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Quiropráctica y jueces

Durante mucho tiempo, los profesionales de la pseudociencia, la charlatanería, la falsedad, el embuste, la venta de motos, la venta de humo, la paranormalidad, la brujería y la parapsicología (un mismo bicho carroñero con diferente collar) han acudido a los tribunales buscando, generalmente de forma vana, acallar a sus críticos.
Las críticas a todas las maravillas que nos venden revistuchas y programoides de televisión deberían responderse en términos de hechos, pruebas, datos, evidencias y demostraciones que le callaran la boca a los críticos.

Como no tienen eso, amenazan con los tribunales y, cuando tienen dinero (o lo tienen sus sufridos padres) establecen demandas.

Íker Jiménez era especialista en amenazar con “los abogados de la SER” o “el departamento legal de PRISA” a quienes le demostraban la clase de embustes sobre los que se ha hecho de su éticamente cuestionable fama y fortuna. A mí no me amenazó, pero sí a quienes denunciaron que cierta “noche del misterio” que estaba promoviendo era una “alerta ovni” que le trató de colar a observatorios y planetarios serios. Bruno Cardeñosa, un personaje de cara tan dura como profunda es su ignorancia, ídolo de los delirantes “peones negros” que siguen diciendo que el 11-M fue obra de ETA y el PSOE, sí amenazó a un grupo de ufólogos por decirle “ignorante”. Pedro Amorós, mentiroso demostrado, me amenazó a mí antes de demandar a Javier Cavanilles (y perder). Y famoso es el caso de Uri Geller, que fue por lana demandando a James Randi y salió trasquilado obligado a pagar suficiente para poner en marcha la noblee institución que es la Fundación Educativa James Randi (James Randi Educational Foundation, JREF).

Actualmente, un caso legal verdaderamente escandaloso se está desarrollando en la Gran Bretaña, donde la Asociación Quiropráctica Británica lo acusó de libelo por decir, en su columna de opinión en el diario The Guardian algo que todo científico que haya revisado el tema sabe: que las afirmaciones de la quiropráctica son falsas.

Ante la afirmación de la BCA de que la quiropráctica (violenta manipulación de la columna vertebral) puede curar el cólico, las infecciones de oìdo, el asma, el llanto prolongado y los problemas de sueño y alimentación si se le aplica a niños, Singh escribió en su artículo “Cuidado con la trampa vertebral” que la BCA “happily promotes bogus treatments”, es decir, “alegremente promueve tratamientos falsos” pese a que “no hay mucha evidencia” de que sean ciertos.

La BCA procedió a demandarlo afirmando que el señalamiento de Singh “ha sido gravemente dañada en su credibilidad y reputación” (suponemos que hablan de la credibilidad que tiene la idea de que unas bacterias alojadas en el oído medio de un niño mueran si un quiropráctico le manipula las vértebras a la víctima, sin antibióticos de por medio ni cosa similar… credibilidad que por tanto es nula, o de la reputación de pillo que es la única que puede tener quien afirme que una enfermedad como el asma -que puede tener componentes autoinmunes complejísimos- se arregla con otra manipulación más o menos igual, el repertorio quiropráctico tampoco es muy amplio).

Lo que dicen los quiroprácticos organizados es que Singh afirmaba que la BCA promueve a la quiropráctica contra esas afecciones aunque no hay evidencias y que por tanto dicho organismo promueve afirmaciones sabiendo conscientemente que son falsas. Es decir, no que hagan algo incorrecto, sino, dicen, que Singh los ha acusado de actuar de mala fe.

Evidentemente, de nuevo, tal asunto debería resolverse demostrando con evidencias científicas que estas peligrosas manipulaciones vertebrales sí sirven como tratamiento (curativo o paliativo) de esas afecciones en niños, no con una demanda en el incríblemente complejo mundo de las leyes británicas.

El mundo de las leyes británicas se enredó en el significado de “tratamiento falso” o “bogus treatment” y un juez acaba de determinar que “bogus” significa que son tratamientos que la BCA sabe que no tienen respaldo científico, es decir, que el periodista científico Simon Singh o los acusa de promover tratamientos “falsos”, sino tratamientos “que ellos saben perfectamente que son falsos” y por tanto eso sí sería difamatorio. Y como lo hacen “alegremente”, a ojos de las curiosas leyes británicas significa también que lo hacen conscientemente de que los tratamientos no son efectivos.

Por tanto, habiendo el juez decidido qué quería decir Simon Singh, el juicio se referirá al tema de si la BCA sabía que no había evidencias de tales capacidades curativas. Si no lo sabía, Singh será considerado culpable de difamación. ¿Cómo demostrar que no lo sabía?

Simon Singh tenía que decidir si apelaría o no a esta decisión previa al juicio, considerando que lo que quiere la BCA no es sólo dinero, cosa que era de esperarse, sino también una orden judicial para que Simon Singh quede censurado y se le impida escribir sobre el tema (como Pedro Amorós pidió que se impidiera a Cavanilles seguir tratando el tema de las falsas caras de Bélmez y el aparente pelotazo inmobiliario que implicaban).

Simon Singh ha decidido apelar esta decisión previa.

El abogado Jack of Kent ha confirmado que, pese a considerarse agraviados, la BCA ha retirado de la circulación el volante “Familias felices” que promovía el tratamiento quiropráctico de tales afecciones infantiles, sin explicar por qué.

Algunas personas y organizaciones preparan una demanda contra la BCA por publicidad deshonesta.

Y la gente que promueve la discusión abierta de todos los temas, y la libertad de expresión y, sobre todo, de opinión, emitió el 3 de junio un documento llamado The law has no place in scientific disputes que ha sido ya firmado por miles de científicos, académicos, divulgadores, periodistas, defensores de la libre expresión y ciudadanos comunes de todo el mundo.

Ésta es una traducción del documento cocinada rápidamente, en caso de que usted quiera unir su voz a la de quienes ya hemos firmado:

Los abajo firmantes consideramos que es incorrecto utilizar las leyes inglesas sobre libelo para silenciar la discusión crítica de las prácticas médicas y la evidencia científica.

La Asociación Británica de Quiropráctica ha demandado a Simon Singh por libelo. La comunidad científica habría preferido que hubiera defendido su postura acerca del uso de la quiropráctica para tratar diversas dolencias infantiles mediante una discusión abierta de la literatura médica revisada por pares, o a través de un debate en los medios de comunicación generales.

Singh sostiene que los tratamientos quiroprácticos para el asma, las infecciones de oído y otras dolencias infantiles no están avalados por evidencias. Cuando una curación o un tratamiento médico no parecen estar avalados por evidencias, deberíamos poder criticar rotundamente esas afirmaciones y el público debería tener acceso a esas críticas.

La Ley inglesa sobre el libelo, sin embargo, puede servir para penalizar este tipo de escrutinio y puede recortar gravemente el derecho a la libre expresión en una materia del máximo interés público. Resulta ampliamente conocido que la ley se inclina fuertemente en contra de los escritores: entre otras cosas, el coste de los procesos judiciales es tan alto que pocos demandados pueden permitirse defenderse. La facilidad para interponer demandas bajo la Ley inglesa, incluso contra escritores de otros países, ha convertido a Londres en la “capital del libelo” del mundo entero.

La libertad para criticar y para cuestionar, en términos firmes pero sin mala intención, es la piedra angular del debate y la discusión científica, tanto en las publicaciones con revisión por pares como en páginas web o periódicos, que permiten el derecho de réplica a los criticados. Sin embargo, las leyes sobre libelo tienen un efecto intimidante que disuade a científicos, escritores y divulgadores de la ciencia de entrar en disputas acerca de las evidencias que puedan avalar determinados productos o prácticas. Las leyes sobre libelo impiden la argumentación y el debate y simplemente fomentan el uso de los tribunales para silenciar a los críticos.

La Ley inglesa sobre el libelo no tiene cabida en los debates científicos acerca de las evidencias; la BCA debería discutir sus evidencias fuera de los tribunales. Además, el caso de la BCA contra Singh muestra un problema más amplio: hace falta una revisión urgente de la manera en que la Ley inglesa sobre el libelo afecta a las discusiones acerca de las evidencias científicas y médicas.”

 

Mauricio J. Schwarz
charlatanes.blogspot.com

 

Addenda:

Un nuevo aliado para Simon Singh

Hay que ver lo que son las cosas. Tal y como comentábamos el otro día, a raíz de la demanda que formuló contra él la British Chiropractic Association Simon Singh está recibiendo un fuerte apoyo por parte de la comunidad científica y escéptica, apoyo que sigue incrementándose día a día. Pero lo que no podía prever nadie es que se pongan también de su lado… los propios quiroprácticos.

¿Que suena un tanto extraño? Bueno, sí, lo es. De hecho, seguro que los quiroprácticos no querían ni mucho menos echar una mano a Singh (o sí querían echársela, pero al cuello). Pero mira por dónde, una asociación quiropráctica británica ha venido a proporcionarle un buen argumento para su defensa ante el Juzgado.

Recapitulemos un poco (sólo un poco, no se asusten). Como recordarán, el Juez Eady decidió en su audiencia preliminar que Simon Singh había acusado a la BCA de engaño deliberado, porque en la interpretación del Juez su famosa frasecita (que la BCA “happily promotes bogus treatments”) implicaba que la asociación sabía perfectamente que sus tratamientos carecen de evidencias científicas que los avalen y aún así los promueve. Como decíamos en su momento, con esta decisión la defensa de Singh resulta imposible, porque difícilmente podrá demostrar algo que, en primer lugar, ni siquiera pretendió afirmar en ningún momento.

O, mejor dicho, difícilmente podría haberlo demostrado hasta ahora. A raíz de todo este follón, numerosos científicos y escépticos británicos se han dedicado a escudriñar las páginas web de los quiroprácticos, denunciando ante las autoridades de consumo e incluso ante el Consejo General de Quiropráctica (organismo de la profesión con funciones autorreguladoras, aunque hasta ahora no ha demostrado demasiado entusiasmo por cumplir esta tarea) a quienes aseguran sin ninguna prueba que los tratamientos quiroprácticos sirven para curar enfermedades (es decir, prácticamente todos), o se presentan como “doctores” sin tener en realidad ninguna titulación médica (de nuevo, prácticamente todos). Un escrutinio que poco a poco va dando sus frutos y que, lógicamente, los quiroprácticos ven como un decidido acoso.

¿Y cuál es su respuesta? Bueno, si alguno de ustedes esperaba que se hubieran apresurado a exhibir públicamente sus títulos de doctor en medicina y su plétora de evidencias sobre la efectividad de sus tratamientos, lo mejor será que deje de leer este blog y se vaya a otro sitio. Porque no hay nada de eso. Más bien lo contrario: un buen ejemplo de su reacción es lo que recomienda otra asociación británica, la McTimoney Chiropractic Association (MCA), que ha enviado a sus asociados un correo electrónico urgente y confidencial que pueden leer por ejemplo aquí, que califica todo esto de una “caza de brujas contra los quiroprácticos”. Les aconsejo que lo lean entero, porque no tiene desperdicio, pero para sumayor comodidad y regocijo les traduzco aquí las recomendaciones que hace en alguno de sus párrafos:

- “Si usted tiene una página web, retírela AHORA.

- ELIMINE todos los folletos de información para pacientes de la MCA, o los suyos propios en los que asegure que puede tratar esguinces cervicales, cólicos u otros problemas infantiles en su clínica o en cualquier otro lugar en el que consten sus datos de contacto. NO LOS UTILICE hasta nuevo aviso. la MCA está trabajando en un folleto para sustituirlos provisionalmente que le enviaremos lo antes posible.

- Si aún no lo ha hecho, introduzca su nombre seguido de la palabra “quiropráctico” en un motor de búsqueda como Google (por ejemplo, Joe Bloggs quiropráctico) y podrá comprobar la información que exista sobre usted en el dominio público, por ejemplo si usted figura en algún sitio con el título de Doctor o si se le relaciona con alguna página web que pudiera comprometerle […] COMPRUEBE TODAS LAS ENTRADAS CUIDADOSAMENTE Y EN CASO DE DUDA CONTACTE CON EL PROVEEDOR CORRESPONDIENTE PARA ELIMINAR LA INFORMACIÓN SOBRE USTED.

- Si utiliza tarjetas de visita u otros artículos de papelería en los que aparezca el título de “doctor” y no se especifique claramente que usted es un doctor en quiropráctica o que no posee titulación médica acreditada, DEJE DE UTILIZARLOS inmediatamente”.

Y como lo mejor que se puede hacer en estos casos es predicar con el ejemplo, la propia página web de la MCA se presenta ahora tan vacía como, ellos mismos vienen a reconocerlo, sus afirmaciones acerca de la efectividad de sus tratamientos

En fin, recordemos que en su artículo de la discordia Simon Singh decía que esos tratamientos falsos que la BCA promociona alegremente eran precisamente los de cólicos y otros problemas infantiles. Y según el Juez Eady, las palabras de Singh implicaban que él considera que la BCA es consciente de que esos tratamientos no tienen respaldo científico y a pesar de eso los promueve. Bueno, la BCA no sé, pero me da en la nariz que la reacción de la MCA demuestra que al menos ellos sí que los están promocionado a sabiendas de que no hay evidencias cientificas que demuestren su eficacia.

¿No les parece?

P.S.: por cierto, no dejen de leer el último artículo de Esther Samper en Soitu. Merece la pena.

 

Fernando L. Frías, abogado
yamato1.blogspot.com

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