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Archivo de Abril, 2011

Bodas que barren dinero

Jueves, 28 Abril 2011

Se casan Kate y William, el hijo de Lady Di. Será una boda real en la que se ha invertido muchísimo dinero, pero la que también barrerá dinero para casa, como tantas otras, como la de la propia Diana y Carlos. Se dice que -al igual que en una superproducción cinematográfica- las ganancias para el país serán mayores que las inversiones. Luego si los novios serán felices ya se verá. Por el momento lo parecen.

Estas bodas reales me recuerdan las bodas cubanas por interés. Hubo una época en Cuba que la gente se casaba, se divorciaban, y se volvían a casar, sólo para poder comer diferente, y vestirse distinto. Sí, cosas del castrocomunismo.

Si uno se casaba le daban el derecho por varios cupones extra de la libreta de racionamiento a comprar bebidas: refrescos, cervezas, y ron; además de bocaditos de pasta de ave (de averigua), un cake de boda blanco, y también ropa y zapatos adicionales. Por supuesto que la gente empezó a casarse desenfrenadamente, y a divorciarse, y a volverse a casar. Hasta que el gobierno les cogió el truquito. Porque además, los que se casaban lo hacían para revender los productos alimenticios y las ropas, con lo que empezaron a ganar dinero y el negocio de las bodas floreció.

Boda al fin, no podemos decir que la boda de Kate Middleton y de William sea muy diferente, dinero ha barrido y sigue barriendo para dentro como no podemos ni imaginar; pero claro, de otra clase y categoría.

De cualquier modo, les deseo good look, y tendré un pensamiento para la gran ausente de la boda: la princesa Diana de Gales, madre de William, suegra de Kate.

El corazón, la bestia, y Herta Müller

Domingo, 24 Abril 2011

Todavía me encuentro en Miami a donde vine a presentar mi última novela: El Todo Cotidiano, publicada por Planeta, y que saldrá próximamente editada en Francia, bajo el título de Le paradis du néant, en J-C Lattès.

Ahora mismo escribo esta columna después de haber terminado de releer La bestia del corazón, novela de la rumana Herta Müller, laureada con el Nobel 2009; cerré el libro y me lancé a la piscina, a pocos pasos desde donde ahora escribo. Mis sienes martillaban: “el comunismo es la misma porquería en todas partes”. Hemos vivido lo mismo, idéntica inercia, los mismos suicidios o asesinatos, el mal que carcome desde lo más recóndito. La ignominia abrasiva.

La bestia del corazón acecha, incluso en el exilio, la bestia del corazón te deja tirada en el suelo con un pedazo de manzana en la boca. Te descubren muerta, atarugada con la manzana roja, igual que la abuela de La bestia del corazón. Luego andaremos siempre hurgando en los estómagos para indagar si la abuela devoró realmente la manzana y aquel era el último trozo, o si alguien la ahogó a propósito con una manzana roja que no le correspondía, que no iba destinada a ella, y que por supuesto no había residuos de ella en su estómago.

¿Para qué seguir soñando con Cuba? Si todo lo bueno que fue Cuba está aquí en Miami, concentrado, o disperso por el mundo. ¿Para qué continuar con la pesadilla de Cuba, o es que vamos ahora a abandonar Miami, y los que la hicieron van a dedicarse a rehacer Aquella Isla desdichada?

No sé, no sé… Sólo sé que la bestia del corazón acecha, y que no deberíamos permitir que alcanzara estas costas blancas, ni sus aguas esmeraldas, ni las almas límpidas. Porque todo lo que toca esa bestia del corazón inducida por el castrocomunismo, lo ensucia, lo maltrecha, lo mata.

El Congreso de Castro II

Martes, 19 Abril 2011

Por fin Castro II ha celebrado su Congreso del Partido Comunista de Cuba como -al parecer- único líder. El discurso de inauguración ha sido una sarta de incoherencias, donde ha pedido al pueblo cubano que lo aguanten unos diez años más, o sea, resumamos, que 52 años no les ha bastado para destruir aún más el país.

Hay gente que todavía oye los discursos de las Urracas Castro con avidez y esperanza. Yo no. Es que creo que jamás he terminado de escucharlos del todo, aunque luego he tenido que leerlos obligado. Todavía hay quienes esperan algo. Yo nada. Pero tampoco me dedicaré a matarle los sueños a nadie, aunque yo ya ni siquiera tengo. no ya sueños, ni siquiera lágrimas.

Le han preguntado al pueblo en las calles, de manera clandestina, por supuesto, si es que ellos querrían cambios. Y el pueblo ha contestado con miedo, trastabillando, con la lengua tropelosa, mirando hacia ambos lados constantemente, pero al fin han dicho que sí, que hay que cambiar algo. Lo único que hay que cambiar es a los Castro. Pero todavía no hay un pueblo con cuatro cojones en Cuba que lo grite y lo exija abiertamente. Entonces, que sigan con los Castro, y que les den cambiecitos a cucharaditas. A ver, nené, bébete tu cambiecito que te da Papá Raulito.

Castro II clausurará un Congreso, muy parecido al que celebró el ex presidente soviético Yuri Andropov hace más de treinta años. Claro que Andropov fue más abierto, y por fin dijo aquello de que “el individuo era importante”. Todavía Castro II no ha llegado a esa conclusión. Habrá que esperar que la rana críe pelos… Otro medio siglo más.

50 años de Bahía de Cochinos

Viernes, 15 Abril 2011

Como cualquier persona siempre he sentido mucha curiosidad por el pasado, no sólo por el pasado de Cuba, por cualquier pasado de cualquier parte del mundo; es decir, por la historia. Pero también he afirmado anteriormente que no me interesa para nada la historia con el afán de apropiarme de fechas, datos precisos, y demás; me fascina –en tanto que novelista- el lado sentimental, emocional, de la historia, o sea, el costado psicológico, caracterial, de la historia, el tejido sincero del pasado.

En el último concierto organizado por la dictadura en el Malecón habanero, Silvio Rodríguez leyó un atribulado discurso donde habló de la “nada baldía”, que quería -según él- conducirnos al pasado, lo que es científicamente imposible. Qué pena que no expresó lo que sí es una realidad comprobada científicamente, que lo único que nos ha hundido en el abismo de la ignorancia es la “nada baldía” en la que nos hundió la dictadura castrista apartándonos de nuestra verdad histórica, borrando un esplendoroso pasado cubano, escamoteándonos pasajes extraordinarios de nuestra memoria, y tergiversándonos la columna vertebral y ancestral de nuestra nación; será porque él ha contribuido directamente a mentir sobre ese pasado.

Yo no siento nostalgia por la Cuba que dejé, esa Cuba no me interesa en lo absoluto, lo que resulta muy duro, muy doloroso; porque es especialmente complejo no poder contarle a los hijos de uno, de que no conservamos recuerdos sociales colectivos de nuestra infancia, dignos de ser extrañados, y menos de la juventud, y, por otra parte, el exilio no constituye una experiencia – al menos cuando se trata de un exilio forzado- que debamos asumir como precisamente agradable.

Sin embargo, yo profeso una enorme curiosidad por el pasado de Cuba, y ese pasado me proyecta hacia una nostalgia de lo que no viví. Las novelas de Guillermo Cabrera Infante, la literatura de Lydia Cabrera, y de otros escritores de altura, que vivieron esa época republicana, me conducen a una vida convulsa, extremadamente rica en experiencias, de una belleza incalculable, sobre todo porque había sueños, existían los objetivos, y se anhelaba conquistar aún más de lo alcanzado. Es obvio que nada de eso lo pudimos conocer los que nacimos después de 1959, o los que eran aún pequeños cuando el castrofascismo se apoderó de la isla.

Los acontecimientos de Bahía de Cochinos yo no los viví de manera directa, aún cuando ya yo existía, pero apenas contaba 1 año y meses. La historia que nos hicieron, a “los hijos de la revolución”, es que el imperialismo y sus mercenarios habían querido apoderarse de la isla, y que Fidel Castro nos había defendido de semejante monstruosidad, o sea, el discurso totalizante: “nada baldía” a pulso.

Por suerte, yo tuve madre y abuela, y ambas se encargaron de contarme lo que en realidad se decía, lo que ellas habían oído, lo que había acontecido verdaderamente. Cubanos exiliados se habían preparado para liberar a Cuba del “fidelismo” –era como ellas le llamaron cuando yo tuve uso de razón para entenderlo. Recuerdo nítidamente el miedo que se apoderó de mí cuando mi madre me aseguró que en la escuela mentían, que así no era la verdadera historia, que ella y mi abuela me la contarían, pero que yo no debía repetirla en ninguna otra parte; que sólo podíamos conversar de esos temas con ella y con mi abuela, con nadie más. ¿Y con tía? Pregunté yo. A abuela se le daba mal hablar mal de su otra hija, aunque en realidad no hablaba mal de ella, sino de su esposo: “No –interrumpió mi abuela-, con tu tía nada de nada… No por ella, por su marido, que anda con gente que no me gusta nada, con esos fidelistas”.

Muchísimos años más tarde, en Miami, y en Los Ángeles, conversando con algunos de aquellos hombres valientes, ya mayores, que participaron y sobrevivieron a la invasión traicionada y abortada, absolutamente todos confluyeron -después de contarme sus amargas experiencias, de ver morir a amigos, de saberlos fusilados, de haber estado en la rastra de la muerte y haber tenido que soportar el vil asesinato de sus compañeros-, todos, sin excepción me reafirmaron que no se arrepentían de haber hecho lo que hicieron, y mucho menos de haber ansiado liberar a su país del castrofascismo.

Muy de vez en cuando recuerdo la voz de aquel valiente cubano, Carlos Onetti, expedicionario de Bahía de Cochinos, al que interrogaban en los juicios castristas, y que declaró firmemente, que ellos no fueron engañados por nadie, que ellos estaban allí para recobrar la libertad, para defender a Cuba, y para que Cuba volviera a ser lo que era, un país con todas las ventajas de la democracia. Cito de memoria. Y termina: “porque la razón estaba de nuestra parte”.

Yo hoy, a pocas horas del 17 de abril del 2011, a menos de un mes de cumplir 52 años, le digo a aquel valiente expedicionario, que todavía vive en Miami: Que la razón sigue estando de su parte, y de la parte de los valientes, de aquellos que quisieron salvarnos de la “nada baldía” que nos impusieron. Yo era una niña pequeña, y sólo puedo agradecer lo que ellos, la Brigada 2506, hicieron por la libertad de nuestro país y por nosotros, los niños infelices del castrofacismo. Gracias.

Festival EÑE en Lima

Mircoles, 13 Abril 2011

He viajado hasta Lima, desde Miami, para participar en el Festival EÑE. Ayer me fui hacia el Centro de la ciudad, que se encuentra bastante alejado del barrio en donde me han alojado, el de Miraflores. El Miraflores de Mario Vargas Llosa.

Encuentro al periodista y escritor Enrique Planas, que me cuenta que muy pronto se inaugurará lo que se llamará La Ruta de Mario Vargas Llosa, que será como un  paseo por los sitios de sus novelas, sobre todo en el barrio de Miraflores.

Recorro las librerías, a un paso de la Catedral, ya en el Centro, descubro la célebre Librería El Virrey, en la calle de Los Escribanos. Observo a los limeños, algo callados, después de la primera vuelta de elecciones, en la que quedaron a la cabeza Ollanta Humala (seguidor de Hugo Chávez y del castrismo) y Keiko Fujimori, la hija del ex presidente para algunos, dictador para la gran mayoría.

Elegir entre esos dos, ahí está el trauma de estas elecciones, pero los peruanos sabrán salir del atolladero. Perú crece, me dice el taxista que me regresa al hotel.

Esperemos que Perú siga creciendo, y que sepa- a la hora de votar de nuevo- que de una dictadura de derechas se sale, pero de una de izquierdas… que observen lo que ha sucedido en Cuba, y en Venezuela, que calculen fríamente. Eso les deseo, sabiduría.

Devoro un ceviche en la Avenida Pardo, compro otro libro, alzo los ojos a la neblina que inunda la ciudad y que transforma el cielo en un esponjoso velo medio soleadito, como dicen ellos achicándolo todo.

El Festival EÑE ha iniciado sus jornadas, con grandes escritores, y hermosos proyectos de futuro literario. ¡Enhorabuena!

Atardeceres

Domingo, 10 Abril 2011

Miami es una ciudad de grandes contrastes, puede que un nubarrón empañe el cielo, y de súbito, en menos de dos segundos, el cielo se despeja, y aparece un sol radiante, del sol radiante podemos pasar también al sol achicharrante, con igual rapidez.

Yo no las tenía todas con Miami, había empezado a detestar la ciudad, porque además de que no podía caminarla, aquí todo se hace en automóvil, el metro es un desastre, y los buses son peores. Pero empecé a reconciliarme con Miami cuando, sentada en una terraza, mientras pensaba en lo que ha ocurrido en Japón en las últimas semanas, y lo que está aconteciendo en el mundo, pude disfrutar de uno de los atardeceres más hermosos de mi vida. Lo retuve en la retina, apretando los párpados, creyendo que no volvería a ver uno igual. Fallo mío. Al día siguiente tuve otro atardecer todavía más bello que el anterior, y así ha sido, atardecer tras atardecer, la hermosura no deja de sorprenderme.

De vez en cuando, en medio de los contrastes de esta ciudad, y de los horrores del mundo, hay que detener la maquinaria, y ponernos a contemplar atardeceres. Toda la respuesta de la vida está en ellos, en su misterio, en el dibujo perdurable que dejan en nuestros recuerdos.

El informe Carter 2011

Martes, 5 Abril 2011

Digámoslo con todas sus letras, el informe Carter 2011 de su reciente viaje a La Habana, es un compendio de cretinidades, pero además, es la visión de un viejo arrogante, malvado, traicionero, y bajo con el país que lo hizo presidente. Un presidente que no repitió debido a su malísima gestión.

En Estados Unidos, precisamente durante esa presidencia, Carter se convirtió en el hazmerreír del pueblo americano. Lo llamaban “el bobo del maní”, y no era ninguna burla antiimperialista contra un presidente yanqui. Es que era bobo, y lo sigue siendo, o se hace.

Lo cierto es que no es tan bobo para conseguir dinero, creó una fundación, que lleva su nombre, según él para defender la paz mundial y ganó el Nobel de la paz; y además, de paso, para sacarle dinero a los saudíes. No ha hecho nada que valga la pena.

Eso fue lo que visitó Cuba últimamente, el rastrojo de la América. No tengo más que decirles, lean el informe. Claro, que los que se reunieron con él, valen lo mismo, o menos.

18 años.

Sbado, 2 Abril 2011

Hoy mi hija cumple 18 años, de los cuales ha vivido 17 en exilio. No se acuerda de la ciudad que la vio nacer, pero ha estudiado sobre Cuba y le he tratado de inculcar los antiguos valores de su país, los que destruyó el castrismo. Le he contado todas las verdades, y ella ha sabido discernir. No fue fácil sacarla de Cuba, con apenas un año. Los Castro no permiten que los menores de edad salgan de la isla, ni siquiera con sus padres. Numerosos son los casos de niños que viven separados de sus padres.

No me arrepentiré jamás de haberla traído a Francia, donde ha estudiado en buenas escuelas. Es una mujer bilingüe, además se distingue en inglés y en italiano. Hizo teatro, y actuó con buenas compañías, como en el Espace Marais, y en El Bataclán, con el actor Gael Edmaleh. Estudia cine y ha realizado tres cortometrajes. Ha viajado casi el mundo entero. Y por encima de todo es una buena persona. Soy muy feliz de tenerla como hija. Algún día regresaremos a nuestro país libre. Ese derecho nos lo deben, porque nos pertenece.

Luna