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Banderas azules

España es la energía bronceadora de su sol.

-Desde que descubrí el sol de España, descubrí que morena le gustaba más a mi marido. Hasta me hacía más caso, sexualmente. – le oí en Águilas, hace una maña azul de sol, a una inglesa de carne blanca y pómulos mortecinos.

España, digo, es la energía de su sol, es el prestigio de su fútbol y son las banderas azules de sus playas. Y no exagero. Es la incontrovertible verdad. Antes de la eclosión del Real Madrid de don Santiago Bernabéu y del Real Madrid de Florentino Pérez, ahora, España era una mancha desconocida en el mapamundi de los países de rompe y rasga, pues ni rasgábamos ni rompíamos nada.

-Es usted un gran patriota –le dijo Franco a don Santiago Bernabéu en El Pardo tras ganar la tercera o la cuarta Copa de Europa-. Hacer patria es hacer lo que el Real Madrid está haciendo.

Lo sé, lo sé. Lo progre del desafeitado y barbado del siglo XXI es ignorar la palabra patria y sacar los huesos de Franco del Valle de los Caídos.

-Esto de las dos Españas es la patológica y eterna memoria de la eterna y patológica Memoria Histórica de España/Zapatero –pensaría, de vivir, don Antonio Machado.

España, afortunadamente, es más el Real Madrid, y el Barcelona (¿qué culpa tenemos los catalanes de sol y fútbol del patógeno secesionismo de unos cuantos chambones?), y las banderas azules de sus playas.

-Flamean, más que nunca, en nuestras playas las banderas de “veraneen ustedes en esta atractiva piel de toro que les broncea gratis la carne y el sexo, qué gozo, qué ilusión”.

Lo sé, lo sé también. Sé también que la democracia española de las autonomías es una democracia de mercaderes.

-Oiga, don Mariano, le doy el voto que le falta para que no le chinguen los presupuestos si me da tantos millones.

Y don Marino, a ver qué vida y qué democracia, afloja la bolsa estatal del pecunio.

-Todo sea –rumia seguramente- por la plural y asimétrica España del nocivo invento der las puñeteras e insaciables autonomías.

Cuando estas cosas suceden, cuando estas cosas leo, no me entristezco. No. Pienso en el sol, en el fútbol y me tumbo a la sombra de las banderas azules. Y soy feliz.

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