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Mentes ganadoras

Lunes, 24 Octubre 2016

Llueve, hace fresco, estoy perezoso. Me digo: “Bah, no salgo. Me quedo a ver en la tele el partido de tenis de Garbiñe Muguruza en el torneo de las Maestras”. Pensado y hecho. “Ojalá hubiese desafiado a la lluvia, al fresco y a la pereza”, pienso contrariado, sin embargo, acabado el partido. Derrota de la compatriota vasco-venezolana cuando lo tenía virtualmente ganado. Todo de cara para, en el tercer set, con 5-2 a su favor, perderlo insólitamente. Perder el set y perder, naturalmente, el partido.

-¡Hija –exclamo- , el coco no te funciona!

El coco, la mente.

-El hombre es él y su mente –le dijo a mi padre el doctor Marañón-. Todo está aquí, en la cabeza: dudas, sentimientos, emociones, energía, alma…

No he olvidado aquella tarde. El hombre, ciertamente, es su mente. Una de las funciones de la psicología racional consiste en no reducir la fe. Fe y mente. Rafa Nadal posee ambas cosas. Rafa Nadal tiene, sencillamente, fe en su mente.

-Si estoy bien físicamente –dijo una vez- pero me noto “borreguitos” en la mente, malo.

Borreguitos, o sea, inseguridad, dudas…Garbiñe es la sexta mejor tenistas del mundo. Cuando le funcionan la fe y la mente, es magnífica; cuando, por lo que sea, se divorcia de ellas, le pasa lo que le ha pasado contra la checa Karolina Pliskova. Pierde. Pierde clamorosamente, cuando, paradojas del tenis, de la mente y de la vidas, empezó perdiendo ella no menos clamorosamente.

-El coco, Garbiñe. No te ha ganado la checa, no culpes a la checa, te ha derrotado tu coco.

El tenis, lo admito sin pudor, o me hace sufrir o me pone nervioso. Rafa Nadal me hace sufrir. Garbiñe me pone de los nervios. Esa es la diferencia. Nadal es todo él una mente formidable embutida en esa cosa que llamamos cuerpo y que destruye, antes o después, si eres deportistas de entrega y compromiso, el tifón de las lesiones.

-Garbiñe tiene 23 años. Joven.

Y alta. Y buen tipo. Otro de los atractivos del tenis femenino es la belleza física de casi todas ellas (hay excepciones, lo sé: pobrecillas).

El deportista, en la especialidad que sea, téngase presente, compite antes con él que contra el adversario.

-Si me gano, les gano -dicen algunos.

Puskas, amén de un colosal futbolista (tenía una izquierda memorable: calzaba un 36), decía:

-Si tengo contento a éste –y se señalaba el coco-, tengo contento a mi pie izquierdo –y agregaba- .Para jugar bien, hay que vacíar problemas “a este” –y volvía a señalarse el coco.

Garbiñe, tú vales, ya lo creo que vales, pero tienes que infundir orden, fe y alegría a tu coco, todavía tierno, todavía adolescente.

Mitos

Viernes, 3 Junio 2016

Yo no sé si Rafa Nadal volverá a ser el que fue. No lo sé. Sí sé, sin embargo, que es un mito. La gente, mayormente, es del Barça o del Real Madrid, es cristiana o atea, es rica o pobre; la gente, en general, es mitómana. Siempre, de siempre

-Sin mitos y sin fe no se puede vivir. La fe, religiosa o seglar, es necesaria. Ya lo dijo el poeta: “La fe es alegría”.

-¿Qué poeta?

-Alberti o uno de los Machado, en fin, un gran poeta, uno de ellos.

¿Por qué, en España, se ha perdido la afición al boxeo? No hay ya púgiles como Urtain, Velázquez, Carrasco… El mito, en efecto, es necesario.

-Yo –me dijo una vez un sacerdote que, tras bautizar a una de mis hijas y colgar los hábitos, se casó- sigo creyendo en Dios. Yo no sé si Jesucristo fue o no fue lo que la Biblia dice que fue, pero creo en él. Es mi mito. No voy a misa, bueno, voy poco, pero rara es la semana que no visito dos o tres veces la casa de Dios. Entro, me siento, pues tengo fastidiada una rodilla, y hablo con él. Lo sé: me escucha. Y si no existe o no me es cucha, es igual: yo creo que me escucha. Salgo siempre de la visita, corta, de tres o cuatro minutos, reconfortado.

Fe o mito, alegría o confortabilidad. O a las dos cosas. “Creer es poder”, que dice Simeone. No siempre es así, pero sí es así otras muchas veces. Luego es mejor tener fe y mitos.

-¿Cuál es su fe?- se me preguntará.

Contesto:

-La del sacerdote que bautizó a mi hija. Hago como él. Visito también la casa Dios y le hablo: “Dios –le cuento a veces- hoy estoy mustio, bajo de forma, triste”. Salgo maravillosamente reconfortado de la visita, como mi amigo el sacerdote. Mi amigo el sacerdote, por cierto, es también periodista. Un gran periodista. Y su mito deportivo es Nadal.

Nadal, su mito y el mío. Nadal es un ser envidiablemente especial. Distinto. Sencillo, nada engreído, voluntarioso, amical, agradecido, solidario. Y un tenista como las copas de muchos pinos pegados como enjambres de abejas. Dijo una vez Nadal:

-Cuanto soy se lo debo a la voluntad. Tengo una voluntad muy trabajadora. La vida es trabajo: me di cuenta de ello siendo muy jovencito.

La vida, ciertamente, es fe, o sea alegría, y trabajo, o sea voluntad como la de Nadal.

-Hay que ver lo que se aprende de los mitos.

-Mucho. Casi todo. El ser humano es mitómano e imitatorio.

¿Cuál es uno de los secretos de Garbiñe Muguruza?

-Procuro – confiesa - ser como Nadal, hacerlo como él: me miro en él.

Florentino Pérez es también mitómano:

-Sin mitos ni se ganan títulos, ni se llenan los estadios.