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Once jueces justos

¿Qué es la felicidad En fútbol, la felicidad es el gol. En política, la felicidad es el gol de la justicia

-Paz ya –de momento- en el Real Madrid y paz ya -también de momento- en el Atlético.

La felicidad es paz. Y la paz se consigue con respeto. ¿Por qué algunos españoles ignoran el democrático valor humano del respeto mofándose de lo que la mayoría de los españoles respetamos?

-Es que, en efecto, algunos españoles son así.

Afortunadamente, el Tribunal Tribunal Constitucional con sus once jueces justos (aritméticamente, un equipo de fútbol) no quiere que “algunos españoles” sean como son.

-O sea, como Puigdemont.

Como ese prófugo, sí. El fútbol tiene sus reglas y, gusten o no, hay que respetarlas, hay a que hacerlas respetar El otro día, en el Camp Nou, el árbitro señor Lahoz amonestó con tarjeta amarilla, entre otros, a Suarez y a Messi.

-De mí no se mofa nadie – vino a decirle a Suárez con el pensamiento.

A Suárez, que no esperaba tal castigo, se le heló en un santiamén la sardónica sonrisa.

-¿Se pasó el señor Lahoz con Suárez?

-En absoluto. Cumplió con su deber.

Messi, dicho sea en honor suyo, rara vez protesta. Pero esta vez se sobrepasó.

-Respéteme –le dijo con la mirada el señor Lahoz y le mostró también el cartoncito amarillo.

Como tengo escrito, mi oficina es la calle. Y la voz de la calle es la voz del pueblo soberano. En Radio Nacional, sobre las diez menos cinco de la mañana (parco y estreñido tiempo), dan micrófono a las voces del pueblo soberano. Unanimidad: salvo algún amigo de Puigdemont, todos están contra el secesionismo. Todos defienden la paz y la unidad de España.

-¿Todos?

-Sí, todos. El otro día, en el autobús, por cierto, una señora comentaba: “Ya no sé, viendo los telediarios, si la capital de España es Madrid o Barcelona y si el presidente del Gobierno es Puigdemont o Rajoy”.

Chufla o no, la verdad es que el crack de la política española, en tertulias y telediarios, por los espacios que ocupan,, son Puigdemont y el “parlament” catalán.

-Barcelona es bona.

-Barcelona y Cataluña, sí, por descontado, no así, según la voz de la calle, el “honorable” Puigdemont.

Conclusión: una democracia que genera la chocante e incongruente confusión de la identidad del presidente del Gobierno es, obviamente, una democracia gripada. . Y un deporte como el fútbol en el que hay árbitros como el señor Lahoz es un deporte respetable. La felicidad es, como digo, paz y respeto a la ley.

-Y sin jueces justos, por consiguiente, no hay respeto, ni paz, ni felicidad, columnas dóricas de de la democracia.

Eso.

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