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Completamente de acuerdo

En teoría, era un partido sin sustancia, intrascendente. Pero no, no resulto así: resultó un partido denso, duro, brusco.

-Parece que se están jugando la Liga.

Un Real Madrid- Barça es siempre algo muy especial, muy “cum laude”. Un Barça- Real Madrid, con o sin puntos en juego, es siempre el choque de dos orgullos.

-Y donde hay orgullo no hay más dogma ni más dios que el orgullo de uno.

Eso, fastidie o no, guste o no, es así. Rafa Nadal lo dijo de esta otra manera un día que tenía que haber ganado a no sé quién y perdió con ese no sé quién:

-Ha jugado muy bien. Mejor que yo – y agregó sonriendo-. Me ha lesionado el orgullo.

Las virtudes de Rafa Nadal, como nadie aficionado al tenis ignora, son la fe en sí mismo, la voluntad y el orgullo. Su dios, su dogma, ganar siempre.

-Lo de Luis Aragonés: ganar, ganar y ganar.

Para el Barça, ganar al Real Madrid es, en efecto, un orgullo, y para el Real Madrid, también.

-Adversarios, que no enemigos, hasta el final, que no hasta la muerte. Enemigo y muerte son vocablos feos, antipáticos, execrables.

-Yo quiero morir –dijo Oscar Wilde dos o tres meses antes de dejar este mundo- para que reviva mi obra.

Y él murió detestado (en aquella época la homosexualidad era pecado muy mortal socialmente), sin un franco en el bolsillo (murió en Paris) y sin amigos. A su entierro fueron menos de veinte personas.

-No lo creo.

-No miento.

Fue casi profético. Su obra resucito como Lázaro. Y desde entonces vive admirada mundialmente un día sí y otro también.

-Qué raro somos los humanos.

Como el fútbol. El fútbol no es que sea raro, es que lo enrarecemos los humanos

-Con sus errores, el árbitro ha favorecido al Real Madrid –escriben hoy en Barcelona.

Paso revista a algunos medios de Madrid.

-El árbitro, no señalando el penalti a Marcelo, evitó la derrota del Barça.

Tal vez. Lo que yo creo, desde mi “subjetividad”, es que al partido, en lugar de resultar una castaña pilonga en punto a interés, lo que se esperaba, resultó la mar de entretenido: el ambiente, los jugadores, el orgullo de todos y hasta el árbitro con sus errores.

-Un partido místico, sin errores y sin el fuego del orgullo, es un partido insípido.

Completamente de acuerdo.

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