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El entorno de una novela

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Toda novela es silencio de alguna manera violado, sin embargo también es monólogo redentor, sobre todo cuando lo que se escribe se ha vivido peligrosa e intensamente, cuando se musita en puntillas, aunque de manera resoluta, la historia de toda una vida, la propia, y alejándose de ella sin embargo se ventilan las deudas, los cobros (en algunos de ellos se ha pagado con la existencia misma), se bosquejan las alegrías y desdibujan los pesares de toda una generación poseída por la fiebre de la irreverencia y apagada luego en el resquemor del olvido.

El entorno del silencio, novela de Antonio Ricardo Valle, transita esos vericuetos ya conocidos, los del “yo” y de “nosotros”, sin la grosería tan manoseada de utilizarlos de forma obvia y ñoña, nada de eso. Su narrativa fluye de manera natural y maciza, no es un diario, es una novela -como la vida, ya lo recalcó Marcel Proust-, porque constituye sin duda un bouquet perfecto de sentimientos, un ramo de sensaciones, estilos y maneras de narrar ya frecuentados por otros, por supuesto, y esos otros han sido sus maestros, nuestros dioses leídos y releídos, divinidades gozadas y profundizadas hasta el desmayo y el desvelo; aunque en su caso ha sido entregado, devuelto el agradecimiento, sin aspavientos ni exhibicionismo, todo lo contrario, con elegancia, reflexión, sutileza, soberbia madurez.

Trata de vida, pero también de lecturas, de cultura, de descubrimientos alrededor del mundo, y periplos austeros por su mundo interior. Es la novela de un explorador explorado. 

Es de agradecer sobre todo  la supuesta ‘urgencia’ bajo lupa con la que esta novela ha sido rumiada, y por eso tan paradójicamente dilatada en su ciclo ovoidal, del anhelo que se percibe y que pese al intrínseco deseo, lucha en su contra, para al fin contar lo que fue la trayectoria en espiral, de un niño con la respiración en permanencia entrecortada por una hélice de aspas afiladas, nacido en los años cincuenta, rescatado en nuestros días; de un hombre que ha sido el testigo de la construcción de no pocos pedestales desde donde el horror se ha empinado y ha obligado a obedecer, y desde donde se ha ninguneado y asesinado. Pero por otro lado, muy acertadamente, se honra la obra de aquellos que no bajaron la cabeza, de los resistentes, de los “renunciantes”; y finalmente se muestra la reafirmación, o el triste y esperado declive, la decadencia de los más importantes y estrafalarios símbolos: desde la revuelta o algarabía chanchullera castrista (jamás revolución), con todos sus falsos héroes y sus perrunos artistas y escritores adictos al poder, esa intelectualidad de pacotilla enganchada al éxtasis de una barba trucada que truncó tantos rumbos, hasta la caída del Muro de Berlín, el idealizado fin del comunismo trocado por capitalismo salvaje, y el horrendo atentado islamista que ha sido erróneamente denominado el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, cuando en verdad lo que ocurrió fue una cruzada hostil y guerrerista, una masacre inadmisible.

Matteo, el protagonista de este libro, es un testigo apacible, un amante creativo, un visitante que muda en viajero. “Un peregrino inmóvil” y lezamiano a veces, y andarín y ubícuo en otras. Matteo es un salvador. Su peregrinaje, imaginado primero, antes que mude en éxodo, en fuga, devendrá finalmente interminable e infatigable procesión en pos de la verdad y de la paz.

No debíera de ser yo quien escriba sobre una historia que conozco muy de cerca, que he caldeado y saboreado en conversaciones con el autor en tantos ’santos lugares’ (para homenajear al maestro Ernesto Sábato) de este mundo: París, donde empezó a escribirla, muy cercano de un busto de Víctor Hugo, un guiño que el lector agradecerá al final del libro, sabiendo que Hugo escribió sobre las mujeres cubanas; en Roma, donde Antonio Ricardo Valle ya iba cocinándola a fuego lento y engulléndola suculento y al mismo tiempo devorándose apetitosamente a si mismo. Y más tarde, a través del teléfono, desde Nueva York, la ciudad donde reside y donde fue repujándola como un artesano, o mejor, recreándola a través de personajes remodelados, inspirados en protagonistas reales, moldeándola como un alfarero, sopesándola como un alquimista en cuya diminuta balanza se escabulle el azogue saltando hacia la viscosidad del oro lícuado. Finalmente descontextualizándola en Creta, en una noche de luna llena en Platania, en un almuerzo servido por los dioses de Hania. 

No debía de ser yo, reitero, conozco demasiado los secretos, los escondites, y no quisiera revelarlos antes de que ustedes paladeen su escritura, antes de que penetren en el universo de un escritor que lleva décadas meditando lo que finalmente ha novelado en apenas tres o cuatro años. Recuerden los versos de Constantino Cavafis: “Doce y media. Cómo pasan las horas. Doce y media. Cómo pasan los años”. Pero estoy segura que ustedes entenderán mi regocijo al presentárselas desde el privilegio de la amistad.

El silencio acumulado, ahorrado en el sosiego, valió la pena, porque una novela de semejante envergadura sólo puede ser escrita desde la satisfacción y el deleite de haber cumplido de manera honesta y puntual con la suerte y el esfuerzo, y sí, también es cierto, con los sinsabores de la pérdida, de las ausencias. De mucho sirvió haber quedado bien consigo mismo, de haber andando, a menudo con dificultad, pero la mayoría de las veces con destreza,  por los caminos trazados, rediseñados, que unos llaman aventura y otros destino.

El entorno del silencio en Ediciones Palibrio.

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7 respuestas a “El entorno de una novela”

  1. El entorno de una novela. | Blog de Zoé Valdés dice:

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  2. rogelio dice:

    Gracias a ti la adquiri y la lei de un tiron. Fascinante novella.

  3. Anse dice:

    Gracias, un artículo excelente. Leeré la novela.

  4. Osvaldo Moya dice:

    Hoy compraré el libro y leeré la novela… y “daré buena cuenta de ella”! A Tony le deseo lo mejor, de verdad!

  5. Milagros dice:

    Interesante y sugerente artículo, trataré de leer la novela.

  6. ENAIDA UNZUETA dice:

    Brillante el articulo. Corro a comprarmela.

  7. evis céspedes Craballosa dice:

    Me ha encantado el artículo, así que seguramente la novela lo será más.

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