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Pau Gasol

Lo importante no es el dinero, lo Importante es tenerlo. Lo importante no es ser viejo, lo importante es sentirse joven. Lo importante no es lo que se ha hecho, lo importante es seguir haciendo.

A Churchill, que yo sepa, no se le daba el deporte, y lo deploraba:

-El deportes magnífico –decía-. Enseña a superarnos y nos enseña algo tan humanamente difícil como reír ante la victoria y felicitar con una sonrisa a quien nos ha vencido.

Qué importante, ¿a qué sí?, es el deporte. Paul Gasol es el otro Rafa Nadal del deporte español. Imposible no admirarlos, imposibles no quererlos, imposible no reír y sonreír con ellos, cuando gracias a ellos reímos y sonreímos.

-Mientras el cuerpo no me diga que no, seguiré compitiendo.

Así se ve Pau. Lo importante es sentirse joven, lo importante es seguir prodigando sonrisas y risas. Pau Gasol, como Rafa Nadal:

-Ya, sí, tengo 37 años – reitera-, pero no me siento viejo.

La selección española de baloncesto sin Gasol –si se me permite la odiosa comparación- sería como el Real Madrid sin CR7 o el Barça sin Messi.

-Oiga, no exagere .Nadie es insustituible.

Frase hecha, frase tópica. Gasol y Nadal son dos espejos. “La vida es como un espejo, te sonríe si la miras sonriendo” (Gandhi). Eso es lo que hacen Nadal y Gasol. Sonreír a la vida para que la vida les sonría. La vida y todos nosotros.

Lo siento. No puedo evitar comparar deporte y política. Quizá porque, como decía Churchill, el deporte enseña a ser mejores. La tolerancia no es otra cosa que saber perder con una sonrisa ante las inteligencias superiores.

–En el deporte de la no política se pugna por la victoria. En el deporte de la política se pugna - por desprestigiar con soflamas y sin estilo al rival –opina un amigo.

Si ahora mismo hay en España un espejo en el que da asco mirarse –a veces- es el Parlamento de los descamisados y desafeitados.

-Y encima demagogos, y la demagogia es la osteoporosis de la democracia.

Gasol, otra medalla en el Campeonato de Europa de Baloncesto para su currículo.

-Yo voy a seguir –declara.- Treinta y siete años, sí, los tengo, pero no me pesan. Me gustaría cumplir los cuarenta años haciendo lo que me gusta, que encima es de lo que vivo. Qué placer poder vivir de lo que le gusta a uno.

Ya lo creo. ¿Es eso felicidad suprema?

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