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El caso Prigioni

La historia nos dice que son pocos los entrenadores que tuvieron una primera experiencia positiva después de iniciar su carrera inmediatamente a continuación de dejar su actividad como jugadores. Los casos que superaron su primera misión lograron consolidarse como los mejores del mundo en su especialidad.

El reto de Prigioni cuando Baskonia apostó por él era mayúsculo. El equipo Vitoriano afrontaba una nueva reconstrucción después de la pérdida de referentes como Hanga y Larkin. El Eurobasket, las lesiones ,la exigencia de la ACB y el formato de la Euroliga dejan poco espacio para las dudas.

“No me apetece seguir entrenando al equipo”. Creo que no hay frase más representativa que exprese lo que puede estar sintiendo Prigioni y su renuncia a seguir afrontando el reto encomendado por Querejeta. Quién sabe si el argentino se ha anticipado a su Presidente o si el aval de su trayectoria en el club le ha evitado un cese anterior.

La frustración de Prigioni es comprensible atendiendo al rendimiento de Baskonia. En ataque el equipo no ha dado continuidad a la intensidad y actividad que proponía el tan poco apreciado por Vitoria, Sito Alonso. Jugadores como Voigtmann o Timma han sido los más perjudicados por esa cierta anarquía ofensiva que ponía demasiado tiempo el balón en las manos de sus bases. Las dificultades en ataque también tenían relación con los pocos puntos aportados desde la defensa. En mi opinión, utilizar en demasía los cambios defensivos y tratarlos como norma y no como recurso disminuye la responsabilidad individual y afecta a la agresividad del grupo.

La contundencia con la que Prigioni ha anunciado su renuncia hace pensar que no habrá vuelta atrás pese al mensaje de algunos jugadores asumiendo su responsabilidad. Creo que Prigioni tiene todas las condiciones para ser un gran entrenador pero tanto él como quién le puso infravaloraron la exigencia actual para todos los equipos y , en especial para aquellos que disputan la Euroliga. Episodios como su expulsión en Fuenlabrada enviaron señales claras de desconcierto y cierta improvisación para reducir a emociones evidencias de carencias en el funcionamiento colectivo del equipo.

La honradez de Prigioni no debe salvar de la crítica por la contradicción en el manejo de entrenadores que, a veces, se expresa desde el club vasco y su entorno. Es curioso como en una entidad que se precia de exigente con las condiciones que exige a sus técnicos, (tanto como que en ocasiones parece que no gusta nadie) no ha tenido más celo y paciencia para formar a uno de sus mitos.

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