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¡Qué gran país!

Cuando “aquello”, España era diferente, según eslogan de un ministro inquieto, brusco y honrado a carta cabal (todo a la vez), amén de gallego.

-¿Fraga?

-Exacto.

Fraga, a su manera, era, antes que nada, español desde el colodrillo hasta las uñas de los pies.

-Lo importante es España.

Que decía y que es verdad. España, ahora, en muchas cosas, es sin embargo surrealista.

-¿Más surrealista que demócrata?

-Casi sí.

Hay dos pugnacidades surrealistas –entre otras- ahora mismo.

-¿Cuáles?

La de los cismáticos y la de los penaltis. Los cismáticos, como ya han deducido ustedes, que ustedes si no fuesen inteligentes no me leerían, son desde Arturo Mas hasta Carlos Puigdemont, empeñados todos ellos (ellos y sus coristas) es que la Constitución no es una constitución democrática y que lo democrático es lo que ellos exigen y hacen, y que es ciscarse todos los días laborales, festivos y fiestas de guardar en la Constitución que dice en su “impertinente y estúpido” título preliminar que la unidad de España es indisoluble.

-Es que a lo mejor no se han enterado todavía, y de ahí el oneroso cacareo y jaleo que se traen con que España les roba y todas esas zarandajas.

Pudiera ser. Pero no sé, no sé. Ya digo que España, ahora, es surrealista. ¿Acaso no es surrealismo ver a Felipe VI, Rey de todos los españoles, cenando con Puigdemont cuando Puigdemont no quiere ser español?

-Ya dijo el otro día la vicepresidenta Santamaría que España es un país complejo.

Lo es, lo es. Otro ejemplo de “cómo es” o de “cómo somos” actualmente es la otra onerosa manía del Barça con los penaltis “a favor” del Real Madrid.

-Los árbitros, la mayoría –acusan-, en la duda, se equivocan siempre a favor del Real Madrid, y si no dudan, con tal de hacer daño al Barça, algunos se inventan penaltis contra el Barça.

Fraga, como digo, era rudo, tosco, pero honrado. Uno, aunque no es tosco ni rudo –eso creo-, al opinar o criticar, trata de ser honrado como Fraga. Lo cual que, en efecto, el penalti del jugador del Villarreal Bruno, al que le rebotó el balón en el brazo, no fue, en mi interpretación, penalti.

-Eso, viviendo usted en Madrid, es muy objetivamente honrado.

Es que si todos fuésemos honrados en política y en fútbol, España sería única y maravillosa en Europa y en todo el mundo. Un periodista francés, Jean Eskenazi (ya en el cielo), me dijo hace muchos años, saliéndole del alma (él vivía y yo era joven):

-¡Qué gran país es España, tan afable, tan cordial, tan soleado!

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