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Historia de una decepción

No formaré parte del bando de los apocalípticos ni de los desagradecidos. La selección española ha caído en unas semifinales del Eurobasket, las décimas consecutivas y optará con todas las garantías a una nueva medalla continental. Tampoco creo que sea positivo cerrar los ojos y obviar la pequeña decepción se supone la derrota frente a Eslovenia, no tanto por el mero resultado en sí, sino porque  España no compitió cerca de su mejor nivel. Es asumible el mayor entusiasmo esloveno, propio de quién se encuentra ante una oportunidad única, pero deja mal sabor de boca esa percepción de que los nuestros tuvieran su peor partido defensivo en el peor momento.

El encuentro dejó la sensación de que Eslovenia superó a la selección tanto en planteamiento como en disposición. Kokosvov demostró un buen conocimiento de nuestra selección y explotó al máximo carencias de las cuales veníamos avisados y sobre las que se debe prestar atención en los próximos años, especialmente la ausencia de tiradores y de jugadores creativos en el uno contra uno. El plan de Eslovenia imitó varios aspectos de lo que realizó Turquía en el encuentro de octavos de final. Concedió opciones de tiro a costa de evitar que los Gasol jugaran cómodos y lograron que éstos no conectaran con sus compañeros ni entre ellos (cuando los pívots no logran pasarse entre ellos es mal síntoma).

Aunque eficaz en fondo y forma, el destino del partido no pasó exclusivamente por la defensa eslovena y el escaso acierto en el lanzamiento exterior español. Lo más sorprendente de la semifinal resultó el bajísimo nivel defensivo de España. Cierto es que los eslovenos lanzaron con gran acierto pero discrepo de los que justifican el resultado sólo en este aspecto. Ni siquiera comparto que se trabajara especialmente mal sobre Doncic y Dragic que no tuvieron grandes porcentajes en el tiro. El problema de España fueron las canastas fáciles concedidas, el deficiente balance defensivo y la ausencia de esa solidaridad que ha sido santo y seña de este colectivo. En ningún  momento España logró alterar el “timing” de pase esloveno y eso es peligrosísimo ante un equipo en el estado anímico de los balcánicos que crecieron y crecieron ante la falta de cualquier atisbo de duda que les pudiera plantear la defensa de los de Scariolo.

La propuesta de juego eslovena merece destacarse porque es vistosa para el espectador y quizás representativa del estilo de juego que parece imponerse. A lomos de los excepcionales Dragic y Doncic y explotando como nadie los espacios, Kokoskov ha construido un equipo en el que todos tienen muy claro cuál es su papel. Asumiendo el peso de sus dos talentos exteriores, el factor que hace crecer a los eslovenos es la capacidad física y el talento de Randolph y el buen trabajo de Vidmar cerca del aro. En estos dos jugadores está el destino de Eslovenia en la final además de en su trabajo defensivo, más inteligente que intenso.

España, en cierto modo, representa una propuesta poco habitual en estos tiempos. Un equipo construido en torno a la convivencia simultánea de los Gasol que deberá afrontar paulatinamente una transición en la que tiene que encontrar perfiles determinados que parecen no abundar, especialmente exteriores que tengan en su cabeza como primera opción tirar desde larga distancia. Mejor centrarse en lo más cercano,  esto es,  la disputa por la medalla de bronce, que sería un final fantástico para uno de los mejores jugadores de la historia de nuestro baloncesto, Juan Carlos Navarro. ¡¡A por ello¡¡

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