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Piensa, Simeone

Ser o no ser era lo de Shakespeare, lo de España/Cataluña o Cataluña/España es que deje de ser (que desaparezca, vaya) Puigdemont y lo del Atlético es que ha dejado de ser el que era.

-Qué bien para España/Cataluña si Puigdemont se quedara en Bélgica para siempre –decía ayer no sé quién por la radio.

¿Caerá esa breva? España es una piel de toro, en el toro todo es toro hasta el rabo y Cataluña, solomillo de España, es de toda la vida parte de la hispánica piel de toro.

-Se nota que ama usted a Cataluña. No lo disimula.

Amo a Cataluña, a Madrid, a las dos Castillas y, para cortar la retahíla, a todos los poros de la piel de toro.

-Como Dios manda, claro.

-No. Como manda el ser español desde el pelo a las uñas de los pies.

Amo también, cómo no, al Atlético. El Atlético, antes de la actual temporada, era equipo de real tronío, era equipo jamón-jamón.

-Qué bien funciona el Atlético con Simeone -comentaba unánimemente hasta anoche todo el mundo sin la disidencia de un solo Puigdemont (para mí, desde siempre, Puigdemont es sinónimo de mala hierba, de sustancia dopante).

Ya no es el Atlético jamón, jamón. ¿Por qué? He aquí la cuestión, que diría Shakespeare si resucitase y se hiciera socio -¿por qué no?- del Atlético.

-Vaya catástrofe –rumian, seguro, los cerebros administrativos rojiblancos Gil y Cerezo- sin los ingresos de la Champions.

Si esa es una cuestión, la otra, la de hoy, es ésta: ¿por qué no hace goles el Atlético, por qué su futbol es un fútbol desestructurado? Algo, días atrás, dije al respecto: no juega por la bandas, Griezmann es un “naufrago”. Sube, baja, aparece, se hunde, está, no está, está en la defensa, no está arriba cuando debiera estar.

-Usted – me han dicho muchas veces- no concibe el fútbol sin extremos.

Exacto. Ahí están los ingleses jugando otra vez, como antaño, con velocidad, furia y peligro por los extremos. Los extremos son las ventanas del fútbol, sus respiraderos.

Simeone, leo, culpa al destino de la actual sequía goleadora del Atlético. Sí y no. Y es que así como se hace camino al andar, el destino se hace también “haciendo mejor las cosas”.

-¿Sigue creyendo usted en Simeone?

-Por supuesto. No soy crítico de inteligencia emocional. Lo mío no es el radicalismo, sino la reflexión.

Simeone, piensa.

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