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El último “tres”

Ya he comentado en alguna ocasión mi percepción sobre la carrera de Álex Mumbrú. En su aparición me entusiasmó su verticalidad, valentía y determinación para atacar el aro. Por un  momento, tuve dudas de su evolución porque no acababa de mejorar su tiro y, fundamentalmente, porque acostumbraba a tomar malas decisiones. Su madurez ha sido extraordinaria por su capacidad de liderazgo, mejora en el lanzamiento exterior y la capacidad para explotar desde su posición de “tres”, esa posición que empieza a ser maldita, el poste medio.

Parece que en la que será su última temporada, Mumbrú ocupará más tiempo la posición de “cuatro” que la de “tres”. Más allá de la anécdota, este cambio tiene un punto simbólico que representa tendencias en el baloncesto europeo y mundial. Claramente se ha dejado de priorizar buscar ventajas a través del tamaño de los jugadores en pos de generar superioridades aprovechando al máximo los espacios.

Ninguna posición ha abrazado tanto la demagogia como la del “tres” o la de alero alto. Durante años se convirtió en obsesión buscar aleros grandes. En muchos momentos primaba más la apariencia que la verdadera efectividad. Yo también participé de esa fiebre. A cualquier chaval con movilidad y con buena mano le ayudábamos a visualizar cocodrilos en la zona y  le formábamos para atacar el aro siempre de cara, mientras eran incapaces de tener ningún recurso cuando intentaban sacar ventaja de su estatura cerca del aro. En los últimos años hemos asistido a una regresión en este proceso. Porque claro, de qué sirve ser más grande si no sabes sacar beneficios de esa superioridad. Incluso en muchos equipos, tácticamente apenas han existido diferencias entre el uso del “tres” y el “cuatro”

Mumbrú ha sido el mejor bastión de la posición de alero. El jugador, diría incluso en Europa, que mejor ha entendido cómo sacar ventajas de unas cualidades y el digno heredero de los Jiménez, Andrés, el pionero y Carlos, el mejor. El vértigo que acompañaba su irrupción en la élite se ha ido complementando con la pausa y habilidad para dominar partidos acercando a sus defensores al aro. Y digo bien, dominar, porque pocos jugadores habrán ocupado más tiempo en los análisis de los técnicos de la ACB que Álex Mumbrú, capaz de anotar jugando de espaldas y de generar muchos tiros librados a sus compañeros por las ayudas que generaba y su habilidad en el pase.

Entiendo que su nueva oposición obedece a la movilidad que se requiere en defensa para enfrentarse a jugadores más pequeños pero creo que el catalán todavía guarda buenos momentos jugando de alero. Seguro que Carles Durán sabe utilizarle de la manera más adecuada. A los demás no nos queda otra que disfrutar con su juego y en preparar una despedida al máximo representante de todas las ventajas que se pueden obtener jugando con un alero alto.

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