Serrat y Sabina
Viernes, 27 Febrero 2009En mi último viaje a Barcelona, hace poco, compré algunos discos, y entre ellos el de Dos pájaros de un tiro, de Serrat y Sabina. Al llegar a ParÃs escuché el disco, y como soy distraÃda para todo esto de la teconologÃa, no me habÃa dado cuenta de que además incluÃa el DVD de la gira. Pues bien, anoche me puse a verlo, y les digo que me conmovió ver a esos dos grandÃsimos poetas en el escenario, cantando sus mejores éxitos, dejando claro lo grande y generosos que son como artistas, y además pasándoselo bien junto a sus músicos, y sobre todo con el público.
No sé si es que me puse vieja o que ya no entiendo de los conciertos de los artistas de ahora. Pero para mà los verdaderos artistas emanan este hechizo, la emoción poética, la dulzura y al mismo tiempo el descaro, la elegancia, y el desparpajo, que ayer aprecié en Serrat y en Sabina. No encuentro esto en demasiados artistas de ahora, lo siento, tengo que decirlo.
En cuanto a la historia de mi vida con Serrat y con Sabina. Al primero le debo más. Recuerdo que una vez entré en La Bodeguita del Medio donde mi madre trabajaba esporádicamente como lava platos, y allà estaba Serrat, joven, encantador, con el que, de dueño devino personaje del lugar al ser nacionalizado por el castrismo, con MartÃnez. Yo tendrÃa catorce años o algo asÃ, y me quedé prendada de Serrat. Durante años sus canciones me hicieron soñar. Aunque nunca me dejaron entrar en uno de sus conciertos en La Habana, pues se vendÃan sólo para invitados oficiales y para los hijos de los pinchos.
Entonces, sólo conseguà oÃrlo en la radio, y mi mente volaba hacia lugares que él con su voz y con su música evocaba. Es una pena que todo lo que nos ha pasado a los cubanos sea manoseado y ensuciado por la polÃtica. Porque nunca habÃa vuelto a oir a Serrat como anoche, debido a su silencio frente a los desmanes de la dictadura castrista; entonces anoche me dije, qué pena, porque estos dos son tan grandes que no me los puedo imaginar viviendo en Cuba como cubanos y aceptando las humillaciones diarias que el castrismo le hace a  los cubanos.
Seguramente ya se habrÃan exiliado. O quizá, como Pablo Milanés, hubieran seguido cantándole al monstruo. Una pena.

