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El insensato Rubiales

Lunes, 2 Julio 2018

Emilio Romero, aquel director de aquel periódico que en ‘vida’ (murió a los pocos años de ser enterrado Franco en el Valle de los Caídos, de donde quiere echarlo ahora Pedro Sánchez, cuya manía es echar a la gente que no le cae bien o de la Moncloa o del Valle de los Caídos o de TVE), repito, Emilio Romero, director de aquel periódico, Pueblo, tenía dos máximas

-Hay que hacer todos los días –exigía, nos exigía- un periódico que sorprenda a los lectores y desazone a la competencia.

-Sí, director –asentíamos como corderos.

-Y –continuaba- no adjetivéis, argumentar.

-Sí, director –obedecíamos como canes leales.

A la selección de España le atizan hoy sin piedad con el látigo del adjetivo por el ridículo bochornoso de su fútbol H2O (símbolo químico del agua), esto es, incoloro, inodoro e insípido que ha hecho en el Mundial de Rusia.

-Putin – me dicen- - pensaba asistir al partido pero le dijeron que España era un equipo poderoso y que lo casi seguro es que ganaría.

Putin, acostumbrado a ganar siempre en las urnas, se acollonó:

-No me gusta perder y ver perder -dijo o pensó.

Y se sentó en su butacón favorito, delante de la televisión. Erró.

Errar: he aquí lo que, a menudo, hace el hombre.

-El hombre es él y sus errores.

Con lupa y sin lupa, se buscan culpables del ridículo bochornoso. Unos culpan a Florentino Pérez, otros a Rubiales, otros a Hierro, otros a los jugadores.

-O sea, que no se ponen de acuerdo los analistas.

-Es lógico, son españoles.

Cuando escucho a los jugadores –y a todo el mundo-, leo en lo que dicen sin decir. Dijo Hierro, tras el ridículo bochornoso:

-Éste no era el plan.

Y se enredó en elogios a los jugadores, de quienes estaba orgulloso. Bueno.

Koke, en lugar de adjetivar, argumentó:

-Con Lopetegui se fue nuestro líder.

Al margen de varios errores, hubo, pues, un error, inmenso error (el más inmenso de todos): el cese de Lopetegui. Señor Rubiales, gobernar es pensar. Creo que le vendría muy bien a la Federación Española de Fútbol que usted, a lo Rajoy, desapareciese.

-¿Cómo va a desaparecer? Menudo chollo es el chollo de la presidencia de la FEF.

No había caído en ello. Me gustaría saber, por curiosidad, cómo lo pasó Felipe VI en el palco de la presidencia lado de insensato (perdón) señor Rubiales .

Vitalidad y optimismo

Jueves, 28 Enero 2016

Como “fútbol es fútbol”, el fútbol es como la política:

-No te fíes de las promesas de los políticos, ni de sus programas. Rara vez cumplen sus programas, rara vez cumplen lo que prometen –decía el profesor Tierno Galván, a quien la alcaldesa que hay ahora en los madriles, antitorera, antibelenes, antimagos tradicionales, pretende esculturizarlo con busto en el corazón de la Cibeles.

-No te fíes tampoco –me recomiendan- de las progres antitodo. Suelen estropearlo casi todo.

El Atlético de Simeone, esta semana, ha empalmado una semana aciaga. Empató con el Sevilla, en el Calderón, y en el Calderón, contra pronóstico, ha caído KO en el torneo del KO, contra el Celta.

-Aciaga, sí, usted que lo diga.

Simeone, sin embargo, es un señor vigorosamente optimista y vitalista. Ve siempre luz en los túneles negros.

-Y la ve sin necesidad de encender focos, si va en coche, ni de linternas si va a pie.

El 2-3 de KO del Celta es resultado que nos ha dejado a todos sin resuello (uno nunca ha ocultado su amor al Atlético y a la mujer, la obra más bella de Dios), mayormente a los socios y abonados del Atlético.

-Que siguen restregándose los ojos no para ver mejor, sino para no ver, por aquello de que ojos que no ven corazón que no sufre.

Tras el trompazo del 2-3, en la rueda con los periodistas, el vitalista y optimista Simeone dijo:

-No es un fracaso (la eliminación de la Copa del Rey).

Matizó:

-Fallamos en detalles.

Verdad: los detalles fueron que los tres goles del Celta se debieron, más bien, a fallos de los defensas, cuando la virtud de la fortaleza del Atlético reside esencialmente en los defensas.

Simeone, recalco, es optimista y vitalista. Y eso es formidable. El progreso no lo labran ni lo trillan ánimos depresivos o desmoralizados. Contra los sopapos de KO, el arco iris del brío, de la fe.

-¿A que sí, Simeone?

- Mi vida es arco iris. Claro que sí. Por eso soy vitalista y optimista.

Lo terrible es que la Copa del Rey se le daba al Atlético de película del león de la Metro. Y ya no está en la Copa. Y lo terrible es que Koke, el otro día, tras el empate con el Sevilla, declaró:

-Nuestro objetivo en la Liga no es ganarla, es el tercer puesto.

Error, Koke. Hay que ser como el profesor Simeone y el profesor Tierno Galván: francos, optimistas, vitalistas. Al Barça, el inmediato adversario del Atlético, y al que tanto admiro estéticamente, hay que oponerle sin fisura alguna el optimismo y la vitalidad de la fe.

El Profe

Viernes, 3 Octubre 2014

De fútbol sé lo que me enseñan los que saben.
-Qué socrático es eso.
-A lo mejor a Sócrates le gustaba el fútbol. El fútbol existe desde que Adán le dio un puntapié al despojo de la manzana de Eva.
Simeone (hay que leer también los periódicos de allende los Pirineos, que decía el clásico) es figura de moda. En el cine, el actor de moda es el torero Jesulín de Ubrique. El celuloide se le da como la arena. Olé. Si no me creen, véanlo en Torrente 5:Misión Eurovegas, de Santiago Segura, a quien por cierto también le gusta Simeone.
-A ese chico se le da el fútbol como a mí Torrente.
Simeone, su arte, vaya; vaya, su manera de llevar al Atlético, genera envidia y admiración hasta en la vieja Europa
-¿Cuál es su secreto?- me preguntan.
No lo sé, la verdad es que no lo sé. Koke dice que el éxito del Atlético es “El Profe”, que los tiene “a tope”.
Lo he dicho muchas veces. Lo repetiré. Saber seducir y conquistar es más eficaz que ser sabio en técnicas, estrategias y sistemas, a veces.
-El sistema es el jugador. La técnica, el jugador. La estrategia psicológica, el entrenador.
Pues sí. Algo así.
La suerte, para Simeone, cuenta también muchísimo
-Pero la suerte –precisa- hay que trabajarla. La suerte de la Primitiva es suerte milagrosa; la suerte del trabajo, no.
Experiencia muy metabolizada. O talento genético.
Guardiola tiene la fama de lo que hizo en el Barça. Simeone, la fama de lo conseguido en el Atlético en tan poco tiempo..
-Un grupo de jugadores – opina asimismo- es un rebaño. Si no hay pastor, no hay rebaño. Yo trato, simplemente, de ser pastor.
Sabe también Simeone que así como una democracia sin oposición no es democracia, un equipo de fútbol sin el “estadio entregado” es menos equipo de fútbol.
-El fútbol es lo que se hace en el césped y lo que se oye en los graderíos.
Helenio Herrera se hizo inmensamente popular e inmensamente rico, ambas cosas, por su manera de ser y entender el fútbol y por su empática y psicológica simbiosis con los jugadores
-Yo pongo el carácter, ellos – que dice- el talento.
Freud lo admiraría.

Tarjetas amarillas

Mircoles, 2 Abril 2014

¿Qué no es dialéctica? El matrimonio es dialéctica.

-Paco, a ti lo de sábado, sabadete, te va poco. ¿Cuántos sábados hace que no me tocas?

Paco, ni caso. Gruñe a lo sumo

La política es dialéctica:

-Puedo prometer y prometo…

Y como diría el profesor Tierno Galván, prometió pero no cumplió casi nada de lo que prometió. Los políticos, en tiempo electoral mayormente, son poco fiables con sus promesas.

El fútbol es dialéctica:

-Cuatro tarjetas amarillas ya al Atlético: Koke, Gabi, Turán, Juanfrán. ¿A que nos deja sin centro de campo? Al Barça, ninguna.
Prodigó más tarjetas el alemán Félix Brych: otras dos al Atlético, Diego y Sosa, y dos, sólo dos, al Barça, Iniesta y Jordi Alba.
El amarillo es también color dialéctico. Execrado por los actores desde que Molière muriera en el escenario representando una obra suya.

-Creo que me muero - medio susurró, según testigos presenciales.

Acertó. Desde entonces, para unos, el amarillo, si no se lleva amuleto contra él, es color gafe. Para otros, en cambio, el amarillo es color benefactor. La verdad es que desde que se viste de “abejita Maya”, el Atlético es azote feroz, agresivo, temido y ganador.

-En el Calderón, preveo un partido en el que puede suceder todo.

Así opinan, con respeto, las mentes azulgranas no intoxicadas de forofismo.

El amarillo, sin embargo, como látigo arbitral para sofocar la agresividad de algunos jugadores, puede destruir la hermosa y equilibrada pugna competitiva de un partido. ¿Se imaginan a un Atlético, o a un Real Madrid, o a un Barça, o a un Bayern, desposeídos de parte de sus mejores jugadores en las semifinales o en la final de la Champions por causa de los fustazos amarillos? Someto esta reflexión, no sé si chusca o no, a la consideración de los sesudos y reaccionarios conservadores del dialéctico reglamento del fútbol.