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Dos batacazos

Jueves, 18 Enero 2018

Errar, no errar: esta es la cuestión. Errar, como se sabe, es humano.

-El fútbol, precisamente, gusta tanto por el humano montante de sus errores y de sus aciertos.

Simeone lo dice de esta manera:

-La mayoría de los goles son consecuencia de errores.

De todos modos, el 1-2 contra el Sevilla ha jorobado, enoja..

-Enconada la vuelta en Sevilla –prevé la inmensa mayoría.

Máxime porque hay derrotas, por inesperadas, que merman el ánimo como una gripe de aúpa, si bien el Atlético, gracias al Cholo, sabe crecerse en la dificultad.

-Sería tremenda contrariedad en todos los aspectos, en el económico y en el deportivo, ser eliminados tan pronto. Hay que crecerse, y mucho, por lo tanto, en el partido de vuelta. Hay que intentar la gesta, hay que intentarla. La gesta es otro de los hermosos componentes del fútbol.

Contra el Sevilla, amén de la sorpresa del resultado, ha habido otra inesperada sorpresa: la relativa opacidad de los ases, no obstante el gol de Costa.

-Y que el Atlético, por las bandas, no carbura, sigue sin carburar.

Por un lado, pues, el resbalón digámoslo así, del Atlético en su casa, y por el lado catalán, el trompazo del Barça en la casa del b Real Club Deportivo Español.

-¡Impensable también! El Real Club Deportivo Español gana por primera vez en Cornellá al Barça u quiebra simultáneamente su racha de invicto en 29 partidos.

Valverde se lo ha tomado con la filosofía de la esperanza:

-Queda el partido de vuelta.

Y mi amigo catalán españolista, con chufla:

-En Calatañazor, Almanzor perdió el tambor, y contra el Real Club Deportivo Español, el Barcelona besó la lona.

Como filosofar es pensar y especular sobre lo que no se sabe, según el pensador inglés Bertrand Russell, sigamos especulando sobre las cosas del fútbol, del que Javier Clemente, que era también bastante filosófico, dijo una vez, tras una derrota:

-De fútbol sólo sé que sé menos de lo que creía.

Dos batacazos de postín: Barcelona y Atlético.

Árbitros y políticos

Martes, 2 Enero 2018

Un año más, yo: un año menos, yo. 2018: acaba en ocho. El ocho es el número del magnetismo, el genio y la inspiración.

-Chorrada.

Puede que sí, puede que no. En la vida, ser chorra o decir chorradas, es cosa bastante común.

-El fútbol, si bien se mira, es una chorrada; y el fútbol, sin embargo, es también, como el cava o la sidra cuando se descorchan, espumoso de alegría y emoción.

La Liga, en España, según los auguradores de toga y bonete, es más barcelonista que nunca.

-Hoy por hoy –opina el secesionista Guardiola- el Barça, con mucho, es el mejor de todos.

Aritméticamente, sí.

-Oiga, y estéticamente. Teje fútbol de magia y arte.

Quizá también. Pero el fútbol, amén de eso, magia y arte, es también emoción.

-Sin emoción, el fútbol aburre.

Si las películas de miedo no generan miedo, no son películas de miedo. Son , sencillamente, una birria de películas. La emoción, digámoslo así, es el “miedo” del fútbol. La gente llena los estadios atraídos por la emoción de la pugna y el miedo a perder.

-¡A ver si ganamos!

Con catorce puntos de ventaja sobre el Real Madrid, ¿qué interés de asistencia va a tener a partir de ahora el coliseo azulgrana? Por cierto, esta temporada, según leo, no se llena hasta la bandera

-Y eso –me susurran- preocupa a la junta directiva.

Sin democracia no hay ley, frase favorita de Rajoy, y sin emoción sufre una de las leyes del fútbol, el dinero. Lo cual que sería estupendo, para la buena salud financiera del Barça, que el “nuevo” Atlético 2018 con Diego Costa al lado de Griezmann se aproximase al Barça. La valla de puntos que los separa es más endeble.

-No estaría mal, la verdad, financiera y competitivamente.

En España, políticamente, es herejía tener sentido común, como demuestra el día a día de los padres de la patria. En el fútbol español, en cambio, también como demuestra el día a día, hay más sentido común, a pesar, incluso, de los fallos de los árbitros.

-Los fallos de los árbitros, usualmente, son fallos no deseados. El árbitro se diferencia del político en que tiene que que decidir al instante. El político se diferencia del árbitro en que decide sus errores tras muchos y argos días de meditación.