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El último “tres”

Viernes, 6 Octubre 2017

Ya he comentado en alguna ocasión mi percepción sobre la carrera de Álex Mumbrú. En su aparición me entusiasmó su verticalidad, valentía y determinación para atacar el aro. Por un  momento, tuve dudas de su evolución porque no acababa de mejorar su tiro y, fundamentalmente, porque acostumbraba a tomar malas decisiones. Su madurez ha sido extraordinaria por su capacidad de liderazgo, mejora en el lanzamiento exterior y la capacidad para explotar desde su posición de “tres”, esa posición que empieza a ser maldita, el poste medio.

Parece que en la que será su última temporada, Mumbrú ocupará más tiempo la posición de “cuatro” que la de “tres”. Más allá de la anécdota, este cambio tiene un punto simbólico que representa tendencias en el baloncesto europeo y mundial. Claramente se ha dejado de priorizar buscar ventajas a través del tamaño de los jugadores en pos de generar superioridades aprovechando al máximo los espacios.

Ninguna posición ha abrazado tanto la demagogia como la del “tres” o la de alero alto. Durante años se convirtió en obsesión buscar aleros grandes. En muchos momentos primaba más la apariencia que la verdadera efectividad. Yo también participé de esa fiebre. A cualquier chaval con movilidad y con buena mano le ayudábamos a visualizar cocodrilos en la zona y  le formábamos para atacar el aro siempre de cara, mientras eran incapaces de tener ningún recurso cuando intentaban sacar ventaja de su estatura cerca del aro. En los últimos años hemos asistido a una regresión en este proceso. Porque claro, de qué sirve ser más grande si no sabes sacar beneficios de esa superioridad. Incluso en muchos equipos, tácticamente apenas han existido diferencias entre el uso del “tres” y el “cuatro”

Mumbrú ha sido el mejor bastión de la posición de alero. El jugador, diría incluso en Europa, que mejor ha entendido cómo sacar ventajas de unas cualidades y el digno heredero de los Jiménez, Andrés, el pionero y Carlos, el mejor. El vértigo que acompañaba su irrupción en la élite se ha ido complementando con la pausa y habilidad para dominar partidos acercando a sus defensores al aro. Y digo bien, dominar, porque pocos jugadores habrán ocupado más tiempo en los análisis de los técnicos de la ACB que Álex Mumbrú, capaz de anotar jugando de espaldas y de generar muchos tiros librados a sus compañeros por las ayudas que generaba y su habilidad en el pase.

Entiendo que su nueva oposición obedece a la movilidad que se requiere en defensa para enfrentarse a jugadores más pequeños pero creo que el catalán todavía guarda buenos momentos jugando de alero. Seguro que Carles Durán sabe utilizarle de la manera más adecuada. A los demás no nos queda otra que disfrutar con su juego y en preparar una despedida al máximo representante de todas las ventajas que se pueden obtener jugando con un alero alto.

Postureo

Martes, 13 Diciembre 2016

Suenan a historias de “viejuno”  pero me ha dado por reflexionar sobre aquellos tiempos en que valorábamos el tamaño del jugador más allá de sus aptitudes y de  si sabía realmente sacar provecho a esa ventaja física. Esa moda pasó y tanto en Estados Unidos como en Europa se imponen tendencias menos encorsetadas que posibiliten que coincidan quintetos atípicos atendiendo más a las habilidades propias y del rival. Los Warriors en la NBA son abanderados del “Small Ball” y Fenerbahce alterna minutos con dos “cincos” puros como Udoh y Vesely con otras propuestas donde sus “interiores” son Da Tome y Kalinic.

Creo que hubo un tiempo en nuestro baloncesto que nos dejábamos llevar más por la apariencia que por la esencia, donde predominaba ocupar una posición con tamaño más que con cualidades. Claro que este es un deporte donde el factor físico es importante, hasta decisivo, pero lo que marca la diferencia es cómo se utiliza ese físico. Los primeros minutos de Pau Gasol en la Liga ACB los jugó en la posición de “tres”. Entonces Gasol era un jugador más ligero y rápido que el actual y tenía talento de sobra para ocupar esa posición pero pronto Aíto García Reneses supo valorar que era absurdo desperdiciar esos enormes brazos lejos del aro y que el jugador catalán sacaba más provecho de su velocidad jugando contra interiores que contra otros aleros.

La posición de “tres” fue la que más sufrió y aún sufre ese síndrome de la “tamañitis”. La pervivencia en la élite de Mumbrú no sólo se debe a su enorme competitividad sino a que sus herederos han sido incapaces de hacer valer esa superioridad física sobre la mayoría de sus  rivales jugando o pasando desde el poste bajo. Desde el pionero Andrés Jiménez, al que Aíto (nuevamente Aíto) sí que supo cómo explotarle en ese puesto, hemos asistido a numerosos proyectos de aleros altos que no han sido capaces de adaptarse al máximo a la posición.

Bartzokas, por ejemplo, utiliza a Víctor Claver mayoritariamente en la posición de “tres”. Claver es un buen alero alto, en defensa tiene piernas para defender a jugadores exteriores y te permite jugar situaciones de cambios defensivos con enormes garantías. A partir de ahí, es discutible que pudiera aportar más jugando de “cuatro” donde ganaría capacidad en el rebote, tiempo para los tiros y podría sacar más ventaja sobre sus pares cuando pone el balón en el suelo. Si Claver fuera amenaza en el poste bajo, su presencia como alero alto tendría más sentido, pero no lo es…

Luka Doncic es otro jugador con cuerpo de “tres” pero su cabeza es y siempre ha sido la de un base. Acierta Laso en su apuesta por el talentoso esloveno en esta posición y es un reto para técnico y jugador ir descubriendo como utilizar su ventaja física y limitar cómo intentarán castigar sus rivales los inconvenientes de su tamaño. Desde su altura, Doncic distribuye con facilidad y saca tiros por tamaño y técnica más que por velocidad. Además, cuando ataca el aro (cosa que hace poco bajo mi punto de vista) genera superioridades por zancada y fortaleza. De momento, el poste medio  no lo ocupa demasiado pero tiene recursos técnicos para anotar y pasar desde esa posición como tan brillantemente  hacían, por ejemplo, Diamantidis o Pepe Sánchez. Doncic justifica aquello del “base alto” sobre lo que también hubo obsesión hace unos años a partir del “efecto Montero”. También lo hace, Antoine Diot,  otro que tuvo ese puesto en la cabeza desde joven y que este año está siendo clave, como titular de Valencia Basket, en la buena marcha del equipo dirigido por Pedro Martínez. Diot ha vuelto a sus orígenes y desde el puesto que le parece más natural ha dado un paso adelante muy agradecido por su equipo.