Blogs

Entradas con etiqueta ‘himno’

Autoridad

Viernes, 20 Abril 2018

La vida es una cosa de creer y no creer, de ser y no ser, de pensar y no pensar

-Yo, sin embargo, creo y no creo. Creo en la ley y no creo en los que se ciscan en la ley, como el prófugo/cobarde Puigdemont y su cortejo de españoles por partida de nacimiento, les jeringue o no.

-Ser o no ser.

-Soy, hasta las cachas, español de las diecisiete autonomías; no soy, hasta las cachas, de los que reniegan de su partida de nacimiento.

-¿En qué piensas, en qué no piensas?

-Pienso que Españas, por culpa de las ideologías, es una tortilla maltrecha de ‘no es no’ (Pedro Sánchez) de ‘cuando gobernemos nosotros’ (Pablo Iglesias) y de ‘dejar hacer, dejar pasar’ (Rajoy). El demócrata español, por naturaleza y esencia, es un mitómano de la Moncloa.

-¿Mitómano?

-El mitómano engrandece lo que le hace feliz a él. El político mitómano es un enfermo crónico de su yo. Yo, yo, yo.

-¿En qué no piensas?

-En lo que piensan casi todos los políticos españoles: en la desestabilización de España. “Oye, Rajoy, le dice el político vasco, si no te cargas el 155, no te apruebo los presupuestos”. O: “No, no voy a la final del Sevilla-Barcelona“, dice insólitamente la alcaldesa de Madrid. O: “Yo tampoco voy”, presume la ordinaria alcaldesa de Barcelona (no se tome como insulto la palabra ordinaria, es que es así por definición, zafia).

-Recuerdo ahora que hace años un político que ponía reparos a la división de España en autonomía sostenía que el rito del ‘demócrata’ español es hacer caer al ‘demócrata’ español que es más demócrata que él (por cargo o jerarquía).

-No me sorprende.

-¿Crees o no crees en la ley?

-El corazón de la ley es la autoridad.

-¿Y qué es para ti la autoridad

-Suspender, por ejemplo, el partido entre el Sevilla y el Barcelona, en el Metropolitano, si se mofan del Rey y el Himno y vitorean a los que rompen España. Es es lo que harían en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, entre otros países.

Acatamiento

Sbado, 21 Mayo 2016

Acatar. ¿Por qué hay que acatar con albedrío borreguilmente sumiso aquello con lo que no se está de acuerdo? Se lo comenté una vez a un juez, pariente y amigo.

-Acatar es una cursilada, casi una hipocresía.

-Hombre –me replicó- , la ley es la ley, y las sentencias de los jueces son siempre decisiones muy reflexionadas y ajustadas al texto de la ley.

Discrepé:

-Sí y no. Pues no todos los jueces, en sus reflexiones, paren sentencias iguales.

España, como se sabe, es plural, diversa y complicada.

-Sobre todo, complicada.

Un juez ha decidido que la exhibición de la bandera independentista catalana (mañana, en el Calderón) es “una mera manifestación de la libertad de expresión y de la libertad ideológica”.

-Oiga –le he preguntado por simple curiosidad en la calle a un ciudadano madrileño-, ¿qué opina usted de la bandera independentista catalana?

-Que es una bandera que “peca” contra la Constitución. Si España es una e indivisible, ¿por qué hemos de tragarnos mañana, en el Calderón, en la final de la Copa del Rey, que se exhiba una enseña que simboliza desunión y división?

Las democracias que no unen, y desarmonizan y enfrentan, son nocivas por muy plurales y diverso s que sea los países (España, por ejemplo).

Decía Tomás de Aquino, según la biografía de Chesterton, que Dios era una sensación.

-Yo lo siento, sintiéndolo siento paz y felicidad.

Eso debe de ser, también, la democracia, una sensación de paz. No es el caso, lamentablemente, de la democracia española, E En nuestra variopinta democracia, el fiscal opina una cosa, el Ejecutivo otra, la Constitución otra , la Ley del Deporte otra y el juez Jesús Torres Martínez, otra.

-¿A quién dar la razón?

Al “ilustre” y respetado juez señor Torres Martínez, más bien no: bueno, no. Hago uso, opinando así, de mi derecho fundamental a la libertad de pensamiento y de expresión.

La casta política, la casta judicial, la casta ejecutiva, la casta constitucional, la casta deportiva…¡Qué país de castas, Miquelarena!

¿Pitarán mañana, en el Calderón, al Rey y al Himno de España? Y si les pitan, ¿a qué casta culparán y multarán?

Comparto la cachonda opinión de un amigo mío (apócrifo), ésta:

-El fútbol es incertidumbre: ¿quién ganará, quien perderá? Por eso seduce. La política es también incertidumbre: por eso asusta. 

Fútbol y símbolos

Jueves, 28 Mayo 2015

Miguel Cardenal es el secretario de Estado para el Deporte. Miguel Cardenal es catedrático y doctor. Y más cosas. En España, desde Franco (salvo alguna excepción que no recuerdo ahora), el secretario de Estado para el Deporte rara vez ha sido parido por el deporte.

-¿A usted le gusta el deporte? ¿Usted ha hecho deporte? –le pregunté una vez a un secretario de Estado para el Deporte sin consanguinidad deportiva.

-No. Lo mío es otra cosa. Pero –me advirtió- verá cómo lo hago bien.

Y lo hizo bien. Ya lo creo. Se llamaba, se llama, pues vive todavía, Javier Gómez Navarro. Javier era liberal, abierto. Cuando no sabía algo, en lugar de disimular su ignorancia, preguntaba.

Miguel Cardenal, político y culto (el secretario de Estado para el Deporte es siempre o un político o un parapolítico), cree en la libertad de expresión (como todo humanista liberal) y sufrirá, como humanista y liberal bien educado, si en la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Athletic, el sábado, hay efusión de silbidos contra el Rey y el himno nacional.

-¿Acaso lo duda usted? ¿Usted es tonto?

No, no lo dudo. Tonto, en efecto, quien espere clima de respeto para ambos símbolos. Desde que Alfonso Guerra dijera que la bandera es un trapo, y de eso hace una espesa suma de años, el himno nacional y el Rey son, constantemente, símbolos o silbados o vejados.

-O ambas cosas a la vez.

Uno, de mojigato, nada. Nada de nada. Uno, sin embargo -quizá culpa de mi “mala y liberal” educación- aprendió casi de niño tres cosas: a ser beligerante con los principios y las ideas de los demás, a respetar los principios y las ideas de los demás y a no desearle ningún mal al Real Madrid. Uno, durante sus años de joven y liberal universitario, fue incluso socio del Atlético.

-¡Qué horror! ¡Qué mal gusto!

-Usted perdone, pero es que si todo el mundo fuese del Real Madrid…

Silbar al Rey y abuchear el himno nacional, en fútbol, me parece una real chorrada, una solemne memez. En fútbol, en todo caso, hay que silbar al adversario cuando pegue patadas o se pase de brutal, pero no a los símbolos que, gusten o no, nos simbolizan. Al menos de momento.

Lo desagradable de todo este asunto, en fin, y esto sí es lamentable, es que ni el Barça ni el Athletic se hayan dirigido todavía a sus aficiones pidiéndoles “por favor” que respeten democráticamente los símbolos constitucionales.

Miguel Cardenal dice que si hay violencia, habrá consecuencias. ¿A qué no?

Comprendo a Florentino

Jueves, 5 Marzo 2015

Pedro Sánchez, el otro día, en el San Mamés de los leones (Congreso de los Diputados), elevó la voz para que le oyera bien Rajoy: “¡Soy un hombre (léase político) limpio!”.

En el deporte hablamos mucho de ‘fair play’, lo cual que la expresión enoja mucho a mi amigo el académico:

-¡Juego limpio! ¡Hay que decir juego limpio! ¡Qué manía y qué grotesca moda de anglosajonizar el lenguaje más bello del mundo, el tuyo, el mío, el castellano!

Juego limpio, vale. El caso es que en el fútbol, ahora mismo, hay un juego limpio económico, un juego limpio político y un juego limpio deportivo.

¿Dónde se celebrará la final de la Copa del Rey? Hoy no se sabe, mañana no sé. Lo “deportivo” sería que todos, vascos, catalanes y madrileños, amándose los unos a los otros como a sí mismo, con amor limpio, señalasen con su índice el estadio Santiago Bernabéu.

-Yo quiero el Bernabéu –ha elegido ya el presidente del Barça- . El Bernabéu es cómodo, es grande, cabe mucha gente.

Opina igual el presidente del Athletic:

-El campo ideal para todos es el Bernabéu.

Económica y deportivamente, pues, los dos quieren el Bernabéu.

-¿Y qué opina Florentino? –he preguntado a gente de su entorno-. ¿Le apetece a Florentino la celebración del festejo de la final de la Copa en su estadio?

-No, en principio –ha sido la respuesta, que me razonan-. El Bernabéu es más que el estadio del Real Madrid, es el estadio de España, que para eso está en la capital de España. Al Bernabéu se va a jugar al fútbol, no a pitar el himno de España y a pitar al Rey. ¿Pueden garantizar el Barcelona y el Athletic el ‘fair play’ (educación y conducta limpias) de sus seguidores?

Seguro que no. En Francia, como se sabe, se respetan los himnos y los símbolos. En España, desgraciadamente, no. No he olvidad todavía lo que en cierta ocasión, hace años, dijo un socialista notorio, del clan de Felipe González (no es difícil de adivinar): “La bandera es un trapo”.

- ¿ No le pasó nada?

-En España, estas cosas tan “arcaicas y fascistas” se solucionan con el padrenuestro del vocablo antisistema. “¡Bah, gente antisistema!”, excusan y disculpan. No, no le pasó nada al señor del trapo. Como no pasa nada, a pesar de que lo exige la Constitución, a quienes suprimen,en algunas comunidades, la bandera de España de los edificios oficiales.

O sea, que yo comprendo a Florentino Pérez (otra cosa es que la apruebe). Comprendo que se niegue al “recochineo” (juego sucio, sucísimo políticamente) de los anticonstitucionales pitidos contra el himno y el Rey.

Valle-Inclán, allá por el año treinta y tantos, escribió esto: “España es un trapicheo de intereses mezquinos, y un corral de bueyes”. (Título del libro Inédito).