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Carroll y Rudy

Lunes, 9 Enero 2017

Me sorprende el poco debate que se suscita sobre cuál está siendo la repercusión en el rendimiento del Real Madrid la ausencia de Sergio Rodríguez. Puede ser que la brillantez de Luka Doncic eclipse cualquier tipo de nostalgia pero lo cierto es que Rodríguez ha sido un jugador fundamental en los éxitos recientes del Real Madrid.

Es cierto que “el base” de Pablo Laso siempre ha sido Llull, lo sabe el jugador balear cuando apuesta ciegamente por su continuidad y quizás lo supo Rodríguez cuando impulsó su nueva etapa americana pero cuesta encontrar en la etapa de Laso un final de partido en el que Sergio Rodríguez no estuviera en pista.

El Real Madrid lidera la Liga Endesa y es segundo en la exigente Euroliga. Quizás por eso el “debate Rodríguez” esté apagado pero ya ha pasado tiempo suficiente para apuntar algún detalle. La ausencia del “Chacho” aumenta la dependencia de Llull y le da aún más tiempo el balón en las manos. Esos finales de partido en que ambos compartían la responsabilidad se han convertido en un monólogo de Llull y a veces “más” puede conducir a “menos”.  Doncic asume con calidad su papel de base y su mejora en el lanzamiento exterior le otorga una nueva dimensión que, sin embargo, no debe conducirle a limitarle en ese “arte” mientras que Draper camina en una temporada discreta como sorprendido de que su rol no haya cambiado significativamente de aquel que le llevó a tomar la decisión de no continuar en el equipo.

La capacidad de Rodríguez para dividir defensas y jugar situaciones de “Pick and roll” se está echando de menos también por el particular momento deportivo que viven Rudy Fernández y Jaycee Carroll. Rudy Fernández es un jugador importantísimo para el Real Madrid, no descubro nada. Su actividad y trabajo defendiendo consiguen que su aportación pueda ser positiva incluso en los días en que no anota (el partido contra CSKA deja muchos rebotes de su equipo previamente tocados por él). La trayectoria de Rudy Fernández habla de un jugador con muchos recursos ofensivos, bueno en campo abierto, buen tirador y, por encima de todo, excelente atacando el aro penetrando. Es esta última cualidad la que más parece verse afectada, ya que Rudy apenas saca ventajas cuando ataca el aro (en Euroliga esta carencia se nota más) lo que le obliga a depender exclusivamente del lanzamiento exterior, donde también parece que sus piernas le ayudan menos a conseguir buenas posiciones. En Europa, donde conseguir “bandejas” en juego cinco contra cinco cuesta mucho, esta cualidad es diferencial y Rudy era uno de esos jugadores que aportaba este plus. El tiempo dirá si esta situación es puntual o el primer síntoma de decadencia pero particularmente confío en la capacidad de Rudy Fernández de interpretar las necesidades de su equipo y recordar que su valor como jugador siempre ha estado marcado por su versatilidad ofensiva (aunque en los Blazers McMillan le encasillara como tirador).

El momento de Jaycee Carroll es el más preocupante desde que llegó al Real Madrid. Siempre ha sido el factor débil de la defensa de los de Laso pero en estas semanas la escabechina de los rivales está siendo tremenda. Baskonia y CSKA de Moscú (o sea, verdaderas varas de medir) percutieron sin miramientos contra el norteamericano y Laso optó por evitar su presencia muchos minutos en pista. La presencia de Carroll se justificaría por su acierto en el tiro pero parece que el bueno de Jaycee se está llevando sus problemas en defensa a  las situaciones de ataque donde no logra encontrar acierto en el tiro ni buenas opciones de tiro. Los rivales parece que pasan mejor los bloqueos que recibe, aunque a lo mejor es que coincide poco en pista con el pívot que mejor bloqueos pone, Felipe Reyes, y con el base que mejor le pasaba el balón, Sergio Rodríguez. Tengo en el recuerdo la enorme influencia de Carroll en el título de Euroliga del Real Madrid hace dos temporadas pero me muestro algo escéptico respecto a que veamos a Carroll en ese nivel contra los mejores equipos de Europa. Como admirador de la trayectoria y personalidad del estadounidense me encantaría equivocarme, pero la intensidad física de los equipos “TOP” empieza a superarle.

Postureo

Martes, 13 Diciembre 2016

Suenan a historias de “viejuno”  pero me ha dado por reflexionar sobre aquellos tiempos en que valorábamos el tamaño del jugador más allá de sus aptitudes y de  si sabía realmente sacar provecho a esa ventaja física. Esa moda pasó y tanto en Estados Unidos como en Europa se imponen tendencias menos encorsetadas que posibiliten que coincidan quintetos atípicos atendiendo más a las habilidades propias y del rival. Los Warriors en la NBA son abanderados del “Small Ball” y Fenerbahce alterna minutos con dos “cincos” puros como Udoh y Vesely con otras propuestas donde sus “interiores” son Da Tome y Kalinic.

Creo que hubo un tiempo en nuestro baloncesto que nos dejábamos llevar más por la apariencia que por la esencia, donde predominaba ocupar una posición con tamaño más que con cualidades. Claro que este es un deporte donde el factor físico es importante, hasta decisivo, pero lo que marca la diferencia es cómo se utiliza ese físico. Los primeros minutos de Pau Gasol en la Liga ACB los jugó en la posición de “tres”. Entonces Gasol era un jugador más ligero y rápido que el actual y tenía talento de sobra para ocupar esa posición pero pronto Aíto García Reneses supo valorar que era absurdo desperdiciar esos enormes brazos lejos del aro y que el jugador catalán sacaba más provecho de su velocidad jugando contra interiores que contra otros aleros.

La posición de “tres” fue la que más sufrió y aún sufre ese síndrome de la “tamañitis”. La pervivencia en la élite de Mumbrú no sólo se debe a su enorme competitividad sino a que sus herederos han sido incapaces de hacer valer esa superioridad física sobre la mayoría de sus  rivales jugando o pasando desde el poste bajo. Desde el pionero Andrés Jiménez, al que Aíto (nuevamente Aíto) sí que supo cómo explotarle en ese puesto, hemos asistido a numerosos proyectos de aleros altos que no han sido capaces de adaptarse al máximo a la posición.

Bartzokas, por ejemplo, utiliza a Víctor Claver mayoritariamente en la posición de “tres”. Claver es un buen alero alto, en defensa tiene piernas para defender a jugadores exteriores y te permite jugar situaciones de cambios defensivos con enormes garantías. A partir de ahí, es discutible que pudiera aportar más jugando de “cuatro” donde ganaría capacidad en el rebote, tiempo para los tiros y podría sacar más ventaja sobre sus pares cuando pone el balón en el suelo. Si Claver fuera amenaza en el poste bajo, su presencia como alero alto tendría más sentido, pero no lo es…

Luka Doncic es otro jugador con cuerpo de “tres” pero su cabeza es y siempre ha sido la de un base. Acierta Laso en su apuesta por el talentoso esloveno en esta posición y es un reto para técnico y jugador ir descubriendo como utilizar su ventaja física y limitar cómo intentarán castigar sus rivales los inconvenientes de su tamaño. Desde su altura, Doncic distribuye con facilidad y saca tiros por tamaño y técnica más que por velocidad. Además, cuando ataca el aro (cosa que hace poco bajo mi punto de vista) genera superioridades por zancada y fortaleza. De momento, el poste medio  no lo ocupa demasiado pero tiene recursos técnicos para anotar y pasar desde esa posición como tan brillantemente  hacían, por ejemplo, Diamantidis o Pepe Sánchez. Doncic justifica aquello del “base alto” sobre lo que también hubo obsesión hace unos años a partir del “efecto Montero”. También lo hace, Antoine Diot,  otro que tuvo ese puesto en la cabeza desde joven y que este año está siendo clave, como titular de Valencia Basket, en la buena marcha del equipo dirigido por Pedro Martínez. Diot ha vuelto a sus orígenes y desde el puesto que le parece más natural ha dado un paso adelante muy agradecido por su equipo.

Historia de un lío

Viernes, 4 Diciembre 2015

Parece un poco prematuro que el Real Madrid ande disputando “finales” a estas alturas de la temporada. La victoria frente a Fenerbahce permite a los blancos depender de sí mismos para avanzar en la Euroliga. Sin margen de error, eso sí, pero con la confianza que puede dar un partido que ha recuperado una versión muy positiva de un equipo que ha mostrado excesivos síntomas de fragilidad en estas semanas y que, contra los turcos, pareció recuperar el compromiso defensivo que les dio el salto de candidatos a campeones hace unos meses.

Son varias las causas que explican que el actual Campeón de Europa esté “jugando”  con una eliminación prematura. El desgaste de muchos jugadores después de un Eurobasket duro ha influido quizás más en la cabeza que en las piernas. Muchos de los errores que ha mostrado el equipo indican cierta falta de preparación mental para retos exigentes, como si el el grupo pensara que con la rutina habitual bastaría y que podrían permitirse irse adaptando poco a poco a la exigencia de la competición…. hasta que la propia competición les ha atropellado.

Las derrotas han provocado cierta ansiedad que ha penalizado especialmente a las nuevas incorporaciones. Thompkins y Taylor son dos jugadores más que interesantes. Thompkins es un chico con talento, buena mano y capacidad para pasar y entender el juego que, sin embargo presenta carencias importantes en defensa. Demasiado lento para enfrentarse a “cuatros” móviles que pueden poner el balón en el suelo y poco agresivo para defender en situaciones cercanas a jugadores interiores más físicos. Por su parte, Taylor se ha visto penalizado por la lesión que sufrió  en pretemporada. Los últimos encuentros han empezado a mostrar todo lo que puede aportar el jugador sueco y le ayudarán para consolidarse en la rotación y ganarse el respeto de sus compañeros. Un auténtico portento físico que debe adaptarse aún a las normas defensivas europeas y que explotará sus cualidades cuando el equipo progrese en defensa y pueda permitirse más situaciones en campo abierto. Aún en periodo de adaptación, Taylor parece el “tres” más sólido del equipo porque Maciulis no parece ni la sombra del jugador de final de temporada pasada y del pasado Eurobasket.

Las situaciones agónicas y los momentos difíciles pueden abrir paso a soluciones ilusionantes. Doncic es la mayor promesa del baloncesto europeo y un talento ya preparado para ayudar en determinados momentos a su equipo. Me gusta del esloveno su afán por ser protagonista en varios aspectos del juego (fijaros como ataca siempre el rebote), su personalidad y su extraordinaria capacidad para asistir a sus compañeros. Junto a Doncic, Laso parece decidido a dar más espacio en la rotación a Hernangómez. El pívot puede dar buenos minutos de rotación a Ayón y equilibrar con sus centímetros el juego del equipo en ambos lados de la cancha. Laso ha dado la sensación de sospechar de su actitud defensiva pero la corpulencia  del internacional  dan la sensación de poder ayudar a equilibrar el equipo.