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Archivo de Junio, 2013

¿Perdón?

Sbado, 29 Junio 2013
He leído, no sin cierto asombro (aunque ya nada me sorprende), que un disidente cubano de ésos, de los de nuevo diseño, de los que empiezan a abundar demasiado en Cuba, “ex-militar” (que sepamos) para colmo de males, ha declarado algo así como que espera que aquellos que lo hemos criticado le pidamos perdón. Como si él fuera Dios para perdonar. Y como si todo el mundo tuviera al igual que él enquistado el problemita del perdón, que es una visión muy “apostolicona, catolicona y romanona” del asunto.

En democracia la libre expresión no se cuestiona, mucho menos se pide perdón por hablar, y mucho menos por decir lo que uno piensa. No se pide perdón por las opiniones. ¿Perdón? Pero ¿en qué mundo vive este señor? Bueno, es cierto, lo había olvidado, vive en un mundo oprimido, del que él fue parte represora y al parecer piensa seguir siéndolo, y ahora viaja a un mundo de idiotas, un mundo superfluo, donde la gente lo ensucia todo en una inaguantable confusión: la verdad con el oportunismo, el amor con el engaño, el arte con la putería provinciana, la política con el robo y el crimen…Este antiguo “camarada”, muy estudiado en la KGB, con sus consecuencias en Angola, ordena y manda entonces que le pidan perdón. Bah, otro equivocado.

¿Recuerdan aquella frase de una película célebre, Love Story: “Amar es no tener de qué pedir perdón”. Aplíquenlo a la vida. Vivir es no tener de qué pedir perdón. Sobre todo cuando se es libre, enteramente libre.

Teaser de ‘La mujer que llora’

Lunes, 17 Junio 2013

El más hermoso regalo, aparte de ella misma, que me hizo mi hija, estudiante de Cine en La Sorbonne, lo quiero compartir con ustedes:

Tàpies en el Palazzo Fortuny, en Venecia

Martes, 11 Junio 2013
En Venecia no hay taxis, o los taxis son los vaporettos, embarcaciones pesadas y lentísimas; a través de sus ventanillas vas contemplando la ciudad dorada, sepia, terracota, suspedida encima de La Laguna. En los vaporettos se confunde uno con mucha facilidad, y confundiéndose y perdidos es como mejor se aprecia la ciudad de los canales. En Venecia también se camina como loco, todo es por pies, de un lado a otro, trafucándose también en ese bellísimo laberinto humano, que si al Rialto, que si a la Piazza San Marco, que si al Gran Canal… La vida transcurre a su verdadero ritmo, y no al compás de internet, cuya conexión además es una pérdida de tiempo, porque a veces la consigues y otras “tampoco casi nunca”.

No hay nada como perderse en Venecia y reencontrarse más tarde en el Café Florián, o en La Rivetta, el restaurante preferido del pintor cubano Roberto García York, donde hay que reservar con un mes de anticipación, o sentarse en la Terraza del prestigioso Hotel Danieli a comtemplar el Lido, allí donde ocurrió Muerte en Venecia, la novela de Thomas Mann y la película basada en la novela de Lucino Visconti. O deambular como en una novela de Terenci Moix.

Es mi quinta visita a Venecia y jamás me ha abandonado en ninguna de las ocasiones anteriores. ni en ésta, la sensación de que la redescubro, porque invariablemente se descubre algo por primera vez en cada vez.

Para llegar al Palazzo Fortuny tomé no sé cuántas callejuelas y atajos, finalmente una señora muy amable, vestida como para un almuerzo veraniego dominical, me condujo hacia la Calle de los Abogados, y de ahí ya pude encontrar más fácilmente el extraordinario Palazzo Fortuny donde se exhibe dentro de la 55 Biennale una expo dedicada a Antoni Tàpies y su colección personal de obras de artistas amigos y objetos. No les contaré más para no romper la sorpresa de aquellos que pretenderán visitarla y seguramente la visitarán. Pero no pueden perdérsela, Tàpies era todo corazón y razón, manos y memoria, y palabras, ¡palabras justas! Lo que en la pintura no siempre se agradece.