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Archivo de Junio, 2012

La mirada limpia y tranquila de Carlos Eire

Martes, 26 Junio 2012

Iba en el metro pensando en los últimos acontecimientos en Aquella Isla y empecé a recordar la primera novela de Carlos Eire, Nieve en La Habana. Lo había conocido hace varios años en París y me había gustado su manera de observanos a todos, agudamente, como estudiándonos: Esos cubanos de París. Me agradó su mirada limpia y tranquila, como su literatura, plena también de dolores que se entretejen y bifurcan, parafraseando aquella novela de Italo Calvino, El sendero de los nidos de araña.

Todo el trayecto del metro estuve pensando en Carlos Eire, y en tantos como él, que fueron obligados a separarse de su familia siendo niños para afrontar el destino del exilio definitivo, en esos senderos opacados por la política y atrabancados por la historia.

Al llegar a casa, le escribí, y aquí está el resultado:

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Carlos Eire.

ZV:  -¿Cómo recuerdas la Cuba que dejaste? Tu literatura lo demuestra, pero me gustaría que lo sintetizaras para los lectores de El Economista.

CE: -La Cuba que dejé no la puedo separar de la niñez, pues salí de ella a los once años, y la única perspectiva que tengo –hasta hoy en dia – es la de un niño.  Así que lo que recuerdo más profundamente es la familia que perdí y más nunca volví a ver.  Por eso todos los recuerdos que tengo están montados en un cuadro de luto.  Los que dejé allá y los que se fueron a otros países, incluso mi padre, que se murió antes de poder salir, se convirtieron en difuntos instantáneamente. Encima de esto, la Cuba que recuerdo me ha dado una perspectiva funesta sobre el mundo y la vida, pues me dió la impresión de que todo en la vida puede empeorar repentinamente, en un instante.  Todo se arruinó instantáneamente con Fidel y los Fidelistas: se hundió el país en un atraso material y una esclavitud espiritual de la cual no ha podido salir.  Lo que me pregunto todos los días es: ¿va a pasar esto otra vez, aquí donde vivo?  También me ha dado un “radar” muy efectivo para detectar las mentiras de los políticos.  Lo único que recuerdo de Cuba que no esté forrado de luto o de miedo es el sol, el mar, y las nubes.  Cada vez que veo fotos de Cuba, eso es en lo que me fijo, hasta cuando las fotos son de un derrumbe o de las ruinas que se han creado allá.

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Carlos Eire en La Habana, 1953.

ZV: -¿Cómo fue tu llegada a Estados Unidos? Tus estudios y la adaptación personal y la de tu familia…

CE: -Mi hermano Tony y yo llegamos solos en abril de 1962, sin nuestros padres.  Salimos de Cuba con la Operación Pedro Pan (un nombre estupidísimo que no existía entonces).  Al llegar a Miami, mi hermano fué para un campamento y yo para otro.  De ahí yo fui a vivir con una familia de judíos americanos, y mi hermano con otra. Buenísima gente.  Nuestra madre tenía el permiso para salir de Cuba en noviembre 7 de 1962, pero Fidel cerró las puertas en octubre, cuando los rusos le quitaron sus juguetes nucleares, y ella se quedó allá, atrapada.   Entonces, las familias que nos habían recogido – bajo el entendimiento que nos cuidarían por solamente varios meses  – nos devolvieron a las agencias sociales que se ocupaban de huérfanos.

Entonces nos metieron en una casa para delicuentes juveniles, que estaba dirigida por una pareja cubana.  Malísima gente, que lo hacían solamente por el dinero, no por que querían ayudar a huérfanos. Esa casa fué como un infierno.  Pasamos mucha hambre y nos sometieron a muchas palizas y a abuso constante por casi un año.  De ahí, por suerte, nos rescató nuestro tío Amado, que lo había relocalizado el programa de refugiados cubanos a un pueblecito en el estado de Illinois.  Nos pasamos dos años con él, los más felices de toda mi niñez.  En noviembre de 1965, nuestra madre por fín logró salir de Cuba, y nos reunimos con ella en Chicago.

Eso fue un trauma peor que la casa de delincuentes, pues ella no consiguió empleo, y mi hermano y yo tuvimos que trabajar “full time”, 40 horas cada semana, y, a la misma vez, seguir nuestros estudios. Yo trabajaba de noche, desde las 4 pm hasta la 1 o 2 am, y me presentaba en la escuela a las 7 am, todos los días.  Lo más dificil fue el no poder reconciliar esas dificultades con la alegría de estar con nuestra madre.  Fue muy difícil cambiar de puesto con ella, pues, de veras, lo que pasó fué que mi hermano y yo nos convertimos en los “padres” de nuestra propia madre.  Ella nunca se adaptó al exilio, ni siquiera aprendió ingles.  Mi hermano y yo perdimos la cultura cubana en cuanto salimos de Miami, y hasta hoy somos más americanos que cubanos.

No puedo decir nada sobre la adaptación de otros en  mi familia, pues la mitad de ellos se quedaron allá, y ya están muertos,  y la otra mitad, los que salieron,  se regaron por todo el mapa, y perdimos contacto. El castrismo destruyó a mi familia.

ZV: -¿Qué significó y significa el exilio para tí? Percibo que en el caso de otros exiliados no cubanos, el exilio significa un cambio importante y una reinvindicación de los valores de la libertad y de la justicia. Pero por lo que veo el exilio cubano se ha convertido en otra cosa…

CE: -El exilio es como una amputación que te salva la vida.  Vivir en Cuba para mí era como tener una gangrena fatal, que me estaba matando el alma.  El exilio me separó de mi patria y mi familia – algo durísimo – pero me rescató de esa muerte espiritual y de la esclavitud que me esperaba allá.  Todos los días, varias veces durante el día, le doy gracias a Dios y a mis padres de haberme sacado de esa fosa apestosa y abrumante. Todos pagamos un precio altísimo por la libertad, pero de veras vale la pena.  Encima de eso, me ha hecho reconocer el valor de la libertad como lo más importante en la vida, y me ha dado la oportunidad de ser un ciudadano del mundo civilizado.  Nunca me ha dolido perder los bienes materiales, la propriedad, y todos los trastos con que se llenan las casas.  Los perdería un millón de veces, y más todavía, a cambio de la libertad.

Lo que me enfurece mayormente de la situación actual en Cuba es que allá hay que vivir como un esclavo, no solo físicamente, pero también intelectualmente y espiritualmente.  Para vivir allá hay que acostumbrarse a las cadenas y al látigo, metafóricamente, y a veces literalmente. Ahora, despues de cincuenta años de exilio, no tengo deseo de volver a Cuba.  Si hoy mismo se liberara Cuba, iría de visita, pero no permanentemente.  Mi exilio es mi vida, mi cultura ha dejado de ser cubana, y aquí tengo mis raíces ahora, y mis descendientes.  Además, lo que queda allá ya no es Cuba.  El país que se llamaba Cuba murió en 1959.  Desde entoces es Castrolandia.  Lo que venga después de eso, nadie lo sabe.  Pero será otro país, con una cultura muy distinta, pues a todos los que sabemos lo que fue Cuba antes de su deslice y caída no nos queda tanto tiempo en la tierra– solamente como 30 años, lo máximo.  No va a ser como en España, después de Franco, pues Cuba está totalmente arruinada, de cabo a rabo.  Lo único que tiene ahora es la industria turística, y eso es fatal, especialmente porque en Cuba existe un sístema de apartheid.

ZV: -Me cuentas que conociste hace treinta años a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez cuando el autor cubano hizo una estancia de cuatro meses en la Universidad de Virginia, y que su presencia e intercambiar con él reavivó tu cubanía. ¿Podrías ampliarlo?

CE: -Yo escogí una carrera que me arrancó completamente de mis raíces cubanas.  No solamente por lo que decidí estudiar – la historia de la religión cristiana en el medievo, en Europa – pero también porque me llevaron los estudios a lugares donde no había cubanos.  Así que me convertí en un americano rarísimo que se pasaba la vida leyendo textos del siglo 16 en alemán, francés, italiano, y latín, y a veces soñaba en esos idiomas, o, cuado buscaba una palabra, me salía a veces en alemán, o latín, y pocas veces el castellano.  Al terminar el doctorado aquí en Yale en 1979, el único trabajo que pude conseguir fue en Minnesota, en un monasterio que estaba aislado del mundo – una región de ese estado que fue colonizada por alemanes, noruegos, y suecos, exclusivamente.  Por casualidad, durante un viaje a Europa en el verano de 1980, me compré en la Feria del Libro en Madrid un libro que me llamó la atención por el título: “Tres Tristes Tigres.”  A mi padre le encantaba ese trabalenguas. Lo compré más por emoción que por cualquier otra razón – ya llevaban los huesos de  mi padre cuatro años en el cementerio de Colón – ni siquiera sabía quién era el autor.  Leer ese libro fue como destapar una empresa detrás la cual se habían amontonado millones de memorias, especialmente de la lengua castellano-cubana.  Liberó un diluvio de recuerdos, me cambió mi axis mundi… no sé ni cómo decirlo…  resucitó parte de mi alma…. renovó parte de lo que el exilio me había amputado.   Logré vivir de nuevo en Cuba, y como un adulto, indirectamente.  En el siguiente verano, 1981, comenzé a leer todo lo que había publicado Cabrera Infante.

De casualidad – o gracias a la providencia divina, a la cual le encanta hacer trucos – me conseguí un puesto en la Universidad de Virginia el año siguiente.  Y ¿quién viene a pasarse un semestre en esa universidad?  Guillermo Cabrera Infante.  Dió una clase sobre sus proprias obras.  Todos los jueves, por tres horas cada tarde, por diez semanas, en 1982 , Guillermo abría su mente y su alma y nos hablaba de lo que le daba la gana: del arte, del cine, de la política, de sus obras, de Fidel. Y también nos guiaba por sus escritos, como si fuese por una selva espesa, identificando lo que leíamos y explicando como llegó a ser así.  Yo era profesor, no estudiante, así que tuve que pedirle el permiso para participar.  Y me lo dió con un poco de aprensión, pues cada vez que tocaba el tema de la religión, paraba su discurso y decía, “bueno, hay que preguntarle al experto,” y me metía un vistazo mordaz.

Fuí su chofer también.  Despues de la clase, lo llevaba a la casa, donde lo esperaba Miriam Gómez, y de vez en cuando seguíamos un hilo u otro de los que había comenzado a desenrollar en la clase.  El mundo perdido que me había devuelto con su libro por primera vez, se profundizó en esa clase.  Por primera vez en mi vida, desde el salir de Cuba, volví a sentirme cubano, y a comprender mi cultura.  Me cambió la vida.  Cuando le dije esto a Guillermo se asustó tanto que brincó un poco para atrás.  No sé si el pudo comprender lo que él me había devuelto   Entre otras cosas, me acuerdo muy bien de un dia en el cual llegué tarde a la clase, pero como el hablaba en una voz muy alta, pude oirlo en el pasillo, como a media cuadra de distancia, y el acento bien cubano me llenó de un sentimiento casi místico.  “Por fín,” me dije (en castellano, no inglés), alguien que habla divinamente.”

ZV: -Esa foto tuya y de tu mamá bajo una nevada es muy bella. ¿Hablaban mucho de Cuba en la casa una vez exiliados o ella intentó integrarse rápidamente a la nueva vida en Estados Unidos?

CE: -Como mi madre nunca se adaptó al exilio, y nunca comprendió la cultura americana, ella fué el único puente que me conectaba con Cuba, especialmente después que me fuí de Chicago a vivir en sitios donde no había cubanos, como Connecticut, Minnesota, o Virginia.  Ahora me doy cuenta de cuanto le debe haber dolido a ella tener dos hijos completamente americanizados, que se casaron con americanas, y a los cuales no les interesaba la cultura cubana.  La comida cubana sí – eso sí que nunca perdimos mi hermano y yo – pero el resto de la cultura….forget about it… olvídalo.  Mi hermano y yo le rogabamos que aprendiera inglés y que se americanizara un poco, pero ella nunca lo hizo.  Al revés, yo creo: lo más que se lo pedíamos, lo más que lo resistía.  Ella decía que los americanos eran los que tenían que ajustarse y que debían de aprender castellano y volverse cubanos.  

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Carlos Eire y su mamá, Chicago, 1967.

De veras, ahora me doy cuenta también que ella sacrificó toda su vida para reunirse con nosostros – dejó a su esposo, sus padres, sus hermanos y primos – y cuando llegó aquí se encontró con dos seres extraños que se parecían a sus hijos, pero ya no lo eran. Y para mí y para mi hermano, la señora que llegó a Chicago tampoco era nuestra madre: era mas como una hija vieja y sordomuda que teníamos que cuidar, y a la cual le teníamos que traducir todo, pues en aquella época no existían cadenas de televisión o de radio, o cines con películas en castellano, Y ella tampoco podía encargarse de nada en nuestra educación.  Es un milagro que yo llegué a la universidad, y a un Doctorado.  Mi hermano ni siquiera pudo terminar la secundaria de high school.

ZV: -Hace años te conocí en París y pasabas por aquí para impartir unos cursos de Religión, ¿no?. ¿Qué impresiones tienes de lo que está ocurriendo en Cuba con la iglesia y los movimientos opositores? Estoy al tanto de que algo has escrito al respecto…

CE: Si, me encantó esa reunion de cubanos en París, en la casa de Miguel Sales Figueroa, que fue vecino y amigo mío allá en Cuba.  Estaba en París en un Congreso sobre las traducciones de libros religiosos en los siglos XV al XVI.   Mi campo de estudio es la religión en esa época.  Pero tambien estudio la historia total de las iglesias cristianas, desde el primer siglo hasta hoy.  Y como historiador de la religión me parece que la iglesia católica de Cuba ha vendido su alma al gobierno castrista.  La conducta del Cardenal Jaime Ortega y Alamino – el que dirige tal iglesia – es casi la de un ministro del estado. No sé mucho sobre los otros obispos cubanos, pues la prensa no les presta mucha atención. Ciertamente, andan con las bocas cerradas, pues ninguno, hasta hoy, se ha atrevido a criticar al Cardenal Ortega.  El sitio en la red de la arquediócesis de la Habana – el cual leo regularmente– da asco.  Bajo el manto de piedad, la iglesia católica de Cuba insiste en que solamente los que soportan al régimen castrista tienen derecho a decidir el futuro de Cuba.  Y lo que dicen, en fondo, es que la Revolución tiene que continuar, con cambiecitos pequeñísimos.  Y al que se atreva a criticar esa posición lo acusan de ser imbécil o malvado, o violento.

El cardenal habla mucho de reconciliación, una palabra cargada de dinamita.  Para él la “reconciliación” solamente tiene un sentido: aceptar al castrismo.  Y esto la hace con maldad, pues cualquier estudiante de teología en cualquier seminario sabe bien que la reconciliación requiere arrepentimiento y cambio de la conducta.  Si el pecador no se arrepiente, y no pide perdón, no puede existir una reconciliación.  Y eso no ha pasado en Cuba todavía, y el cardenal no quiere que pase.   Además, la posición del cardenal es agresiva: hay que aceptar su definición retorcida, o pa’ fuera….  A él le encanta decir que ha abierto espacios para la iglesia, pero esos “espacios” ¿qué son? Hasta ahora el único espacio que le han dado es para procesiones en las calles, o darle el viernes santo como día libre.   Pero no hay espacio para criticar, o ni siquiera para un diálogo genuino, o para la protección de los disidentes.  La iglesia no critica al gobierno, no soporta a los disidentes.  Hasta llama a los esbirros castristas para que saquen a golpes de un santuario a los disidentes, y después el cardenal dice que eran gente mal educada, locos, y delincuentes.  Y también saca a disidentes de la cárcel para mandarlos a España, insinceramente, para que el gobierno Europeo le diera más crédito a Castro Incorporated.  Quizá no hay mucha gente que se acuerde de cómo funcionaba la iglesia Rusa bajo el comunismo– que esa iglesia también era un ministerio del estado.  

Lo que pasó durante la visita del papa Benedicto XVI fue un crimen: negarse a una reunión con los disidentes y darle media hora a Fidel y sus hijastros. Y ni una palabra sobre todos los disidentes que maltrataron y encarcelaron para que no pudieran asistir a las misas del papa. Soy católico y fiel a la iglesia, pero como historiador yo sé que la iglesia ha metido la pata miles de veces en sus veinte siglos, y que a veces los obispos y papas han traicionado a sus rebaños.  Las iglesias protestantes en Cuba ofrecen más resistencia al gobierno, y algunos pastores protestantes son parte de la disidencia. No sé cuanta culpa tiene el papa directamente, pero me parece que confía demasiado en el secretario de estado, Tarcisio Bertone, el cual está totalmente a favor de la dictadura Castrista.

ZV: -¿Qué música escuchas? Sabes que cuando llegué a este país no conocía ni la mitad de la música cubana que nos habían prohibido, y poco a poco me hice una gran colección de música cubana de grandes figuras del exilio, que habían sido prohibidas y que lo siguen estando. Sin embargo, ahora, cuando voy a los estantes de música, esa música también ha desaparecido, y me vuelvo a encontrar con la basura musical que nos dieron a nosotros, que nos impusieron, con los canticos patrioteros y los himnos al Che Guevara. Me digo que algo ha pasado, que Cuba está exportando su miseria castrista hacia el capitalismo. Pero, bueno, es sólo una disgresión, es probable que oigas otro tipo de música, y no la cubana solamente.

CE: Me encanta la musica cubana antigua.  Pero eso se ha vuelto en un repertorio muerto, que no puede crecer.  De vez en cuando me hace llorar, pero casi siempre me eleva el ánimo.  Y nada me alegra más que los gritos de Perez Prado: uuuuuumff!  Ninguna de la música de Castrolandia me gusta.   Escucho a muchos tipos de música: rock, jazz, blues, clasica, electrónica.   Odio al rap, y la música “country” americana.  Todo lo otro lo escucho con mucho gusto, y prefiero cambiar de un estilo a otro.  Los discos que tengo son una mezcla tremenda.

ZV: -¿Qué autores te han influenciado en tu carrera de escritor?

CE: -Aquí, como en la música, no tengo un solo estilo o influencia, pero en el primer renglón pongo a los siguientes, en orden cronológico:, San Agustín, Meister Eckhart, Erasmus de Rotterdam, el autor anónimo de Lazarillo de Tormes, Juan Calvino, Voltaire, Charles Dickens, Mark Twain,  Ernest Hemingway, Raymond Chandler, Flannery O’Connor, Vladimir Nabokov, Kurt Vonnegut, Guillermo Cabrera Infante, y S.J. Perelman.

ZV: -Eres profesor de Historia y Religión en Yale en estos momentos, y sigues escribiendo. Ganaste el National Book Awards con Waiting for Snow in Havana, editado en el 2003. ¿Cómo combinas la escritura con el magisterio? 

CE: Tengo dos identidades y dos vidas distintas.  Dos modos de escribir también.  Los libros académicos me toman como diez años cada uno, los otros los escribo en tres meses cada uno.  A veces no es fácil ser dos personas, pero me gusta muchísimo la flexibilidad y variedad que esta situación me ofrece.  Me llena la vida de sorpresas – casi todas buenas.  Siempre tengo algún proyecto, nunca me aburro.  Lo único que me pesa es que a mi edad, 61 años, me quedan solamente tres libros académicos, como máximo, si me dedico a cada uno por diez años y sobrevivo hasta cumplir 91.  Me gustaría mucho escribir ficción también, pero eso sí que sería un pecado mortal en mi profesión.  Quizás cuando me jubile… a los 91.  Hasta ahora no he podido ganar sufiente dinero con mis escritos para dejar mi puesto en Yale.  Pero me encanta ser profesor, así que no lo hago solamente por el sueldo.  Lo hago porque es mi vocación, y a esa le dedico nueve meses de cada año completamente.  Cuando estoy dando clases, no puedo escribir mucho: eso me consume totalmente.

ZV: -Háblame algo de tus dos últimos libros, A Very Brief History of Eternity, editado en el 2009, y Learning to Die in Miami, del 2010.

CE: La Brevísima Historia de la Eternidad es una historia intelectual – no social – del concepto de la eternidad en la civilización cristiana del Occidente.  Comenzó el libro con una serie de charlas que dí en la Universidad de Princeton. Lo que trato de hacer en este libro es analizar cómo es que conceptos abstractos tal como la eternidad pueden tener un impacto enorme en la creación y mantenimiento de realidades políticas, sociales, y económicas.  Escribí este libro porque mi profesión de historia esta dominada por un materialismo crypto-marxista que insiste que las ideas no valen para nada, que toda la historia está dominada por causas materialistas (la economia, el conflicto social, etc…) y que la religión y las creencias son respuestas a las causas “verdaderas” como el conflicto social.   El punto que afilo en este libro es que lo que cree una sociedad colectivamente si tiene un efecto profundo en la vida cotidiana. También propongo que deshacernos del horizonte de la eternidad es un grave error, pues el materialismo puro nos deja empobrecidos espiritualmente y abre la puerta al totalitarismo.  El último capítulo se intitula “De la eternidad a planes quinquenales”, una referencia al horror monstruoso de las sociedades comunistas totalitarias.   Este no se ha traducido al español, pero sí al portugués.

Learning to Die in Miami, que se publicó simultáneamente en español aqui en Norte América, bajo el título Miami y Mis Mil Muertes, es una continuación de Nieve en La Habana. Aquí continúo el cuento de mi vida en los Estados Unidos, desde que llegué en 1962 hasta el día que me reuní con mi madre en 1965.  Es la vida del huérfano… muy Dickensiano el cuento.  Pero no es ficción; todo lo que se lee en este libro me pasó de veras.  Y fuimos 14,000 los niños que vinimos solos.   Yo creo que este libro es mejor que Nieve en La Habana, en su mérito literario.

Sobre las traducciones: algo muy curioso y muy pesado ha sucedido con mis dos biografías.   Waiting for Snow/Nieve en La Habana se ha traducido a catorce idiomas, incluso Turco, Serbio, y Finlandés.  Pero hasta ahora ninguna editorial española o latino americana ha aceptado el libro.  Y hemos tratado un montón de veces.  Nada, nada, nada.  La traducción al español que se hizo aqui en los Estados Unidos solamente se vende aquí y en Puerto Rico.  Las editoriales españolas hasta me han insultado, diciçendome que el libro es basura y que a ningún lector español le interesarían las “niñerias” y “excentricidades” de un cubanito. Una editorial hasta me dijo que nadie en España lo podrá comprender, pues está escrito en argot “cubano”, no en castellano.   Igual con los latinoamericanos, menos Brasil.  Nada.   E igual con los franceses también, que, junto a los españoles, son los únicos países europeos que no han publicado el libro.

ZV: -¿Podrías explicarme desde tu punto de vista como historiador algo sobre dos palabras con dos conceptos bastante cercanos al cubano: La eternidad y La Nostalgia? ¿Tú crees, por ejemplo que exiliados como José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda pensaban en la eternidad, como un propósito personal y sentían nostalgia de su país y de su vida en Cuba?

La eternidad es un eje de la vida cubana; la temporalidad es el otro.  Siempre he pensado que la cultura cubana contiene muchas contradiciones, y, encima de eso, un amor a la exageración.  Eso quiere decir que cualquier contradicción se exagera al máximo.  “¡Ay, tuve que esperar una eternidad en la cola!”  “Espera un minuto, chico…” (sabiendo que se va a demorar una eternidad).  La cultura cubana mantiene en tensión lo espiritual –y eterno – contra lo material, e impermanente.  Todo se ve simultáneamente sub specie aeternitatis, bajo el horizonte de la eternidad, y bajo el horizonte del placer o necesidad del momento. Creencia en un mundo espiritual es parte de la cultura cubana que el comunismo no pudo borrar, y ese mundo es la conexión a la eternidad.  La santería no se interesa por la eternidad, solamente con resolver problemas.  Y en Cuba, como la vida es un constante problema el “resolver” se ha vuelto una religión.   Pero, a la misma vez, la Robolución tuvo que crear una categoría de tiempo entre el momento y la eternidad, prometiendo un futuro glorioso, casi apocalíptico, al cual le dieron el perfume de la eternidad, sin Dios, y sin vida espiritual.  Y ese perfume, como lo conocen muy bien los cubanos, tiene una peste sofocante.

La nostalgia es parte esencial del exilio.  Lo que se pierde al emigrar no es lo mismo que lo que se pierde al ser exiliado.  El exiliado existe con un mundo perdido del cual está separado por razones politicas, que incluyen la violencia, o la amenaza de violencia.  Esto convierte a la patria en un monstruo y crea tremendas ambivalencias: la patria es madre, pero también verdugo y carcelero.  En el caso de Cuba, para los que conocimos el país antes de que convirtiera en un laberinto de ruinas, la nostalgia se multiplica imensamente cada vez que vemos como todo se está derrumbando, y la miseria en cual se ha hundido nuestra patria, que es ahora una nación de pordioseros, en cual solamente los extranjeros y los matones que gobiernan pueden disfrutar de la vida.  Eso pone la nostalgia que todos sienten sobre el pasado en otro nível, en el cual el dolor no cesa, nunca.  El presente en el exilio siempre tiene esta sombra encima de la nostalgia, como un parasol gigante.  Por supuesto, todo exiliado, de cualquier país que sea, vive bajo tal parasol.

ZV: -¿Qué referencias tiene de la oposición en Cuba y qué opinas, si es que deseas opinar? ¿Cón quién te identificas más con personas dentro o fuera de Cuba, con cubanos, o con otra personalidad, por ejemplo, americana, europea?

CE: Soporto la oposición en Cuba, totalmente.  No me importan las diferencias de opinión que existen entre los distintos grupos.  Y no le deberían importar a nadie, y menos todavía a ellos mismos.  Lo mas importante ahora mismo es la unidad.  Despues que llegue la libertad a Cuba, podrán discutir todo lo que quieran.  Con un frente unido, se puede resistir a la tiranía.  Hay tantos héroes en Cuba, que nadie sabe todos sus nombres. Gente humilde, y muchos de ellos y ellas son de sangre Africana, pues el racismo que existe en Cuba no lo soportan.  Hay varios líderes que dan un maravilloso ejemplo al mundo: Oscar Elías Biscet, Marta Beatriz Roque, Las Damas de Blanco,  Guillermo Fariñas, Antúnez, Oswaldo Payá, y tantos más.  Me identifico con cualquier persona que labore por la libertad de Cuba, desde la isla o en el extranjero, en cualquier país.

Lo que no soporto y me vuelve loco es toda la gente que quieren que Cuba se quede tal como está, o que convierten a la Robolución en un ídolo…  Mi profesión está dominada por izquierdistas intolerantes e ignorantes que piensan que la dictadura Castrista es algo buenísimo.  Esta situación es más común en Europa.  Es dificil encontrarse con un europeo al que no le guste Fidel.  Toda esta gente que alaba a la Robolución y que les encanta ir a Cuba de turista son unos degenerados racistas – los verdaderos “imperialistas”– que se creen que los cubanos son una gente tan atrasada e inferior que solamente pueden ser felices bajo un líder fuerte y un gobierno totalitario.  Les encanta ir a Cuba, pero nunca vivirían en la isla bajo las mismas condiciones que el pueblo cubano.  “Eso es bueno para los cubanos – maravilloso,” me han dicho un millón de veces estos imbéciles degenerados, “pero no para mí.”   Nos han vuelto a los cubanos en el salvaje noble de Rosseau y no se dan cuenta que la opinión que tienen sobre los cubanos es más racista que la de los imperialistas del siglo XIX.  Este fénomeno merece el nombre de “el síndrome Mussolini.”  Es igual que en los años antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la prensa europea y americana felicitaba al pueblo italiano por la gran fortuna de haberse encontrado un líder que forzó a los ferrocarriles a mantener sus horarios con puntualidad.  Así mismo piensan estos nouveaux-racistes sobre Cuba y el Castrismo.  Es lo que merecemos.

ZV: -El libro más vendido, según la prensa española, en la última Feria del Libro, de Madrid fue el Manifiesto Comunista, ¿qué crees de eso?

CE: -Aquí tengo que morderme la lengua, pues lo primero que se me ocurre es un chorro de malas palabras.  Pero hay que contestar la pregunta: ¿cómo puede ser que el mundo tenga tanta gente ciega e ignorante?  Debe tener algo el marxismo que le sigue gustando a los que no han vivido bajo su yugo.  Es como algo hipnótico, tal como le debe lucir una ratonera al ratón o el anzuelo a los peces.  ¿Y qué puede ser eso? ¿Quizá la simplicidad dualística del marxismo, que, como todas simplicidades esconde la verdad, pero luce atractiva?  ¿Quizá la desesperación que sienten los que no encuentran empleo, o perdieron lo que tenían cuando reventó la burbuja bancaria en 2008?

El Marxismo tiene una dimensión religiosa: es un sistema filosófico que requiere un salto de fe, tal como muchas religiones, y también promete una utopía terrestre que es tan imposible de alcanzar como el cielo.  Pero esta gente que le prestan atención a Marx lo hacen ciegamente, sin conocimiento de la historia.  Pues si estudiaran lo que ha sucedido en todos los países que adoptaron el marxismo oficialmente se darían cuenta que es una filosofía de pura fantasía, un utopianismo de mierda, que solamente ha causado miseria y millones de muertes, y, encima de eso, nunca a traído prosperidad o libertad a nadie.  Interesarse en Marx es como interesarse en los escritos de un loco, o del líder de un culto religioso fanático.  Y lo peor de todo es que casi toda esta gente se auto-clasifica como “intelectuales” y piensan que los que no están de acuerdo con sus locuras son gente de baja inteligencia, o peor, gente mala.  Y si los que hemos sufrido bajo el Marxismo les damos testimonio de lo malo y loco que es el marxismo, nos ponen imediatamente en la categoría de opresores y monstruos capitalistas.

Hay que repetir esto, pero los que se enamoran de esa filosofía no lo escucharán:  La crisis économica mundial  no se puede arreglar con socialismo o comunismo.  Solamente se empeorará, pues el Marxismo solamente trae ineficiencia, miseria, desigualidad, y corrupción.  La Utopía nunca existirá en la tierra, y todos lo que intentan crear Utopías solamente crean dystopias.

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Carlos Eire en el Muro de Berlín.

ZV: -¿Piensas que todo lo que esta ocurriendo con la crisis económica actual y sus secuelas afectarán todavía más la apreciación que se tiene de la cultura por parte de la humanidad?  

CE: No se sabe a donde nos llevará esta crisis economica.  Esto sí que ni los expertos saben, pues si tuviesen esa información, ya hubiesen arreglado el desastre.  Como historiador, me asombro que tanta gente todavía piense que las dialécticas dominan la realidad humana, y, peor, que piensen en dialécticas marxistas o crypto-marxistas.  El capitalismo es la única manera de progresar y de aumentar la prosperidad, pues es un sístema que se basa en la naturaleza humana, y el deseo que tienen los seres humanos de que se respete su autonomía y dignidad personal. Cuando todo se vuelve comunitario, a nadie le importa un bledo el esfuerzo, o los ideales.  Todos se vuelven inmediatamente tramposos y vagos. Y la envidia se los come a todos.   Eso lo ha comprobado la historia. 

El capitalismo no es perfecto, porque el mundo nunca será perfecto. Tiene sus problemas porque la vida terrestre nunca es algo simple, y la naturaleza misma está llena de desigualdad y crueldad.  Hace falta la caridad al prójimo, sí, y la compasión, y el mantenimiento de servicios sociales, pero la igualdad no se puede forzar, y nunca, nunca existirá, por lo menos antes del Juicio Final.  En los siglos XIII y XIV, unos monjes Franciscanos radicales – los”espirituales” creyeron que estaba el mundo listo para una nueva etapa, la era del Espíritu Santo, cuando Dios cambiaría la naturaleza humana, y desaparecería el egoísmo, y todos los seres humanos vivirían sin propriedad privada, como monjes. Anunciarion el fín del mundo egoísta en el año 1266, y como no pasó nada, cambiaron la fecha contínuamente, tal como hacen los Testigos de Jehová hoy en día.  También duplicaron esta profecía cuando llegaron los primeros misioneros Franciscanos a México en el siglo XVI.  Claro, no pasó el cambio que anticipaban, pero hay que fijarse en este detalle: estos Franciscanos admitieron que para que funcionara el comunismo/socialismo hacía falta una interveción divina, y un cambio profundo en los seres humanos.

En varias religiones, por miles de años, el experimento comunista se ha practicado en el monasticismo.  En el Occidente, la historia del monasticismo es un largo cuento de fracaso tras fracaso y reforma tras reforma.  La corrupción de los ideales es constante, y no hay ni una sola orden monástica que se ha podido escapar de esta ley de la naturaleza.  Pero sí, han existido comunidades monásticas ejemplares, aquí y allá, siglos tras siglos.  Pero no han durado en su pureza, porque la naturaleza humana no lo permite.  El egoísmo y las desigualdades naturales siempren llevan al fracaso.   Y esta son gente que se dedican a ser comunistas por ideales religiosos, que lo hacen voluntariamente.   La pregunta que hace falta hacer es ésta: Si el comunismo ha fracasado con los monjes y monjas – que lo adoptan voluntariamente en un ambiente piadoso- ¿cómo es que pueda suceder en naciones donde se impone con violencia, contra la voluntad de los ciudadanos?   A cada ejemplar del Manifesto de Marx se le debían atar  una historia del monasticismo, y las dos obras maestras de George Orwell, Rebelión en la granja, y 1984.

Termino de releer la entrevista, la subo al periódico. Ahora tengo que salir, a tomar el metro nuevamente, donde continuaré inevitablemente reflexionando en las palabras de esta entrevista, y desde donde me dedicaré, ahora más que nunca, a observar el mundo a través de la perspectiva que ellas me ofrecen. Gracias a Carlos Eire.

Miriam Gómez (2da parte): “Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra”.

Jueves, 14 Junio 2012

2da parte de la entrevista que iniciamos hace más de una semana en este espacio. Para leer la primera parte de la entrevista cliquee aquí.

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Miriam Gómez en la Estación de Trenes de La Habana, 1959.

ZV: -La familia de Guillermo, tanto el padre como la madre, eran también de extracción humilde, pero muy politizados, ambos eran comunistas. ¿En tu familia se hablaba de política, eran comunistas?

MG: -La familia de Guillermo era una familia pobre porque su padre era un militante comunista y trabajaba para eso nada más; pero eran intelectuales, leían mucho, tenían libros, heredados de su tio abuelo que era el intelectual del pueblo y periodista tambien . Mi familia era una familia campesina, que sabían de Ana Karenina y Madame Bovary, y de otras novelas por el lector de la escogida de tabaco, ellas no entendian de buena escritura si no de la moral de estas dos mujeres que eran tan malas madres; tal vez por eso yo las detesto a las dos. Pertenecíamos a una familia de un modo de pensar muy diferente. Que la familia de Guillermo fuera tan comunista provocó en él un rechazo enorme a todo eso. Se sentía tan humillado de que su padre fuera tan dependiente de un partido, y eso hizo de él una persona completamente libre, nunca perteneció a ningún partido. Luchó contra Batista pero sin pertenecer a nada, porque a él nunca le gustó pertenecer a nada. Después tuvo esa experiencia con  la revolución y se juró nunca pertenecer a nada, ser completamente independiente de todo. Nunca se metió con nada, era un solitario.

ZV: -¿Cómo fue la vida de ustedes dos en Cuba, una vez juntos? Todo lo que hemos podido leer en la obra de Guillermo que ha salido publicada entera, que hemos podido apreciar en su totalidad, donde aparece absolutamente todo lo que escribió, y que volverá a salir, sin una coma cortada, refleja el primer entusiasmo por el cambio, y al poco tiempo la ruptura…

MG: -La vida de nosotros en Cuba, antes de la revolución, en el año 1958, era muy agradable. En el 1960 cuando ya Guillermo y yo vivíamos juntos empezó la gran lucha, que más que cultural, fue la lucha política entre un  grupo que quería la democracia en Cuba y otro grupo que estaba socavándola por debajo. El año 1961 fue el año en que se libró una lucha total por todo. Por encima se creía que todo iba bien, pero por debajo se sabía que habían desaparecido las figuras más importantes como Camilo Cienfuegos, habían encarcelado a Huber Matos. En el 61 liquidaron, fusilándolo, al americano Morgan, al que nunca se le llamó el “yanqui” Morgan, sino “el americano Morgan”, que era muy simpático. Ya en ese año Fidel Castro tomó el poder absoluto.

Guillermo fue como periodista a Bahía de Cochinos, junto a Walterio Carbonell, iban vestidos de manera normal, de civil, y fueron hasta la primera línea, entonces una vez allí, Walterio Carbonell, que había sido del Partido Comunista y lo habían expulsado, pero los conocía muy bien, y que era un amigo muy querido por nosotros, le dijo a Guillermo: “Mira lo que hay aquí, vámonos ahora mismo porque si saben que nosotros hemos visto esto nos van a matar”. Ahí descubrió Guillermo que quienes llevaban toda la batalla eran rusos. Salieron espantados de allí; a partir de ese momento Walterio cambió completamente, porque se dio cuenta del engaño total. Y Guillermo se dio cuenta del horror y del error tan grande que era estar allí, que aquello no tenía ya solución porque Fidel Castro y los rusos habían pactado, y Fidel Castro lo había hecho para quedarse con el poder. 

Cuando ya vivíamos juntos, desde muy al principio del año 61 Guillermo me abrazó y me dijo al oído: “Este hijo de puta nos ha engañado, todo aquí está lleno de rusos”. Antes de eso, una noche en que fuimos a Matanzas, y que no dejaban pasar a nadie, Guillermo se presentó como lo que era, periodista, y sólo así nos dejaron pasar, vimos que bajaban desde Matanzas una cantidad tremenda de camiones, no sabíamos qué era eso, por toda la carretera, para regresar hacia La Habana, nos cruzamos con docenas de camiones que iban muy lentamente. Y nos dimos cuenta que estábamos ocupados, que no había solución.

Además, antes, cuando murió Ricardo Vigón, Guillermo había hecho dos artículos, que publicó uno en Carteles y otro en el periódico diciendo el horror que era el Instituto del Cine con Alfredo Guevara. Y Alfredo Guevara le prometió a Guillermo que se la iba a cobrar y se la cobró. Aprovechó la salida de la película PM dirigida por Sabá Cabrera y Orlando Jiménez Leal y producida por Guillermo, que la estaban estrenando cuando Playa Girón, y utilizó a Edith García Buchaca, que ya había tomado el poder en el Partido Comunista, y acabó con toda la gente de Lunes, cumpliendo su promesa de acabar con Guillermo. Pero como todo en esta vida se paga, como dice el cha cha chá, después a la próxima que cogió Alfredo Guevara fue a Edith García Buchaca, y acabó con ella y con el marido, pero ahí sucedió peor. Porque cuando las Palabras a los intelectuales de Fidel Castro que fueron provocadas por PM, donde dijo: “Con la revolución todo, contra de la revolución nada”, cuya primera reunión fue en Casa de las Américas, ahí se paró José Hernández, Pepe El Loco, y pidió paredón para Guillermo y para su hermano Sabá. Era una cosa verdaderamente loca aquello, pero ya con lo de Edith García Buchaca, sí que llevaron a Marquitos (Marcos Rodríguez) al paredón… Y ahí ya comprendimos la situación de terror total.

Guillermo se quedó sin trabajo, en la casa, no lo dejaron trabajar más; era terrible, terrible. Pero, nada, Guillermo aprovechó y se hizo un escritor. Guillermo y yo nos dimos cuenta de que cada vez que trataban de hacernos algo malo, pues algo sucedía que se viraba todo a favor de nosotros. Me sucede ahora también, que siempre que tratan de hacerme algo malo se vira la tortilla y me sale de lo mejor, y después le doy gracias a mi ángel porque quiso que eso fuera malo para que yo supiera reaccionar; y lo que queda es eso: Guillermo es un escritor conocido en todas partes. Alfredo Guevara es un tipo sin talento, una serpiente, que no tiene obra, ha hecho mucho mal culturalmente y es él quien ha sembrado la maldad en la cultura cubana, la ha dirigido con maldad, de manera malsana. Aunque ahí hay muchos oportunistas que han hecho cosas terribles, imperdonables, como decir que Martí es el autor intelectual de ese horror, cuando se sabe que Martí era un hombre completamente anti marxista, que afirmaba que “cada obrero cubano debía de tener en una mano la chaveta y en la otra a Herbert Spencer”. O que los cubanos debían ir con Bolívar de un brazo y con Spencer del otro. O sea sus libros, su filosofía. Que es todo lo contrario de lo que es el comunismo. Spencer era un individualista, que pensaba que había que dejar hacer, y que la felicidad iba antes que nada. Ese era Spencer, y José Martí juraba por Spencer. Martí era un humanista, creía en lo que decía Spencer, pero con más humanidad. O sea que han timado y han engañado a todas esas generaciones que vinieron después. Y han querido meter y han metido a un José Martí falso, y le han introducido en su boca cosas fuera de contexto, fórmulas que no tienen nada que ver con su pensamiento.

Para entender a José Martí hay que leer a Herbert Spencer, y leer todo lo que José Martí escribió de Herbert Spencer. Yo tengo toda la obra de Herbert Spencer, y los marxistas lo han tergiversado y aniquilado, porque como todo ese marxismo es un fracaso, y Herbert Spencer lo que quería era la felicidad de la gente, y ellos lo que han creado y sembrado es el horror y la desesperación en la gente, entonces han ido en contra de Spencer. Lo que nos hicieron con José Martí fue una canallada. Y leyendo a Spencer te das cuenta cómo Martí lo seguía, con una idea más caribeña, más amorosa.

Después de todo ese horror que pasamos en el año 61, porque el año 61 fue terrible, pasó de todo, porque ahí tomó el poder el terror. Guillermo luchó muchísimo por todo, pero aquello era la locura total. Guillermo tenía un programa sobre el jazz, en ese canal de Lunes de Revolución, y de pronto declararon al jazz como “imperialista”, y ya eso era una locura imposible. Gente muy oportunista tomó el poder en Cuba. Este fantoche tomo el poder total pero los oportunistas hicieron el coro.

ZV -¿Cómo reaccionaron ustedes con lo del tristemente famoso juicio de Marquitos? Es el primer homosexual fusilado en Cuba

MG –Ya nosotros estábamos fuera, pero nos enteramos de todos los pormenores por esas cosas que nos sucedía a nosotros, porque vino el cineasta Roberto Fandiño a Londres y pidió si podía venir a verlo. Lo encontramos muy nervioso, muy mal. Después vino dos o tres veces más a la casa. Nos quedamos asombrados de lo mal que estaba de los nervios. Le pidió perdón a Guillermo por todo lo que le habían hecho, entonces empezó a contar que él, el padre de Marquitos le había dado una carta para la Buchaca de parte de Marquitos, y él se la había entregado a Alfredo Guevara. Y esa carta Guevara la utilizó para acabar con Edith García Buchaca y con toda esa gente y para tomar él el poder. Fandiño nos contó todos los detalles del juicio y fusilamiento de Marquitos. El pobre Fandiño estaba horrorizado, porque Marquitos era amigo suyo desde que eran niños. Yo oía lo que contaba, pero claro, Guillermo, como periodista, le preguntó: “¿Y qué decía la carta?”. Y nos dijo lo que decía la carta. Terrible, terrible… Sé que Fandiño ha dejado todos esos papeles a buen resguardo, para que salgan algún día, pero es terrible a lo que han llegado. Pero, mira, pagaron. Guillermo es un escritor y toda esa gente quedarán como lo que son. No tienen la menor importancia.

ZV: -La mamá de Guillermo enfermó, él tuvo que viajar Cuba, sobrevino la muerte de su madre, ¿cómo deciden ustedes quedarse, y empezar una vida nueva en el exilio?

MG: -Cuando la madre de Guillermo se enfermó, que Guillermo regresó corriendo a Cuba, él era diplomático en Bélgica. Aquello también lo traumatizó, lo pasó muy mal. En ese viaje se encontró con Barbarroja. Ya él odiaba a Guillermo. Me refiero a Manuel Piñeiro. Ya odiaba a Guillermo porque antes de la revolución en Nueva York, Guillermo lo rectificó, porque ése era un ignorante total, y le corrigió una frase delante de una americanita bailarina. Guillermo lo hizo de broma, pero éste también se la juró a Guillermo, solamente a causa de esa broma. En fin, que cuando Guillermo llegó a Cuba este tipo, Piñeiro, se juró que sobre su cadáver iba a dejar volver a salir a Guillermo. No recuerdo cuánto tiempo tuvo que pasar Guillermo, porque he querido olvidar todo eso, pero pasó muchísimo tiempo detenido en Cuba. 

Entonces, claro, gente del Partido Comunista, que conocían a Guillermo desde niño, que lo llamaban Guillermito; por ejemplo, en una ocasión oí a Carlos Rafael Rodríguez decirle a Guillermo: “Ay, Guillermito, cómo me gustaría que fueras mi hijo”. Él se comportó con Guillermo como un hombre, como un padre, lo salvó. Le dijo a Guillermo: “Quiero salvarte”. Y lo salvó. Consiguió sobre este (ahora extrañamente muerto) Barbarroja sacar a Guillermo. Así que lo sacó, porque lo conocía desde niño y vio lo que pasaba, y era tal vez otro tipo de comunista, no estas bestias que han tomado el poder en Cuba

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Miriam Gómez en la Cécile de Bonjour Tristesse de Françoise Sagan, en La Habana.

ZV: -¿Cómo ocurrió el paso de Bruselas a Madrid? Sé que hiciste trabajos de modelo, que para Guillermo era mucho más difícil todo… Luego tienen que irse a Londres por culpa del franquismo… ¿Podrías abundar y contar lo que creas relevante de aquel período?

MG: -Viajamos sin un centavo, y Guillermo cometió un error enorme, porque salió con las dos hijas. La pasamos verdaderamente mal. Guillermo trató de que viniera otro familiar de esas niñas para que se hiciera cargo de ellas, porque yo era la única que conseguía trabajo, pero qué va, no vino nadie, todos eran muy revolucionarios. Tan revolucionarios eran que hasta acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Guillermo les había dicho que vinieran, pero a ellos no se les podía decir claramente que vinieran porque aunque aquello era un horror no lo reconocían así. Y acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Ahora han querido cambiar la historia, será por la cuenta que han sacado.

Yo no podía dejar solo a Guillermo con las niñas, tuve que sacrificar mi trabajo, además Guillermo estaba muy enfermo, muy enfermo. No pude aceptar ninguno de los trabajos que me ofrecieron en España. Cuando Guillermo se puso a pedir trabajo en España le dijeron que no, el régimen de Franco le recordó que él había estado metido en muchas cosas en contra de Franco, que había escrito en contra de Franco, lo que era verdad, porque Guillermo era un antifranquista enorme.

Después de todo, eso también nos salió bien porque un amigo que habíamos conocido en Cuba le ofreció a Guillermo que le escribiera un guión, sin firmarlo, un trabajo de “negro” para una película en Londres. Guillermo viajó primero y luego yo con las niñas. Me detuvieron en la frontera con las niñas. Pero Guillermo resolvió todo con el productor de la compañía de cine, que consiguió que nos dejaran entrar. Fue duro, pasamos mucho trabajo, porque si hubiéramos sido Guillermo y yo solos habríamos podido trasladarnos de manera diferente, pero éramos una familia. Y vivimos una pesadilla terrible. En fin, que esa pesadilla pasó, Guillermo pudo trabajar, y le encargaron más guiones. Trabajó muchísimo, demasiado, tanto trabajó y escribió tantos guiones que ahora se publicará todo, porque se va a publicar todo, todo, absolutamente todo lo de Guillermo. Tiene alrededor de nueve guiones. Le pagaron, y con eso vivíamos. Vivíamos mal porque éramos una familia, y además, cuando tienes niños no puedes moverte fácilmente. Fue así, y no hay forma de borrar lo que pasó.

ZV: -¿Por qué dejaste tu carrera como actriz? Eres una mujer cultivada, que ama la poesía, y Guillermo decía que tenerte era una enorme suerte. Tú eras su sostén sentimental, moral…

MG: -Dejé mi carrera de actriz por todo lo que te acabo de contar, por eso. Tuve varias ofertas en España, pero Guillermo estaba muy mal, muy mal. Había salido muy mal en esa segunda vez, porque en Cuba él se acabó de dar cuenta del horror que era aquello. El primero que le explicó todo lo que estaba pasando fue Titón. Tomás Gutiérrez Alea lo apartó a un lado y le contó cada detalle, y Guillermo se espantó, porque no tenía idea de lo que estaba pasando, además de lo otro que ya habíamos vivido, pero ahora estábamos en Bélgica. Era el momento en que estaban haciendo juicios en las universidades y todo el país se estaba cayendo, porque había un verdadero terror, todo era pánico, y el país devino totalitario completamente. Guillermo se espantó al ver en lo que se había convertido La Habana. La gente haciendo colas para todo, en los cines, y sobre todo para comer. Carlos Rafael Rodríguez sabía que debía dejar salir a Guillermo, además Guillermo se lo hizo saber, le dijo que si no lo dejaban salir que él se iría por el mar, pero que ahí no se quedaba.

En fin, veremos qué pasará en Cuba al final, porque ahí veremos cortar cabezas, patas, de todo, será horrible. Es una suerte vivir fuera de ahí. Porque con Batista fueron siete años, pero con éstos ya van más de cincuenta años, y se han cargado el país. Además, todos esos muertos de la época de Batista que no han sido tantos como con estos dos, en su gran mayoría fueron víctimas de ellos, de los terroristas. La gente más violenta fueron esos batistianos que se hicieron castristas inmediatamente, los cambia casacas. Mejor ni tocar ese tema.

El verdadero anticomunista era Huber Matos.

Todo horrible, no tienes idea, la gente se volvió loca, cualquiera se ponía una pistola al cinturón, hay que haberlo vivido para saber lo que fue aquello. Al mismo nieto de Juan Gualberto Gómez, que era batistiano, y lo iban a fusilar, Guillermo tuvo que salir corriendo a salvarlo… Todo eso fue espantoso; pues todo, ya verás, eso se quedará chiquito a lo que vendrá ahora.

Cuando vi a Fidel Castro en persona la primera vez, a la altura de las calles 23 y 26, me tuve que sentar en la acera, del escalofrío que me entró.

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En un anuncio publicitario en La Habana.

ZV: -¿Cómo pudieron, con todo lo que se empeñaron en destruirlos, seguir adelante? Porque es sabido que los castristas intentaron cerrarle las puertas a Guillermo en todas partes, quisieron destruirlo. Y como no pudieron, al parecer, ahora intentan recuperarlo.¿Cómo definirías tu lucha para salvar su obra, cuál es el verdadero sentido tú le confieres a ese empeño?

MG: -Trataron de destruir a Guillermo por todos los medios. No lo dejaban ni moverse. Los peores eran los extranjeros castristas. En Cuba inventaban cada vez más cosas en su contra. Pero nada, Guillermo escribía, escribía y escribía, y ahí está toda su obra que saldrá toda, entera. La escrita en Cuba, antes, durante la revolución, y la del exilio. Es una obra enorme. No hay otro escritor que haya escrito más que él.

Tú te refieres a una lucha, Zoé, yo he tenido más que una lucha, he tenido dentro de mi propia vida al enemigo. He tenido que luchar mucho para sacar la obra de Guillermo adelante. A veces creo que es una pesadilla. O que estoy en una película de horror. Me han pasado tantas cosas, porque me han traicionado, me han mentido, porque me han querido borrar, y eliminar. Pero no importa, yo sigo y pienso que todo lo que me ha sucedido me ha dado más fuerza. Y en esta vez también mi ángel me ha ayudado. Lo que me parecía que me iba a destruir, que me iba a morir, que estaba sufriendo y que sufrí enormemente, tenía que ocurrir. Y le doy gracias a mi ángel por todo lo que me ha pasado, porque fue mi ángel el que me limpió el camino. Es una cruz que tengo en mi vida, siempre tratan de dañarme y al final siempre el daño se convierte en un bien, en mi bien. Todo lo que sufrí fue para mí un bien, porque comprobé que todo eso me dio una fuerza que yo no sabía que tenía. Tú sabes todo los horrores que me han pasado, yo no podía imaginármelos; pero ahora todo está bien.

ZV: -¿En caso de que hubiera un cambio radical en la isla, volverías?

MG: -Zoé, yo no sé si yo volvería a Cuba, yo he vivido más tiempo fuera de Cuba que en Cuba. Me siento tan orgullosa cuando digo que soy cubana, ayer mismo el muchacho de la farmacia me preguntó de dónde yo era, y le respondí que de La Habana, Cuba. Y exclamó: “¡Ay, primera persona de Cuba que conozco!”. Me siento muy orgullosa de ser cubana, no concibo mi vida sin ser cubana. Soy cubana primero que nada. Pero doy gracias todos los días por vivir aquí.

Cuando pasó lo de la Biblioteca, el pobre Virgilio Piñera se paró… No se me olvida Virgilio, él se paró así como un gorrión, yo adoro a los gorriones y adoraba a Virgilio. Él se paró y dijo que tenía mucho miedo. Nunca lo olvidaré. Sin embargo, hubo otra persona que se paró, y que la gente ha borrado, y que tiene más importancia para mí. Porque la cosa estaba hirviendo y aquel hombre, aquel monstruo llamado Fidel Castro estaba en aquella mesa, diciendo todo lo que dijo. Y de pronto se para Bola de Nieve, tan elegante y bien educado, creyendo que su gracia iba a funcionar ahí, en ese ambiente tan caldeado, y dijo: “Ay, yo acabo de venir de Inglaterra, y allí no hay un solo letrero que diga: ‘No pisar el césped’. La vida tiene que ser no tener que advertir que no hay que pisar el césped.” Entonces uno que estaba al lado mío dijo: “Ese es otro maricón, también hay que fusilarlo”. Imagínate, imagínate el gesto. Y entonces, eso que dijo Bola de Nieve se me quedó grabado, y lo vi como mi futuro, se me apareció como una premonición de mi futuro.

Ahí estaban juzgando a Guillermo, por venganza, lo estaban juzgando a él y a su grupo. Y eso que dijo Bola de Nieve lo vi como mi destino. Y mi destino ha sido Londres. Y yo a Londres, a Inglaterra, la amo tanto, es un país que me ha dado tanto. Porque cuando uno viene a un país así, como vinimos Guillermo y yo, si no te gusta, pues te vas. Aquí no nos necesitan a nosotros. Yo se lo digo a todos los cubanos. Nos hemos quedado y hemos llegado a todas partes donde nos han aceptado, si no nos gusta, nos vamos. Si no nos podemos ir, pues mejor callarse. Pero he tenido la gran suerte de venir a este país. Para entender a los ingleses hay que conocerlos, ser inglés es una forma maravillosa de autismo. Deberían ser una especie protegida, porque son únicos. Ellos son isleños, viven en una isla que sin Escocia y Gales sería del tamaño de Cuba. Este país tiene una literatura como ninguna, como nadie. Y tiene una historia como nadie. Esta isla me la sé entera, me sé desde Geoffrey Chaucer hasta Peter Ackroyd, desde Boadicée a Margaret Thatcher. Me sé todo, la disfruto toda. Me metí en el siglo XVIII y me sé todo el siglo XVIII. Amo esta isla. Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra. ¡Y mira que amo a Cuba! Amo a Cuba más que a mi vida, y soy cubana, pero yo agradezco tanto a este país, lo admiro tanto. Es un país contra el que no han podido. Es un gran país, y me gustaría que no cambiaran nunca, porque son muy individuales, e individualistas. Cada inglés es una isla, pero cuando se necesitan juntos, se unen y son una fuerza tremenda. Se unieron y acabaron con Napoleón, y unidos acabaron con Hitler. Mira cómo se unieron recientemente para celebrar a la reina.

ZV: -¿Con qué persona de la disidencia y la oposición internas te ves más identificada y qué le dirías?

MG: -Admiro muchísimo por orden alfabética a Antúnez, al Dr. Biscet. Antúnez me encanta. Me encanta su manera de hablar, su cabeza, su valentía. A Martha Beatriz Roque la admiro mucho, es una mujer que sabe de lo que habla, porque solamente la gente que perteneció y vivió el horror como ella lo vivió, lo ha visto, y ha estado dentro del sistema, y sabe. A esa mujer la admiro mucho, ha tenido el coraje de decir no siendo ahora del sistema. Ahora, lo único que no me gusta son las huelgas de hambre. Yo sigo el ejemplo de Popeye, para luchar contra ese monstruo hay que comer espinaca, como hace Popeye, y no ponerse en huelga de hambre. Eso no me gusta, no es inteligente, porque para luchar hay que estar bien fuerte, y no auto-destruirse con ninguna huelga. Ahora, eso lo digo yo desde aquí, que tengo el “césped inglés”, como decía Bola de Nieve. Yo puedo pisar el césped.

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Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante en Londres.

Miriam Gómez: Cubana, esposa de Guillermo Cabrera Infante, actriz. (1ra parte).

Domingo, 3 Junio 2012

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Miriam Gómez en un anuncio publicitario de la época en que fue actriz, en La Habana.

Muchos de los que han leído a Guillermo Cabrera Infante ignoran cuánto se apoyaba el escritor en los consejos y hasta en las bromas de su mujer, la que fue actriz de teatro y de cine, reconocida en Cuba antes de su exilio definitivo en 1965. Miriam Gómez, infatigable lectora de poesía, amante del cine y profunda conocedora, observadora minuciosa, no sólo fue la esposa que hizo todo y más de lo que podía para que el escritor pudiera crear, escribir, y curarse de una penosa enfermedad mental, fue además una musa bastante particular, porque no piensen ustedes en la musa tradicional, no, Miriam Gómez fue la musa que en muchas ocasiones ofrecía la idea, y no solamente estaba detrás de la idea, sino que la inventaba. Y también la que en largos períodos aportó la manutención de la casa y siempre el amor sin una queja. El amor, sobre todo el amor.

Para los que los conocimos como pareja eternamente unida nos cuesta creer que Guillermo Cabrera Infante no esté junto a ella. No esté físicamente, porque espiritualmente está, en toda esa armazón de libros que es el esqueleto de su hogar londinense. Es la razón por la que mientras disfruto de una vieja película en blanco y negro de los años dorados de Hollywood, o una del cine mexicano, en la sala de su casa, puedo sentir que Guillermo sigue oyéndola decir las ocurrencias que sólo Miriam puede decir entre un diálogo y otro aparecido en la pantalla, referidas a la historia de la película. O quedarnos atrapados ante un análisis político, o la traducción de un poema que ella ha hecho de mil maneras, semejante a un rompecabezas, sólo por el deleite de releer los versos en su mayor pureza y perfección posibles.

Guillermo Cabrera Infante era un hombre de un gran gusto, refinado, con un gran sentido del humor, un humor de ilustre caballero cubano y de lord inglés. Miriam Gómez es una mujer de una inteligencia natural, de muchísima intuición, y de un olfato también muy refinado. Ambos eran tal para cual, inteligentes y cómicos, seres luminosos. Dos personas que se amaron tanto que todavía su amor perdura en cada una de las palabras y de los gestos que Miriam Gómez hace a diario al evocar a Guillermo, en honor al escritor, por amor a su otra mitad. Cuando le pregunto qué es lo que ella es verdaderamente: ¿la esposa, la actriz? Responde sin vacilar: La cubana, la esposa. Lo de actriz quedó muy al principio, o en la obra del autor de Cuerpos Divinos, y de la mayoría de sus novelas donde ella es figura real y onírica.

ZV: - ¿En qué lugar de Cuba naciste y cuándo te mudaste a La Habana?

MG: -Nací en Taguasco, es un pueblo que está entre Jatibonico y Zaza del Medio, yendo por la carretera central, cerca también de Sancti Spíritu, es el último pueblo de Las Villas, pero como todo eso lo han cambiado ya no sé dónde queda mi pueblo, lo que tampoco me interesa, porque yo sigo con mi mapa de las seis provincias, tal como era cuando nací. Era un pueblo muy alto, se veían todos los demás pueblos aledaños. Era muy fresco, en invierno había escarcha, y los niños salíamos a jugar a pisar la escarcha, era muy rico pisar la escarcha helada. Era un pueblo muy distinto, y muy unido; nos ayudábamos unos a otros.

Yo vengo de una familia obrero-campesina. Mis hermanas trabajaban separando el tabaco, en la temporada de la ‘escogida’. Éramos ocho hermanos. Mi papá se murió cuando yo tenía dos años. Después de mí nació otro hermano. Mis hermanas trabajaban en la ‘escogida’ –como ya dije-, ellas podían ser como mi madre, las mayores tenían edad como para serlo. También trabajaban en tiempo de recogida de tomates, porque ese pueblo mío era muy agrícola. En temporadas de tabaco se apartaba todo el tabaco, se despalillaba. El tomate y el tabaco iban casi todo para Estados Unidos, porque Cuba les vendía esos productos agrícolas. Los tomates de esa zona eran buenísimos, entonces ellas apartaban tomates de primera y de segunda, ése era el trabajo de mis hermanas.

“Vinimos” para La Habana en el año 1952, yo tenía doce años. Nací en el año cuarenta con la Constitución. Para mí fue una ventaja enorme, porque por ejemplo, durante  la ‘escogida’ a mis hermanas mayores tenían que llevársela a mi mamá al campo para darle la teta, en mi caso no fue así, porque los derechos que nos dio la Constitución a las mujeres y a los obreros fue increíble. Por ejemplo, mi mamá pudo ir a la casa a darme el pecho, le dieron una canastilla magnífica y una nueva cuna. Todos mis hermanos nacieron en una misma cuna que hizo mi papá que era carpintero. Mi papá era muy buen carpintero; entonces él iba a diferentes lugares, y un día se fue a Lengua de Pájaro, un pueblo al extremo de Oriente, en lo que se llamaba Altos Hornos. Allá fue a hacer casas, y se cayó desde un primer piso, y se mató, cuando yo tenía apenas dos años. Imagínate, mi mamá se quedó con ocho hijos, casi todos menores. Y estas hermanas mayores fueron fantásticas, mis hermanas han sido mi orgullo, han trabajado toda su vida. Tengo una hermana que tiene casi ochenta años y sigue trabajando, en una tabacalera en Miami, a ella le gusta ese trabajo, y la pasa muy bien. Así que vengo de una familia obrero-campesina, tabacalera por que han trabajado en el tabaco de toda la vida. Aunque la gente crea que soy extraña, que parezco extranjera por mi forma de hablar, pero todas mis hermanas hablan así como yo, porque así hablábamos la gente de antes en Cuba, en todas partes, articulábamos mejor.

Mis hermanas mayores empezaron a mudarse para La Habana, primero se fueron ellas, y empezaron a trabajar en la fábrica H.Upmann, como ves, siempre en el tabaco. Aunque no en la fábrica H.Upmann de hacer tabacos, sino en el relleno de los cigarrillos que iban para Estados Unidos. A ese cigarrillo se le echaba miel, se le echaba de todo…

ZV: -Entonces sabes mucho de la cosecha del tabaco y de su fabricación…

MG: -Sí, como yo sabía y sé tanto del tabaco, para Guillermo fue fantástico, porque en Holly Smoke él puso la boca y el paladar, porque él fumaba el tabaco, pero casi todas las explicaciones las supo por mí y por mi familia, por mi tío tabaquero, que siguieron trabajando en lo mismo en Miami, y que le explicábamos cómo se hacían los tabacos, las diferentes mezclas. Me refiero a la parte técnica, porque a la parte literaria claro que él fue recolectando información y toda se debe a su talento de escritor, desde luego. Pero la parte técnica, de los nombres y los materiales, se los dimos mi familia y yo, puesto que de eso sabíamos y sabemos un mundo.

ZV: -¿Cómo fue tu llegada a La Habana?

MG: -Cuando me tocó el turno a mí de llegar a La Habana, como siempre, tuve muy buena suerte. Todas mis hermanas tuvieron que viajar, las pobres, en autobuses, y en esas guaguas que se llamaban del Galgo, pero a mí me llevó el médico del pueblo, que iba para La Habana, y me ‘trajo’ en un carro del año, último modelo, viajé de lo más cómoda. Siempre fui una niña muy nerviosa, estaba muy asustada, aunque él era mi médico, un médico que adoro, tanto, que tengo su foto al lado de mi cama. A él lo mataron en tiempos de Batista, aunque era batistiano. Estaba encargándose de hacer las primeras clínicas. Pero por un problema de un muchacho, estudiante, que había hecho algo en La Habana, y que fueron a buscarlo, porque lo pidieron, y que regresó al pueblo, figúrate, él empezó a matar, y a tirarle a los soldados del pueblo, que imagínate, esos soldados no mataban ni a una mosca, esos soldados tenían ahí a su familia y todo.

Entonces como él era un médico excelente y un hombre magnífico, él se llevó al muchacho herido. Y lo mataron, así fue que lo mataron en el camino. Es por eso que aunque él fue una víctima de la dictadura de Batista después no pudieron convertirlo en héroe, y eso que era un verdadero héroe, porque se trataba de un médico que, por salvar a un paciente, inclusive estando en contra de lo que estaba haciendo el muchacho, lo llevó de Taguasco a Sancti Spíritu, y allí lo mataron. Alguien avisó, en medio de la pasión ésa, alguien avisó en el pueblo, diciendo que iba este muchacho, y los soldados los esperaron y dispararon y los mataron. Ya nosotros vivíamos en ese entonces en La Habana, no sé muy bien cómo fue la cosa, pero sí sé que fue terrible, porque además él era de lo más batistiano; le habían encargado hacer clínicas para los campesinos, y él estaba en eso; era muy humano, muy buena persona. Por eso no ha sido nunca un héroe de la revolución, porque aunque, el pobre, lo mataron los de Batista, él cayó así en el campo sin haber hecho nada más que ayudar a un joven. Era un hombre excelente.

Como te decía, fui con él para La Habana, yo nunca había visto el mar, nunca en mi vida. A la altura de Matanzas, hicimos una parada en la Bahía de Matanzas. Bajamos, y vi una cosa que era para mí como un lago enorme ahí, y le pregunté a él que qué cosa era éso, que me dio mucho miedo. Porque era una cosa que tú mirabas y no veías el fin de aquello, le pregunté, y me explicó que aquello era el mar. Yo pensaba que era un lago, él me dijo: “No, es el mar. ¿Tú nunca has visto el mar?”. Le dije no, no, no. Nos acercamos entonces, pero yo tenía un miedo enorme, porque, ya te digo, yo era una niña muy nerviosa. Y ese miedo al mar siempre se me ha quedado. Al mar yo lo veo de lejos, pero no me gusta dormir cerca de él, ni nada por el estilo.

Cuando llegué a La Habana, al contrario de Guillermo, para mí fue un desencanto, porque yo creía que La Habana era lo que yo veía en las películas: esas casitas de California, casitas muy bonitas con sus jardincitos… Y me encontré con esa ciudad que acabo de volver a ver en esa película de Meche Barba, yo veo muchas películas mexicanas porque tengo un amigo en Miami el pintor y escritor Chago Rodríguez,  él me manda películas mexicanas y yo le mando las de aquí, difíciles de conseguir en Estados Unidos. Él me mandó Ambiciosa, de 1952, con Meche Barba, el solar que aparece en esa película es el solar que se hallaba detrás de la Compañía de Teléfonos.

Yo llegué para vivir por primera vez a la calle 10 de Octubre. Llegué a La Habana en julio del 1952, casi toda la película pasa en La Habana, y me impresionó mucho, como me impresionó esa ciudad tal como aparece en la película. Era muy distinta de lo que yo esperaba. La Habana que se ve en esa película es única, y esa fue La Habana que tanto me impresionó. Nunca he visto una ciudad más bella que ésa, llena de automóviles. Yo le tengo miedo a los automóviles, me daba miedo cruzar las calles, pero toda la ciudad era de una gran belleza. Nunca pensé que La Habana fuera tan alegre, tan llena de vehículos, y de luces. Nos encontrábamos muy solas mis hermanas y yo, porque siendo del campo siempre estuvimos acostumbradas a esa ayuda de los vecinos que se da en el campo.

En La Habana no conocíamos a nadie. Para pasear nos íbamos por El Paseo del Prado. El Prado para mí fue increíble, había orquestas de mujeres por todas partes, las últimas orquestas de mujeres que quedaban, era algo inimaginable. Nos íbamos a pasear, y mis hermanas eran muy bellas, con unos cuerpos tremendos, muy altas; todo el mundo tenía que ver con ellas, porque éramos una familia muy distinta. Mis hermanos medían 6,4, mis hermanas 5,9, 5,8, con unas estaturas increíbles, yo iba con ellas, con doce años, y fue para mí inolvidable pasear por La Habana con mis hermanas. Después, como ellas empezaron a tener enamorados, novios no, porque ellas fueron de esas mujeres que solo tuvieron un solo novio y se casaron con el único novio, pero las invitaban los enamorados a bailar, y salían a bailar, y entonces yo iba con ellas de chaperona. A los doce años ya me metían en los clubs, había un club donde yo no veía nada. Allí me llevó una prima que vino del campo, y tuve que acompañarla, porque en esa época cogían a las niñas de doce y trece años para cuidar a las hermanas mayores, y entonces yo iba con ellas, me sentaba y las veía bailar. Como veníamos del campo debían bailar delante de mí para que viéramos que no pasaba nada, que se portaban bien, si no se portaban bien no las dejaban salir más.

ZV: -¿Cuándo decides ser actriz? ¿Siempre te gustó la actuación?

MG: -Yo en el campo recitaba. En el campo las escuelas eran increíbles. En mi pueblo había la escuela de allí, del pueblo. Pero en los alrededores existían esas escuelas llamadas rurales, que eran escuelas hasta una edad, escuelas primarias. Después iban a las escuelas del pueblo. La escuela del pueblo tenía unas maestras magníficas, y entonces en Cuba era obligatoria la educación, tenías que ir a la escuela. No había que llevar lápices, ni libros, ni libretas. En mi pueblo, pequeño, campesino, nos daban los libros. Los libros se guardaban en un escaparate. No había que pagar los libros, ni pagar las libretas. Nos regalaban las libretas y los lápices. Los libros se dejaban en la escuela, los lápices y las libretas podías llevarlos a la casa. Nos daban también el desayuno. Había cuatro aulas. El desayuno que nos daban nos hacía sudar, le metían gofio, leche condensada, leche evaporada, vitaminas. 

Ya desde la escuela quería ser actriz. Veía las revistas y quería ser actriz. Al lado de mi casa había un hotel en donde se hospedaban montones de actores y actrices, y artistas. Cuando iban en días de fiestas tenían que entrar por mi casa porque el hotel estaba cerrado y entonces entraban a mi casa los artistas, y yo los veía como grandes personajes. Después cuando llegué a La Habana, y que me hice actriz, me di cuenta de que eran unos pobres muertos de hambre, pero que en el pueblo, como venían con ese halo de ser actores, como Candita Quintana, pues significaban mucho. Todos ellos hablaban con mi madre, y le decían: “Ay, qué casa más grande usted tiene”. Teníamos una casa grande, pero era una casa muy modesta, de esas de cuartería, pero comparada con las de La Habana era una casa grande. Cuando llegamos a La Habana fue terrible, porque tuvimos que instalarnos en un apartamento con una sola habitación donde dormíamos todos; fíjate que un día llegó un ratero y no pudo entrar, y se robó unos plátanos que había en un balcón, porque no había forma de entrar, dormíamos todos en una sola habitación, la única de todo el apartamento, y mis hermanos medían seis pies, todos éramos muy grandes. Nos llevábamos el apartamento completo armando catres. Al mudarnos a La Habana se acabó la casa grande, y la gente que te conocía, y aquello de que si no tienes algo el vecino te lo presta. Ahí ya no, vivíamos todos en ese apartamento, que era muy agradable, pero éramos muchos. Al tiempo mis hermanas empezaron a casarse y fuimos siendo menos, hasta que nos quedamos mi mamá y yo solas, con mi hermano pequeño.

En La Habana me anoté en la escuela Gonzalo de Quesada, yo lo conocí porque cuando llegué a La Habana él todavía vivía. La escuela estaba en la calle 28 o 26, al lado de la plaza del Vedado. Era una escuela muy agradable, me tocó una maestra muy buena, los maestros en Cuba eran fantásticos. Esa maestra nunca se me olvida, era una loca de la poesía, nos daba poemas para aprendernos de memoria, poemas muy bien escogidos, de Bécquer, Quevedo… A ella le gustaba mucho cómo yo los decía. Vivía al lado, y se daba cuenta de la familia que yo tenía, que era una familia modesta. Entonces un día me dijo: “Miriam, tú debes ser actriz”. Ella ya había tenido otras alumnas que se hicieron actrices y se sentía muy orgullosa de ellas. Me indicó dónde tenía que ir, y fui a la Escuela Municipal de Arte Dramático de la calle 23, tenía 15 años. Sólo aceptaban muchachas con 16 años cumplidos, pero hice una gran amistad con esa maestra, con su niño, el niño de ellos me quería mucho, y como ella siempre insistía en que tenía que ser actriz, pues me apoyó. Yo estaba loca por ser actriz, pero no tenía idea de adónde ir, ella me dio las coordenadas y el impulso. Una de mis hermanas también insistía, porque ella siempre quiso ser locutora, y no pudo. Es mi hermana Nena.

Guiada por esa maestra fui, yo era muy tímida. También era muy alta y delgada, altísima para la media en Cuba. Allí me hicieron un examen, lo pasé, cuando dije la edad me dijeron que tenía que tener 16 años, pero que me iban a aceptar, y así empecé. Allí iba a diario, pero por el día debía asistir a la Escuela Normalista, a una beca, porque mis hermanas querían que fuera maestra. Yo no quería ser Normalista, yo quería ser actriz; entonces mis hermanas de todos modos querían que yo hiciera algo aparte, que trabajara o tomara clases de secretariado, porque ellas pensaban que ser actriz solamente era una locura, que eso no me daría dinero, que como yo no conocía a nadie no iba a poder vivir de la actuación.

Empecé en Secretariado, trabajaba además por el día en la misma fábrica de mis hermanas. Salía corriendo del trabajo para la escuela pública de Secretariado, que era gratis. Hice Secretariado durante un año, por las noches. Exigían tres años, pero solamente hice uno porque yo odiaba verdaderamente la máquina de escribir. Para mí la máquina de escribir era como la máquina de coser. Mis hermanas cosían. Para mí las máquinas de escribir y de coser eran la tortura. Al mismo tiempo empecé la Escuela de Arte Dramático, que quedaba enfrente, terminaba ahí y me iba corriendo sin comer. Allí conocí a mucha gente, a muchos compañeros que después se hicieron actores, e hicieron una carrera posteriormente fuera de Cuba, como Carlos Casio, que ha sido el magister de Ballet de la Ópera de Viena. En fin, montones de gente que han hecho carrera de actores en muchos lugares del mundo, aunque también otros muchos se quedaron en Cuba.

Enseguida empezaron a buscar actores para obritas y en el segundo año me necesitaron en el teatro, aunque antes ya había hecho montones de cosas en cantidad de lugares, haciendo pequeñas obras. A veces necesitaban probar los lugares para hacer películas y pedían actores, o futuros actores, para hacer las pruebas de locación. Así fue como conocí a Orlandito Jiménez Leal, cuando él apenas contaba 14 años; yo tenía, como ya dije, 15 años. Orlando era camarógrafo desde los doce años o algo de eso. Orlandito era el camarógrafo de prueba de las locaciones. Allí fui para hacer grupo, o sea de extra, pero el hombre me llamó: “No, no ven tú, tú harás el papel principal”. Yo me acerqué muy cortada, porque estaban mis compañeros, pero de ahí tuvimos que ir al sur de la capital, después a un solar en la calle Reina a filmar, hice unos pequeños pasos de Lope de Rueda, en el Palacio de Bellas Artes, y de pronto me ofrecieron un papel en el Grupo Las Máscaras, me aprobaron, hice Orfeo desciende de Tenesse Williams, que en el cine se llamó Algo Salvaje en el lugar, película protagonizada por Marlon Brando con Anna Magnani; y tuve mucho éxito.

ZV: -¿Cómo conociste a Guillermo Cabrera Infante?

MG: -Ya yo había conocido a Guillermo, que no tuvo nada que ver con que me dieran ese trabajo en esa obra porque Guillermo ni siquiera conocía a esa gente. Pero el día 3 de marzo del año 1958 fui al cumpleaños de una de mis hermanas, en Luyanó, y regresaba en el autobús, para las clases de Arte Dramático. Debía bajarme de la guagua en 23 y 19. El autobús pasó frente a la revista Carteles donde trabajaba Guillermo, y ahí se subió él. Entonces, figúrate, ese hombre no me dejaba de mirar, y yo pensé que era un loco porque a mí me caían todos esos locos detrás.

Adonde quiera que iba, como que era tan alta y tan blanca me hacían ofertas. Los otros días una amiga, Mariposa, me recordó que en Bélgica estábamos en una peluquería de una española donde se me acercó un hombre y me ofreció ser modelo, y le dije que no. En La Habana yo iba por la calle y la gente me ofrecía trabajos y cosas de esas de modelos; hasta creían que era extranjera, porque era muy alta y muy delgada, me vestía distinto, me comportaba diferente. Porque quería ser actriz, y era distinta, no lo sé; tal vez porque me reunía con otro tipo de gente.

ZV: -Pero tengo entendido que en La Habana fuiste modelo

MG: -Sí, sí, unos días antes de conocer a Guillermo los mejores modistos de La Habana me habían ofrecido trabajar con ellos. Yo no tenía ropa ni nada. Te digo que pertenecía a una familia muy pobre. Para ir a la Academia tenía que vérmelas negras. Como Guillermo cuenta en Cuerpos Divinos yo no tenía ropa ni nada, y entonces un amigo mío que me quiso impresionar, y empezó a hacerse músculos, era muy delgado. Creyó que yo no lo quería, que no quería saber nada de él por su delgadez, y empezó a hacer musculatura; entonces los pantalones blues jeans y sus camisas dejaron de servirle y me los regaló, él vivía frente a mi casa. Con esa ropa me pasaba la vida, con la suya, vestida así, porque yo no tenía nada. Esa manera de vestirme me hacía diferente. Pero me causaba algunos problemas, porque al vestirme de esa forma no solamente tenía a los hombres detrás, sino que tenía también detrás a montones de muchachas lesbianas. En La Habana, en la época ya las lesbianas eran muchas. Las mujeres en Cuba en esa época eran bastante libres, pero muy medidas, no desmedidas. Eran muy independientes.

Por estar vestida tal como te digo, y que era en defensa a mi pobreza, pues se creaba una confusión, creían que yo era un boy, un garçon manqué. Recuerdo que la hija de Alejandro Lugo -muy amigo mío, esa niña que era ya una jovencita se confundió, porque su padre pasó en su automóvil con ella, y me saludó de lejos, y ella exclamó; “¡Ay, papi, pero qué muchacho tan bonito, nunca he visto a un muchacho más lindo que ése, ¿por qué no me lo presentas?!”. Y él la detuvo: “Pero ¿qué muchacho? ¡Si ésa es una muchacha!”. Y así era, porque como me vestía de esa forma pues creaba confusión.

ZV: -Miriam, ahora que hablamos de la sexualidad de aquella época, algunas personas creen que en Cuba hubo persecuciones contra los homosexuales antes del año 1959. Como hemos hablado tú y yo de eso, algo me has contado…

MG: -No, no, no, qué va. En Cuba no había para nada ese tipo de persecución gubernamental que hubo después. Había una tremenda libertad, yo quiero decirte que viví una juventud divina. Pero había eso sí, decencia. Con los hombres en Cuba no se podía salir así como así, porque cuando aceptabas algo de un hombre, venías a ver y estabas en la puerta de una posada en el pugilateo con él, o antes bajándote del automóvil, fajándote dentro del automóvil, para que no se aprovecharan. Yo nunca aceptaba invitaciones, pero tenía muchos amigos homosexuales que eran muy libres, y que nunca tuvieron problemas de ningún tipo. Frente al Hotel y Cabaret Capri había un lugar para gente bien, homosexual, al que podía entrar cualquier tipo de personas. Se llama Saint-Michel. Ese era mi lugar, el Saint-Michel, allí me pasaba la vida con todos mis amigos homosexuales, oyendo música, porque existían esas maquinitas con música, era un lugar muy libre. Jamás oí que se llevaran preso a alguien.

Inclusive a última hora ya de Fulgencio Batista los terroristas (los revolucionarios) ponían tantas bombas que nadie salía a la calle, entonces ocurrió un problema en la calle, creado por unos homosexuales, y se los llevaron presos. El jefe de la policía de La Habana, cuando se enteró, dijo: “Pero, ¿cómo? ¡No me toquen a las locas que son la alegría de La Habana!”. La frase es muy conocida, se hizo célebre. Claro, la única gente que creaba alegría en las calles, en un país en el que la gente tenía miedo salir, porque salías y podías arriesgar que las bombas te cortaran las piernas, podías perder los brazos… Ponían una bomba y te mutilaban para siempre, o te mataban. La gente no salía para no complicar la cosa, por miedo. No iban al cine porque en los cines ponían bombas y te acababan, incluso entre ellos mismos hubo muertos de esa manera. Eran locos, unos terroristas. Mucho de esos terroristas ahora viven en el exilio. En aquella época algunos tenían un sistema de terrorismo que era llevar la bomba encima, amarrada con un cordel, y llegaban al lugar previsto, se detenían, soltaban el cordel y ahí dejaban la bomba, y al pobre que venía detrás lo hacían pedazos

ZV: -¿Tú querías un cambio como el que ocurrió en Cuba, o pensabas en otra cosa? Pensabas en el cambio que la mayoría reclamaba, o sea, igual que el resto de los cubanos, una democracia, volver a la democracia y al respeto de la Constitución, ¿o también se hablaba de Revolución Cubana como proyecto?

MG: -No, no, no, esto fue todo un engaño. Esto fue una mentira. La mitad de la gente se quedó en el camino. Porque este hombre, Fidel Castro, y su hermano Raúl Castro  fueron liquidando gente. Nunca nadie pensó que eso iría a ser así. Este hombre es diabólico, fue destruyendo gente. La gente quería democracia en Cuba. Es cierto que mucha gente era muy racista, y Batista era negro. Batista hizo una cosa muy mala, que fue romper la Constitución, que eso nunca debió de haberlo hecho; porque al hacerlo le dio entrada a este señor. Porque este señor era un gánster, y todo el mundo lo conocía como gánster.

Eso es otra cosa, yo llegué a finales de julio del ‘52 a La Habana, Batista acababa de dar el golpe de estado, en marzo. A veces se oían tiroteos y eran los gánsteres peleando unos con otros. La gente que usaba armas eran estos delincuentes… Los terroristas que antes fueron gánsteres y luego fueron llamados revolucionarios.

(Continuará en una 2da parte).

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Miriam Gómez por Hermán Puig.