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Serrat y Sabina

En mi último viaje a Barcelona, hace poco, compré algunos discos, y entre ellos el de Dos pájaros de un tiro, de Serrat y Sabina. Al llegar a París escuché el disco, y como soy distraída para todo esto de la teconología, no me había dado cuenta de que además incluía el DVD de la gira. Pues bien, anoche me puse a verlo, y les digo que me conmovió ver a esos dos grandísimos poetas en el escenario, cantando sus mejores éxitos, dejando claro lo grande y generosos que son como artistas, y además pasándoselo bien junto a sus músicos, y sobre todo con el público.

No sé si es que me puse vieja o que ya no entiendo de los conciertos de los artistas de ahora. Pero para mí los verdaderos artistas emanan este hechizo, la emoción poética, la dulzura y al mismo tiempo el descaro, la elegancia, y el desparpajo, que ayer aprecié en Serrat y en Sabina. No encuentro esto en demasiados artistas de ahora, lo siento, tengo que decirlo.

En cuanto a la historia de mi vida con Serrat y con Sabina. Al primero le debo más. Recuerdo que una vez entré en La Bodeguita del Medio donde mi madre trabajaba esporádicamente como lava platos, y allí estaba Serrat, joven, encantador, con el que, de dueño devino personaje del lugar al ser nacionalizado por el castrismo, con Martínez. Yo tendría catorce años o algo así, y me quedé prendada de Serrat. Durante años sus canciones me hicieron soñar. Aunque nunca me dejaron entrar en uno de sus conciertos en La Habana, pues se vendían sólo para invitados oficiales y para los hijos de los pinchos.

Entonces, sólo conseguí oírlo en la radio, y mi mente volaba hacia lugares que él con su voz y con su música evocaba. Es una pena que todo lo que nos ha pasado a los cubanos sea manoseado y ensuciado por la política. Porque nunca había vuelto a oir a Serrat como anoche, debido a su silencio frente a los desmanes de la dictadura castrista; entonces anoche me dije, qué pena, porque estos dos son tan grandes que no me los puedo imaginar viviendo en Cuba como cubanos y aceptando las humillaciones diarias que el castrismo le hace a  los cubanos.

Seguramente ya se habrían exiliado. O quizá, como Pablo Milanés, hubieran seguido cantándole al monstruo. Una pena.

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Una respuesta a “Serrat y Sabina”

  1. Elisabet Martínez dice:

    Y allá cada cual con su conciencia, si la tienen.

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