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Cenizas sin diamantes

Llevo días con asma, como soy alérgica esta época primaveral es muy mala para mí.

Tomo el metro, en el vagón varias personas estornudan, otras tosen; sólo tengo ojos horrorizados ante las narices enrojecidas y mocosas. Regreso en el metro. Camino unas cuadras; en la plaza de Vosges, los techos de los automóviles exhiben una capa como de una arenilla, muy fina. Es la ceniza del volcán islandés, me explica alguien.

Los aeropuertos cerrados, en plenas vacaciones, a eso habrá que añadirle las huelgas de los servicios de transporte cuya especialidad es la de extremarse en días en que los estudiantes y los escolares toman los trenes para relajarse en el campo o en otras ciudades, tienen enloquecidos a los parisinos, tan formales con sus salidas de viajes.

Esperé más de una hora en el médico generalista. No sé por qué me da turno a una hora precisa si siempre debo esperar más de la cuenta. Finalmente conseguí pasar el umbral de la consulta, le estreché la mano cordialmente. Es mi médico desde hace quince años, y siempre me pregunta lo que estoy escribiendo como si de verdad le interesara, aunque me lee, seguro, porque sus preguntas son muy precisas.

Como buena hipocondríaca que soy, extendí el muestrario de mi última colección de enfermedades, a consencuencia de las que seguramente moriré en pocos días, sino en horas. Él sonrió plácidamente. Al final, mencioné que desde hace noches no puedo dormir a causa de mi asma. Eso sí que lo puso serio. Es grave lo que esta ocurriendo, pronunció meditabundo. No sólo el polen, las nubes de cenizas son fatales para los asmáticos. Puedo imaginarlo, sostuve. Si el humo de un cigarrillo es terrible, ya me dirán esas nubes de cenizas que caen de golpe sobre nuestros pulmones, y entonces imaginé mis pulmones envueltos en la misma capa que cubría los techos de los autos.

El doctor Jeanson me puso un nuevo tratamiento, más moderno, agregó. Y salí del consultorio, al menos feliz de estar a la moda en lo que a medicamentos se refiere.

“¿Sabe por qué somos cada vez más alérgicos?” Me encojí de hombros en señal de ignorancia. “Porque cada vez somos más escrupulosos y usamos más cantidad y variedad de productos de limpieza”. Es mi caso, me estaba haciendo un retrato robot de mi mente.

“Ah, y deje de usar lejía para todo, eso también empeora su asma”. Fue la despedida. Tenía razón, me fascina la lejía, si pudiera la bebería.

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