un tomahawk y preguntar “¿Me buscabais?”. El Barça puede escoger ametralladora, lanzallamas o misil para acabar el trabajo; en cambio, Cristiano es toda la artillería pesada del Real Madrid, Cualquier contratiempo del portugués atraería a los jinetes del Apocalipsis. Y no es una exageración.

El gol en carrera de Cristiano sugiere por una vez un debate sano dentro del club, lejos de toda la hojarasca institucional que eclipsa las típicas charlas de barra de bar. ¿Un Madrid al trote o al galope? CR7 y Bale son el ejemplo de que este equipo muerde con velociraptores; Benzema, Modric e Isco prefieren rodar el balón antes que las piernas. Quizá Zidane también porque va en su adn. No obstante, el Madrid de los últimos tiempos es un híbrido entre la exageración vertical de Mourinho y el reposo de Ancelotti. Comentaba David Gistau en COPE que nota demasiada filigrana en el equipo de Zidane, como si Marcelo o el propio Isco quisieran acabar las jugadas al estilo fútbol-sala. Y, en parte, tiene razón porque en el Madrid la lista de francotiradores da la vuelta a la esquina: Cristiano, Bale, Modric, James…Incluso, el Barcelona de Luis Enrique ha dejado de sobar el balón hasta los límites insospechados de Guardiola. Sin tiempo para experimentos de laboratorio, Zizou debe elegir su fórmula, y la pista que dio Pep con aquel “Madrid de atletas” no esta mal tirada. Pero nada mal. 

La cirugía no ha terminado

Lunes, 25 Enero 2016

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El Barça atufa a campeón, mientras el Real Madrid todavía está tumbado en la camilla  en plena operación de lifting. La cirugía mejorará su imagen, pero el bisturí tardará en conseguir ese equipo apoteósico que aspira a la versión galáctica sin ‘galacticidio’, claro.  El empate en el Villamarín fue un accidente que sucedió por sorpresa, luego está la autopista de Danilo, ese portugués que el pasado abril iba a emular al mejor Roberto Carlos en banda contraria y anoche twitter le comparó con aquel pufo también luso llamado Carlos Alberto Secretario. Carvajal se ha ganado el puesto por meritocracia y Gareth Bale por absentismo laboral: dos años y medio después podemos decir que el Madrid echa de menos al fichaje de los 91 millones (o 100 según el diario AS). El debate comienza a cocerse a fuego lento: Bale entrará de lleno en el Ibex 35 del fútbol, Cristiano está a punto de salir. Sólo un puñado de goles decisivos le mantendrían en la poltrona de Zeus. Al final, lo mejor es escuchar a los madridistas en las barras de los bares: hace tiempo todo era imposible sin Cristiano, hoy es traumático que Modric o Benzema se constipen.

Zidane insistió a la prensa con la segunda parte, pero el instinto depredador de cualquier gigante anestesiado le impulsa a acorralar a la presa; lo contrario sería hablar de un pelele. El Madrid tenía que atrincherar al Betis sí o sí, por lo civil o lo criminal, y para no seguir desgastando el proyecto faraónico del presidente. Atacó por tierra, mar y aire pero se topó con Adán, santo y seña del Betis, que alterna actuaciones tipo Benji con otros de Alan (el eterno segundón de la serie). Que el balón no quisiera entrar no es coartada para seguir agrandando la efímera carrera del técnico; ni siquiera vale la perspectiva tan deslumbrante que éste pintó en rueda de prensa. Quizás detrás de sus palabras haya una sonrisa de joker. El calendario se ha envenenado porque la gente de la calle no presta atención a los equipos de media tabla hasta que llega un patinazo; hablando en plata, los primeros exámenes finales llegarán en la velada del derbi. Entonces, averiguaremos si Zidane ha construido un mecano con prisas y de cartón piedra, o de verdad hay cimientos macizos para que la grada se sobreexcite. El frenazo de Sevilla hará correr como la pólvora el runrún del Bernabéu. De eso no se salva ni una leyenda.

Sin Liga, el Madrid tiene que invocar el espíritu de las Champions recientes. Jugarse toda la temporada a una carta va en el adn merengue. La ‘Séptima’ salvó una Liga estrepitosa; la ‘Octava’ eclipsó el quinto puesto de aquel año; la ‘Novena’ abrió la puerta al título del Valencia y la ‘Décima’ de Ancelotti provocó despistes antológicos. No obstante, si tuvieran que jugarse un all in por un equipo, apuesten por el Real Madrid. No les defraudará. Como tampoco lo hará James Rodríguez si nosotros, como periodistas o ‘terroristas de la pluma’, no damos la vara con esa vida llena de salsa rosa. A él le “jode” que hablemos demasiado, al socio que paga 500 euros por su carné le cabrea aguantar cómo el mejor jugador de la temporada pasada se ha vuelto de repente en un rebelde sin causa. Su segunda parte ante el Betis le permite licencia para soñar. Ése es el método, si la noche no le confunde como a Dinio, ni se marca más Fast and Furious por la M-40.          

Pegarle al saco como si no hubiera mañana

Domingo, 17 Enero 2016

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Vuelve el Circo del Sol. Pero lejos de ser galáctico por temor a otro galacticidio, Zidane no quiere cerca aduladores que le calienten la oreja. Y como en el Real Madrid se sube del infierno al cielo a la velocidad de la luz (y viceversa), al entrenador no le lloverán palos o zanahorias hasta que empiecen las grandes veladas de Las Vegas. Por el momento, esparrin a esparrin, entrenando los mejores golpes y pegándole al saco como si no hubiese mañana. Eso fue el Sporting, un fardo que cayó al suelo mientras el speaker jaleaba la alineación merengue por los altavoces. Abelardo insistió durante la semana en que un fallo en el coliseo merengue “te mata para el resto del partido”; sus defensas no escucharon la rueda de prensa porque en menos de lo que se chasquean los dedos los centrales habían perdido dos balones en su área. Y ni una sola falta en veinticuatro minutos, aunque fuese para hacer acto de presencia. La defensa del ‘Pitu’ sacó el cartón piedra y la BBC se aflojó el cinturón para la bacanal romana que se avecinaba: vomitar a posta para seguir engullendo con todo el descaro del mundo. El fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), pero, ¿tanto han cambiado los mismos once cabrones de siempre (ahora Toshack) de repente? De empatar a cero con el Málaga a clavar sendas manitas a Depor y Sporting. Saquen sus propias conclusiones, aunque hay alcantarillas que aún no se han destapado.

“Ahora entendemos un poco más lo que quiere el míster”. Tarde o temprano Isco tenía que romper su silencio. Defenestrado por Rafa Benítez y sus galimatías tácticos, Zizou le ha entendido de jugón a jugón. Su asistencia made in Laudrup a Benzema fue aplaudido por el entrenador, que le sugiere guante de seda arriba y disciplina espartana campo atrás. El Madrid necesitaba el pegamento de la bota de Isco, una chistera de la que nadie sepa cuándo va a salir el conejo. Y, desde luego, que sin él ni la mejor versión de James Rodríguez (ahora en una galaxia muy lejana) nunca habrá efecto sorpresa. Quien sí sorprendió fue Cristiano, que vuelve a exhibir esa sonrisa Profident oculta en la anterior etapa. Dice que tiene más empatía con Zidane que con Benítez, una manera modosa de aclarar que no aguantaba al técnico español. Así que un mensaje para el sector cafre de twitter: quizá la prensa no pequemos tanto de salsa rosa. Si ninguna cámara capta un guiño entre Rafa y Cristiano, si cualquier imagen es pasotismo absoluto entre ambos, puede que suceda algo. Y no se trata de encabronar al madridismo.

Todo es felicidad en el mundo de Pocoyó. Palmadas en la espalda, pulgares arriba y mil perdones entre jugadores cuando el balón no entra o el pase falla. “Con un vestuario cabreado no vas a ninguna parte”, soltó Fabio Capello después de abandonar el Madrid por segunda vez en la era Ramón Calderón. Él mismo lo sufrió en sus carnes, cuando tuvo que ceder a la presión de los capitanes Raúl y Guti, y volver a convocar al repudiado David Beckham. Capello entendió al vestuario, hincó la rodilla, y el Madrid remontó aquella Liga. Por acabar la disección del cadáver, Benítez nunca supo interpretar a Clint Eastwood en El Sargento de hierro; Zidane no lo necesita. Los mitos pesan demasiado, aunque alguno se empeñe en seguir viéndole como un póster voleando la Novena.    

 

 

 

Cortita y al pie

Mircoles, 6 Enero 2016

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“Si pudiera dirigir un equipo, siempre jugaría Riquelme. Fue un honor haberme retirado con su camiseta en mis manos”. Es el libro de estilo de Zinedine Zidane. Cortita y al pie, en campo contrario y sin perder el balón. Florentino Pérez siempre tuvo dos obsesiones: reventar el mercado con Leo Messi (así lo soñaba y así se lo transmitió a Cristiano Ronaldo en su despacho de ACS) y moldear a Zizou, su galáctico de cámara, en una copia perfecta de Pep Guardiola. “Los grandes jugadores serán grandes entrenadores”, sentenció Johan Cruyff. Entonces, Maradona, Van Basten o Michael Laudrup son la excepción que confirma la regla. Zidane está llamado a desconectar esa trituradora andante que engulle entrenadores al ritmo que el club gasta millones. Es el Neo de Matrix, el elegido para abrir una nueva era sin vedetismos, estrellas de rock con derechos y sin obligaciones, y caprichos multimillonarios. Si hay un líder es, desde hoy, el hombre que fue convertido en mito por el Bernabéu. “Nunca se está preparado para entrenar al Real Madrid”; de repente, una incontinencia de sinceridad. La leyenda mundial bajó al barro, sin promesas ni ruido hipócrita: “¿Ganar? Vamos a intentarlo”. Dos palabras repitió Zidane hasta la extenuación: trabajo e ilusión. De lo segundo iba sobrado Benítez, otra historia en otra galaxia muy lejana fue ver un Madrid currado (y de currantes). Ni las persianas cerradas de Valdebebas mienten.

A un tipo volcánico como Zidane le habría molestado que un entrenador intentase corregir la técnica de sus roulettes. Cristiano Ronaldo aguantó cómo Mister Rafa le sugería patear las faltas y Toni Kroos cómo debía colocar el pie para un pase largo. La gente del fútbol respeta unos códigos que el vestuario blanco considera vulnerados por el técnico saliente. Por eso, ni rastro de agradecimientos públicos en las redes sociales: los mismos jugadores que abrasaron twitter con mensajes de apoyo a Ancelotti, han ignorado a Benítez, aunque su entorno confiese que sí ha recibido llamadas personales de algunos futbolistas. En julio no fingió lágrimas cuando se emocionó en su presentación porque, mimetizando el himno merengue de las mocitas madrileñas, “cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano”. Su carta de despedida lo atestigua. Él ya es historia (no literal, claro), Zidane es el presente y el futuro la gigante y eterna duda en el banquillo más complicado del mundo. No obstante, el adn del astro francés no miente: “ganar, no hay nada más”. Sí, otro fracaso de consecuencias apocalípticas. Y no es hipérbole.

Zidane ama el arte de Guardiola en rondos y ejercicios claustrofóbicos con balón. Cuanto menos espacio, más habilidad. James e Isco pueden volver a respirar; incluso si volviese el incomprendido Guti, al que el propio Zizou y Ronaldo el ‘gordito’ nunca dejaron de tirar flores. Pero quizá el vestuario más joven sólo conozca la historia de su nuevo entrenador desde el año cero de la volea de Glasgow o aquel regate de la ‘cuerda’ al deportivista Héctor. Tampoco sabrán que en los años del Madrid galáctico, la única vez que se detuvo un entrenamiento para aplaudir a alguien fue al que ahora viste de traje y corbata de seda.  Que Zidane sea entrenador no va a implicar sesiones made in Globetrotters; su talento aguantaba noventa minutos porque la Juventus le sometió a carne de gimnasio. Así que se anuncian cargas físicas pesadas en Valdebebas. Una dosis de pelota de Guardiola; otra de Ancelotti en gestión de cracks; Marcello Lippi la física…¿Y del Bosque? Habrá que preguntárselo.

Eden Hazard, talento de madre

Domingo, 26 Abril 2015

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“Hazard es el crack del futuro; es muy bueno y va a serlo aún más. Lo llevaría al Madrid con los ojos cerrados”. Apología de Zinedine Zidane en el diario L’Équipe en diciembre de 2010. El entonces asesor del Real Madrid comentó a Florentino Pérez que llegaría a levantar un Balón de Oro. Todavía no era ídolo de masas en Stamford Bridge, pero su meteórica eclosión en el modesto Lille llamó la atención de media Europa. Su mentor, Rudi García, siempre le convenció de que su sitio no estaba en la liga francesa porque “le iba a quedar pequeña”. Y la sugerencia fue tomada al pie de la letra por Roberto Di Matteo, técnico del Chelsea en su año más glorioso, el de la Champions contra el Bayern de Munich en Munich. Abramovich ni siquiera pidió una auditoría para detallar si Eden Hazard valía 40 millones; simplemente aceptó el ‘capricho’ de su entrenador.

“Yo estaba en el estómago de mi madre cuando ella todavía jugaba. Tenía tres meses de embarazo cuando dejó de jugar profesionalmente”. El talento de Hazard se explica desde su genética futbolera: el padre, Thierry, jugó en la liga belga sin pena ni gloria, y su madre, Carine, compitió en la máxima categoría femenina. Ella mimaba el balón con el mismo tacto que a Eden, su primer niño. Y por las historias de cuna que la madre le contaba a su bebé, éste fue enamorándose del oficio. Hoy Hazard descerraja defensas demostrando a su madre que supo asimilar los conceptos desde que crecía en su vientre. De la misma escuela que Isco, conduce la pelota pegada a la bota con super glue. “No es rápido, pero sus cambios de velocidad sí lo son”, suele describir Frank Lampard. De mito a casi mito. Hazard fue un genio incomprendido en su primer año en el Chelsea, desquiciándose cuando Fernando Torres no leía sus intenciones o Ramires pegaba un patapum parriba sin sentido (como decía el guiño de Javi Clemente). Entonces llegó Jose Mourinho, y en una de sus primeras charlas de entrenador a jugador, le explicó sin titubeos que su talento necesitaba un trabajo plomizo detrás. De repente, el mismo Hazard que perdía un balón y se lamentaba con aspavientos, empezó a mirar de reojo a su espalda. Sus regates en un metro cuadrado al estilo Paul Gascoigne venían condimentados con un puñado de carreras imposibles. El Chelsea defiende en un bloque de cemento armado y eso incluye al fino estilista belga. El ataque es otra historia, porque la creatividad de Hazard pesa demasiado.

El Chelsea está a punto de ganar la Premier y Hazard será nombrado, casi con total seguridad, mejor jugador del campeonato. Dice Gary Lineker, el gurú de la prensa inglesa, que “después de Messi y Cristiano, viene la era de Hazard”. Suena a blasfemia, aunque de momento no ha salido a la palestra ningún crítico para rebatirle. Y como hablar de la estrella del Chelsea supone describirle con un aura galáctica, la fábrica de rumores no ha tardado en desparramar el más morboso de todos: ¿A Florentino le gusta Hazard? Por si acaso, Mourinho avisa: “Vale 125 millones de euros…en cada pierna”.  

Las reglas del ocio

Martes, 31 Marzo 2015

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La fin. El diario L’Equipe publicó su demoledor titular en letras capitales la tarde que Dinamarca bailó a la entonces campeona de todo en el Mundial de Japón y Corea. Aquella generación comandada por Zidane se había preparado para reventar la historia: su fútbol solidarizó odios raciales en su Mundial del 98, redujo al continente en la Eurocopa de los Países Bajos y la leyenda les esperaba en el Lejano Oriente. El fútbol contemporáneo no había visto un prodigio semejante desde el Brasil del setenta hasta que las tertulias periodísticas dieron un vuelco con el bombazo inaugural de Senegal. Pero aquel titular de L’Equipe y el tsunami de dramatismo de la opinión pública indignó al vestuario nacional. “Creo que no merecimos tanta leña”, comentó David Trezeguet años después de la debacle; “Palos y más palos. Parece que nunca hayamos logrado nada”, espetó Thierry Henry, uno de los jugadores más vapuleados por la prensa.  Sin embargo, la reflexión niquelada la pronunció Zidane en Le Monde durante la pretemporada de ese verano con el Real Madrid: “En Francia tan pronto te barren como te ponen la corona”.

La prensa española todavía no se ha atrevido a llevar a ‘La Roja’ al cadalso. La selección de todos ahora no lo es de nadie, al menos para la calle. La decepción de Brasil mantiene anestesiado a cierto público que se emborrachó de emoción durante cuatro años y hoy considera al equipo un marrón molesto que petardea entre Liga y Champions. Antes eran Madrid, Barça y España, la genuina de Luis y la continuista de Del Bosque; hoy la prensa rellena minutos de telebasura sobre la selección a golpe de mamporros. Casi todos al entrenador y al portero, por cierto. Juanma Castaño sacó el bisturí en el Tiempo de Juego del domingo y diseccionó al ¿cadáver? por donde a pocos ‘cirujanos’ se les había ocurrido: “El último partido que divirtió España fue en Saint Denis en la fase de clasificación para Brasil”. Tal cual. Fue la última vez que el combinado nacional fardó de tiqui-taca, aunque entonces España oliese a la misma colonia que Francia cuando aterrizó en Corea para comerse el mundo.

La travesía es demasiado dura porque, como asegura Del Bosque a su círculo privado, “cada partido es una reivindicación permanente”. O Globo, el periódico brasileño con más solera, condenó a sus once penitentes de por vida por la masacre de Alemania en las semifinales de su Mundial. ‘La Roja’ ha entrado en fase experimental y jugar con probetas hasta que vuelva a salir otro tiqui-taca aburre a la gente. O de repente España vuelve a orquestar fútbol en versión Von Karajan o el interés bajará al submundo, cuando la época de Javi Clemente. Es duro pero son las reglas del ocio en este país. Y la selección sabe (porque lo ha visto) que jugar un partido aseado de cada dos no vende. Quizá esos aficionados que ya no se atreven a desempolvar la camiseta de Sudáfrica, tengan que meterse en la mollera que Puyol ya no está; Xavi sólo hubo uno y Villa dejó de golear. Iniesta lo dejó caer hace unos días: “El mismo éxito será devolver la ilusión a la gente que haberlo ganado todo”. Puede, pero desde luego que esa gente, hoy amplia mayoría, no se lo reconocerán. Es la cultura de esta España. Por eso, Inglaterra, Argentina o Brasil siguen gozando de un privilegio casi exclusivo: en las buenas y en las malas, siempre la selección. Aquí Real Madrid y Barça se metieron entre bastidores cuando la selección gritó ‘¡fútbol’! al mundo. Sólo un instante, sólo un momento.  

El hombre que nunca traicionó su camiseta

Sbado, 12 Julio 2014

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A Florentino Pérez le entusiasmó que Fernando Hierro, Raúl y Mijatovic viajasen a la final de Lisboa como emblemas del Real Madrid. No sólo eran historia viva, tampoco simples motivadores de un vestuario que se jugaba el éxito o el fracaso en un solo partido. No, el presidente por fin entendió que a las grandes figuras había que cuidarlas y que en su mano estaba reparar el prestigio dañado en el pasado. De Florentino siempre se ha dicho que no tuvo ningún tacto para despedir a futbolistas convertidos en mito por el madridismo: con Hierro protagonizó la noche de los cuchillos largos instantes después de ganar la Liga del 2003 al Athletic en el Bernabéu. Al capitán todavía le escocía el trato de la directiva a su amigo y compañero Fernando Morientes, quien se mantuvo en la plantilla por petición expresa del propio Hierro y Raúl durante una conversación con Florentino en Mónaco en agosto de 2002. La maldita noche empezó con una bronca entre el malagueño y Jorge Valdano, entonces director deportivo, dentro del vestuario del coliseo merengue. El argentino les obligó a salir al césped a celebrar la Liga con la grada y Hierro poco menos que le mandó a esparragar. Horas después, las caras largas en el Mesón Txistu provocaron la chispa que hizo saltar todo por los aires: Hierro y Del Bosque despedidos, y Morientes cedido al Mónaco días después.

Tampoco Raúl tuvo la despedida de sus sueños. Dieciséis años de servicio blanco quedaron reducidos a una fría despedida durante una mañana de julio, y una rueda de prensa seca y sin apoyo institucional. Mourinho le pidió que se quedara para exprimirle sus dotes de liderazgo y eterna comunión con la afición, pero Raúl sabía que las heridas de guerra tardarían demasiado en cicatrizar. Guti, capaz de lo mejor y lo peor, tampoco se marchó en loor de multitud; casi siempre en el alambre, la prensa le había anunciado fuera del Madrid casi todos los años. Fue su talento lo que siempre le salvó. Claro que si con Raúl apenas se acicaló la sala de prensa, a Guti no se le iba a agasajar con la menor intención desde el club. En cambio, Zidane, uno de los hombres del presidente, sí tuvo su partido de homenaje: no fue ningún amistoso, ni siquiera un trofeo Santiago Bernabéu. El club aprovechó su anunciada despedida para rendirle tributo en el último partido liguero del 2006 en casa contra el Villarreal. El estadio se llenó y Zizou fue sustituido sobreexcitado por la fiesta. Por último, Manolo Sanchís, capitán de capitanes, declinó la oferta a un homenaje en 2001. Él fue el primer mito que se retiraba en tiempos de Florentino y fue Butragueño, ya directivo blanco, quien le llamó de parte del presidente para sugerirle una fiesta por todo lo alto. Sanchís, poco dado a fastos multitudinarios, no quiso su partido y el Madrid le brindó un pequeño gesto sobre el césped al término del último partido contra el Valladolid de la temporada 2000-2001.

Estos jugadores habrían merecido sendos amistosos, como sí los tuvieron Hugo Sánchez y ‘el Buitre’. Quizá por ello, Florentino con los años se ha dado cuenta que a los protagonistas de la historia centenaria del club hay que mimarles. Raúl recibió su homenaje el verano pasado, tarde pero muy cuidado. Incluso, el Rey Juan Carlos acudió al palco de honor a abrazar al ‘7’. Y Hierro no se vestirá de corto pero podrá disfrutar de una vuelta más emotiva: dirigir al equipo a las órdenes de Carlo Ancelotti. Experiencia en el banquillo apenas tiene, por eso viene como aprendiz. No obstante, sus pinitos después de colgar las botas han sido casi perfectos: como director deportivo de la Federación manejó extraordinariamente bien la transición entre Luis Aragonés y Del Bosque (fue Hierro quién eligió al actual seleccionador). Y en un Málaga arruinado convenció al jeque Al-Thani para que pusiera al frente del despacho deportivo a su amigo Antonio Fernández, quien construyó las bases del ‘EuroMálaga’ con Van Nistelrooy, Baptista, Isco, Joaquín, Toulalan, etc.

Hierro es puro madridismo porque nunca traicionó su camiseta. Su jerarquía en el vestuario pudo gustar (Raúl) o irritar (Iván Campo), pero siempre fue indiscutible. Cuando prensa y afición murmuraron que sus días de gloria tocaban a su fin, dejó su cuerpo en manos del mejor fisioterapeuta, Pedro Chueca, para que se lo devolviera con un motor diesel. Y funcionó. Su astucia le ha permitido cuidar su imagen pública, la de no delatarse como un hombre vengativo y rencoroso por el pasado. Jamás habló mal del Madrid, directamente lo ignoró. Sin embargo, no ha querido cortar de cuajo ese cordón umbilical: junto a Sanchís ha presidido en estos años la asociación de veteranos, con partidos por medio mundo y los Classic Match del Bernabéu. Ancelotti le ha pedido como sustituto de Zidane porque es un tipo que entiende los vestuarios donde se amontonan tantos egos. Y con el añadido extra de que Sergio Ramos, Pepe y, sobre todo, Varane, tendrán en unos días al profesor más laureado de su asignatura. “Con Hierro se puede hacer un máster acelerado de cualquiera cosa, pero los centrales se van a frotar las manos”. Palabra de Manolo Sanchís.

A Zidane también le “faltó apetito”

Viernes, 20 Junio 2014

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Zinedine Zidane también habló de “falta de apetito” cuando los periodistas franceses le exigieron explicaciones a la sorprendente y ridícula eliminación de Francia en el Mundial de Corea. Entonces, la selección blue había dominado el mundo con un campeonato simplemente perfecto en su casa y reivindicó su fútbol de mil y un quilates en la Eurocopa de Bélgica y Holanda. Aquella Francia imponía cualquier baile al ritmo de Zidane, de largo el mejor jugador del momento. El Mundial del Oriente Lejano debía ser la constatación de una generación mítica, inolvidable para el fútbol galo, y que había puesto patas arriba a un país entero; no en vano, la Avenida de los Campos Elíseos se había engalanado con antelación para celebrar los fastos de lo que podía ser un récord bestial: Mundial, Eurocopa y Mundial. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Senegal, Uruguay y Dinamarca serían un mínimo obstáculo para el estilo más versallesco y efectivo que existía en el planeta? De repente, los africanos se sublevaron por físico, los uruguayos por ímpetu y Dinamarca se encargó de decapitar a un equipo francés que, en apariencia, no escondía ni una sola debilidad palmo a palmo del césped.

“Creímos que con el gallo estampado en el pecho ganaríamos medio partido”, dijo Thierry Henry después del batacazo inicial contra Senegal; “nos ha faltado una charla de vestuario de nuestro gran capitán, Didier Deschamps”, comentó Emmanuel Petit como coartada del fracaso. En efecto, Deschamps fue el líder espiritual y de puertas adentro de la campeona del 98 y 2000, pero su tiempo se había extinguido y sus compañeros quedaron huérfanos sin su presencia en Corea. “Fui de los que más eché de menos a Didi”, comentó con nostalgia el todoterreno Patrick Vieira la tarde que Dinamarca les mandó para casa sin haber olido ni un solo gol a favor durante todo el torneo. “Tengo miedo del recibimiento en el Charles de Gaulle (aeropuerto de París)”, espetó medio en broma medio en serio el histriónico portero Barthez.

En la selección española nadie se ha atrevido todavía a romper el hielo con un chascarrillo: todo son arrepentimientos y perdones. Esa actitud la ha tomado, como es su deber, el capitán Iker Casillas; otros pesos pesados sí han explicado la debacle. Las declaraciones de Xabi Alonso, casi pasajeras minutos después del estropicio definitivo y hoy superlativas para toda la nación, son el marrón inevitable que debía comerse algún jugador. Al donostiarra se le suele acusar de excesivamente reservado, pero cuando habla jamás peca de hipocresía. Si Xabi habla de “falta de hambre” y “mala preparación física y mental”, las charlas de barra de bar ya no tienen que inventar teorías fantasiosas. Ésas son las razones del desastre nacional, a pesar del supuesto mosqueo del resto del vestuario, como publica MARCA este viernes.

España se quedó a la puertas de convertirse en dinastía pero deja un tributo al fútbol mundial sólo comparable a Pelé y su famoso ‘Brasil del 70’. Y a diferencia de la Francia faraónica de Zidane, donde él inundaba de elogios las crónicas periodísticas, la selección de Del Bosque y antes de Luis ha arrasado las hemerotecas durante cuatro años con un género inédito y casi irrepetible. Y como cualquier obra maestra, cuando la siguiente película apenas arranca buenas críticas, quienes estaban agazapados preparan ahora los morteros y los adoradores se tornan en aduladores. Sí, ‘La Roja’ merece ser atizada hasta que se rompa la esterilla, porque sus internaciones han demostrado ser esta vez más tipos de clubes que de selección. Quizás la Champions colmó el apetito de los madridistas y quizás los barcelonistas aún no hayan superado la pesadilla del año. Un Mundial requiere una pretemporada especial sin distracciones, y a la vigente campeona se le ha agasajado con infinitos actos publicitarios que le han privado de ratos de charlas tácticas. Claro que el business es business en el negocio, que no deporte, del fútbol. Por si acaso, Del Bosque lo advirtió el pasado noviembre en Guinea Ecuatorial: “sólo he visto hambre en los ojos de Koke”. Ni siquiera el seleccionador debió acordarse de sus propias palabras.

Khedira, Makelele…currantes imprescindibles

Lunes, 18 Noviembre 2013

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No es habitual que un entrenador medite cambiar su táctica por un lesionado, salvo que el damnificado fuese Messi o Cristiano Ronaldo (y ni con Messi en el dique seco el Barça va a retocar su dibujo).  Pero si Carlo Ancelotti confiesa a los medios que a lo mejor cambia de sistema por Khedira, ‘tuercebotas’ en España y pánzer venerado en Alemania, quizá los periodistas nos equivocamos en algo. Extraña que haya futbolistas amados por todos sus técnicos y odiados por la opinión pública. Mourinho, Ancelotti y Joachim Löw algo sabrán de fútbol si no conciben alineaciones sin Khedira; sin embargo, nuestras mentes aviesas, las de quienes escribimos, no contemplan jugadores que vistan de blanco y les cueste mil horrores hacer un quiebro o controlar un balón: estéticamente chirría, claro que si el barómetro lo pone un tal Zidane…

No hace mucho tiempo que el Madrid se dio cuenta de la importancia de Claude Makelele. Ninguneado por su club durante el apogeo galáctico, la prensa que valoraba su ‘trabajo sucio’ se contaba con los dedos de una mano. Recuerdo durante un Bayern-Madrid de Champions League retransmitido por TVE que Míchel, comentarista entonces, se dedicó todo el partido a ensalzar la labor del escudero de Zizou. “Cubre cualquier palmo del césped y se dejaba los pulmones para aliviar a Hierro y Helguera”, dijo en reiteradas ocasiones la leyenda merengue. No le faltaba razón porque en aquel Madrid de Del Bosque hacían falta currantes para que Zidane, Ronaldo y Figo brillaran; su fútbol de alto copete tenía un trabajo duro entre bambalinas, un making of del que Makelele era el protagonista absoluto. Entonces se hablaba de una clase media que aguantaba a la galáctica, y el francés estaba por encima de todos. Su gran inconveniente es que jugaba con compañeros que copaban las portadas según fuera más exagerado el ‘Picasso’ que se inventaba cada uno en el campo. Al final de la temporada 2002/03 Makelele se sintió imprescindible, de verás que lo era, y en consecuencia, pidió un aumento salarial merecidísimo en los despachos. Sin embargo, no era una estrella, sino un obrero más, por mucho que Del Bosque insistiera en su trascendencia.

Khedira es de esos figurantes que arranca aplausos con cualquier sibaritismo, pero enerva a la grada si mantiene el balón más de un segundo en sus pies. Se le fichó del Stuttgart para cortocircuitar jugadas rivales, requisito imprescindible en la filosofía mourinhista de jugar y ganar sin tocar demasiado la pelota. Así empezó hasta que se destapó como un curioso ‘llegador’. En España nos sorprendió una faceta que le era muy natural en la Mannschaft. De hecho, Franz Beckenbauer dijo  una vez que “si Khedira tuviese las aptitudes de Schweinsteiger con balón, Alemania tendría al mejor centrocampista de toda su historia”. Suena exagerado, y más cuando Khedira alimenta el runrún de la prensa cada vez que el Madrid anuncia una alineación, pero si a Carletto se le ha desarbolado su ‘árbol de navidad’ (título de su último libro), quizá Khedira no sea tan paquete. No tanto como para que Florentino rechace una oferta del United por cuarenta millones redondos alegando que es “imprescindible” (ésa fue la palabra exacta). Un detalle sí ha captado el alemán: el Bernabeu agradece gente que ponga huevos, pelee y se tiré al suelo como obsesos por el balón. Khedira es uno de ellos. El Madrid le echará de menos, lo dice su entrenador. 

Consuelos para Ancelotti

Jueves, 17 Octubre 2013

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Ancelotti no se ha metido en una casa cualquiera. A su antecesor le llovieron las críticas en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo que tardó el equipo en aburrir a la grada. Sin embargo, Mourinho pidió un margen de confianza: “Mis segundas temporadas mejoran a las primeras, y la tercera, sin duda, es la mejor”. La profecía se cumplió a medias. Quizá por ello, Carletto reclama un balón de oxígeno en el Corriere della Sera. “No se puede jugar peor”, el titular es demoledor. Revisando hemerotecas, hacía muchos años que un entrenador del Madrid no hacía un examen de conciencia tan crudo y sensato. Precisamente, el último fue un compatriota, Fabio Capello, quien en las páginas de la Gazzetta dello Sport soltó la misma declaración una semana después de que el Recreativo de Huelva golease 0-3 en el Bernabeu en la temporada del milagro. Entonces, afición y periodistas no entendían qué atractivo tenían Emerson, Diarra, Gago o el postrero Cassano; con Ancelotti es diferente porque el club le ha construido una plantilla para jugar en dos pizarras: la del contraataque que tanto encandila a l vestuario, y ese fútbol control que susurra el entrenador por miedo a decirlo muy alto.

El consuelo más simplista apunta a que Pep Guardiola también fue silbado antes de erigirse en el semidios que es ahora en Can Barça. Su era vivió un par de convulsiones, exactamente los dos primeros partidos de la primera Liga: derrota en Soria y empata contra el Racing en el Camp Nou. Y entre medias, una derrota contra el Sant Andreu en la Copa Catalunya con un once de segunda fila. Todo influía y Laporta empezó a sospechar hasta que el Barça encadenó nueve victorias consecutivas metiendo media docena a Atlético, Sporting y Valladolid, y una manita al Almería. A partir de la duodécima jornada, aquellos dos pinchazos sólo eran sombra y cenizas: Guardiola había recuperado la esencia del extinguido Dream Team. La comparación suena escandalosa, un disparate en sí, pero a Florentino Pérez apenas le queda la baza de su nuevo técnico; no en vano, otro revés en la Champions pinta terrorífico. El tópico de que no ganar en el Madrid es fracasar vuelve a airearse, porque sólo los blancos y el Barça contemporáneo, no el victimista que acabó con Cruyff, caminan con esa maldición que a la vez les ha regalado su grandeza.

También hay otra tendencia escapista para comentarla en la barra del bar: la ‘Séptima’, ‘Octava’ y ‘Novena’ también comenzaron con demasiadas dudas. En la primera, el Madrid de Jupp Heynckes se conjuró para conquistar Europa descuidando la Liga desde el principio. Las estadísticas fueron palmarias: el equipo sólo logró seis victorias en las primeras diez jornadas. El año de la Champions de París fue un auténtico thriller: el equipo pasó la primera liguilla de grupos con velocidad de crucero, pero Toshack fue fulminado con dos victorias en trece partidos ligueros y el ilusionismo de ver un cerdo volando sobre el Bernabéu. Y, paradojas del fútbol, la ‘Novena’ de Zidane se fraguó bajo el plebiscito público de su gran estrella: tres victorias en diez jornadas auspiciaron el debate de si el Madrid jugaba mejor sin Zidane que con él. La volea del astro francés enterró para siempre aquella estúpida discusión.

El Madrid de Ancelotti marca las mismas trazas que los antecesores campeones. El clásico de la próxima semana decidirá si los blancos retoman la candidatura liguera o si es mejor involucrarse de lleno en la Champions. El entrenador es experto en manejar los tempos del torneo por antonomasia; los campeonatos domésticos tampoco le han importado demasiado (un Calcio en ocho años), a pesar de haber ganado casi en tantos país como Mourinho. ¿El año de la Décima? Mejor no insistir en ello, como aconsejó el madridista confeso Rafa Nadal. Sin embargo, a la autocrítica se le llama un buen principio.