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A pocos días de Anne Hidalgo en la Alcaldía de París

22 Marzo 2014 por Zoé Valdés
Tengo ante mí a una mujer de una lúcida transparencia: Anne Hidalgo. Nos conocemos desde que yo la escogiera para uno de mis personajes en Café Nostalgia, o sea que nos conocimos primero en mi imaginación, y luego en la realidad. Su presencia natural no traicionó jamás la idea que me hice de ella. Como mismo me hice la idea de Bertrand Delanöe, un alcalde inolvidable, un lector, un amigo.

Anne Hidalgo está allí donde los parisinos la necesitan, siempre donde la ciudad la reclama, Anne Hidalgo, discreta, serena, dulce y al mismo tiempo firme, afable, cultivada, con las ideas muy claras y decenas de proyectos sobre una ciudad literaria y funcional.

Anne Hidalgo por los derechos humanos, vestida de blanco en solidaridad con las Damas de Blanco cubanas, sonriente y animándome sin siquiera saberlo en los momentos más tristes de mi exilio.

Anne Hidalgo nos brinda cada día una lección de libertad y de democracia, en ella veo a mi hija, su futuro, o a una hermana que pudo llegar, que pudo cumplir su sueño de hija de exiliados.

En ella adivino el futuro de una nueva generación vital, con su fuerza femenina y su delicadeza de mujer inteligente.

En ella intuyo el triunfo, imagino a la blanca paloma, aprecio a una bella andaluza de Cádiz, a una parisina de alma, corazón y vida, en la Alcaldía no como heredera únicamente sino como continuadora.

La veo ya como la primera alcaldesa de una ciudad que la ama, la respeta, y la elegirá. Yo la elegí antes como personaje literario, el domingo la elegiré como la mujer política a la que le queda mucho por entregar, ¡y miren que ya ha entregado!

Guillermo Cabrera Infante, un escritor reidor

4 Diciembre 2013 por Zoé Valdés

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No existe un solo libro de Guillermo Cabrera Infante con el que no haya “leído” a carcajadas. Donde escribí “leído” debió decir “reído”, claro, pero es que cuando leo al autor cubano también río a mandíbula batiente con cada una de sus ocurrencias anecdóticas, reflexivas o lingüísticas. De tal modo aprendí, leyéndolo y riéndome, que La Habana era una ciudad plena de euforia, luminosa, rítmica y sonriente, que la capital donde yo había nacido y crecido nada tenía que ver con el espectáculo angustioso cotidiano en el que nos sumieron los demiurgos del apocalipsis revolucionario, y sus protagonistas: el pueblo, sus dirigentes, y tao, tao, tao… No voy a entrar en la muela bizca de la que ya estarán hartos.

Acabo de releer ‘Mapa dibujado por un espía’ -publicada por Galaxia Gutenberg y editada por uno de los mejores editores, Antoni Munné- y me cuesta escribir, y hasta evocarla y pensar en ella, porque sigo enmarañada en la profunda tristeza que emana palabra a palabra de este texto laberíntico, y lo que es mejor, que no peor, tampoco deseo liberarme de la melancolía en la que me ha hundido. Ya saben que a mí me gusta llorar con el buen cine y me encanta reírme con la buena literatura. Sin embargo, con esta novela me ha ocurrido algo muy distinto: ni risa ni llanto; sino una especie de escozor que recorría mi espina dorsal mientras la leía apesadumbrada, con los dientes apretados. Ira y congoja. Sensaciones extrañas de las que no puedo y no ansío despojarme. Porque pese a la enorme depresión que se atisba y destila de la escritura de Guillermo Cabrera Infante advierto que hasta la melancolía de aquella época, con todos sus errores y horrores, lucía un sello de elegancia, de distinción sosegada, de carácter emblemático, y hasta eso, ese tipo de anonadamiento, se ha perdido en Cuba. Se perdió la risa, se acabó la melodía, se apagó la ciudad (desmoronándose a puñados), se largaron los mejores artistas, los mejores en todo, o sea los alegres. La patética amargura reemplazó a la poética aflicción. La memoria varada entonces en el terreno de lo antaño, no sirvió más que para mea culpas, arrepentimientos, subterfugios.

Esta novela nada tiene que ver con mea culpas, ni con ‘Mea Cuba’, dicho sea de paso; un libro que también fue ocultado, no por el autor, sino por los censores de turno fuera de Cuba al servicio del tirano de la isla.

Debo pautar en una pausa que, de las tantas veces que visité a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez no recuerdo ninguna empañada por la agonía de la nostalgia, no los recuerdo jamás hundidos en la morriña. Por el contrario, viviendo en el corazón de Londres, rodeados de gran cantidad de libros, de las mejores librerías y museos, de tiendas y restaurantes para escoger, en esa casa que todavía hoy visito siempre se respiró y se respira la Cuba extraviada y hallada en aquel rincón, en pocos rincones del mundo, menos en la isla misma, y una maravillosa alegría. Nunca he conocido una pareja más cómica, más inteligente, más reidora que Miriam y Guillermo. Y ahora, en la ausencia de Guillermo, Miriam se ha propuesto continuar ese alborozo tan cubano, ese júbilo tan productivo, trabajando en los manuscritos que escribió su esposo en el exilio. Porque Guillermo Cabrera Infante escribió la mayor parte de su obra en el exilio, al igual que José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda, y numerosos escritores exiliados desde el año 1959 hasta la fecha.

Uno de los engaños que no perdonaré nunca al régimen castrista es que nos haya querido inculcar, mediante trampas y chantajes, que solamente la literatura y el arte (por llamarlo de alguna manera) que se produce en Cuba poseen un auténtico valor, pese a que la mediocridad, la pusilanimidad, el servilismo, y el cretinismo inundaron la creación y ofuscaron el pensamiento. Pese a que la gran obra cubana de todos los tiempos y de los grandes escritores, poetas, pintores, músicos, filósofos -desde el siglo XIX hasta hoy- se ha construido en el exilio. Haya sido compuesta en la época en la que lo haya sido. Pero no entraré en esos temas, que ya aburren –como indiqué al inicio-, sobre todo para los que nos pasamos la vida conversando acerca de ellos; temas de los que todavía muchos no quieren enterarse, como canta el bolero: “por pura cobardía”.

Otra de las fabulaciones del castrismo, de las mentiras y calumnias de sus esbirros, ha sido los de regar, o sea, divulgar que tanto Cabrera Infante y Reinaldo Arenas eran seres llenos de odio y acomplejados ( por cierto, lo mismo que dicen de mí), lo que, como supondrán, me sume en el orgullo, y me compromete e impulsa a continuar con inmenso amor y honor. ¡Odio y complejo! Todo lo opuesto a lo que podemos apreciar en esas obras: generosidad, ternura, dolor, tristeza, valentía, vida y libertad.

‘Mapa dibujado por un espía’ es, tal como anuncia su prólogo, una novela inacabada, escondida púdica y secretamente por el escritor. La única novela no leída por Miriam Gómez hasta su edición. Pero incluso siendo un texto inacabado su grandeza es incalculable, no sólo por su calidad literaria, qué duda cabe, sino porque por encima de todo se trata de un testimonio muy personal, íntimo. La última desgarradora aventura de un escritor acorralado en su país, y no de cualquier escritor. De alguien que se sintió culpable por haber creído y, pudo por fin, fugarse para no seguir sintiéndose responsable después de haber reído, y hasta después de haber leído, como tantos de los que nos tuvimos que quedar.

El primer exergo del libro pertenece a Ernest Hemingway y cito: “Tú no eres realmente uno de ellos sino un espía en su país”. Nada más transparente que esa breve introducción. Aunque Guillermo Cabrera Infante pudo quedarse y seguir siendo uno de ellos, cómodamente, debido a sus orígenes humildes, y por su procedencia de una familia comunista, eligió partir hacia la libertad antes que vivir encadenado a la mentira y quedar esclavo de la vigilancia en un país que ya no era el suyo, sino el de “ellos”, el de “ésos”: los odiadores reales. Impuestos el odio y la maldad, el fracaso estaba asegurado, como ha sido, rotundo. Esta novela es la máxima prueba del gran fracaso que constituyó esa revolución, una prueba de primera mano.

Aun después de haber leído y sufrido con esta reciente obra de Cabrera Infante, sigo y seguiré sosteniendo que su autor era un escritor reidor. ¿Por qué? Pues porque amaba la verdad. Y tal como nos afirman Bergson y Heinrich Böll, en su cuento El reidor, sólo los dueños de la verdad, que la conquistaron con esfuerzo, poesía, y padecimiento, son reidores sofisticados, exquisitos y legítimos. Ni una sola obra de los odiadores, ni una frase redactada por los maldicientes, ni una sílaba de los imitadores, posee la altura de ‘Mapa dibujado por un espía’, ya que, reitero, no se trata exclusivamente del testimonio individual del autor, se trata de un fragmento tenebroso de la historia de Cuba que ahora los culpables, muy fétidamente, se disponen a borrar de un tachón: la época del espanto.

La paradoja, o “parajoda”, como bromeaba Guillermo, radica en que medio siglo más tarde, el tiempo y la razón están por fin del lado de los que con toda evidencia la tenían, de los silenciados y humillados. Publicar esta novela no sólo ha sido un hermoso gesto de justicia, además restituye la verdad escamoteada una y otra vez. Pone al descubierto la sombría falacia, muestra la basura barrida bajo la alfombra. Y le da un tapaboca a los ingratos y traidores.

Afortunadamente Guillermo Cabrera Infante sigue perpetuándose en ese reidor que no pocos conocimos, aunque no exactamente como el reidor profesional del cuento de Böll, sino como todos esos reidores que tuvo Cuba en el pasado, que reían porque buscaban y hallaron la verdad, porque como canta el verso de Lezama: nacer allí todavía era “una fiesta innombrable”, y nunca renegaron de sus orígenes.

Foto: Néstor Almendros. Archivos del escritor.

Tres tazas

6 Noviembre 2013 por Zoé Valdés
He leído en estos días varios artículos y entrevistas con esos personeros semi enmascarados de la tiranía castrista. Dos de ellos son escritores del régimen, aunque tapiñados, claro, y se la pasan viajando pero marcando la tarjeta en Cuba y retratándose en sus chozas de lujo que les concedió el Partido Comunista en los repartos habaneros. El otro pasa por un profesor universitario y ensayista del exilio de terciopelo. Y el tercero es un periodista y biógrafo norteamericano, vamos a decir, que medio zanaco, o se hace. Todos coinciden en nombrar a -según ellos- novelistas cubanos de importancia, a los que por supuesto nadie conoce ni en la sala de su casa a la hora de encender el televisor ruso en blanco y negro. Y obvian, claro está, los nombres de otros escritores premiados, traducidos, publicados, con una obra extensa, casi todos exiliados, y anticastristas hasta el tuétano, entre los que me encuentro.

Lo curioso es que los especímenes estos a los que rara vez menciono, coinciden en ignorar, lo que ya es el colmo, el nombre de Guillermo Cabrera Infante, y para más inri uno de los escritorzuelos, un “fama” plagiador inventado por la izquierda, cuando ya no le quedó más remedio de aceptar su existencia, se llenó la boca para mascullar que el autor de Tres tristes tigres y de su novela más reciente Mapa dibujado por un espía (Galaxia Gutenberg, 2013), que es pan caliente en las librerías españolas, hoy precisamente, no había publicado nada una vez que se fue de Cuba. No sólo es una mentira y una falta de respeto inaceptables, además, en esta nueva novela de Cabrera Infante, la que ya tengo en mi poder y de la que escribiré más adelante cuando la haya terminado de leer, se cuentan las verdaderas razones por las que su autor, uno de los más grandes escritores cubanos y universales, fue durante toda su vida un anticastrista cabal, pese a que por sus orígenes bien pudo haberse acomodado y haber vivido como le hubiera dado la gana en un mundo de víboras y farsantes, como han hecho los antes no mencionados de marras.

De modo que no sólo Guillermo Cabrera Infante publicó la mayor parte de su obra fuera de Cuba, donde la escribió también, sino que además, después de su desaparición física, su esposa, Miriam Gómez, se ha dado a la tarea titánica de editar toda la obra inédita, y ya van cuatro libros publicados, bajo el atento cuidado de Antoni Munné, su editor. Una sola frase de cualquiera de esos volúmenes vale muchísimo más que cualquier librejo de basura de estos nuevos voceros del castrismo.

Tres alegres tazas.

Colección Robert Altmann de pintura cubana en PIASA

12 Octubre 2013 por Zoé Valdés

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Mi amistad con Robert Altmann data de 1996, fue gracias a Guido Llinás y a José Triana que nos conocimos. Nuestro viaje a Clairgoutte para la Retrospectiva de Guido Llinás fue el detonante de una perdurable amistad. Sus cartas, desde Viroflay, acompañadas siempre de una pintura o de un dibujo de su autoría colman mis archivos y las paredes de mi casa.

El día 26 de noviembre se pondrá a la venta la Colección Robert Altmann de pintura cubana, una de las más importantes del mundo. La exposición y el catálogo, así como la subasta en PIASA, han sido organizados por un equipo extraordinario, a quienes agradezco, así como a los hijos de Robert Altmann, el pintor Roberto Altmann, Claudine y Sergio.

Robert Altmann vivió en Cuba entre 1941 y 1949, nació en Hamburgo en 1915, reside en Francia.

Cliqueen aquí para el Comunicado de prensa en francéspiasa-rive-gauche-the-robert-altmann-collection-of-post-war-cuban-art-26-november-2013.pdf

En inglés:  piasa-rive-gauche-the-robert-altmann-collection-of-post-war-cuban-art-26-november-2013.pdf

Verano indio

2 Octubre 2013 por Zoé Valdés
Todavía hace buena temperatura en París, y por momentos el sol se impone y calienta tibiamente, a este fenómeno se le llama “été indien”, verano indio, y nadie como Joe Dassin para cantarle, con palabras amorosas y ritmo cadencioso. No es más que una especie de extensión del verano en pleno otoño. Las terrazas de los cafés siguen abiertas, y las muchachas se sientan a fumar con las piernas cruzadas, medio desnudas, o envueltas en medias de redecilla o de encajes. Los hombres lucen vaporosos trajes de oficina. Los niños corretean a la salida de los colegios. Los adolescentes, esquivos, sigilosos, evadiéndose a una sala de cine de ensayo, antes que todas cierren.Libros nuevos con sus brillantes cubiertas nos invitan a la lectura de autores reconocidos y al descubrimiento de escritores que se estrenan en el oficio. Septiembre es también el mes de la “rentrée littéraire”. París retoma su ritmo habitual, suspendido durante las vacaciones “largas”, que son las de verano.

La política y sus representantes reanudan el pulso, también detenido a medias. Nada nuevo, los mismos rostros, bronceados bajo los efectos de los rayos solares, fatigados de playas lejanas; todos parecen ahora más avejentados. Ninguna idea que deslumbre, sólo “efectos especiales” deprimentes, como en las peores películas de ciencia ficción.

Y entre tanto, las calles se llenan de mendigos, de familias enteras de rumanos, niños incluídos; la pobreza reina en las calles de los barrios más chics del Tout Paris. Pero la vida continúa, como si todavía pudiéramos llamarla vida. Demasiado cara, harto hipócrita, descalabrada, escachada por las puntas, abofada por ciertos lados, amoratada. La vida, quoi.

Sita Gómez en Ars Atelier City

22 Septiembre 2013 por Zoé Valdés

En el último número de la revista Ars Atelier City se le hace un homenaje a la pintora cubana exiliada Sita Gómez.

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Hyon Song-wol

8 Septiembre 2013 por Zoé Valdés
Estoy segura que el nombre de Hyon Song-wol no les dice nada o les dice bien poco. Hyon Song-wol era una cantante nordcoreana, fue ejecutada hace poco por el régimen comunista de Corea del Norte, no la salvó ni haber sido, según se dijo, la supuesta ex novia del nuevo tirano de ese país. Fue ejecutada junto al grupo de músicos que la acompañaron siempre. La acusaron de haber hecho un video pornográfico según la dictadura. El video véanlo aquí.

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Lo curioso es que hace muy poco el mundo se movilizó en contra de la encarcelación de otro grupo musical femenino: las Pussy Riot, que cometieron el supuesto delito de entrar en una iglesia rusa y cantar en contra de Vladimir Putin. No entiendo por qué entrar en una iglesia y cantar en su interior sea considerado un delito. Pero al parecer ellas la liaron de tal manera que tuvieron que detenerlas. De ahí a juzgarlas y encarcelarlas va un trecho enorme de injusticias. Pero así son los comunistas nostálgicos de serlo, como lo es Putin. Por cierto, pese a que las he apoyado, también sé que las Pussy Riot son nostálgicas, ellas también al parecer, de un comunismo light. Pese a eso no merecen la cárcel, ni los abusos cometidos en su contra.

Sin embargo, tras el crímen cometido contra Hyon Song-wol, pensé que el mundo se movilizaría de igual manera, tal como lo hicieron a favor de las cantantes rusas. Nada de nada. Ni las FEMEN, ni Madonna, ni Lady Gaga, ni ninguna feminista, han dicho ni pío.¿Por qué? Faltaría más. A Hyon Song-wol a asesinaron los comunistas, la asesinó un régimen dinástico-dictatorial: Corea del Norte: la asesinó la moral de la izquierda entonces. La cabra siempre tira al monte, es sabido.

Es una vergüenza, un delito de lesa humanidad, que se ignore olímpicamente el asesinato de esta artista y de los demás artistas que la acompañaron en la aventura musical de toda una vida, y en la aventura sombría de la muerte.

En cuanto a los cobardes del mundo. Son los mismos que ignoraron la muerte de Zapata, de Pollán, de Payá, y de tantos otros. No se extrañen. Este es el mundo totalitario en el que vivimos.

 

El video en ABC también.

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De gurús y otros circos

27 Agosto 2013 por Zoé Valdés
Cada vez que me entero de que un mediocre cubano se vende como gurú me despetronco de la risa. En Cuba hay santeros, brujeros, curanderos, yerberos, y hasta creo que existe un chamán perdido por allá por una loma de la Sierra Maestra, pero ¿gurú? En el hinduismo gurú significa “maestro espiritual”, ¿cómo puede entonces promoverse una persona a sí misma como “gurú” cuando ni siquiera ha vivido en un retiro espiritual en la India, y tampoco la ha visitado ni en sueños?

Pero ya saben ustedes que los charlatanes o bambolleros cubanos abundan diseminados en los sitios más increíbles del planeta, sobre todo por allá por donde los millonarios poseen sus bajareques dorados, en los campos celestiales donde las vacas al ser ordeñadas mean por las tetas sangre o cocaína en lugar de leche. Que no ignorarán tampoco ustedes cómo les priva a estos gurús cubanos aislarse en secta pueblerina y armarla apartados alrededor de los prajos y la droga.

Lo curioso es que estos personajillos siempre tendrán a unos cuantos seguidores, los tontolabos de toda la vida, los hablacacas e iluminados del montón, y por supuesto, los ‘artistas’ circenses provincianos, los que se pasarán el resto de su existencia en el trámite de que los descubra un mecenas. Y allá va el gurú a enseñarles lo que aprendió en los medios intelectuales habaneros, tan espiritistas ellos, en lugar de espirituales, a cuatro tercermundistas traumatizados, tres fumayerbajos, y dos fleteras de canastillero floreado como vestimenta. De hecho, el gurú sólo pudo viajar fuera de Cuba con la ayuda de los espiritistas habaneros y de su tráfico de documentos e invitaciones falsificadas.

No faltará la noche tenebrosa, las fieras de ojos amarillos, el misterio prefabricado por el gurú y su pandilla, con tal de encandilar al nouveau francesito caza aventurillas y reportajillos, cámara al hombro y cómodas botas adquiridas en el Boulevard de Sébastopol. Y allá va el sanaco a comerse el millo de la gran expedición promovida por el centro turístico del gurú cubano en parajes ígneos y cenicientos, bien sûr!

Si es usted cubano y quiere devenir gurú, sólo abra una página en Facebook con una montañita detrás como foto de muro, e inaugure un centro espiritualoide, pacífico y sexo-machista burundangoso ¡cómo no iba a serlo! Además cobre en euros por la ingenuidad y la gasolina. El que caiga en el jamo tiene ganada la eternidad de los comentarios de esos cuatro o cinco miembros de la secta en Facebook.

Ayer, cuando cogí el Métro, por fin respiré aliviada, ¡qué larga y pesada carga me había quitado de las espaldas! Ahora, que les caiga encima al gurú y a su asistenta circense de trapitos guarapeteados.

Bon vent! Ah, y yo sí es verdad que no me arrepiento de nada, sobre todo de haber dado todo siempre sin un penique a cambio, y sin supercherías ni bajezas.

El entorno de una novela

20 Agosto 2013 por Zoé Valdés
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Toda novela es silencio de alguna manera violado, sin embargo también es monólogo redentor, sobre todo cuando lo que se escribe se ha vivido peligrosa e intensamente, cuando se musita en puntillas, aunque de manera resoluta, la historia de toda una vida, la propia, y alejándose de ella sin embargo se ventilan las deudas, los cobros (en algunos de ellos se ha pagado con la existencia misma), se bosquejan las alegrías y desdibujan los pesares de toda una generación poseída por la fiebre de la irreverencia y apagada luego en el resquemor del olvido.

El entorno del silencio, novela de Antonio Ricardo Valle, transita esos vericuetos ya conocidos, los del “yo” y de “nosotros”, sin la grosería tan manoseada de utilizarlos de forma obvia y ñoña, nada de eso. Su narrativa fluye de manera natural y maciza, no es un diario, es una novela -como la vida, ya lo recalcó Marcel Proust-, porque constituye sin duda un bouquet perfecto de sentimientos, un ramo de sensaciones, estilos y maneras de narrar ya frecuentados por otros, por supuesto, y esos otros han sido sus maestros, nuestros dioses leídos y releídos, divinidades gozadas y profundizadas hasta el desmayo y el desvelo; aunque en su caso ha sido entregado, devuelto el agradecimiento, sin aspavientos ni exhibicionismo, todo lo contrario, con elegancia, reflexión, sutileza, soberbia madurez.

Trata de vida, pero también de lecturas, de cultura, de descubrimientos alrededor del mundo, y periplos austeros por su mundo interior. Es la novela de un explorador explorado. 

Es de agradecer sobre todo  la supuesta ‘urgencia’ bajo lupa con la que esta novela ha sido rumiada, y por eso tan paradójicamente dilatada en su ciclo ovoidal, del anhelo que se percibe y que pese al intrínseco deseo, lucha en su contra, para al fin contar lo que fue la trayectoria en espiral, de un niño con la respiración en permanencia entrecortada por una hélice de aspas afiladas, nacido en los años cincuenta, rescatado en nuestros días; de un hombre que ha sido el testigo de la construcción de no pocos pedestales desde donde el horror se ha empinado y ha obligado a obedecer, y desde donde se ha ninguneado y asesinado. Pero por otro lado, muy acertadamente, se honra la obra de aquellos que no bajaron la cabeza, de los resistentes, de los “renunciantes”; y finalmente se muestra la reafirmación, o el triste y esperado declive, la decadencia de los más importantes y estrafalarios símbolos: desde la revuelta o algarabía chanchullera castrista (jamás revolución), con todos sus falsos héroes y sus perrunos artistas y escritores adictos al poder, esa intelectualidad de pacotilla enganchada al éxtasis de una barba trucada que truncó tantos rumbos, hasta la caída del Muro de Berlín, el idealizado fin del comunismo trocado por capitalismo salvaje, y el horrendo atentado islamista que ha sido erróneamente denominado el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, cuando en verdad lo que ocurrió fue una cruzada hostil y guerrerista, una masacre inadmisible.

Matteo, el protagonista de este libro, es un testigo apacible, un amante creativo, un visitante que muda en viajero. “Un peregrino inmóvil” y lezamiano a veces, y andarín y ubícuo en otras. Matteo es un salvador. Su peregrinaje, imaginado primero, antes que mude en éxodo, en fuga, devendrá finalmente interminable e infatigable procesión en pos de la verdad y de la paz.

No debíera de ser yo quien escriba sobre una historia que conozco muy de cerca, que he caldeado y saboreado en conversaciones con el autor en tantos ’santos lugares’ (para homenajear al maestro Ernesto Sábato) de este mundo: París, donde empezó a escribirla, muy cercano de un busto de Víctor Hugo, un guiño que el lector agradecerá al final del libro, sabiendo que Hugo escribió sobre las mujeres cubanas; en Roma, donde Antonio Ricardo Valle ya iba cocinándola a fuego lento y engulléndola suculento y al mismo tiempo devorándose apetitosamente a si mismo. Y más tarde, a través del teléfono, desde Nueva York, la ciudad donde reside y donde fue repujándola como un artesano, o mejor, recreándola a través de personajes remodelados, inspirados en protagonistas reales, moldeándola como un alfarero, sopesándola como un alquimista en cuya diminuta balanza se escabulle el azogue saltando hacia la viscosidad del oro lícuado. Finalmente descontextualizándola en Creta, en una noche de luna llena en Platania, en un almuerzo servido por los dioses de Hania. 

No debía de ser yo, reitero, conozco demasiado los secretos, los escondites, y no quisiera revelarlos antes de que ustedes paladeen su escritura, antes de que penetren en el universo de un escritor que lleva décadas meditando lo que finalmente ha novelado en apenas tres o cuatro años. Recuerden los versos de Constantino Cavafis: “Doce y media. Cómo pasan las horas. Doce y media. Cómo pasan los años”. Pero estoy segura que ustedes entenderán mi regocijo al presentárselas desde el privilegio de la amistad.

El silencio acumulado, ahorrado en el sosiego, valió la pena, porque una novela de semejante envergadura sólo puede ser escrita desde la satisfacción y el deleite de haber cumplido de manera honesta y puntual con la suerte y el esfuerzo, y sí, también es cierto, con los sinsabores de la pérdida, de las ausencias. De mucho sirvió haber quedado bien consigo mismo, de haber andando, a menudo con dificultad, pero la mayoría de las veces con destreza,  por los caminos trazados, rediseñados, que unos llaman aventura y otros destino.

El entorno del silencio en Ediciones Palibrio.

Putin, Mariela Castro, la homofobia y la disidencia

12 Agosto 2013 por Zoé Valdés
Vladimir Putin recién ha firmado una ley antigay, bajo la cual no es admitido en Rusia que se hable públicamente de temas homosexuales, y por supuesto, se discrimina y persigue a los homosexuales. Por estas acciones ya empiezan a llamar a Putin el Zar de la Homofobia.

Putin es, sin embargo, muy amiguito de los Castro, sobre todo de Raúl Castro. La hija de Raúl Castro, Mariela Castro, ostenta en la isla una especie de Federación Gay Castrista cuyo nombre es CENESEX. Por supuesto, los gays anticastristas no tienen cabida en esta especie de ONG (Organización No Gubernamental) ‘gubernamental’ (un nuevo invento en el que todo lo que era estatal, o sea gubernamental, ahora se coloca la careta de ONG, o sea, no gubernamental, aunque siéndolo, y recibiendo dinero del extranjero; ah, pero todo el mundo denuncia a Carla Bruni y su ONG, y ¿ésto? ¡No, qué va, p’a su escopeta, se trata de una Castro!) y como al resto de la disidencia son perseguidos y encarcelados. Los homosexuales no han dejado, por otra parte, de ser perseguidos en Cuba, sólo un grupito pachanguero y transformista en el peor estilo (hoy son castristas, mañana son gusañeros en Miami) se beneficia de las manipulaciones poderosas de la señora Castro.

Mariela Castro ha dado conferencias en París, ha sido premiada en Estados Unidos, viaja el mundo entero elogiando incluso la prostitución, y le abren los salones más inimaginables por su supuesta labor a favor de los gays pro dictadura, ¡lo nunca visto! Otros gays se pudren en las cárceles cubanas y ella ni ha chistado para defenderlos, ¡claro que no! Como mismo se ha callado frente a los desmanes y la ley antigay del socito de Castro II, el jerarca de la KGB (como su padre), Vladimir Putin.

Pero no sólo Mariela Castro no ha dicho ni mú. Tampoco los gays disidentes han expresado su solidaridad con la disidencia gay rusa, quienes por cierto, jamás han dicho nada ni mucho menos sobre las persecuciones contra los homosexuales en Cuba. Cada cual tirando de su carro, a cuál más horroroso.