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Archivo de Noviembre, 2008

Emilio Bernal Labrada

Viernes, 28 Noviembre 2008

A Emilio Bernal Labrada lo acabo de conocer personalmente en Miami, ya lo había leído, había leído su libro La prensa Liebre o Los crímenes del idioma. Emilio Bernal Labrada está al frente de la Fundación Emilia Bernal, cuyo premio por toda mi obra, acabo de recibir. Vive en Washington y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Para mí fue un gran honor que me entregara este premio, y escucharle leer los poemas de Emilia Bernal, porque como familiar directo, resultó verdaderamente extraordinario oir la manera tenue de aproximarse a los poemas, como si tímidamente temiera que la autora estuviese presente en la sala de la Casa Bacardí.

Es un señor sonriente, sumamente culto, y más bien callado; aprecio mucho a las personas calladas. Esa noche tuve el inmenso honor de que me presentara el escritor Carlos Alberto Montaner, quien también ha ganado el mismo premio, y a quien agradezco las palabras que tuvo para mi obra, después de haber pasado un año bastante difícil de trabajo. Nunca lo olvidaré. Tampoco podré olvidar las palabras del señor Eduardo Zayas Bazán de NACAE. Y del escritor Rolando Morelli, editor de Loyka Froika, el Romance de cuando yo era una niña, de Emilia Bernal.

En cuanto a Emilio Bernal Labrada, es uno de estos cubanos admirables, de los que iré haciendo reseñas poco a poco, que encontré en este último viaje; una persona defensora de la democracia, de la democracia del lenguaje, además, y de la libertad de Cuba. Sin un ápice de flojera al respecto, sin decir mucho, lo dice todo con su mirada, con los gestos, y las reflexiones que nos regaló aquella noche, cuando nos fuimos al restaurante Versalles, donde nos encontramos con Paquito d’Rivera, el músico también cubano, que muchos de ustedes conocerán.

Me resulta, muy agradable, hoy, en esta tarde de duro invierno parisino, recordar el rostro de Emilio Bernal Labrada, memorizar sus palabras, sus bromas, y aquella noche de intercambio amistoso, en que Emilia Bernal estuvo merodeándonos, risueña, tal vez aprobadora.

  

Actores politiqueros

Mircoles, 26 Noviembre 2008

Se han puesto de moda los actores politiqueros, para colmo entrometidos en lo que no les incumbe, porque si les importara de verdad no habrían dedicado la mayor parte de sus vidas a ser actores y a repletarse los bolsillos con el dinero que viene de lo que tanto denigran en general los dictadores que ellos aúpan, del arte.

Me refiero directamente a actores como Benicio del Toro, Sean Penn, entre otros. Benicio del Toro desde que interpretó al Ché se ha nombrado él mismo embajador de las causas justas, como si el Ché lo hubiera sido. Peor asesino ¿habrá que inventarlo? No, ya existe, se llamó el Ché. Pero Benicio sigue dándole la vuelta al mundo con la muela de que el Ché era el gran justiciero de la tierra. Pero, ¿de dónde le sale este carisma político a este actor hollywoodense, uno de los mejores pagados de la industria, y con un Oscar a sus espaldas? De la nada, le sale de una simple experiencia, mal habida, por demás, mal diseñada, de un director que hizo una película mala, mentirosa, y costosa, seguramente. ¿Cuánto se embolsilló del Toro por esta película? Nadie se lo ha preguntado, ¿a cuántos niños hambrientos les ofreció la paga de lo que ganó?, tampoco él lo ha dicho, porque seguramente no ha matado el hambre de ningún inocente.

El último que se adhiere a esta moda, aunque lleva tiempo baboseándose con Hugo Chávez, es Sean Penn. Estos actores, lo repito, cuando no les da por la cientología, les da por cualquier otro tipo de sectas, las de las dictaduras de izquierda, por ejemplo.

Pues bien, Sean Penn, olvidándose del rol que jugó junto a Susan Sarandon como condenado a muerte, apoya desde hace rato a la dictadura cubana, una dictadura que durante cincuenta años no ha dejado de fusilar y de desaparecer a luchadores por la libertad, una dictadura que tiene presos políticos hasta por los codos, y que desde hace cinco años ha llenado con poetas, bibliotecarios independientes, y con el médico negro Oscar Elías Biscet, las cárceles de castigo, las celdas tapiadas.

Sean Penn juega el papel ahora de intermediario entre Raúl Castro y el presidente Obama; bueno, pero, ¿quién es Sean Penn? ¿Es alguien recomendable para semejante acción? ¿Se lo ha pedido el pueblo cubano? ¿Ha contado con los opositores, con los disidentes, con los exiliados, y con el pueblo cubano? Para nada.

Este señor se está poniendo viejo, como hombre y como actor, y andará buscando otro nuevo hueco bajo el sol, con una fortuna con la que ni siquiera hemos podido verle peinado y vestido decentemente, con una cara de clochard que no la brinca un chivo.

Señor Sean Penn, dedíquese a lo que mejor sabe, a actuar, y no a payasear; como dijo un comentarista en el blog Penúltimos Días: “Yanqui, go home!”

Susan

Domingo, 23 Noviembre 2008

Mientras una anda en la comemierdería habitual o discutiendo de política, ella está trabajando, o preparándole a su madre un cumpleaños espectacular. Si la llamas en un momento inadecuado, responde a lo corto: “oye, estoy ocupada”. Y entonces, no queda de otra, a esperar que ella te llame “p’atrás”. Ella es Susan, vive en Miami, es cubana. Tiene los ojos, con sus pestañas, más lindos de la tierra, porque no son de un color que podríamos definir fácilmente, son  del color de la vida, así como de un fuego-pasión.

Una noche se puso un vestido violeta, y tiñó las estrellas. Nosotras, Ena y yo, en franca desventaja, porque Susan es una mujer con mucha huella; y me recuerda a aquella Lauren Bacall, con la voz tormentosa por encima de la humareda del cigarrillo.

Me invitó a su casa, aprecié su colección de pinturas, de bibelots de porcelana, de joyas. Habla con mucha propiedad, conoce su oficio, sabe cómo decorar el deseo, y que el cliente se vaya risueño, feliz, con esa última consecuencia de la penúltima sensación.

Susan usa un perfume que estremece, como de sueño lejano, y al final, cuando me despido de ella, me lo regala, junto con un broche (pasador le llamamos los cubanos), que palpita en sus manos, y con todo su cariño, y la dulzura de su mirada.

Hoy es domingo, regreso de trabajar en Niza, llevo cinco horas en el tren hacia París, hace un frío que pela. Voy leyendo a Reinaldo Arenas. Me hago la idea de que le habría gustado conocer a Susan.

En el tren pongo en mi cuello unas gotas del perfume de esa mujer tan distinta, y acaricio las ramas del pasador. Susan seguramente esté trabajando, y pienso en aquella noche, en una sandwichera miamense, en la que amontonamos camareras alrededor de nuestras llamativas fulguraciones. Yo acabo de trabajar, otro domingo en el tren… Quisiera compararme, pero jamás llegaré a tener el valor de Susan, ni llegaré a ser esa mujer de tan exquisita ecuanimidad.

Arturo Cuenca.

Jueves, 20 Noviembre 2008

En Miami sigue siendo el mismo que en Cuba, que en New York, que en cualquier parte, para bien del arte, de la cultura, de la polémica, de la política. Sigue siendo el mismo enfant terrible, e igual que en La Habana intimida a los que no entienden la febrilidad del artista, su fragilidad. Sigue siendo el mismo muchacho de pelo alborotado, de espejuelos redondos, de manos enredadas con ideas. Su atelier de pintor está en su cabeza, pinta dentro de su mente, y los colores se le desbordan por los ojos.

Arturo Cuenca es un artista exclusivo, reflexivo, y ya sabemos que la exclusividad no es cómoda para nadie, muy pocos la acogen afablemente. Vi un retrato de la actriz Lili Rentería que es una obra maestra, porque la sencillez es el canto más elevado de la perfección. No voy a decir mucho sobre ese cuadro, porque sobre el blanco nada se debe añadir. Sólo que, ahí está la actriz, está Mariana, está Lorca, y está el No del Kabuki. Arturo Cuenca es así, cuando pinta un cuadro es porque lo ha pensado medio siglo. El resto es puro cerebro. Y yo siempre apostaré por los artistas cerebrales.

Es un niño que salta la cuerda, se tira en el piso, patalea, y jamás está de acuerdo. Es un emblema raro, un paraíso perdido en la penumbra de un Miami ofuscado. En ese Miami recalentón encontré gente muy buena, muy verdadera, muy dulce, muy rebelde, indomables, certeros artistas, y también gente sencilla, de la fina raza de los nobles de corazón. Pero hallé también a los tracatanes de toda la vida, los que se debaten entre la mierda y el cielo, para citar a Arrabal. Fernando Arrabal prefiere la mierda, como yo, al lujo con mierda.

Arturo Cuenca es un país él solo, un país desbocado en el vórtice de una mano, aciclonada en sus líneas del destino. Me gustaría verlo pintar, pero sé que no lo hará nunca para un documental. Ni para los seres solitarios.

Habrá que filmarlo hablando, expandiéndose como miel, o como hiel, con ese gusto del rinoceronte de Durero. Habrá que filmarlo sacudiendo los brazos, bailando, y entonces tendremos la película de los años ochenta, con sus artistas auténticos y sus falsos fantoches. Arturo Cuenca es un ser poético, filosófico, un ser cuyo rumbo se estompa en la punta de su zapato derecho.

Discute, se emborracha, se duerme en medio de un concierto, es bueno, natural, demasiado natural, y por eso parece malo. No es dichoso, porque dice la verdad, y los que decimos la verdad debemos apartar la dicha. No existe la felicidad, ya lo adivinamos. Arturo Cuenca jamás será un resentido.

Arturo Cuenca es un ser eterno, un Basquiat con otro estilo. Debería cagarse encima de un cake enmerengado y seguir adelante, con su obra, con sus sueños, con sus gritos, y su desgano. Arturo Cuenca no come, le asquea la comida, le asquea todo lo que la carencia toca. Menosprecio de la saturación, menosprecio de la comodidad.

Arturo Cuenca es el genio de los ochenta. No le hagamos daño. Querámoslo con él o sin él. Arturo Cuenca, sigue pintando, y dejando tus huellas, en nuestros abismos.

Aviones, pasajeros.

Martes, 18 Noviembre 2008

Como carneros tomamos los aviones, nos restringen el peso del equipaje, nos quitan los líquidos, nos revisan hasta el ojete de la camisa, nos toquetean, nos humillan… Todo esto para encerrarnos en un pájaro de metal y volar durante horas de una ciudad a otra. Viajar ya no es lo que era, da vértigo, no más placer.

¡Quítese los zapatos! Me ordenan, me da asco caminar descalza por donde ha dejado su huella sangrienta un pie enfermo, contraeré una enfermedad, seguro. ¡Vote usted el agua, las cremas, los perfumes! Y a obedecer, porque si no, te pueden enviar hasta a una inconfortable estadía en Guantánamo, por sospechosa.

No me gusta viajar, lo detesto. Menos a la mierda con lujo de Miami, que esta vez fue recrudeciendo poco a poco su mediocridad y al final sacó las uñas. No me gustan las ciudades nuevas nuevas, porque son a la larga, provincianas provincianas, por muy modernas que quieran aparentar. Ni hablar de la política, los programas de basura de la tele, la radio gritona. Las orgías del botox, y las soledades. Pingas zarazas y cricas babosas. Nada que sirva para ser un poco más inteligente.

He terminado dándome igual Miami. ¡Quiá, que se fastidie! Por no tener la suficiente grandeza de iniciar su lucha contra le sajornera de la mediocridad.

Aunque salvo a algunas personas de este marasmo sentimental, algunos amigos queridos, y otras nuevas amistades, como Susan y Marytrini, dos transexuales fabulosas, trabajadoras, cultas, papayúas.

En el avión, comida plástica, y todo de un gris ratonil que aterra. Afuera, nubes de un espesor poco común. Debería saltar con pértiga.

Siempre una señal.

Jueves, 13 Noviembre 2008

Nos citamos la galerista Enaida Unzueta y yo con el pintor César Beltrán en el Little Haití de Miami, cuando anuncio a unos cuantos amigos que estaré por esa zona almorzando, me abren los ojos, y me miran como si me hubiera vuelto loca, para ellos Little Haití es un barrio a evitar, debido a su peligrosidad, añaden. Les recuerdo que estuve en Haití, y que he estado en sitios realmente peligrosos, pero no hay nada que hacer, con tantos lugares bonitos que tiene Miami, suspiran.

Almorzamos en un restaurante pequeño, limpio, y sobre todo muy bueno, un congrí picante, carne de puerco y plátanos chatinos.

Recorremos el pequeño barrio, comentamos acerca de los grafitis que intentan reproducir el espíritu de Port-au-Prince, mensajes religiosos, políticos, anuncios publicitarios… Entramos en una librería, la librera vende también una bebida: Crème de vie que misma hace y embotella con el sello de la librería.

Introduzco la mano en el estante, extraigo un libro delgado, es un poemario de Joann Rita Vega, se titula Hot Ice, publicado por la Association of Caribbean Studies. Miami, Florida, 1987. Me sorprendo al ver que la autora nació en Cuba, en 1952. En la librería sólo se venden libros sobre Haití o de autores haitianos, no me explicaba cómo había podido llegar ese libro a ese estante. Lo compré, abro una de las páginas, donde dice:

Isla

Esta noche

estoy sentada en la playa

de una tierra distante…

Un lazo fuerte, amoroso,

me ata a la isla

esta noche…

Sola,

con mis sueños

y mis esperanzas 

La otra mejilla.

Martes, 11 Noviembre 2008

Sigo en Miami. Hoy presenté el poemario La otra mejilla, con dibujos de la autora, de la escritora cubana Belkis Cuza Malé, en Padilla’s Cigars en la calle Ocho, un sitio para degustar los mejores habanos del exilio, con el halo nostálgico del poeta Heberto Padilla, sus hijos Carlos y Ernesto llevan el lugar.

Es un sitio elegante, con muebles de cuero, y el mobiliario necesario para fabricar y fumar los Padillas.

Belkis Cuza Malé nos leyó sus poemas, con una voz suave, hermosa, plena de recuerdos. Entre el público estaban no pocos de sus buenos amigos, personas que la admiran y la han seguido durante años en su creación literaria.

La otra mejilla es un libro rebosante de símbolos personales, un muestrario de intimidades poéticas, de besos diarios de la vida.

¿Parece mentira, no? Que sea en la calle Ocho, en plena “mafia miamense”, según dicen los castristas para denigrar al exilio, que se presente uno de los mejores libros de esta gran dama de la literatura cubana.

Un gran beso para Belkis Cuza Malé, y le agradezco infinitamente que me haya confiado su libro.

La otra mejilla está publicado por mi pequeña editorial ZV Lunáticas.

Calle 8.

Sbado, 8 Noviembre 2008

Hoy caminé por la calle 8, sobre todo para ver las galerías de arte cubano. Unzueta Gallery sigue siendo de las mejores, de una coherencia única. Siguen abiertas las galerías que venden, las que vendieron siempre. Otras abren también, pero pasado el primer embullo y tras las primeras presentaciones vuelven a cerrar. Aunque el arte cubano se mueve, los catálogos de las ventas de Christie’s del próximo 19 de noviembre lo prueban, la crisis ha envuelto todo en una sombría situación.

A sólo cuarenta y cinco minutos en avión de La Habana, el arte cubano del exilio trasciende de una manera silenciosa, tal vez menos lenta que antes, constante en su creatividad. Aunque, como dije, se nota la crisis.

Mañana se inaugurará la Feria del Libro de Miami, que cumplirá 25 años. Esta Feria ha venido presentando autores norteamericanos, latinoamericanos, y de todas partes del mundo, yo he participado en varias de ellas. El día 14 me tocará presentar a Fernando Arrabal, en un homenaje que le harán al conjunto de su obra. El 16 presento mi libro. Autores cubanos pululan por las calles de la ciudad. Algunos vienen de Cuba, aquellos que no necesitan visado, porque se han casado con extranjeros, o de otra manera han conseguido una nacionalidad que los salve de la cerrazón, del bloqueo interior castrista. Mientras a Yoani Sánchez el gobierno cubano le impide salir, otros autores burlan a lo como pueden y  como les conviene; no tienen ningún problema para acometer astutas fugas de allá, basta que hayan conseguido escapar adquiriendo otra nacionalidad incluso sin cumplir con los requisitos que hemos tenido que asumir (pago de impuestos, etc) para recibir la nacionalidad del país de residencia. La picaresca permite que una vez casado con un descendiente de franceses, por ejemplo, los funcionarios de la embajada de ese país puedan facilitar los trámites; qué agilidad, me digo, que extraña agilidad. Pero de cualquier modo me alegro que los cubanos, siempre que puedan, consigan salir y conocer el mundo. Lo que me entristece profundamente es que después de conocerlo, o de al menos probarlo, quieran empecinarse en seguir siendo confortablemente castristas. El asunto no es viajar y volver, la vergüenza es cuando lo hacen y además lo aliñan con declaraciones innecesarias.

He vuelto a caminar por una calle emblemática del exilio miamense, y les digo,  con La casa de Tula, que abre las puertas precisamente mañana y que es una suerte de night club cubano de los que promete musicalmente, con Padilla Cigar’s, sitio lujoso creado por los hijos del poeta Heberto Padilla para la fabricación, degustación y venta de los mejores tabacos del exilio, veo mucho más de lo mismo, de lo que ya había visto siempre, una espera infinita, pero por encima de todo: un arte por fin comprometido exclusivamente con la belleza y con la calidad.

Miami de noche.

Jueves, 6 Noviembre 2008

Llegué a Miami al atardecer, después de haber pasado diez horas y pico en el avión de American Airlines, luego de la elección presidencial de Barack Obama. Miami festejó como cualquier otra ciudad estadounidense, tal vez más discreta, aunque no fue el caso en el ambiente cubano; donde todo se festeja discutiendo, aunque esta vez las discrepancias se llevaron con cordura, sin manoteos, sin desgarramientos particulares.

El voto cubano decidió una vez más, y en esta ocasión nadie podrá echarles en cara la pérdida de la Florida, en otro artículo para este mismo periódico me extiendo mucho más sobre el tema.

Aunque hace dos días que no duermo no estoy cansada, paseamos en el automóvil hasta la playa, se nota la crisis en las tiendas y en los negocios, pero Miami se ve más joven, es una ciudad que se levanta, a lo lejos pareciera una nueva New York, con rascacielos y una luminosidad que le extrae a las aguas un sabor entre salobrón y dulce.

Miami se ha ido a dormir temprano, mañana habrá que empezar, con nuevos bríos, pero a lo mismo, bróder, a lo mismo, al trabajo que es lo que es.

La evidencia.

Lunes, 3 Noviembre 2008

Empecé con Obama, ahora me gusta Mc Cain, lo digo sin tapujos. Obama me gustó al principìo, joven, calmado, negro, ya es hora de que en Estados Unidos, país donde hubo tanto racismo, llegue un negro al poder. Me gustaba su familia, es fotogénica; hasta que Michelle, su mujer abrió la boca y dijo aquello de que ahora sí que se sentía orgullosa de su país, o sea, sólo ahora que su marido estaba propuesto para la presidencia, antes no, curioso.

Luego a Obama empezaron a salirle amistades peligrosas, demasiadas. Y aunque me digan que eso sucedió en el pasado, un hombre que se preserva para la política, no hizo nada antes que no le sirva para el futuro. Para colmo, Obama simpatiza con Hugo Chávez, y el temblorcillo se le siente en la voz al referirse a los Castros, ¿temblorcillo de temor o de admiración? El ministro de exteriores, Pérez Roque, confesó en la televisión mexicana que su preferido era Obama, basta media vez que semejante puerco piense eso para opinar lo contrario.

Mc Cain no me gustaba nada. Viejo, estuvo enfermo, atado al partido republicano, no creo que haya hecho demasiado por llevar su imagen a un centro derecha. Su mujer, demasiado estirada, y niña bien; pero cómo le agradezco que no se haya disfrazado de mendiga para guardar las apariencias; porque ya de de falsos mendigos predicantes y hasta cantantes tenemos suficientes. Esos falsos mendigos predicantes y cantantes, algunos más predicantes que cantantes, visten mal, pero están podridos en plata. Pero visten mal para hacer progres, para bajar al nivel del pueblo. ¿No saben que el pueblo siempre ha ambicionado y ambicionará ser rico?

Mc Cain, con el tiempo, se fue mejorando, su discurso sobre la energía me gusta, sobre otras formas de depender de la energía. Ha probado que es un político, un verdadero político, con sentido del humor. Obama es una star, serio, a veces sonríe, lleno de lemas y consignas, y video-clips de artistas de Hollywood, incluidos artistas latinos que no votan en Estados Unidos. Obama es el presidente inspirado por el serial 24 horas. Y aunque detrás haya un político, es una pena que se sitúe siempre detrás de la star.

No es seguro que el senador Obama vaya a cumplir todo lo que promete , pero lo que promete es bonito. Lo que promete Mc Cain en relación a la salud, a la educación, a la guerra es feo, pero igual nos da una sorpresa. Entre la promesa y la sorpresa, ¿por quién votar?

Mi problema es que Obama se me parece en un algo muy cercano a Zapatero, y a este ya no lo puedo ver ni en pintura, por pusilánime y rendido ante la dictadura castrista, por su diálogo de civilizaciones con gente que acaban de reventar a pedradas a una niña de trece años, después de violarla, la acusaban de adúltera sin siquiera haber llegado a ser mujer, sin siquiera haber conocido el amor de un hombre, su único delito, en efecto, era haber nacido con sexo femenino y haber denunciado a sus violadores. Detesto a Zapatero por querer el diálogo con asesinos. Y en eso veo bastante involucrado a Obama, no lo he visto sólo yo, lo ha visto el mundo, el que quiera ignorarlo que se atenga a las consecuencias.

La evidencia es ésa, el peligro de votar por uno o por otro, el futuro en manos de dos personas que ojalán puedan dar de sí lo mejor, cualquiera de ellos que salga elegido. La evidencia es que Estados Unidos siempre ha sido un gran país, envidiado a muerte, odiado a muerte. Y no me extrañaría que Europa deseara lo peor. Incluso he visto a varios alegrarse del hundimiento económico de Estados Unidos, de la misma manera que se frotan las manos de dicha los Castros, los Chávez, y compañía.

Hoy Hugo Chávez ha llamado a Obama “negro”, en el tono de relajo que lo caracteriza, espero que Obama le exija que lo llame senador, o por su nombre, y que archive la palabra para un futuro. En Estados Unidos no usa con frecuencia esa expresión para designar a un ser humano.

La evidencia también es que, en la noche de Brujas, en Estados Unidos, en una casa, colgaron a un maniquí que representaba a Sara Palin, a la que no aguanto, pero me pregunto ¿qué habría pasado si el colgado habría sido el candidato a presidente o a vicepresidente demócrata? También se lo preguntan otros blogueros, como es el caso del blog de Ernesto’s page.

La evidencia es que cualquiera de los dos que salga presidente constituirá un cambio. Yo prefiero a Mc Cain, porque es el que Castro no quiere. Pero añado que los que votan son los que deciden. Yo no voto en Estados Unidos, sólo doy mi opinión, sincera. Lo importante es ir a votar.