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Forges

Jueves, 22 Febrero 2018

“Yo pinto lo que pienso”, decía Picasso. Al periodista Antonio Domínguez Olano, de quien fue bastante amigo, le confesó también que le costaba más pensar que pintar:

-Con los pinceles no me enredo, me enredo siempre con lo que pienso.

¿Por qué me viene ahora a la memoria Picasso? Por Forges. Forges y yo coincidimos en la televisión en blanco y negro del Paseo de La Habana. Trabajaba como mezclador en el equipo de realización de la primera edición de Telediario.

-Oye, Miguel –me dijo un día enseñándome su dibujos-, ¿crees tú que estos chistes podrían publicarse en Pueblo?

Los vi. Asentí:

-Se lo diré a Emilio Romero.

Emilio Romero era el director de Puebl” y su exigente máxima era que “Pueblo, todos los días, absolutamente todos los días, tenía que sorprender a los lectores y desazonar a la competencia”. El Pueblo de Emilio Romero, que fue también el Pueblo /escuela de Juan Luis Cebrián, Jesús de la Serna, Jesús Hermida, Raúl del Pozo, Antonio Casado, José María García, Julio Merino y de quien esto escribe, entre otros, a pesar de ser el periódico de los sindicatos verticales, era descarado, atrevido y audaz como La Codorniz.

-Cualquier día nos echan a todos a la calle.

Nos tranquilizaba Emilio Romero:

-Veréis como eso no ocurre nunca. Hacemos bien lo que otros no se atreven, y quien podría echarnos está encantado con nuestras “travesuras liberales”.

Vio los dibujos de Forges y me dijo:

-A ver si es ingeniosos, porque dibujar no dibuja bien.

Forges publicó sus primeros dibujos en las páginas deportivas. Se me lamentó un día:

-Yo observo mucho (Picasso pensaba, Forges observaba), Miguel, y mi fuerte no es exactamente el deporte.

Era joven. Empezaba. No era nadie todavía.

-Paciencia, majo, y a hacer méritos –le aconsejé.

Los hizo. Hasta don Santiago Bernabéu, en el fútbol, un domingo, celebró uno de sus dibujos.

-No es madridista –me dijo-, pero tiene ingenio y sus muñecos son chocantes.

De Pueblo saltó al desaparecido Informaciones de Cebrián.

Cada vez que se muere alguien de la época del Pueblo de Emilio Romero, qué formidable director, hiere severamente mi corazón el puñal de la nostalgia. A ver qué le parecen a Dios los dibujos de Forges.