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Ser el mejor

Viernes, 7 Noviembre 2014

Está de moda, por lo que leo, el adjetivo mejor. Cristiano Ronaldo, como siempre, quiere ser el mejor, no dejar de ser el mejor.
-Qué petulante, qué engreído.
Tratar de ser el mejor siempre es tan difícil como no caer, sobre todo si se es político con poder, en las malas tentaciones.
Cristiano, según su madre, es un obseso de su trabajo. “Vive para el fútbol desde que se despierta hasta que se acuesta”. Eso no es ser engreído, eso es no querer dejar de ser lo que es. El mejor. O casi, con permiso de su más directo rival, Messi.

Hay muchas maneras de ser el mejor.
Agassi, cuya biografía, de moda, es ciertamente atractiva, también se relaciona con el adjetivo mejor. Así: “No quiero ser el mejor, sino ganar al mejor”.
-Y ¿cuánto le costaba ganar al mejor, cuando era uno de de los mejores?
-Horas y horas de trabajo.
Agassi sostiene también que el talento sin el denominador común del sacrificio del trabajo, “tan agotador, tan doloroso, tan monótono”, no existe. Se nace con talento, pero el talento hay que trabajarlo mucho, mucho, mucho, y bruñirlo.
Raúl, que se ha eternizado en el fútbol, se lo debe todo, también, al trabajo:
-Si no fuese por él, no estaría, como se escribe, entre los mejores –dijo una vez.
Rafa Nadal. Otra ‘víctima’ del trabajo. Por modo de ser, humilde; por ser uno de los mejores del mundo, “yunque y martillo” de la raqueta muchas horas al día, cada día:
-Estar arriba, entre los mejores, para no defraudar a quienes me consideran uno de los mejores, hay que ser un “negrero” del trabajo.
Messi, la pasada temporada:
-No estoy bien, no sé qué me pasa; sé que no estoy en mi mejor momento.

Sufría por ello.

Federer, el David Niven - aquél elegante actor del cine en blanco y negro- del tenis, ha cuidado siempre más que ser el mejor, que también, ser el mejor estilo en maneras y distinción del circuito.
-Ser como ahora soy, me costó. En mis comienzos, yo era explosivo. Tuve que aprender a no serlo.
Xavi colectivizó en su día el adjetivo.
-Aspiro, en cada partido, a ser uno más en el mejor equipo del mundo.

Le replicaron:
-En lo tuyo, eres el mejor.
Lo negó:
-Yo no dependo de mí, dependo de los demás. Entre los mejores, procuro no desentonar.
Podría seguir. El adjetivo mejor es narcisista. Viene todo esto a cuento de que a algunos les ha enojado que CR7 haya declarado que quiera ser el mejor de siempre, siempre. Di Stefano, con quien lo ha comparado Florentino Pérez, nunca se vio como el mejor:
-Yo -decía socráticamente, casi seguro que sin haber leído a Sócrates- sé que el bien del fútbol es ganar y el mal, perder. Cuando gano, me siento a gusto, sin más, “he cumplido”, me digo; cuando pierdo, me ‘cisco’ (utilizaba otra palabra) también en mí.

“Nunca volveré al Real Madrid”

Mircoles, 18 Febrero 2009

Vicente del Bosque es del estilo de la elegancia, la elegancia de la bondad. Cuando el Real Madrid de Florentino Pérez, los galácticos y Del Bosque, me lo dijo un galáctico de segundo nivel:

-Hay que ser mala persona, persona perversa, para hacerle  daño a este franciscano. Sólo le falta el hábito.
El franciscano, Vicente Del Bosque. Más alto que el Rey y rey de sí mismo, lo tiene metabolizado:

-Nunca volveré al Real Madrid -dijo esta mañana en el Foro Ferrandiz-As.
¿Rencor? No se le manlentienda. Años, y que ha llegado, como señaló, al último ciclo de su vida. Su etapa más feliz fue “cuando era jóven,trabajaba mucho y ganaba poco”. El fútbol, para él, es recuperar el balón, conservarlo,orden y talento (o el talento, más exactamente, de los “desequilibrantes”).

Piensa como Javier Clemente. Una cosa es el fútbol bello, otra ganar.”Lo profesional -fue rotundo- es ganar”. Defendió a los árbitros: “Trabajan siempre con mucha presión, y siempre se les está haciendo la puñeta”. Coincido con él.

Mi idea desde que me  hice mayor es que culpar al árbitro es el  rutinario  y plano argumento de los cerebralmente antediluvianos. Sentenció Del Bosque : “Los árbitros no tienen favoritos, sencillamente se equivocan”.
Calificó de no ética la costumbre del futbolista chivato que pide, gesticulando y gritando, al árbitro que castigue con tarjeta al adversario que le ha hecho falta (chivato y mal compañero, las dos cosas). “No es ético eso -matizó resignadamente-, pero ahí está”.

La Selección y el raulismo. No sé de ningún futbolista con tal cohorte de amantes y sayones. Del Bosque, una y otra vez, pues el rataplán del foro fue Raúl, ponderó a Raúl, “poco sociable pero persona buena y que hace obras sociales silentemente”, desveló; pero fue concluyente y nada melindroso: “Mi trabajo,en cada momento, es llamar a los mejores”.

Lo anuncié aquí ayer. Raúl, por última vez, vestirá este año el rojo de La Roja. Como homenaje, y punto.
Y dijo, en fin, que España, en fútbol, ha atravesado las fronteras. Tampoco hay ya Pirineos para el fútbol.