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Mentes ganadoras

Llueve, hace fresco, estoy perezoso. Me digo: “Bah, no salgo. Me quedo a ver en la tele el partido de tenis de Garbiñe Muguruza en el torneo de las Maestras”. Pensado y hecho. “Ojalá hubiese desafiado a la lluvia, al fresco y a la pereza”, pienso contrariado, sin embargo, acabado el partido. Derrota de la compatriota vasco-venezolana cuando lo tenía virtualmente ganado. Todo de cara para, en el tercer set, con 5-2 a su favor, perderlo insólitamente. Perder el set y perder, naturalmente, el partido.

-¡Hija –exclamo- , el coco no te funciona!

El coco, la mente.

-El hombre es él y su mente –le dijo a mi padre el doctor Marañón-. Todo está aquí, en la cabeza: dudas, sentimientos, emociones, energía, alma…

No he olvidado aquella tarde. El hombre, ciertamente, es su mente. Una de las funciones de la psicología racional consiste en no reducir la fe. Fe y mente. Rafa Nadal posee ambas cosas. Rafa Nadal tiene, sencillamente, fe en su mente.

-Si estoy bien físicamente –dijo una vez- pero me noto “borreguitos” en la mente, malo.

Borreguitos, o sea, inseguridad, dudas…Garbiñe es la sexta mejor tenistas del mundo. Cuando le funcionan la fe y la mente, es magnífica; cuando, por lo que sea, se divorcia de ellas, le pasa lo que le ha pasado contra la checa Karolina Pliskova. Pierde. Pierde clamorosamente, cuando, paradojas del tenis, de la mente y de la vidas, empezó perdiendo ella no menos clamorosamente.

-El coco, Garbiñe. No te ha ganado la checa, no culpes a la checa, te ha derrotado tu coco.

El tenis, lo admito sin pudor, o me hace sufrir o me pone nervioso. Rafa Nadal me hace sufrir. Garbiñe me pone de los nervios. Esa es la diferencia. Nadal es todo él una mente formidable embutida en esa cosa que llamamos cuerpo y que destruye, antes o después, si eres deportistas de entrega y compromiso, el tifón de las lesiones.

-Garbiñe tiene 23 años. Joven.

Y alta. Y buen tipo. Otro de los atractivos del tenis femenino es la belleza física de casi todas ellas (hay excepciones, lo sé: pobrecillas).

El deportista, en la especialidad que sea, téngase presente, compite antes con él que contra el adversario.

-Si me gano, les gano -dicen algunos.

Puskas, amén de un colosal futbolista (tenía una izquierda memorable: calzaba un 36), decía:

-Si tengo contento a éste –y se señalaba el coco-, tengo contento a mi pie izquierdo –y agregaba- .Para jugar bien, hay que vacíar problemas “a este” –y volvía a señalarse el coco.

Garbiñe, tú vales, ya lo creo que vales, pero tienes que infundir orden, fe y alegría a tu coco, todavía tierno, todavía adolescente.

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