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La paradoja de la elección

La paradoja de la elección también tiene su aplicación en el baloncesto, por supuesto. La abundancia a veces perjudica la libre elección y en el deporte, en ocasiones, el máximo rendimiento.

El Barcelona ha sido el máximo representante de este axioma y gran parte de su éxito en la pasada Copa del Rey se debió a la gestión de roles que realizó Pesic, simplificando rotaciones y apostando claramente por un grupo de ocho o nueve jugadores.

Las plantillas amplias parecen obligar a los entrenadores a mantener “vivos” a todo el grupo. Sobre el papel, es algo positivo.  En la práctica es muy difícil de realizar porque la experiencia demuestra que pocos jugadores son capaces de adaptarse a rendir sin una cuota mínima de continuidad en pista. De ahí nace por ejemplo mi admiración por Felipe Reyes que es el mejor ejemplo de cómo producir jugando cinco o veinte minutos. Reyes rinde jugando de  titular, siendo el último pívot de la rotación, después de encuentros sin participar o a la sombra de los Gasol en la selección. Tremendo.

Muchas más condiciones que Felipe Reyes tiene Víctor Claver pero hasta ahora ha demostrado mucha menos mentalidad. La llegada de Pesic, seguramente el técnico que mejor le ha llevado en su carrera, puede representar un impulso para la carrera del jugador valenciano. La confianza de su técnico ayuda a que salgan a reducir las cualidades de Claver. Su actividad defensiva favorece situaciones de cambios de asignación, su velocidad ayuda a generar espacios en el juego en llegada y cuando se siente importante es un tirador bastante sólido como receptor del último pase extra. Será interesante observar, si el último tramo de la temporada, Claver confirma estas primeras sensaciones que está dejando tras la llegada de Pesic o si por el contrario vuelve a sumergirse en el peligroso mundo de la intrascendencia.

El Real Madrid se enfrenta al momento en que tiene que hacer efectivo que está recuperando jugadores. La habilidad demostrada de Laso gestionando roles tiene un reto importante en esta atípica temporada para los blancos. De momento, el equipo no es mejor que el de hace unas semanas y parece que le llevará tiempo. El exigente calendario no da respiro y, hacer convivir los minutos necesarios para que los “lesionados” vayan cogiendo sensaciones, con la dinámica consolidada en los meses anteriores no es nada fácil. No es de extrañar que Tavares acusase la irrupción de Ayón en los primeros partidos del mejicano con un descenso en su rendimiento ni que el equipo haya vuelto a mostrar ciertas dudas defensivas. Además, Doncic parece en un ligero bache de juego, algo lógico  y previsible. El joven esloveno debe tirar de serenidad y talento para vencer ciertas muestras de ansiedad que exhibe. No tengo dudas de que lo logrará antes incluso de que se reincorpore Llull al equipo, un reto enorme para que Laso pueda confirmar que en baloncesto, alguna vez, uno más uno, sí son dos.

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