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Una Cuba legal y universal

Hace tiempo que algunos amigos y lectores de este blog me preguntan sobre el futuro de Cuba, acerca de cuáles creo yo que pudieran ser las soluciones para que Cuba pueda volver a ser un país normal, con todos los derechos y deberes que los ciudadanos deberían disfrutar (no le tengamos miedo a la palabra, los deberes también se disfrutan), en una Cuba democrática.

Debo empezar por aclarar que este texto sólo agrupa algunas reflexiones primordiales que me he ido haciendo a lo largo de veinte años. Cuatro años antes de mi exilio, dentro de Cuba, cuando empecé a sopesar la idea de que había que dar un vuelco radical a lo que ha estado aconteciendo en mi país desde hace 52 años; a esos cuatro años debo sumarle los 16 años de mi exilio, que se cumplirán el próximo 22 de enero. Los cuatro años antes de mi exilio los cuento por puro respeto a la verdad, pero puedo afirmarles sin que me quepa la menor duda, que la claridad con la que he visto las cosas sólo la he conseguido en el exilio.

No existe un país ideal, ni situaciones o realidades perfectas. En el año 1959, Cuba no era un país ideal, pero podía ser considerado un modelo cultural y económico para varios países del área, e incluso para algunos europeos; y lo había sido desde el punto de vista democrático en el pasado. Hace varios años, ya estando fuera de Cuba, le pregunté a una persona muy próxima a Fidel Castro, quien vivía y vive exiliado desde mucho antes que yo, en Puerto Rico, ¿por qué razón ellos habían decidido hacer la revolución? (Fue la palabra que usé “revolución”, hoy no creo de ninguna manera que esa sea la palabra adecuada). Esperaba cualquier tipo de respuesta, menos la que me dio: “Porque éramos muy ignorantes, y pensábamos que Cuba era el peor país del mundo. Fuimos irresponsables e ignorantes.” Esa fue su respuesta. Y esa es también la que da, en biais, el inmenso escritor Guillermo Cabrera Infante, en su magnífica novela Cuerpos Divinos. Y yo añadiría otro hecho: El cubano estaba demasiado ocupado en disfrutar, en gozar, de las bonanzas que ofrecía ese país para ocuparse de asumir la libertad y el futuro del mismo como algo sumamente serio.Entonces, los cubanos permitieron que el país fuese secuestrado por un grupo de facinerosos que ocuparon a través de una revuelta oscura con pretensiones comunistas un país que se merecía otro tipo de cambio, un cambio que nos devolviera la democracia. Desde entonces la isla ha estado sujeta a los acaloramientos de un grupo de bandidos que lograron fama internacional a través de la prensa izquierdista norteamericana. Visto desde el lado internacional, que no quepa la menor duda fueron los Estados Unidos de Norteamérica los mayores promotores de ese horror, los que decidieron que el reemplazante de la posible democracia en Cuba fuese un joven de 33 años, churrupiero, bandido y pendenciero, con una jerga arenguista y extravagante, locoide e histérico, más que pesado, que tomara el poder por las armas, militarmente, de un país que no había sido precisamente una joya en democracia, pero que, no lo olvidemos, en los años cuarenta, cuando Europa se hundía en las garras del fascismo, aquel pequeño país dio varias lecciones de democracia al mundo y enfrentó al nazismo apostando por la libertad de la humanidad antes que por los negocios que hubieran podido enriquecerlo, tal como hicieron muchos otros países durante la Segunda Guerra Mundial.

Yo no tengo la intención de someterles ningún proyecto personal para el futuro de Cuba, ni pretendo erigirme más que en lo que soy: escritora. El proyecto, por demás, ya existe, para mí, el mejor, es el de La Rosa Blanca, pensado y escrito por Rafael Díaz-Balart, y discutido y aprobado por las personas que compusieron, en el exilio de Nueva York, una suerte de partido político del exilio (el único inteligente que ha habido hasta el momento). El proyecto de La Rosa Blanca lo publiqué en mi blog personal, y les ruego que tomen el tiempo de leerlo para aquellos que todavía no lo hicieron. Dentro de Cuba, otro proyecto, a mi juicio, posee carácter universal y reúne a los cubanos de adentro y de afuera, y es aquel llamado La Patria es de Todos. Es cierto que para aquellos que luchamos contra los nacionalismos la palabra “patria” nos chirriaba, pero aquel documento podía servir de transición entre lo que existe hoy en Cuba y una propuesta como la de La Rosa Blanca del Dr. Rafal Díaz-Balart. Entre paréntesis, para los que creen que el señor Díaz-Balart es un representante del gobierno de Fulgencio Batista, primero, nadie lo niega, segundo, reflexionen y comparen a aquel gobierno con el estado totalitario en que nos han sumido los Castro desde hace ya más de medio siglo. Batista no podrá regresar a Cuba, ni tampoco regresaremos a aquella época. Sin embargo, los Castro y su herencia todavía pueden quedarse en el poder, sin pudor, durante numerosas décadas más. Díaz-Balart fue un señor que, mediante la política y un pensamiento abierto político, pudo sopesar y medir acontecimientos y realidades. No estaba solo, un equipo reforzó sus ideas. Otros proyectos han existido, como ha sido el Proyecto Varela, y otros podrán seguir emergiendo.

Cuba necesita de proyectos de unidad más que de líderes. Cuba necesita más de ideas que de ideólogos, más que de personalidades que, fabricadas y propuestas por ajenos a nuestros intereses (no hay nada malo en tener intereses democráticos cubanos), nos impongan sus individualidades y egoísmos desde un marketing demasiado parecido al que inventó Fidel Castro. Cuba necesita –sobre todo- la madurez del pueblo, y que el puebla comprenda que tiene todo el derecho de lograr un futuro diferente pleno de vida y de proyectos verdaderos de vida real. Cuba necesita que su pueblo, el que vive dentro, sepa que el castrismo no es la solución eterna que ellos se merecen, que el castrismo ha sido el lastre, la gruesa piedra en el camino que les ha impedido durante décadas ver la luz, luchar por el futuro de sus hijos, por la prosperidad de generaciones enteras. Para saberlo, el pueblo cubano necesita activistas que viajen la isla de una punta a la otra, que informen, y preparen a las personas para la formación y organización de partidos políticos. No de grupos políticos, no, de verdaderos partidos políticos. Esos activistas deben representar la democracia, estar movidos por ella, y no solamente por las ambiciones personales y por las lascas que se puedan sacar de la situación, pero incluso con esos personajes oportunistas tendremos que contar. Pero ahí es donde el exilio juega un papel fundamental, el exilio debe ser crítico y manifestarlo, sin miedos. La democracia es un derecho, y los que vivimos en democracia debemos demostrarle y enseñarle a los que viven dentro de Cuba, que la democracia es aceptar o no una propuesta, estar a favor o en contra, y expresarlo sin pelos en la lengua. No se trata de apañarnos con lo que hay, se trata de ser mejores, y más críticos con lo que hay, se trata de arrancar el mal de raíz, de sacar a los dictadores del poder. No se trata de apañarse con los dictadores y pedirles un cambio. Nadie que no haya cambiando en 52 años cambiará nada más, y mucho menos si tenemos en cuenta que a los criminales los mueve la avaricia, la riqueza personal que se han construido, los mueve ser dueños de un país, manipular a sus ciudadanos como esclavos o ficheros de un juego que siempre los favorecerá a ellos.

Los dictadores no cambian, que alguien me ponga un ejemplo de un dictador que haya cambiado a favor del pueblo. Ni uno solo. Por lo tanto, los cubanos debemos conseguir la unidad y pedir unánimemente a todas las democracias del mundo que los Castro y sus secuaces sean juzgados y condenados en un tribunal internacional y sean invitados a abandonar el poder por los representantes de la democracia mundial. Es hora de que todos los cubanos demandemos nuestro derecho a ser libres, absolutamente libres del castrismo. Para conseguir que nos escuchen debemos unirnos en ese sentido, el único: Sacar a los Castro del poder lo antes posible. Urge sacar a los Castro del poder. Es el primer paso, el paso decisivo, y para que nos escuchen, para que el mundo nos oiga, debemos conseguir la unidad de todos los cubanos en ese único objetivo, y sin complejos de ningún tipo: Eliminar a los Castro del poder.

Lo siguiente no es tarea fácil, pero soy de las que piensa que la solución no viene de los jóvenes únicamente y mucho menos de los jóvenes que no conocen más que el castrismo. Ya hemos tenido la experiencia de haber permitido que un iluminado de 33 años asaltara nuestras libertades, marcara nuestros nacimientos y nuestras existencias y dominara nuestras vidas durante 52 años. No podemos permitir que otros iluminados, por muy frescos y jóvenes que sean, se introduzcan en la vida política del país y la manipulen a su antojo para conseguir beneficios personales, y mejoras en sus ficticios modos de existencia. No, eso no es la política, y mucho menos la democracia. Sin embargo, creo que dentro de Cuba existe una generación compressée que cuenta entre 40 y 70 años, dormida o adormilada, que ha vivido la experiencia del castrismo y que conoció, por diferentes vías, lo que fue y es el capitalismo; que posee ideas para lo que pudiera ser una Cuba futura. Recordemos que 70 años no es una edad vieja para la vida política, quizás límite, pero no es para nada una edad desechable.

Vivimos en sociedades que sólo piensan en restituir lo viejo por lo joven, lo que es natural que suceda, pero no debería ser la única opción. Yo pertenezco a una generación que todavía leía y lee autores clásicos, que todavía se emocionaba y se sensibiliza con los consejos de los mayores, que no reemplazaba, que agregaba, sumaba, analizaba y sacaba conclusiones. Pero la vida ha cambiado.

Sin embargo, la vida no debería cambiar tan rasamente después del fenómeno de Internet. Internet es una herramienta para la cultura, pero no es la cultura, y mucho menos la educación. Internet no puede llegar a anunciarnos que sólo lo joven vale porque es joven, porque ¿qué pasará cuando esos jóvenes estén en el clímax de la sabiduría en la edad madura o sabia? Internet debería incidir en hacernos comprender en que lo que vale es lo auténtico, lo sustancialmente inteligente, profundo, lo que nos mueva a vernos y a comprendernos y a comprender el mundo de una forma más penetrante y sólida. Internet debería hacernos huir de las frivolidades cotidianas, o al menos, debería ayudarnos a discernir y a actuar más rápido con nuestras opciones personales. Pero creo que Internet apareció demasiado temprano, no estábamos preparados para ello. Y en el caso de algunos ha sido una magnífica herramienta para hacer lo que hizo Fidel Castro en 1959 con las armas, una revolucioncita que ha traído consecuencias desastrosas para nuestro país y para el mundo, una de esas consecuencias ha sido el terrorismo. Internet es un maravilloso instrumento para desarrollar la inteligencia y la cultura, pero puede convertirse, de hecho, ya se ha convertido, en un arma explosiva que eche al traste con siglos de lectura, de apreciación de la buena música, de las bellas artes, de los hondos análisis de la información, y de la gran política. Internet puede convertirse en una dictadura en manos de aquellos que sólo han convivido bajo estados totalitarios. Si sólo los leemos a ellos, si sólo nos dejamos dirigir por ellos, a través de una pantalla de computadora, y no vemos, y no observamos y analizamos la verdadera realidad, la que viven a diario millones de seres humanos, ¿a dónde creen que irá a parar el mundo? Al punto donde nos encontramos los cubanos hoy.Cuba, en estos momentos, podría darle una lección al mundo de verdad humana, con seres humanos reales, reclamando libertad y vida, derechos a la dignidad y al arte. Cuba es el último país anclado en la Guerra Fría, congelado en el pasado. Cuba podría despertar y decirle al mundo, tal como lo hicieron los iranís hace poco, y los iraquís (aunque de manera incompleta), despierten, la vida es dolorosa, pero pudiera ser hermosa, y debemos seguir luchando por la vida, por la libertad, y por la belleza de la verdad, y no por seguir escondidos detrás de unas pantallas de computadoras. Creo que algunos cubanos han conseguido hacerlo, algunos han ido de la disidencia a la cárcel, de la cárcel a la disidencia organizada en la calle, se han modernizado a través de blogs y de Twitter, pero no han renunciado a la vida y a la libertad reales y dignas. Es el caso de Martha Beatriz Roque Cabello, y de Jorge Luís García Pérez Antúnez, de Osvaldo Payá Sardiñas, por poner sólo tres ejemplos. No menciono a los presos políticos, entre los que se encuentra el Dr. Oscar Elías Biscet, porque a estas alturas no conocemos el estado en el que se encuentran. No, Internet todavía no ha llegado tan lejos, su conquista no ha sido tan vasta.

Una vez que los Castro no estén en el poder, o estén en vías de abandonarlo, la oposición tradicional y la reciente oposición (no todos son jóvenes, cuarenta años ya no significa juventud, aunque en política es como estar en pañales), unida al exilio, deben concentrarse en formar partidos políticos, presentar proyectos de estos partidos a los gobiernos democráticos del mundo, y aceptar que el exilio tiene un derecho seguro a participar de la vida política y democrática interna del país. Confío enormemente en las figuras de la estructuración económica real del exilio, en aquellas personas que han tenido éxito económico y político, que han sido discretos y no se han dedicado a la bambolla o al pantallerismo, que unidas a las que han tenido experiencias políticas en el exilio, puedan contribuir y actuar, en un futuro gobierno democrático en la isla. No se trata de elegir a una persona, sino de actuar y asimilar que lo que se intente deberá llevarse a cabo con un grupo de personas, capaces, efectivas, que amen la vida y la libertad; lo que sólo se consigue con gestiones económicas y sociales inteligentes, e inmenso amor y respeto por el pasado, y por la historia de un país, que dio pruebas de coraje, tolerancia, de cultura, educación y generosidad al mundo. Esos, a mi juicio, serán los instrumentos, con los que podremos restituir la libertad y la democracia.Creo que partiendo de estos principios nos respetarán más, y el mundo comprenderá lo que quieren, y urge a los cubanos: Libertad y vida.

Les deseo un Feliz Año 2011, y que nuestro sueño se cumpla: el de una Cuba legal y universal.

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Una respuesta a “Una Cuba legal y universal”

  1. jacqueline dice:

    Ashoka se transformo’ en el poder lo que no supone una defensa para Fidel. Izquierda, derecha y centro son u’nicamente posiciones en el espacio, Zoe’. Tras el desgarrador exilio de mi familia, me ha tocado vivir las contradicciones norteamericanas que tb veo como una tirani’a absoluta. Cuba transformo’ ideas antes de Fidel y lo seguira’ haciendo tras su muerte. Puede que el cruel experimento cubano sea de utilidad para avanzar ideas latinoamericanas de tipo oscarianas (O’scar Arias). El legado de lo ocurrido sera’ ma’s importante que Fidel y yo no quiero ningun vestigio de la enmienda Platt descarrilando a una Cuba post-castrista. Un “Tropical Disney” sin voz alguna no sera’ la solucio’n.

    Un grato saludo y gracias por su incesante batallar de ideas.

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