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Una banda en Ohio

Viernes, 3 Noviembre 2017

Creo que los Cleveland Cavaliers jugarán una nueva final de la NBA allá por el mes de junio de 2018. Es una afirmación atrevida, cada día que pasa algo más, pero sostenida por el potencial de la plantilla de la franquicia liderada por Lebron James.

Con la competición recién comenzada, ninguno de los grandes favoritos ha dado la sensación de dominio aplastante. Los Warriors han comenzado con menos química en la circulación y cierta relajación defensiva; los Rockets deberán ajustar su defensa para que sus resultados no dependan exclusivamente del acierto en el lanzamiento exterior; los Thunder tienen mucho recorrido para explotar toda su capacidad anotadora; los Spurs muestran solidez pero a la hora de la verdad no les llegarán las piernas y los Celtics van cada día mejor a medida que Irving toma el pulso a sus compañeros y sus jóvenes se atreven a hacer más cosas, pero parecen un paso por debajo de otros candidatos.

De todos los posibles candidatos ninguno transmite peores sensaciones que los Cavaliers. No hablo tanto de sus cinco derrotas en ocho partidos, que ya son, sino de esa sensación de que, ni Lue ni sus jugadores, han sido capaces de entender por qué llegaron a la Final de la NBA sin ningún mecanismo en su juego que les diera una mínima opción de derrotar a los Warriors.

Veo los partidos de los Cavaliers y no entiendo nada. No se atisba ningún trabajo defensivo aceptable, no hay mecanismos de respuestas colectivos ante errores individuales, ni responsabilidad en el balance defensivo. El lenguaje gestual en defensa denota improvisación y poca colaboración, lo que produce que cualquier rival afronte los partidos frente a los subcampeones con la sensación de que será una noche agradable para sus anotadores.

Si en defensa el equipo es un caos, en ataque el equipo se hace cada vez más previsible. Rodear a Lebron James de tiradores es una buena idea mientras que no sea la única idea. Faltan mecanismos colectivos que exploten mejor el juego sin balón y recursos para encontrar tiros de alto porcentaje que su defensa no les concede a través de contraataques.

No comparto que los Cavaliers se hayan movido mal en el mercado, creo que falta más voluntad por explorar las posibilidades de cada jugador y por encima de todo una dinámica de trabajo más comprometida. Eso sí, soy de los que piensa que en verano les ha faltado mover una pieza más, Kevin Love. No tengo nada contra el jugador formado en UCLA pero creo que ya no es una solución para los Cavaliers y empieza a ser un problema que evidencia, especialmente en defensa, la falta de capacidad atlética del equipo.

Los Warriors son mejor equipo que los Cavaliers y están mejor trabajados. La pasada final dejó claro que tienen más mentalidad en defensa y rebote y que su estructura ofensiva es más amplia y da más peso al pase. Esto posibilita que más jugadores puedan ser partícipes y  tengan su espacio para destacar. Es pronto, muy pronto, pero no veo respuesta táctica ni emocional en los de Ohio a las supuestas heridas que debió dejar su derrota.

Si habéis llegado hasta aquí pensaréis que después de este “repaso” es bastante contradictorio mi mensaje del primer párrafo. La respuesta a este hecho es que pienso que los Cavaliers reaccionarán porque en algún momento después de tanto pinchazo empezarán a sangrar y tengo en alta estima el carácter competitivo de Lebron James. Además, creo que la incorporación de Thomas mejorará el entusiasmo del grupo y que a los Celtics aún les falta algo para ser campeones de Conferencia.