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Olé Nadal

Colosal, inmenso, sí, el cuerpo a cuerpo de Rafa Nadal con el tenis, con el mundo del tenis y con el mundo de los humanos. Lo de ayer de Nadal ganando el Open de Nueva York es gesta de muchas cosas. Gesta plural. Nadal es plural.

-Cuando juego –ha repetido-, pienso en mí. Pienso en ganar. No pienso en ser mejor que mi rival, sino que enfrente hay un compañeror que piensa como yo, que piensa también ganarme.

Nadal es un espécimen fuera de serie. Tengo escrito que es como el Lázaro de los evangelios, con la diferencia de que Lázaro resucitó una sola vez y Nadal lleva años resucitando.

-Qué bien, Rafa, se te da lo de resucitar.

Sonríe y confirma:

-Es verdad.

Con 31 años, sigue estando vivo, vivísimo, sigue siendo magistral y nadie sabe, ni él, cuantos años le quedan todavía de magister y mago en el arte de sorprender.

-Nadal es un embajador del tenis.

Así le ha piropeado su derrotado rival Kevin Anderson, 2,03 metros, qué tío, de inmensa estatura.

Embajador de muchas cosas. Por eso digo que Nadal es plural. Es inmensamente sencillo, es inmensamente humano, es inmensamente amical, es la mente más inmensamente poderosa –tal vez- del tenis.

-Ganarle a Nadal con la mente –dijo una vez Federer- es imposible. La raqueta es su mente.

Antes, cuando la Alta y la Baja Edad Media, también después, los reyes “condecoraban” a sus militares leales y de gesta con títulos como marqués, conde y duque, lo cual que hoy esos títulos “suenan” en los oídos a arcaicos.

-Es bonito ser marqués de Äguilas, está bien, pero no sé, suena a cosa antañona – reflexionó entre amigos, una tarde, Alfonso Escámez apenas recibido el título.

Vicente Del Bosque es marqués también, pero tampoco presume de ello.

-Se sonroja cuando le llaman marqués.

Me lo creo. Nadal es todo eso, marqués, dique, conde y resucitado. Nadal baja a los infiernos y asciende a los cielos de la gloria una y otra vez.

-Qué ángel, pues, Nadal.

Eso también, ángel. Ser divinamente plural.

-Mientras pueda, seguiré jugando al tenis –dice.

Hacer España en el mundo y hacer España en España es lo que él hace. Diplomático del mundo del tenis y de España en el mundo, y sin necesidad alguna de intentar “trocear” la piel de toro de España. Olé, Nadal.

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